Hola! lamento un montón la demora! no crean que me he olvidado o que no la terminaré, porque no es así DX es sólo que volví a clases y no me queda tiempo ni inspiración luego de estudiarme todas las benditas e inútiles leyes de este país 77 así que les pido paciencia :3 a penas termine este semestre de clases, terminaré esta historia c:
Gracias por leer, comentar y espero que les guste este nuevo cap! Besos y mucha fuerza a México para que resistan tanto terremoto (L)
Un paso más cerca
Eran las 11 de la mañana y Sai e Ino estaban camino al cine. La rubia miraba para otro lado, algo dudosa. Nunca había ido al cine en la mañana con un chico que le gustara; es más, ni siquiera lo sentía como "natural". Trató de explicarle que era más romántico ir de noche o al atardecer, sin ser directa. Pero la lógica y poco tino romántico del chico pálido la venció con argumentos más razonables: menos gente, nada que hacer en la mañana de un sábado, incluso a veces tenían promociones por la poca gente que iba antes de almuerzo.
Suspiró resignada, ya estaban ahí. Y como ella no quería parecer demandante, le dijo que aceptaría cualquier película que el chico quisiera ver. Lo que no esperaba, era que él comprara entradas para "El exorcismo de Maito Gai".
Digamos que ella no era muy fanática de las películas de terror, de hecho jamás se atrevió a ver una en la pantalla grande.
Este sería todo un desafío.
Al fin pillaron asientos y las luces se cortaron para dar inicio a la bella película.
La chica temblaba, estaba nerviosa desde el inicio, algo le decía que no dormiría nada en varios días. Pero aun así, permaneció firme.
Sai la miraba de reojo, sin entender si ella estaba asustada y no quiso decirlo, o sólo esperaba con ansias que el terror comenzara de una vez y era fanática. Miró su suave mano, que apretaba bastante el brazo del asiento; había leído en un libro que, en las citas, las parejas en el cine terminaban tomadas de la mano. Y eso se consideraba un éxito.
"¿Entonces para qué esperar al final?", se preguntaba Sai. Se había decidido a poner su mano sobre la de Ino. Sin embargo, las luces se pagaron de pronto, incluyendo la pantalla. Sus planes se frustraron y se desató una lluvia de gritos histéricos.
─ ¡¿Qué pasó con las luces?!
─ No puedo ver nada.
─ ¡Mami, tengo miedo!
─ ¡Es la maldición!
─ ¡Hay que salir de aquí!
Y así comenzaron todos a evacuar como si fueran caballos que bebieron 10 litros de café caramell con doble leche, crema y azúcar.
Sai tomó firmemente la mano de Ino y comenzaron a buscar las orillas para salir por la única puerta que había de escape.
Todo era caos, gritos y oscuridad; la rubia temblaba, estaba realmente asustada de que alguien los empujaran y que ambos fueran aplastados por ese mar de gente y pies descontrolados. Sai se sintió culpable por haberla metido en esto, al parecer los libros no siempre tienen buenas ideas.
En ese momento, la niña sintió como Sai frenó y la abrazó para acercarse a su oído y susurrarle.
─ Tranquilízate, no te soltaré, bonita ─la liberó de nuevo y tomó con más fuerza su mano.
Fueron lentamente caminando hasta donde estaba el pasillo que comunicaba con la salida, sus ojos aún no se acostumbraran a la oscuridad.
Unos fuertes empujones los tiraron —a ambos— al extremo del muro, así fue como Ino quedó presa con los brazos y cuerpo del chico de ojos ónix.
─ ¡Sai-kun! ─ella tenía los ojos brillosos, estaba muy asustada y él lo sabía, por lo cual acortó más la distancia para tratar de ver esos bellos ojos celestes, con mucho esfuerzo logró hacerlo entre tanta oscuridad.
─ Aquí estoy, Ino. No tengas miedo, solo mírame.
─ S-sí ─la rubia levantó la vista y logró ver esas penetrantes lagunas negros como la noche, que reflejaban la preocupación que sentía por ella. Eso la cautivó, de alguna forma entendió que mientras estuviese con él, estaría a salvo.
Ella le dedicó una dulce sonrisa que alivió la culpa y la tensión del novato en el amor, e hizo que le correspondiera de la misma forma. Sin embargo, en ese momento los empujones se volvieron más y más fuertes; la gente hacía que Sai cada vez acortara más la distancia entre sus rostros, eso comenzó a ponerlos nerviosos.
Cada vez menos distancia, cada vez más cerca, ambos sentían sus mejillas ardientes aunque en la oscuridad no era muy perceptible, pero las miradas lo reflejaban todo. Sai, inevitablemente se fijó en los labios de la chica, estaban tan cerca que sus alientos se mezclaban, eran apenas un par de centímetros y —sin entender porqué— Sai deseaba que fueran cada vez menos, mientras la gente concedía su petición.
Ambos deseaban terminar con aquella pequeña distancia.
─ I-Ino… ─no estaba seguro de qué decirle, no pensaba con claridad. Ella ya casi no estaba consciente del resto de mundo, en ese corto instante, besar a Sai era su más grande anhelo. Él trataba de resistirse al empuje de la gente pero cada vez fue más difícil hasta que se hizo imposible.
Los pálidos labios de Sai presionaron suavemente los carnosos labios de Ino en un inevitable beso. Ambos estaban sorprendidos y avergonzados, se miraban con un revoltijo de emociones grabadas en sus ojos, para finalmente cerrar sus ojos y rendirse a los sentimientos que ese beso les proporcionaba.
Sai la tomó por la cintura y la atrajo más hacia él para profundizar el beso, mientras movía lenta y tímidamente sus labios sobre los de ella; la rubia trataba corresponderle de la misma forma y besarlo lo más dulcemente que sus nervios le permitían, posando a la vez sus manos en el pecho del chico. Ella ya tenía bastante experiencia en el tema, pero ahora se sentía desarmada y novata.
No pudo durar tanto como ellos hubiesen querido, ya que en unos segundos, una luz cegadora los hizo separarse.
─ Chicos, deben salir de aquí ahora mismo, el cine cerrará por hoy ─era uno de los empleados con una linterna, fue ahí cuando se dieron cuenta de que ya no quedaba nadie en la sala.
Ino gruñó por lo bajo debido a la interrupción; y Sai, sin responder nada al sujeto, tomó la mano de la avergonzada chica y salieron rápidamente del cine.
Llevaban como cinco minutos caminando en silencio, nerviosos y aún tomados de las manos, tratando de calmar esa alocada sensación de sus cuerpos.
"Definitivamente fue un mal plan", pensaba Sai. "No debí partir la primera cita con el cine, debí seguir el consejo del primer libro que leí y llevarla a pasear por el parque. Pero…algo bueno salió de todo eso ¿no? Nos…besamos"
Paró en seco al darse cuenta de la situación.
─ ¿S-Sai…?
"Es cierto…ella y yo nos… Pero…yo creí que no era capaz…que no podía querer a nadie. Entonces…sólo la besé por el momento, sin sentimientos de por medio. No…hay algo nuevo, pero no sé que es. ¿Está bien esto? ¿Debería continuar o dejarlo hasta aquí?".
Pero no pudo seguir debatiendo con sus pensamientos, pues sintió un abrazo en su espalda. Ese tibio sentimiento volvió a inundarlo y acalló sus dudas. Negar que se habían besado, que le había encantado, y que odió al estúpido guardia por interrumpirlos; sería negarse a sí mismo lo mejor que había sentido hace mucho tiempo.
Se dio vuelta y la envolvió con sus brazos, ella le sonreía con un tenue sonrojo que él adoraba.
─ Lamento que la película no saliera bien ─le habló él, a modo de disculpa por el mal rato. Pero ella le sonrió.
─ Yo no.
─ ¿Eh? ─la rubia lo miró profundamente y él captó de inmediato y le devolvió la sonrisa─ ¿Y si te lo compenso con un rico almuerzo?
─ Me gusta como piensas, Sai ─le habló pícara y soltándolo para ponerse en marcha.
─ ¿Eso significa que yo te gusto? ─preguntó neutro, novato y con sana curiosidad.
— ¡Y-yo…n-no dije eso! ¡T-tú…! ¡¿Cómo le preguntas eso a una chica?!
— ¿No se puede?
— P-pues…
…
La Hyuuga recibió un mensaje de Kiba, cerca de las 11 de la mañana, necesitaba verla con urgencia en los jardines. No muy convencida, aceptó. Se encontró con él en unas bancas cerca del estadio de la universidad.
El castaño tenía una mirada triste, parecía que se iba a romper en cualquier momento. Ella se preocupó de inmediato.
— ¿Kiba? ¿Qué sucede? —se acercó a él.
— Es Akamaru… —confesó a penas—. Mi madre me contó que ayer lo atropelló un camión, está bastante mal, lo operaron de urgencia y están esperando a que se estabilice para seguir con los otros tratamientos.
— Oh Dios, no puede ser —Hinata sintió una puntada en su pecho. Ella adoraba al perro de su amigo; de hecho, gracias a este se hizo amiga de Kiba, cuando el castaño los sorprendió jugando en un parque. Al año siguiente de eso, a Kiba lo trasladaron a la escuela de Hinata—. Lamento mucho que haya pasado esto —lo abrazó con fuerza, y él le correspondió el gesto de la misma forma.
— Gracias, Hinata. No sé qué haría sin Akamaru, es mi mejor amigo desde siempre.
— No te preocupes, Akamaru es muy fuerte, de seguro que se recuperará pronto y esto quedará atrás.
— Eso espero… —en esos momentos, mientras seguía en los brazos de la Hyuuga, notó como a lo lejos, una cabeza rubia los miraba detenidamente.
Esta era una oportunidad perfecta para matar dos pájaros de un tiro.
Kiba se soltó un poco del agarre de Hinata, y la abrazó por la cintura esta vez, acercándose peligrosamente a su rostro. Ella se sorprendió, sin entender bien las cosas. Mientras el castaño se acercaba a su mejilla y la besaba con lentitud y aprensión.
Naruto sintió una punzada de dolor en su pecho, y unas ganas casi incontrolables de ir a golpear al castaño. Con lo que le quedaba de autocontrol, suspiró abatido y se fue de ahí. No quería llegar a la violencia con él, menos con Hinata de espectadora. Su práctica de fútbol lo esperaba.
"Tal vez…ella también lo quiera…", sugirió su mente con tristeza.
Hinata se soltó finalmente del agarre, algo brusca. Y lo miró con reprobación y notoriamente incómoda.
— ¿Por qué llegas y me besas como si yo te hubiese dado el permiso de hacerlo? —comenzaba a enojarse de verdad. Kiba no entendía por qué reaccionaba tan mal.
— L-lo lamento, no quise incomodarte, sólo…estoy algo alterado por lo de Akamaru —la cara de Kiba volvió a entristecerse. Y ella suspiró resignada.
— Lo entiendo, yo sé que debe ser muy difícil para ti, pero no por eso dejaré que sigas besándome así o diciéndome cosas como "linda", de pronto. Me incomodan —confesó—. Yo te quiero y eres un amigo muy preciado para mí, pero esto me hace sentir…
No siguió escuchando, pues la palabra "amigo", siguió resonando en su mente. ¿Acaso ella nunca lo vería como algo más? ¡¿Por qué?!
— Vaya, vaya, esto sí que es cómico —rezongó sarcástico—. Claro, cuando yo, que te conozco desde hace años, soy cariñoso contigo, te molesta y te incomoda. Pero si te besa o te abraza ese rubio de pacotilla, no tienes ningún problema, ¿no?
— ¿Eh? —ella se sonrojó, avergonzada.
— ¡No te hagas la tonta! ¡Si incluso ayer lo vi abrazándote por la espalda y tomando tu mano como si fueran novios!
— ¡Ese no es asunto tuyo! ¿Acaso no tengo derecho a decidir quién me gusta y quién no? —el castaño no supo cómo responder a eso. Era la primera vez que Hinata se ponía tan firme con él.
— Bien, entiendo —musitó herido y enfadado—. Adiós —se retiró del lugar con ganas de matar a alguien. Prefería dejar las cosas hasta ahí, antes que terminar de embarrar su relación con Hinata.
La Hyuuga se quedó mirando por donde se iba. Las cosas no salieron como ella esperaba, pero al menos tuvo el valor de ser honesta. Sólo esperaba que Kiba no le contara a nadie de sus sentimientos por Naruto, pues a ella le correspondía decírselos al Uzumaki.
Y hablando de él, habían quedado de juntarse cerca de las 4 de la tarde para repasar unas materias, por lo que decidió ir a su habitación a comer, bañarse y arreglarse.
…
Llevaban cerca de dos horas estudiando en la habitación del Uzumaki. Ella estaba sobre la cama, mientras él se sentó en la silla de su escritorio, frente a ella. Hinata lo miraba extrañada, él andaba algo distinto con ella esa tarde. La mirada azulada no tenía ese brillo radiante de siempre. Ahora se veían más opacos y tristes. Y él forzaba una sonrisa "normal" para que ella no lo notara. Cosa que claramente no le estaba resultando.
Finalmente la duda y los nervios pudieron más que ella, cerró su libro y lo miró fijamente, hasta que él levantara su rostro de las hojas. Cuando ya no pudo seguir actuando como si no sintiera esa mirada perla sobre él, levantó sus ojos.
— ¿H-Hinata?
— Naruto-kun, estás actuando extraño. ¿Te sientes bien? —preguntó preocupada. Él le volvió a sonreír de forma falsa.
— ¡C-claro, descuida! No es nada… —pero ella no cambio su rostro serio.
— No me mientas, por favor, Naruto-kun. Si no quieres contarme, lo entiendo perfectamente. Pero al menos quiero saber si puedo hacer algo para que te sientas mejor —respondió ella, con notable preocupación. El rubio se sonrojó tenuemente y le sonrió triste, pero sincero.
Se paró y se sentó junto a ella en la cama. Sus ojos cielo se hundieron en las perlas de ella. Se acercó más a su compañera y lentamente puso ambas manos en las mejillas de la Hyuuga, logrando que ella se sonrojara al instante.
Delicadamente pasó sus dedos por su ambos lados del azulado cabello sedoso, hasta terminar de acariciar las puntas. Volvió a acortar la distancia entre ambos cuerpos, y bajó su rostro con serenidad para besar en la mejilla nívea, justo en el mismo lugar en donde Kiba lo había hecho esa tarde.
Finalmente la soltó y se alejó un poco, para dejarla respirar. Hinata no movía ni un músculo.
— Na-Naruto-kun… — ¿Por qué luego de ser más distante esa tarde, llegaba y le daba un beso de manera tan dulce y romántica?
"¿Será posible…qué sienta lo mismo que yo por él? Esto…probaría que sí, ¿verdad? Tal vez yo…yo debería aclararle mis sentimientos. Así él sabría cómo corresponderme o al menos decirme que no me ilusiones…", ese último pensamiento la deprimió.
"¡No! ¡Ya basta de ser cobarde! ¡Debo decirle a Naruto-kun que me gusta! Eso es lo más sano".
— Naruto-kun, yo…
— Hinata, disculpa. No pensé lo que hice —se puso una mano tras la nuca nervioso—. No me hagas caso, sólo estoy algo cansado.
— Ya veo… —esa reacción volvió a confundirla y su valor para declararse se evaporó—. Tal vez es mejor que me vaya para que descanses —comenzó a levantarse, pero él la tomó de la mano, frenándola.
— ¡No, espera, no te vayas aún! Eh… ¡n-no estoy tan cansado! ¿Qué te parece si cenamos algo? —estaba deprimido y confundido, sí; pero la sola idea de perder la compañía y calidez de la Hyuuga lo hizo sentir vacío y patético.
— Pero…
— Vamos, acepta. Yo cocinaré —le guiñó el ojo, haciéndola reír.
— No sabía que cocinabas.
— Bueno, no es mi fuerte pero hay un par de cosas que me quedan bien. ¿Qué dices? ¿Te arriesgas conmigo, Hinata? —le ofreció coquetamente. Ella se sonrojó. El Uzumaki no se imaginó la potencia de esas palabras para la Hyuuga, esas que se calaron en su tímido corazón.
— ¡Por supuesto! —respondió feliz ella.
— ¡Genial, manos a la obra entonces! ¡Te haré mi especialidad!
Cenaron pasta.
Pero quedó bastante rica y ambos estaban satisfechos.
Hinata miró la hora, después de comer se quedaron charlando y ya eran cerca de las diez de la noche.
— Creo que es mejor irme. Es tarde.
— ¿Y…no quieres quedarte? Es decir, no es ningún problema y…ya lo has hecho antes…
— ¿E-estás seguro? Pensé que querrías dormir tranquilo hoy.
— Tú jamás me molestarías al dormir, al contrario, me gusta dormir contigo —confesó sin darse cuenta de lo que decía, hasta que ya era tarde.
Ella lo acompañó con un sonrojo y una tenue sonrisa de cariño.
— ¡Bien! ¿Qué te parece si nos bañamos antes de ir a acostarnos, Hinata?
— ¡¿Eh?! —y el rostro nívea se volvió completamente rojo ante la simple idea de compartir ducha y cama con el de ojos cielo.
— ¡N-no quise que sonara así, l-lo siento! M-me refería a que…ve tú primero si quieres, yo lavaré los platos. Cuando termines entraré yo.
— N-no…descuida, puedes ir tú primero y yo ordenaré aquí.
— ¿Segura?
— Sí, es que me bañé antes de venir así que…
— ¡Oh, ya veo! N-no quise insinuar nada, ¿sabes? Y-yo…sólo quería bañarme pero tampoco quería parecer egoísta al hacerlo sólo yo y…bueno, mejor voy —cuando sentía que metía la pata se ponía más nervioso y decía más idioteces.
"Rayos…"
Hinata ya había ordenado todo cuando Naruto salió con una toalla envolviéndolo de la cintura para abajo. La chica casi perdió la consciencia al verlo así.
— ¡Eso fue increíble, de veras que lo necesitaba! —gritó casi revivido— ¿Segura que no quieres entrar también, Hinata? —la animó.
— ¡Yo…p-pensándolo bien, creo que lo haré! —y como si estuviera en una carrera, se metió al baño y cerró la puerta.
— Oh, parece que tenía muchas ganas de bañarse —el rubio se vistió y luego se fue a cama, y tomó unos apuntes para releerlos ante la espera por Hinata. Finalmente terminó leyendo acostado, y luego ya sólo acostado. A su lado estaba la chaqueta de la chica, la tenía muy cerca.
— Huele a ella… —musitó medio dormido. Luego de unos minutos más, sintió como la puerta del baño se abría. Naruto vio que Hinata llevó ropa al baño así que sabía que no la incomodaría mientras se vestía. No quiso abrir los ojos, no sólo por el cansancio que aún sentía, sino porque quería asustar a la de piel nívea cuando pensara que podría ser un buen momento.
— Naruto-kun… —musitó ella, de forma suave. No hubo respuesta. La chica se acostó por el otro lado de la cama y se acercó al chico.
"Siento su respiración", pensaban ambos al mismo tiempo, con algo de nervios, pues estaban frente a frente.
Hinata aprovechó la oportunidad de estudiar de cerca cada facción de su amigo rubio, del chico que le había robado el corazón en tan poco tiempo. Con su mano acarició muy suavemente el rostro del Uzumaki. Este, al sentir el contacto se paralizó, mientras sentía como el pulso se le aceleraba y trataba de estar quieto para que ella no lo descubriera.
— Naruto-kun… —habló despacio, con su vos tierna y gentil, como siempre.
Pero esta vez era distinto para ella, la idea de decirle sus sentimientos volvía a tomar fuerza en su interior. Despacio iba reduciendo la distancia entre sus rostros, hasta que llegó casi a rozar sus labios.
"Tú me…me gustas mucho, Naruto-kun; y yo…no tengo el valor de decírtelo cuando estas despierto porque…no quiero perderte", esas eran las palabras que quería liberar, pero incluso con el rubio durmiendo, no se atrevía.
— Yo… —susurró apenas, y sin esperar más, presionó de forma suave los labios de Naruto Uzumaki, para no despertarlo. El rubio tuvo que usar todo su autocontrol para no moverse, sentía que las mejillas le ardían un poco, y ese exquisito beso era difícil de no contestar. Pero la idea de que ella se enojara al ver que estaba fingiendo que dormía, o que no volviera a tener este contacto con ella, lo frenó.
Hinata lo liberó. Algo arrepentida de sus actos, pues le había robado un beso al Uzumaki, sin su permiso; tal y cómo Kiba lo había hecho (en su mejilla) y ella le había reclamado por lo mismo.
¡Era una desvergonzada! ¡¿Con qué cara se quejaba después?!
Apagó la luz del velador, se acurrucó al lado del rubio, sin tocarlo, pero frente a él. Y mirándolo sin despegar sus ojos.
Se sentía tan feliz de haber rozado sus labios, y culpable a la vez.
Mientras tanto el rubio luchaba contra sus propios gestos por parecer dormido, y su mente era un verdadero caos ahora.
"¡¿Qué fue eso?! ¡¿Entonces…Hinata me quiere? ¿Y-yo…le gusto? ¡Ah…quiero besarla! Pero… ¿debería? ¡Mierda, ¿qué hago?!".
— Hinata… —llamó finalmente, sin poder contenerse más y abrió los ojos. La Hyuuga sintió como su corazón se encogía.
"N-no puede ser… ¿estaba despierto?", subió su mirada con miedo de toparse con esos ojos cielo. La esperanza de haber imaginado ese llamado, se evaporó. Naruto la miraba sonrojado, con una sonrisa suave.
Sin aguantar los nervios, volvió a esconder la cabeza en el brazo del rubio, ahora su cara era fácilmente un nuevo tipo de tomate. Naruto la miró con compasión.
Ella lo había besado. Y fue realmente fantástico, quería sentir esos suaves labios de nuevo, pero… ¿Qué debía hacer ahora? No podía llegar y decirle que estaba despierto, ella se sentiría más avergonzada de lo que ya estaba y no quería herirla. El la quería mucho.
"¿Eh?", ese pensamiento lo detuvo. "¿Él la quería mucho?" "¿Desde cuándo la quiero mucho? y…no lo había captado".
Su mente era un caos total en esas circunstancias, lo que sí sabía era que ya no podía fingir seguir dormido, ya le había hablado y ahora le acariciaba a cabeza azulada, de forma inconsciente.
"Quiero…besarla, pero está tan nerviosa y cohibida…". Finalmente controló sus impulsos y desistió de la idea. Se enfocó en seguir acariciando su cabeza.
— ¿Qué sucede, Hinata? ¿Tuviste una pesadilla?
— ¿Eh? —ella lo miró sin entender.
— Lo lamento, me dormí…hace unos momentos. Estaba más cansado de lo que creí —mintió con una radiante sonrisa, de la mejor forma que pudo.
— N-Naruto-kun…—"¿En serio tuve tanta suerte?"
— Buenas noches, linda —le dijo, acurrucándose a su lado y dejándola reposar en su pecho. No por ello, el rubio pudo deshacer su sonrisa.
Hinata logró volver a respirar aliviada de que él no hubiese sido consciente de nada.
Aunque…pensándolo de otra manera, estaba en la misma posición que antes.
Él aun no sabía de sus sentimientos, y ella aún tenía esa tarea pendiente.
…
A la mañana siguiente, era un domingo radiante y los chicos habían quedado de ir de picnic a los jardines de la universidad. Por tanto, cerca de las once am, las chicas y Chouji quedaron de juntarse a hacer sándwiches y otras cosas; mientras los chicos irían a comprar cervezas y a conseguir algunas platitas ilícitas por ahí…
Naruto y Hinata estaban por salir de la pieza del rubio para juntarse con sus respectivos grupos. Él terminaba de colocarse zapatillas mientras ella cepillaba su cabello.
Hinata no pudo dejar de notar como el rubio sonreía un montón desde que despertó y tarareaba cosas que sólo él entendía.
— Hoy te ves muy feliz, Naruto-kun —comentó, alegre por el cambio del rubio. Ya que ayer estaba bastante deprimido y no le quiso decir porqué.
— Sí…es que… —iba a inventarle alguna excusa, pero verla ahí frente a él —pero de espaldas, aún peinándose—, tan hermosa y sencilla como siempre, anuló su auto-control unos momentos. Se acercó a ella y la abrazó por la cintura, desde la espalda; hasta que su boca quedó en el oído de la Hyuuga—. Soñé que un bello ángel me besaba mientras dormía.
Esas dulces palabras petrificaron a Hinata, quien se sonrojó al instante y no pudo decir más cosas. Naruto la miró radiante, la tomó de la mano, tomó las cosas de ambos y la arrastró para que salieran de ahí.
— ¡Vamos, Hinata, ya estamos atrasados y Sakura-chan regaña a todo aquel que llega tarde! —aludió feliz y caminando con ella, quien no se atrevía a mirarlo. Pero tampoco se había soltado de su agarre.
Ir de la mano ya se estaba volviendo una necesitada costumbre, un vicio.
Volvió a mirarla de reojo, aún estaba sonrojada y miraba sólo el piso. Prefirió no presionarla. Después de todo, ya se sentía victorioso.
"Tú me encantas, Hinata…"
