Watashi no Kokoro no Yami.

1ª Saga: Conociéndonos.

Primer capítulo:

Shi Shi no Mi.

Ino's POV.

Los recuerdos del asesinato de mis padres nunca me dejarán en paz, nunca dejarán de atormentarme, nunca. Hasta en los sueños me persiguen haciendo brotar nuevamente mis lágrimas. Ya no me queda nada por lo que vivir… Menuda filosofía para una niña de apenas 8 años, ¿verdad? Pues sí, sin mis padres no tengo nada; ni amigos, ni familiares, ni compañeros de aventuras, nada. Todas las niñas de mi pueblo me tenían miedo, nunca me dejaban jugar con ellas; todo por ser la maldita hija de un cazarrecompensas. Ahora no hay nada que detenga mis lágrimas y sumida en el más oscuro silencio me dejo caer.

Pero incluso en estos momentos hay una luz que ilumina mi oscuridad interior, que detiene mis lágrimas. Es el vano recuerdo de una caricia, ¿un recuerdo?, ¿o tal vez un hecho? Todavía no he despertado, pero siento algunas de las cosas que pasan a mi alrededor. Tal vez sea esa luz el reflejo de la amabilidad de una persona, no lo sé; lo único que me importa ahora es alcanzarla, no dejarla desaparecer.

Me acerco corriendo, ahora puedo verla con más claridad; es hermosa. A medida que acorto la distancia con la luz puedo oír voces a mi alrededor, es la salida de esta pesadilla, seguro. Troto en los últimos tramos y cuando alcanzo la luz, toda esa oscuridad desaparece. Ahora puedo controlar mi cuerpo y con parsimonia inusitada abro los ojos.

Mi vista cansada intenta encontrar un punto concreto en aquella habitación. Llevo mis manos a mis ojos y los froto con fuerza para despejarme. Cuando soy consciente completamente de todo lo que pasa a mi alrededor veo a un niño algo más joven que yo, con una sonrisa de oreja a oreja sentado en una silla que hay al lado de mi cama.

—Hola—me dice tranquilamente mientras acerca un poco más la silla a la cama donde yo estoy ahora mismo.— Soy Monkey D. Luffy, pero puedes llamarme Luffy solamente. Veo que has tenido una pesadilla, ¿verdad?

—Yo… sí, creo que ha sido eso—respondo con una sonrisa falsa. Parece que cuela así que sigo hablando.— Oye Luffy… ¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?

—Tres días—contesta él con rapidez, como si ya tuviera preparada la respuesta—El doctor nos dijo que estabas muy cansada y que era normal que durmieras tato.

—¿Nos?, ¿a quién más?

—Pues al abuelo Garp y a mí. Creo que el abuelo Garp piensa llevarte a la marina…—dijo entrecerrando los ojos y acercándose más a mí como si le estuviera contando un secreto, con una cara muy graciosa si cabe decir. Creo que me está cayendo bien este Luffy.

—¿Enserio? ¡Já! Oye… por algún casual ese tal Garp no será un pirata pelirrojo, ¿verdad?

—¡Ah! Tú te refieres a Shanks, pues ahora que lo dices no lo veo desde hace unos días, parecía más enfadado de lo normal. Con la charla se me había olvidado el hambre que tenía, pero mi estómago hizo lo suyo y me recordó la falta que me hacía llevarme algo, lo que sea, a la boca, con un sonido nada agradable.— Jejé… Parece que tienes hambre… Hablando de eso… ¡yo también! Iré a por comida.

—¡Espera!—demasiado tarde, Luffy ya se había marchado. Ese chico pero que gracioso era.

Al rato, apareció él con un señor vestido con el uniforme de la marina, era muy alto y en sus manos portaba una bandejita que tenía algunos alimentos y medicinas. Luffy en cambio estaba comiendo un trozo de carne como si no hubiera un mañana. Supuse que aquel hombre era ese tal Garp del que Luffy le había hablado…

—Buenos día pequeña, parece que ya has despertado. Luffy me dijo que tenía hambre así que te he traído esto—me dijo enseñándome el contenido de esa bandeja. Era sopa liviana y un poco de arroz con carne, no era mucho, pero su estómago se lo agradecería más tarde. Recibí la bandeja y di las gracias por ella, a continuación me puse a comer.— Supongo que Luffy te habrá dicho algo, pero por si acaso me presento. Yo soy Monkey D. Garp, vice-almirante de la marina.

Cuando terminé de comer Garp le pidió a Luffy que dejara la habitación pues tenía asuntos muy importantes que tratar conmigo. Empezó contándome sobre la extraña fruta que había ingerido y sobre sus efectos en mi cuerpo.

—A estas altura supongo que ya sabrás lo que es un Akuma no Mi, ¿me equivoco? Tú has ingerido una de ellas, es una mitológica, nunca se había datado una de ellas hasta ahora. A la que has ingerido no se le puede poner nombre, porque es una combinación de muchas que han dado fruto algo prohibido. He estado investigando un poco y la he bautizado como Shi Shi no Mi. Es una extraña combinación entre la Mera Mera no Mi, la Yami Yami no Mi y la mitológica Tori Tori no Mi versión Ave Fenix. Todavía no sabemos cuál de todos es el que se ha establecido en tu cuerpo, o si ese poder es una mezcla de todas las nombradas anteriormente, pero debemos comprobarlo. Como el resultado podría ser devastador he decidido llevaros a ti y a Luffy a la montaña. Allí hay alguien que me debe favores y podrá cuidar de vosotros. Iré de vez en cuando a ver que has descubierto— explicó Garp y finalizó con un giño— Es un camino que lamentablemente debes recorrer sola… como tu padre… Pero estoy seguro que la próxima vez que te vea sabrás como utilizarla.

—Yo…— no era capaz de asimilar tanta información… ¿Una Akuma no Mi yo? Eso sí que era una sorpresa… ¡Vaya con el viejo! No tenía pensado ayudarla ni un poco.—Yo… ¡Yo solo soy una niña! ¿Cómo voy a hacer todo lo que usted me pide? ¡No sé ni por dónde empezar!

—Tranquila, lo descubrirás. Saldremos mañana, cuando seguramente ya esté recuperada—dicho esto, Garp se marchó.

Pasé toda la noche pensando en lo que Garp había dicho sobre quién era, pero sobre todo en sus últimas palabras. ''Es un camino que debes recorrer sola… como tu padre'' ¿De qué conocía él a su padre? y ¿cómo descubriría todas esa cosas, sola? Eran tantas preguntas las que atosigaban mi joven mente que no lograba conciliar el sueño.

Me desperté temprano y fui a darme una ducha de agua caliente, tenía el cuerpo completamente agarrotado. Salí de la habitación y comencé a caminar por los pasillos de esa asa, perdiéndome en el intento de encontrar un baño. Por el camino me encontré con la que parecía ser el ama de llaves, que al parecer había sido informada de nuestra partida, pues llevaba unas cuantas bolsas con ropa. Ella me condujo amablemente al baño y se ofreció a ayudarme a lavarme.

Cuando terminé ella peinó mis cortos y maltratados cabellos, en otro tiempo eran la envidia de cualquier mujer que la viera, pero ahora después de todo lo que había sucedido, solo quedaba una mata de pelo que parecía que no quería ceder ante el cepillo.

—Mi nombre es Anne, por cierto. —Comentó ella de repente. —tus cabellos debieren de ser muy bonitos en otra época, ¿verdad? No he podido hacer mucho, pero creo que estás preciosa. —acotó ella dando por terminada su labor colocando una pinza roja que sujetaba mi flequillo.

—Gra…¡gracias!—exclamé sorprendida mirándome al espejo. Anne había hecho maravillas con mi pelo, ahora lucía sedoso y tenía volumen incluso. Lucía preciosa. —Yo soy Ino, Ino Yamanaka.

Anne me acompañó a mi habitación y me mostró el contenido de sus bolsas. En la primera había un vestido morado moteado con puntos negros. Tenía una especie de cinturón lila clarito que rodeaba sus caderas y no tenía mangas, solo unas asas gruesas color negro. Mis ojos se iluminaron ante tal vestido, hacía mucho que no me ponía algo así. Saco también de esa misma bolsa unas sandalias abiertas color beige lisas que combinaban a la perfección con cualquier cosa. En las otras bolsas había más vestidos, camisas y faldas, también sandalias y algunos complementos. Todo eso lo metió en una mochilita que me cargué al hombro. La hora había llegado, era hora de despedirse. Anne fue como una madre para ella esas pocas horas que estuvo con ella. Como niña que era lloró un poco al tener que marcharse, le dio un abrazo y un beso en la mejilla, prometiendo visitarla nuevamente.

Y así partimos camino a la montaña, según Garp una tal Dadán nos estaba esperando allí. Lo que nos dijo a continuación no nos reconfortó mucho, pero poco se podía pedir.

—Comportaros bien con Dadán, ella es la líder de un grupo de bandidos de por allí, así que tened cuidado y recuerda lo que hemos hablado, Ino— reveló Garp, algo triste por tener que separarse de su nieto Luffy y pude notar que algo triste por separase de mí también.

—¿Bandidos? Woaaa…—le di un capón a Luffy, ese idiota no conocía la palabra peligro. Nadie volvió a hablar en todo el viaje.

Llegamos al anochecer, luego de hacer varias paradas porque Luffy tenía hambre, pero llegamos. No me reconfortaba mucho la de estar al cuidado de unos bandidos, pero Garp así lo había querido. Me quedé a un lado de él cuando llamó a la puerta de una especie de taberna o casa, no sabría distinguir. De dentro pude oír cémo se rompían cosas y luego de unos segundos, apareció algo a lo que no se le podía llamar mujer. Era gorda, muy gorda y por la manera brusca de abrir la puerta se notaba que estaba fastidiada. Algo captó mi atención, por el rabillo del ojo pude observar a Luffy discutiendo con un chico algo mayor que yo. Tenía el pelo alborotado y pecas, tenía mucha mala leche al parecer. Dejé a Garp extorsionando a la tal Dadán y fui a ver que le había pasado a Luffy. Cuando me acerqué un poco más me enteré del motivo de aquella ''amena'' y ''pacífica'' charla. Ese niñato había escupido a Luffy en la cara. ¿Pero quién se creía? Yo lo apreciaba mucho para dejar que le pasaran por encima, que era justo lo que estaba haciendo ese niño. Me acerqué a él y lo empujé.

—¿Pero qué demonios te pasa? ¿Por qué le has escupido? ¿Eres tonto o qué?—pregunté exaltada, defendiendo a mi amigo.

—Cállate bruja

—¡¿Cómo dices?—algo que Luffy y Garp habían aprendido por las malas es que no les convenía hacerme enfadar, menos mal que Garp volvió a tiempo y nos dio un capón a los dos… Espera… ¿menos mal?, ¿pero qué demonios le pasa a este viejo?

—¡Dejad a Ace en paz!—gritó golpeándonos en la cabeza.

—Pe-pero…—Garp no me dejó terminar.

—¡Ni peros ni manzanos! Aquí se hace lo que Dadán diga, ¿entendido? Cómo me entere de que os portáis mal…-nos dirigió una mirada siniestra, pero la cambió rápidamente a una con cascaditas en los ojos—Recordad, no hagáis enfadar a Dadán, portaos bien con Ace y haceros fuertes, Ino… a costa de todo debes cumplir con lo que te he dicho… ¡Adiós mis niños!—nos estrujó un momento y se marchó dejándonos allí. Por un momento me entró morriña pero se me acabó rápidamente… Ahora no tenía tiempo de pensar en ello.

Entraron a la casa/taberna y se sentaron en la mesa. La cena consistió en una bola de arroz, un vaso de agua y… nada más. Únicamente esas nimiedades. En casa de Luffy no había tenido ningún problema, pero me sería complicado aguantar solo con eso. Me imagino cómo estará Luffy y sus estómago insaciable al ver como Ace comí carne… ¡Un momento! Ace estaba comiendo… ¿carne?, ¿pero por qué? Las quejas por parte de Luffy no tardaron en hacerse presentes.

—¡Yo quiero carne! ¿Por qué Ace come carne y nosotros no? ¡Tengo hambre!

—Él caza su propia comida, buscaros la vida para comer.

—¡Pero solo somos unos niños!—repliqué yo.

—¡Pues te aguantas! Y no se hable más.

—Oye Luffy… ¿Luffy?—estaba hablando sola, él se había ido siguiendo a Ace. ¿Estaba tonto o qué? No me quedó más remedio que seguirlos también, no quería quedarme sola con esos bandidos.

Perseguimos a Ace hasta unas formaciones rocosas, él había estado ignorando los gritos de Luffy, pero ahora había parado en seco.

—No importa que me hayas escupido, ¡no es algo por lo que deba enfadarme!—exclamó Luffy, intentado que Ace fuera su amigo, en vano.

Lo siguiente que pude ver fue a Ace en el aire, derribando un árbol con su basculo, intenté alcanzar a Luffy a tiempo, pero no llegué a tiempo. Él quedó hecho una tortilla. ¿Cómo era eso posible?, ¿acaso también Luffy era un Akuma no Mi? Ace se sorprendió, pero se marchó de allí rápido, negándole todo símbolo de amistad al pobre Luffy.

Lo ayudé a incorporarse, pero él salió de nuevo escopetado a buscarle. Corrimos un rato y lo alcanzamos en un puente que colgaba en el vacío. Me quedé petrificada en el sitio mientras Luffy se acercaba a Ace. No sé cómo pero pude ver el peligro inminente que corría Luffy. Grité su nombre, de nuevo, demasiado tarde. Ace golpeó las cuerdas y Luffy cayó al vacío. Sentí mi corazón encogerse al tiempo que volvía a gritar su nombre, como si eso fuera a ayudarlo.

Furiosa me acerqué a Ace, con pasos decididos. Lo cogí por el cuello de la camiseta y le espeté a la cara:

—¿Pero qué demonios has hecho? ¿Te das cuenta que puede estar muerto?—una lágrima amenazaba con desbordar mis ojos. Ace me miró directamente a los ojos, y por un momento sentí que el tiempo se detuvo, pero algo lo sorprendió. Murmuró algo que entendí como ''monstruo'' y se fue corriendo.

Yo caí de rodillas, insultándome por lo que había hecho, ¿cómo podía mi corazón emocionarse tanto al estar tan cerca de él? Me quedé allí tumbada llorando hasta que se hizo de noche, me levanté y regresé donde Dadán.

Luffy apareció a la semana magullado y herido, a Ace no se le notaba ni un atisbo de culpa. Según lo que nos contó, había escapado de una jauría de lobos y de no sé qué barbaridades más. Pero aún así, después de todo lo que Ace le había hecho pasar, Luffy seguía queriendo ser su amigo.

Pasó así el tiempo rápidamente…

3 meses después…

—Genial, salimos de una montaña llena de monstruos para encontrarnos con una llena de basura.—espeté al viento, sabiendo que Luffy haría caso omiso de mis palabras. Seguimos avanzando por aquel mar de desecho y pudimos ver como Ace se adentraba en el bosque.

—¡Bien! Seguro que ese es el escondite de Ace…

—¡¿Pero qué demonios haría un niño de diez años aquí?, ¡cabeza hueca!—grité enfadada golpeando a Luffy.

Seguimos adentrándonos en la montaña de basura, aquello daba miedo de verdad…

Pues claro, ¿qué si no iba a ser este lugar?

Porque esto era… La terminal Gray.