Watashi no Kokoro no Yami.

1ª Saga: Conociéndonos.

2º capítulo:

Mi salvador.

Porque esto era… La terminal Grey.

Tenía miedo cuando nos adentramos en el bosque, quién sabe lo que encontraríamos allí o lo que pasaría cuando alcanzáramos a Ace, por eso me agarré algo asustada al hombro de Luffy.

—¿Tienes miedo, verdad?, ¡tranquila! Yo te protegeré—dijo esbozando una sonrisa de oreja a oreja—¡Por algo me convertiré en el rey de los piratas!

Ahora me daba más miedo Luffy que el bosque, por lo que decidí separarme de él. Seguimos caminando y Luffy comenzaba a hartarse, cuando por sorpresa, los encontramos.

—¡Aaaaceee!—gritó Luffy a todo pulmón. Ace estaba junto a otro chico casi igual de alto que él. Era rubio y lo más llamativo era su gran sombrero de copa con unas gafas de aviador en el ala de éste. Llevaba una chaqueta azul marino y unos pantalones hasta un poco más arriba de los tobillos de ese mismo color. También portaba una camisa blanca y una bufanda demasiado grande para él color azul celeste.

Cuando Ace y el otro chico escucharon el grito de Luffy se les fue el color de la cara; los habíamos pillado con las manos en la masa, estaban escondiendo un tesoro en la misma rama en la que estaban sentados. Intercambiaron miradas cómplices y descendieron del árbol como si éste fuera un tobogán, de nuevo, me di cuenta demasiado tarde de sus intenciones y en un parpadeo estábamos atados a un árbol.

—Así que estos son Ino y Luffy…—murmuró el chico de cabello rubio con los ojos entrecerrados. Cuando posó su mirada en mí creo que fue un flechazo a primera vista para él— ¡Vaya, Ace! ¡No me habías dicho que Ino era tan guapa! ¿Quieres ser mi novia?

—¡¿Qué? ¡Si solo tengo ocho años!—respondí yo exaltada.

—¡Sabo! ¡Recuerda que ellos vieron donde escondimos nuestro tesoro!—gritó Ace, dando patadas al suelo enfadado, mostrando por primera vez el niño que era.

—Es cierto… Entonces habrá que matarlos…—sentenció el tal Sabo.

—¿¡Qué! ¡Pero si solo somos unos niños! ¡No diremos nada!—mi voz fue callada por los gritos histéricos de Luffy, el cual pedía a gritos que no lo mataran, que quería vivir. Pero ellos seguían a lo suyo, decidiendo quien sería el que hiciera el trabajo sucio.

—Hazlo tú—soltó Sabo a Ace, dejándolo algo en shock.

—¡Pero yo no sé matar! ¡Nunca lo he hecho! ¡Hazlo tú!—gritó él, sobresaltado. Estaba claro que ninguno de los dos sabía matar y no tenían la intención de hacerlo. Me tranquilicé entonces, ellos no nos matarían, pero Luffy parecía no entenderlo.

—¡No quiero morir!, ¡no quiero morir!, ¡no quiero morir!

Un ruido procedente del bosque nos alertó de que no estábamos solos, Ace y Sabo corrieron a esconderse, sin darles tiempo a desatarnos. Nuestras quejas y gritos se hicieron presentes, pero una presencia calló nuestras voces. Se trataba de unos piratas, los mismos a los que Ace había humillado quitándoles su tan preciado oro.

El que más destacaba era un hombre alto con el cabello largo de color lila claro, ojos pequeños y grandes pectorales. Poseía un tatuaje en el brazo izquierdo, pendientes en ambos oídos y vestía con una ropa bastante sencilla.

Pero su espada no era para nada sencilla, con ella podía cortarlos a los dos en mil pedazos al tiempo de pestañear.

—¿Y este?, ¿este es el niñato que os robó?—dijo hablando mientras señalaba a Luffy.

—No, pero de seguro que lo conoce—respondió otro con un brazo roto, seguramente ocasionado por una paliza causada por Ace. Desató a Luffy mientras éste forcejaba y lo alzó en el aire con facilidad.

—¡Suéltalo!—grité llena de coraje, no permitiría que le hicieran nada a su amigo. Él la había cuidado hasta en sus pesadillas, ahora podría devolverle el favor.

Al parecer los piratas no se habían percatado de mi presencia, hubiera sido mejor así. Se acercaron a mí y me desataron examinándome como si quisieran comprobar si un diamante lo era de verdad.

—Vaya… Por el niño no nos darán nada, ¡pero por esta joyita el vendedor de esclavos dará lo que sea!—el pirata volvió a atarme y me apoyó contra el árbol para acercarse a Luffy. Sentí que me faltaba el aire al oír esas duras y crueles palabras, a decir verdad no tendría por qué sorprenderme, desde siempre que había tenido problemas con todo el mundo.

—¡Aceee!—exclamó Luffy, desesperado.

«¡¿Qué haces, idiota? ¡No los delates!» pensé, sin ser consciente de que Sabo y Ace estaban pensando justo lo mismo.

-¿Ace?-dijo el mismo hombre del brazo roto-¡Pochermy-san, Ace es el que nos robó!

-¿Así que conocéis a Ace, eh?-su sonrisa se tornó maliciosa-. Él nos ha quitado un dinero que nos pertenece, ¿qué tal si nos contáis donde está o donde tiene el tesoro?

-No lo sé-respondió Luffy poniendo morros y desviando la mirada, cualquiera se daría cuenta de que mentía.

-No sabes mentir…-coincidieron los tres piratas.

Y lo siguiente que pude ver, quedó grabado a fuego en mi mente. Primero lo golpearon con una maza, comprobando que no le hacía efecto, pues Luffy era un hombre de goma. Pero al darse cuenta de este detalle, empezaron a torturarlo con unos guantes con púas. Sabían que con eso no solo contaban con la posibilidad de que Luffy hablara, sino que también yo lo hiciera. Respeté la decisión de mi amigo, yo no delataría a Ace y a Sabo si él no lo hacía primero. Pero… era demasiado ver como lo torturaban de esa manera. Me mantuve pensando en silencie qué hacer pero por suerte, Ace y Sabo aparecieron.

Fueron capaces de derrotar a alguien tan grande como Pochermy, pero no anticiparon lo que sucedería después. Uno de sus compañeros me agarró y me cargó al hombro, corriendo hacia el río. Pude ver como las siluetas de los chicos desaparecían poco a poco y desesperada, intenté zafarme.

Esa fue la primera vez que fui consciente de que usaba la Shi Shi no Mi, todo sucedía tan rápido que no medí mis fuerzas con aquel hombre y creé una barrera de fuego a mi alrededor. El pirata me soltó sorprendido, pero no por ellos se rindió. Di un salto y me elevé en el aire, dejando ver unas alas de fuego negro y por puro instinto dirigí mi mirada hacia los ojos de ese hombre y ante los ojos sorprendidos de los demás, el pirata cayó sin vida al suelo.

El cansancio me pudo y la adrenalina desapareció, por lo que las alas que me sostenían en el aire desaparecieron, y yo caí al río. Intenté nadar, siempre se me había dado bien, pero no era capaz de moverme, sencillamente no podía. Recordé algunas cosas que sabía sobre los Akuma no Mi y entré en desesperación, iba a morir ahogada.

Mientras perdía la conciencia pude ver una figura zambulléndose en el río y sacándome de las frías aguas de este, pude ver las caras preocupadas de los demás y después… nada.