Watashi no Kokoro no Yami

1ª Saga: Conociéndonos.

Extrañas intenciones.

Lo seguimos hasta la cala y lo despedimos con saludos y risas, también con agradecimientos por todo lo que nos había enseñado. Sin duda lo echaríamos de menos.

Ino's POV.

Ahora volvíamos a nuestro escondite. Se estaba levantando un fuerte viento y las nubes negras que cubrían el cielo no anunciaban nada bueno, de eso estaba segura. Nos apresuramos a llegar al escondite, pero la tormenta nos dio de lleno a mitad de camino. Desde el bosque podíamos observar como el río iba creciendo hasta desbordarse. Corríamos lo más rápido que podíamos hasta nuestro escondite y, después de mucho caminar, llegamos. Subimos con dificultad por el árbol debido a lo empapado que estaba.

Cuando llegamos arriba nos tiramos en nuestros futones, exhaustos. Cerré mis ojos y me puse a pensar en las palabras que Naguri me dedicó antes de marcharse.

Flashback.

Debéis recordar que trabajar en equipo es lo más importante. No es divide y vencerás, no. Apoyaos los unos a los otros en la lucha. Vosotros estáis destinados a pertenecer a distintas tripulaciones, pero vuestros destinos siempre estarán unidos. Cuando dos almas gemelas se encuentran crean una conexión tan profunda que ni la mismísima muerte podría romper. Recordar siempre mis palabras, os serán de ayuda en el futuro. ¡Espero volver a veros pronto!

Fin de Flashback.

Abrí los ojos, sorprendida. Podía oír el repiqueteo de la lluvia contra la madera, pero había algo más. Era como si el viento pronunciara mi nombre, zumbando entre los árboles y zarandeando nuestro escondite. Observé a mi alrededor comprobé que los chicos estaban dormidos. Pero esa voz aún estaba allí, insistiendo con que fuera a buscarla. Cogí una chaqueta gruesa y salí despacio del escondite, procurando no hacer ruido.

Una vez estuve abajo sentí el frío calar en mis huesos, como si me taladrasen mil cuchillos. Era muy, pero que muy doloroso. Caminé para entrar en calor, la voz seguía llamándome y yo acudía a su encuentro. No podía parar de andar, era como si algo me obligara a mover las piernas, a mantenerlas alejadas del frío.

Seguí la voz hasta una cueva, pero allí no había nadie. Salí de allí y me interné en el bosque, esperanzada de encontrar al dueño de aquella voz. Pero… ¿de qué me sonaba a mí esa voz? Estaba segura de haberla oído antes, ese tono de voz… me era demasiado familiar. Paré en seco al recordar al dueño de aquella voz, él estaba allí de pie, llamándome, esperando mi llegada.

Mi vista se empañó por las lágrimas que no dejaban de caer y caer formando húmedos surcos en mis mejillas. Algo oprimía mi pecho, era una sensación de esperanza mezclada con un dolor supremo, no sabría describir la situación.

Apreté los puños y corrí hacia mi padre. Era imposible que él estuviera vivo, pero allí estaba, esperándome. Intenté alcanzarlo, pero nunca llegaba era como si un abismo nos separara. Vi sus labios pronunciar una única palabra que no llegué a escuchar. Alzó su mano enguantada y me mostró la rosa de cristal, que iba desapareciendo poco a poco, arrastrada por el viento. A la vez que la rosa, mi padre también lo hacía. Él sonreía y volvía a hablar, ahora podía escucharlo.

Vive, mi niña. Vive…Desátate del pasado y comienza un futuro con esos niños. No cometas los mismos errores que yo. Vive…— Y con esas palabras, fue desapareciendo como si fuera polvo arrastrado por el viento. No podía parar de llorar y caí de rodillas al suelo, desesperada. De nuevo no había podido evitar que mi padre desapareciese. Ahora que por fin volvía a verle él desaparecía. Cerré mis ojos y apreté mis puños fuertemente, no lo dejaría marchar.

Me levanté y comencé a correr hacia dónde estaba él, llamándolo a gritos. La tormenta no cesaba y yo ya llevaba bastante tiempo fuera. Los chicos se preocuparían por mí, pero ahora eso no me importaba. Seguía corriendo por el bosque, buscando el vano reflejo de mi padre en las gotas de lluvia que caían sin cesar.

Así pasaron las horas y yo caí exhausta en el suelo, abrazándome a mí misma para calentarme. El frío era tal que ya no sentía las piernas y esa fuerza que antes me empujaba a moverme ahora había desaparecido. No quería morir allí, yo quiero crecer, hacerme fuerte, crear un futuro. Pero otra parte de mí quería volver a ver a mi padre… Lamentablemente, esa parte estaba ganando terreno.

Ya ni podía crear una mísera chispita que mantuviera mi calor corporal, el frío era extremo. Cerré los ojos y comencé a recordar los buenos tiempos vividos con mis hermanos, con Ace. Y las lágrimas volvieron a aparecer, ¿dónde había quedado la promesa de vivir? Noté como empezaba a dormirme debido al frío, no debía dormirme, si lo hacía no despertaría nunca.

Pero la melodía que escuchaba al cerrar los ojos… era tan atrayente, tan cálida que me hacía olvidarme de todo. Quería acercarme a esa melodía, ahora podía escuchar el ritmo… Y, a medida que oía aquella mortal melodía, cerraba los ojos y me dejaba llevar.

Fin Ino's POV.

Ace's POV.

Abrí los ojos de repente en la oscuridad. Tenía un mal presentimiento provocado por una pesadilla. ¿Era una pesadilla? ¿O acaso era una visión? Esta última era imposible, eso eran cuentos de viejas. Sin embargo me erguí sobre el futón y comprobé que todo estuviera en orden. Todavía seguía intranquilo por la pesadilla. Recordé con pesadez lo sucedido en el sueño, cerrando los ojos.

Flashback.

Abría lentamente mis ojos con pesadez. Podía sentir la lluvia impactando incansable contra mi cuerpo y como el frío que hacía allí fuera calaba en mis huesos. Me levanté y comencé a caminar, la lluvia me dificultaba la visión y el viento amenazaba con derribar algún que otro árbol por donde yo pasaba.

Me detuve de repente ante la visión de alguien corren en paralelo a mí, parecía correr desesperado. Me acerqué un poco y pude comprobar que la silueta pertenecía a una fémina, más concretamente a una niña de unos ocho años. Seguí avanzado y la observé con más claridad, sorprendiéndome al percatarme de quien era. La chica corría desesperada, gritando algo que no alcanzaba a entender. Sus cortos cabellos rubios estaban empapados por la lluvia y azotaban fuertemente la cara de la niña debido al viento que soplaba sin descanso. Sus azulinos ojos estaban envueltos en lágrimas que caían descontroladas por sus sonrosadas mejillas.

La reconocí al instante, ese cabello, esa mirada… Ino estaba allí, luchando contra la lluvia, el frío y el viento para encontrar lo que sea que estuviera buscando tan desesperadamente. De pronto, cayó derrumbada al suelo, abrazando sus rodillas. Quise acercarme a ella, pero cuando estuve a su lado me di cuenta de que no podía tocarla, era como si yo fuera un fantasma. Podía atravesar su tersa piel sin problemas, pero no podía hablar. En realidad si lo hacía, pero no podía ser escuchado.

La contemplé durante un rato hasta que vi como sus ojos se cerraban y ella no volvía a despertar. Miré en todas las direcciones buscando algo o alguien que la ayudara, pero nadie apareció. Desesperado intenté nuevamente tocarla pero al acercar mis dedos a su piel desaparecí rápidamente, perdiendo la noción del tiempo y así todo el rastro de luz que hubo en mis ojos, desapareció.

Fin Flashback.

Abrí los ojos desmesuradamente al recordar aquel sueño. Sólo era eso, un sueño. Pero, casualmente, Ino no se encontraba en su futón. Recorrí la estancia con la mirada pero tampoco pude encontrarla. Me levanté y me coloqué una chaqueta, me calcé mis zapatos y salí a buscarla, intentando recordar con máximo detalle dónde la había vislumbrado en el sueño.

La lluvia no paraba de caer y el viento impactaba contra mi cuerpo, tambaleándome. El camino era peligroso y las condiciones atmosféricas cada vez me cansaban más y más pero yo debía encontrarla, no la dejaría sola allí fuera.

Me adentré en el bosque y seguí corriendo por un tiempo hasta que divisé un cuerpo pequeño semicongelado sobre el húmedo suelo. Me acerqué al cuerpo rápidamente y confirmé mis sospechas. Ino estaba tumbada allí, abrazándose las rodillas en un vano intento de darse calor cuando aún estaba despierta.

Cargué su cuerpo inconsciente hasta el escondite, al cual tuve problemas de acceder debido a lo mojado que estaba el tronco y a que llevaba a Ino en la espalda. Pero, al final, conseguí subirnos a los dos. Cuando llegué arriba vi que Luffy y Sabo seguían dormidos, mejor, así no se preocuparían.

Deposité a Ino con cuidado en el suelo y busqué su futón y ropa seca. Hubiera preferido despertar a Sabo o a Luffy en esos momentos, pues quitarle la ropa mojada y ponerle la seca me daba mucha vergüenza, como si Ino fuera a despertar en cualquier momento. Mirando hacia otro lado para no ver más de lo necesario. Cuando terminé la metí en el futón y yo hice lo mismo, cambiándome de ropa antes.

Fin Ace's POV.

xXx

Ino's POV

Alcé mi vista cansada al techo del escondite, podía escuchar las respiraciones acompasadas de mis hermanos, pero ya no escuchaba la lluvia repiquetear en la madera. Pensaba que había muerto… ¿cómo había llegado hasta aquí? Observé a mi alrededor y vi a Ace durmiendo en su futón a mi lado. Algo me hacía sospechar que él era mi salvador, no sabía que era aquella sensación de gratitud que tenía hacia él pero suponía que era por eso. Luego hablaría con él.

Me erguí en el futón y comprobé que tenía ropa seca y limpia, sonrojándome en el acto. Él debía de haberme cambiado… ¡Pero qué vergüenza! Él… me… ¡había visto sin ropa! Estaba más roja que un tomate, tapándome la cara con las manos y estresándome más y más a cada momento que pasaba.

—No, no, no, no ¡no!

—Tranquila, no he visto más de lo necesario. Yo no soy un pervertido como Sabo—. Me respondió el, como si fuera lo más normal del mundo. Se me atascaban las palabras y tenía tantas preguntas…

—Yo…

—Déjame preguntarte algo, ¿qué hacías allí fuera y sola?—me cortó Ace. Su pregunta respondió a la mía. Sí que había sido él entonces. Me quedé en mi mundo pensando y Ace tuvo que chasquear los dedos en mi oreja para que reaccionara—. Oye… ¡Ino!

—¿Eh? ¡A sí! Pues yo…— no podía decirle la verdad, seguro que pensaba que estaba loca. No podía decirle que vi a mi padre muerto—. Tan solo…

—¿Qué o a quién buscabas, Ino?

—A mi padre…— las palabras salieron disparadas de mi boca, yo no quería decir eso.

—Pero… ¿tu padre no estaba muerto?

—Sí, pero…— Ahora ya no podía volver atrás—. Pero me desperté pensando que me llamaba. Salí de aquí y fui a buscarlo por el bosque. Él me dijo que…

—¿Qué te dijo?—inquirió, Ace mirándome a los ojos. Pero yo no contesté, me quedé pensando en aquellas palabras que me había dicho mi padre, ahora ya no las recordaba.— Ino, ¿qué te dijo?

—No lo sé, ya no me acuerdo—. Él me miró sin creérselo, pero era verdad. Ace pudo ver la verdad en mis ojos. Hasta ese momento no me había dado cuenta de que me estaba sujetando por los hombros y que miraba mis ojos en busca de respuestas. Después de dos largos y pesados minutos, Ace me soltó y se rascó la nuca con los ojos cerrados.

—Ya no importa… Ha parado de llover. Ahora podremos ir a cazar algo o…—las palabras de Ace quedaron inconclusas cuando lo abracé. Sí, lo había abrazado. Me había armado de valor por fin para hacerlo.

—Gracias… Gracias por salvarme…— lentamente Ace correspondió mi abrazo, confuso. El tiempo quedó suspendido en el aire, pero un segundo después, todo ese ambiente quedó reducido a la nada cuando Luffy y Sabo despertaron.

—¡Buenos dí...!— exclamaron los dos al unísono quedando estupefactos ante la escena que tenían delante. Nos separamos rápidamente avergonzados mirando a todas partes, como si no hubiera pasado nada—. ¡Ace!, ¡Ino!, ¿qué demonios estáis haciendo?

—Emm… Yo…— no sabía que responder, pero a Ace se le ocurrió una gran idea.

—Ino había tenido una pesadilla y acababa de despertarse— respondió él sin más.— Tenía miedo así que la ayudé a recuperarse.

—Oh…—los dos se quedaron con la palabra en la boca. Lo que dijo Ace sonaba tan increíblemente creíble que no hubo más discusión.

Salimos afuera, pues ya era de día y había dejado de llover, y como no teníamos nada cazado para el desayuno ya tampoco teníamos nada de ganas para matar un danpa fuimos a nuestra casa provisional a ver si Dadan tenía algo de desayunar.

Cuando llegamos Dadan estaba cabreada con nosotros por no aparecer en mucho tiempo, pero a regañadientes, nos puso algo de comida que había quedado de la cena. Hablamos y comentamos con Dogra y los demás bandidos que estaban preocupados por nosotros. Desde afuera se oían nuestras carcajadas por el ''accidente'' que tuvo éste y su posterior berrinche. Todo estaba yendo de maravilla. Cuando terminamos recogimos los platos y justo cuando estábamos abriendo la puerta nos encontramos con Makino y el alcalde parados delante de ésta. Hubo un momento de silencio y después Luffy y yo nos tiramos encima de la mujer. La había conocido durante mi estadía en la casa de Luffy. Makino era una mujer dulce y amable, muy hermosa también. Su mayo característica era el extraño color verde de su pelo, pero no por eso no era bonito, al contrario.

Mientras reíamos y hablábamos divisé a Anne al lado del alcalde. No lo dude y corrí a abrazarla, hacía mucho tiempo que no la veía y la echaba muchísimo de menos.

—¡Anne-chan!—grité abrazándome a sus piernas. Ella se agachó y me abrazó también, una bonita sonrisa sincera adornaba su perfecto rostro. Makino y Anne eran las mujeres más hermosas que había visto en mi vida, pero no solo por fuera, sino también por dentro; esperaba convertirme alguna vez en alguien como ellas.

—¡Ino-chan!, ¡cuánto tiempo sin vernos!—Exclamó ella alegre mientras me revolvía el cabello para después volver a colocarlo.— Garp-san dijo que habías hecho muchos progresos con respecto a ''eso''. Estoy muy orgullosa de ti—. Su sonrisa era deslumbrante. Yo quería a Anne como a una madre, como a la mejor madre del mundo. Escuchaba contenta las palabras de Anne y las risas y regaños de Luffy y el alcalde, esos dos nunca cambiarían.

Anne me explicó que habían venido a hacernos una visita y de paso traernos algo de ropa, por lo que tenían que medir todas las prendas para ajustarlas a nuestro tamaño. Me giré a la puerta cuando Makino llamó a Ace y Sabo, ninguno de los dos salía de la casa. Al final Sabo, con un pronunciado sonrojo, se despegó de la puerta y caminó hacia Makino y dejó que le hiciera todas las medidas. Ace no seguía allí pegado como una lapa a la puerta así que Makino tuvo que usar ''su arma secreta''. Esta vez Ace caminó hacia nosotros completamente sonrojado. Estaba un poco celosa, sí, pero si no hubiese sido por la deslumbrante sonrisa de Makino, Ace seguiría allí.

Anne me condujo a una de las habitaciones de la casa y empezó probarme ropa. Luego de un rato de probar y hacer los arreglos pertinentes a un montón de camisas, faldas, vestidos y pantalones me dio un conjunto precioso que consistía en una camiseta de asas que ponía ''My Love'' y unos pantalones cortos vaqueros junto con unas zapatillas de deporte negras y blancas*. Salimos afuera y pude jurar que hasta Ace se sonrojaba. Seguramente solo fueran imaginaciones mías. Makino ya había terminado con los chicos y ya era hora de de despedirse, pues el alcalde tenía cosas que hacer en villa Fusha.

Me despedí de Anne con lágrimas en los ojos y prometiendo que la visitaría en un tiempo. Abracé a Makino y al alcalde y luego le dejé paso a Luffy y a Sabo para que se despidieran. Ace solo les dio la mano algo sonrojado y diciendo un simple ''Gracias'' algo seco.

Acordamos volver a nuestro escondite, pues teníamos que arreglarlo. Durante la tormenta había quedado destrozado y cuando despertamos no teníamos ganas de arreglarlo. Cuando llegamos al escondite y, después de echarle un vistazo, nos dirigimos a la Terminal Grey, allí encontraríamos todos los materiales que necesitáramos para arreglar el escondite.

—Me gustará tener un telescopio—. Dijo de repente Luffy.

—No creo que lo encontremos, eso es muy difícil de encontrar Luffy—. Le respondió Sabo, algo cansado de las ocurrencias de su hermano.

Seguimos recogiendo materiales y nos dividimos por secciones para ver que encontrábamos. Yo me alejé un poco de los chicos y, al cabo de un rato, escuché gritos que provenían de donde los había dejado buscando cosas. No los distinguía bien pero perecía que peleaban contra alguien.

—¡Sabo!

—¡Saaboo!

—¡Luffy!, ¡Ace!

Podía escuchar los gritos de mis hermanos a lo lejos. Preocupada, empecé a correr en su dirección. Desde una montaña de basura divisé la situación, anonadada. Luffy y Ace peleaban por llegar hasta donde Sabo, pero los piratas de Bluejam también estaban allí. Sin pensarlo dos veces me abalancé sobre uno de los piratas que estaba sujetando a Ace. Intenté crear fuego, oscuridad, vacío, ¡lo que fuera! Pero nada me salía, estaba demasiado desesperada. Me había colgado del cuello del hombre mientras éste intentaba liberarse de mi agarre. Recordé las palabras de Naguri e intenté relajarme, sus palabras resonaban en mi mente.

En un punto entre la tranquilidad y la ira. Solo debes relajar tu mente, dejar que fluya….

Abrí los ojos de repente y de mis manos emergió un fuego negro que se enredo en el cuello del pirata y lo estranguló hasta la muerte. Pero pronto, otro tomó su lugar y después de resistirme mucho, consiguieron inmovilizarnos a todos. Sabo estaba allí, a su lado había un hombre vestido de noble y con una cara despectiva hacia nosotros. Otro pirata de complexión musculosa y muy alto se acercó a mí y me elevó la barbilla mientras yo le hacía una mueca.

—Así que esta es la niña de la que me hablasteis, parece poderosa—dijo entre risas. Yo aparté mi rostro hacia un lado mientras observaba como Ace se revolvía y Luffy lloraba porque lo soltasen

—¡Suéltala, cabrón!, ¡no te atrevas a tocarla!—gritó Ace encolerizado e intentando escapar de las garras de los piratas que lo aprisionaban.

—Bien hecho, Bluejam. Gracias por recuperar a mi hijo. Pronto recibirás una recompensa—. Habló el hombre que estaba al lado de Sabo. Entonces… él era su padre, su desalmado y horrible padre. Observé cómo se marchaban de la Terminal Grey y grité una vez más el nombre de Sabo en vano. Pronto lágrimas surcaban mis mejillas y cuando el pirata me soltó me derrumbé en el suelo y comencé a llorar, abrazando mis piernas. Sabo era un gran amigo, y ahora se lo habían llevado, nos habían quitado a nuestro hermano.

Me levanté del suelo aún con lágrimas en los ojos y miré desafiante a Bluejam a los ojos. Éste por su parte solo soltó una risotada al aire.

—Peleáis bastante bien, chicos. ¿No creéis que debéis dejar al niño marchar en paz?, ¿por qué creéis que estaba aquí? Él solo sólo os acompañaba para reírse de vosotros y sentirse superior. Es un noble, no hay nada más que esperar de ellos—. Exclamó Bluejam, poniéndose un puro en la boca y encendiéndolo a continuación

—¡Sabo no es así!—gritó Ace con los puños apretados, como si no se creyera sus propias palabras, dudando de su autenticidad.—Él nunc anos haría esto…

—Venid, acompañadme—nos pidió mientras lo seguíamos hasta su ''oficina'' entre los despojos—. Tengo un trabajo para vosotros. Necesito que coloquéis estas cajas en los puntos señalados del mapa. Habéis demostrado que valéis para este trabajo—dijo mostrándonos un mapa lleno de cruces rojas.— ¿Lo haréis?, puedo pagaros—. Acto seguido arrojó a mis brazos una bolsa pequeña con oro y joyas. Miré a Ace y a Luffy de reojo y como noté que ellos no iban a responder, tomé la palabra.

—Aceptamos—. Ninguno de los dos objetó nada.

xXx

Ya llevábamos varios viajes transportando cajas con unas banderitas rojas en su superficie, todas debían colocarse en el punto exacto mostrado con una cruz en el mapa, no había margen de error. Luffy llevaba cinco cajas, una en cada brazo y tres sobre la cabeza. Ace llevaba tres, todas apiladas una encima de la otra y yo llevaba dos una apilada sobre la otra, como Ace. Seguimos llevando cajas y dejándolas por toda la Terminal Grey hasta que se hizo de noche, aún no teníamos noticias de Sabo. Terminamos de poner las últimas cajas y nos encaminamos a nuestra guarida, pero un ruido detuvo nuestra marcha. Eran disparos, impactaban contra superficies que se rompían rápidamente y, a la vez, encendían como una mecha. Eso era, una mecha. Todo comenzó a incendiarse rápidamente, nosotros fuimos los causantes de ese descomunal incendio que nacía.

Intentamos correr pero el fuego nos bloqueaba el paso, divisamos un camino a lo lejos y corrimos hacia ese sitio despejado. Pero lo peor aún estaba por llegar, Bluejam y sus hombres nos estaban esperando allí, con una sonrisa de locura impresa en sus rostros ahora manchados de ceniza.

—Vosotros de aquí no os marcháis. Habéis trabajado con nosotros, ahora sois nuestros nakamas. Por lo tanto moriremos todos juntos y aquí—. Explicó Bluejam mientras se reía de nuestra desgracia.

—¡Nosotros no somos tus nakama y no moriremos aquí!—exclamé con la vista nublada por el odio, la rabia y la ira. No permitiría que Ace y Luffy murieran aquí por su culpa, no lo haría. Sin saber cómo, estiré mis brazos hacia los hombres de Bluejam y el fuego se tragó a muchos de ellos, pero pronto otros vinieron a sujetarnos. Empezamos a pelear, Ace y Luffy con sus báculos y yo con el fuego, al final un pirata me agarró y otro dejó a Luffy inconsciente, esto enfureció a Ace sobremanera.

—No te atrevas a tocarla…—dijo con una parsimonia inusitada en él. Su tranquilidad asustaba y el odio en sus ojos centelleaba con furia. Fue corriendo hacia el hombre y con su báculo le golpeó en la nuca, dejándolo inconsciente en el acto. Me liberé de los brazos del pirata y corrí hacia Ace, algo asustada de su actitud.

—Ace… debemos irnos, ¡nunca ganaremos esta batalla!

—Ino… tú eres lo más importante ahora, recoge a Luffy y marchaos. Yo me encargo de Bluejam—. Tras decir esto Ace dio un salto e intentó golpear al malvado pirata, sin éxito. SU gran mano agarró del cuello a Ace y lo estampó contra el suelo.

—¿Qué no entiendes, niño insolente? Eres mi nakama, ¡tú morirás con nosotros!— Bluejam apuntó con su pistola a Ace y en ese momento todo sucedió como a cámara lenta. Grité su nombre y lancé una ráfaga de vacío que llegó demasiado tarde.