Watashi no Kokoro no Yami.
2ª Saga: Juntos.
De confusiones y secretos.
—Entonces… ¿has aceptado?—La pregunta que todos se habían estado guardando escapó traviesa de los labios de Sacchi—. Digo… ya llevas seis meses con nosotros.
—… Sí—. Una voz femenina resonó en la habitación—. He aceptado.
—Vaya… a ninguno de nosotros, ni siquiera a Marco, Padre le ha propuesto eso—. Habló esta vez el comandante de la segunda división mientras se balanceaba sobre la silla.
—Es cierto, ese cupo ha estado libre durante décadas—. La voz de Marco se hizo sonar en la estancia—. Debes considerarte muy afortunada por ello.
—Marco…
—Marco, ella se lo ha ganado. Ha demostrado su valía innumerables veces. ¿Es que acaso no recuerdas que os salvó el culo a ti y a Ace en Enies Lobby? ¿Y qué me dices de Skypiea? Por no hablar de que ella fue la única que pudo derrotar a Akainu de todos nosotros.
—Pero con graves secuelas…
—¡Marco! ¡Por Dios! C-creí que ya no íbamos a hablar de ese tema—. La voz femenina volvió a hablar, esta vez, algo escandalizada y con un deje de frialdad en ella—. Además, si te molesta, ve a reclamarle a Padre.
El primer comandante se levantó y caminó hacia la puerta, la abrió y salió. Pero a dos pasos se detuvo y sin girar la cabeza habló, algo frío.
—No necesito hablar con Padre. Eres libre de aceptar, por algo eres ahora mi superior. Pero que sepas que no te debo lealtad ninguna—. Dicho esto el fénix de marchó de allí, dejando a todos con la boca abierta del asombro. A todos menos a dos personas en cuestión. La única fémina allí presente y el cuarto comandante se dedicaron unas miradas preocupadas.
—Vale, ¿qué demonios le pasa a este?—Inquirió un Ace extrañado. Pronto se percató de las miradas de Sacchi e Ino y eso le desencajó aún más—. ¿Vais a contarnos lo que sabéis?
—… No—. Ino no pareció meditárselo mucho—. Es algo privado, nada que vosotros necesitéis saber.
—Sí… no necesitáis saber que nosotros dos nos…
—¡Sacchi!—Ino agarró a Sacchi de la camisa y lo sacó a rastras de la estancia.
—¿Por qué no pueden saberlo? Ace es tu hermano, ¿no? ¡Él debe saberlo!
—No quiero que le pase como a Marco, ¿vale? Ahora mantén la boca cerrada y no digas nada acerca de aquella noche de borrachera, ¿sí?
—¿Qué noche?—Ace lo había escuchado todo.
—Mierda…—La rubia se llevó una mano a las sienes, sentía que su cabeza explotaría en cualquier momento.
—Hablad, ahora—. Los demás comandantes se arremolinaban alrededor de Ace, intentando no perder detalle de la escena que tenían delante.
—Fue solo una noche de borrachera, ¡nada más! No… nosotros estábamos pasados de sake y… yo perdí un poco la razón esa noche… Sacchi no tuvo la culpa.
—Yo te mato… ¡te mato!—El segundo comandante se lanzó al cuello del cuarto y comenzó a ahorcarlo. Sacchi se defendía como podía, pero Ace empezaba a ejercer calor sobre el atacado y esto dificultaba sus movimientos.
—¡Detente Ace!—Izou y Haruta, junto con Jozu y los demás comandantes se lanzaron a los hombros de Ace, para intentar separarlo de Thach, que ya se estaba ahogando. Al final, consiguieron separarlos.
—¡Sacchi!—Ino se acercó a él y revisó que no tuviera ninguna herida, pero Sacchi le hizo ademán de que se fuera. Ace se había zafado de Jozu e iba a embestir nuevamente contra Sacchi.
—¡Maldito cabrón!, ¿¡cómo te atreves a ensuciar a mi hermana!—Rugió Ace. Él estaba furioso, nadie, nadie tocaba a la mujer a la que él amaba. Y esto lo dejó más que claro cuando una llamarada impactó cerca de la cabeza del cuarto comandante.
Sacchi no esperó y se lanzó al ataque, pero un empujón sorpresivo lo mandó volar a una pared, con la que se chocó con violencia. Otro empujón fue recibido por Puño de Fuego que, al chocar contra la pared y abrir un boquete en esta, produjo una densa nube de polvo.
—Shinku suiryoku*…—La preciosa mujer estaba en medio de la estancia, con las manos extendidas hacia los lados y ligeramente arrodillada. De sus manos salió despedida una ráfaga de vacío que despejó el pasillo y dejó a la vista a los dos combatientes caídos—. ¡Ya basta!, ¿¡es que sois idiotas! ¡Os estáis comportando como adolescentes descerebrados! Ace, ya es hora de que entiendas que no soy una niña… y que esa noche fue por culpa del alcohol, nada más. Seguro que tú habrás hecho eso mismo muchas, pero que muchas veces. Así que será mejor que lo dejes pasar.
En la oscuridad del boquete abierto por el chico de fuego se vislumbró una sonrisa amarga seguida de una mueca de desagrado.
—¿Es por eso que Marco está molesto con vosotros dos? ¡Já! Ya me lo temía yo… te voy a dar un consejo, Ino. Será mejor que lo dejes a su aire unos días, luego se le pasará—. El hombre se levantó mientras se sacudía los escombros de encima y salí del boquete. Sacchi hizo lo mismo y los dos se dedicaron miradas recelosas, se acercaron y por un momento pareció que iban a comenzar una pelea nuevamente.
—¡Jajajaja!—Los dos amigos estallaron en risas estridentes mientras Sacchi le daba unas palmaditas ''de machitos" a Ace en la espalda. Los dos se marcharon de allí, todavía riéndose por lo sucedido.
—¿Qué… qué acaba de pasar?—Ino estaba estupefacta, ¿Ace le había dado un consejo para reconciliarse con Marco? ¿Sacchi y él habían olvidado que hace medio minuto se estaban pegando? Eso, definitivamente, no pasaba muy a menudo.
—Déjalos, ellos son así. Un día están peleados hasta morir y al siguiente son los mejores amigos, siempre hacen lo mismo—. Contestó Izou, mientras caminaba con el resto de sus compañeros hacia el mismo lado por dónde habían salido los dos amigos extremadamente risueños—. Será mejor que sigas el consejo de Ace; el conoce muy bien a Marco, sabe que en unos días se le pasará y volverá a ser el mismo aburrido amargado de siempre. No lo olvides, Marco es muy sabio, y sabe ver cuándo se equivoca—. El hombre vestido de mujer le guiñó un ojo y desapareció por el pasillo, siguiendo a sus amigos.
—Aún después de tanto tiempo… ¿no logro llegar a conocerte, Marco?—Ino le dedicó estas palabras al silencioso pasillo mientras caminaba en dirección contraria a sus amigos, dirigiéndose al camarote de su Padre.
—¿Y bien?—El gran hombre estaba medo tumbado en su cama, mientras que la bella mujer rubia estaba sentada sobre la mesa.
—Sí… Padre. Acepto el puesto, será un gran honor para mí ser tu…— las palabras se atragantaban en la boca de la chica por la semejante magnitud de ellas—, tu subcapitana.
—¿Estás segura? Una vez que lo aceptes tendrás autoridad absoluta y, por lo tanto, responsabilidad absoluta. Ten cuidado… porque estar en este puesto… te traerá problemas… y muchos. Tu recompensa va a aumentar y tus enemigos también. Ten encuenta también que si algo sale mal en el barco, la responsabilidad será tuya. ¿Aceptas?—La chica pareció pensárselo un momento, pero resolvió Ino que no habría una segunda oferta.
—Sí, acepto. Para mí es un honor, Padre. Intentaré no fallarte.
—¡Gurarara! Perfecto, desde ahora mismo yo te concedo el título de subcapitana. Puedes ir al depósito y firmar los papeles, Marco te ayudará a encontrarlos. Ahora, ¡fuera de mi habitación y a trabajar!—El imponente hombre le hizo un aspaviento para que la chica se largara con viento fresco de su habitación, y así Ino obedeció.
—¿Cómo demonios voy a pedirle ayuda a Marco? Maldita sea, debo seguir el consejo de Ace y dejarlo a su aire para que se tranquilice pero… ¡necesito esos papeles! Arrg—Ino recorría rápidamente maldiciendo su mala suerte en dirección al depósito. Cuando llegó, abrió la puerta y se metió en la marabunta de papeles que allí habitaban—. ¡Arrrrrg! ¿¡Cómo quiere Padre que encuentre los papeles en este desastre!
Y es que así era, el depósito era un tumulto de grandes pilas de papeles esparcidas aquí y allá. Había mapas, cartas náuticas, contratos, conteos, diarios, apuntes y escrituras en lenguajes extraños que la rubia no llegaba a comprender. La chica empezó a rebuscar en los montones más alejados de la puerta, resolviendo ella que si desde hace tanto tiempo que no se ocupaba ese puesto los papeles deberían estar lo más alejados posibles de la puerta, pues a medida que pasaban los años iban amontonando los papeles por hileras. Siendo así, los papeles deberían estar ordenados por orden cronológico.
Pero al final no resultó tan fácil. Ino llevaba ya metida en esa habitación tres horas rebuscando entre los montones desordenados de mapas y escritos para encontrar algo que no llegaba, aquello era para la chica como buscar una aguja en un pajar.
—¡Maldita sea! ¡A este ritmo no lo encontraré nunca!—Ino estaba de espaldas a la puerta, por lo que no podía ver quien se aproximaba a ella, si se le sumaban sus gritos y maldiciones, su concentración era nula en esos momentos. Por todas esas razones Ino no pudo escuchar que alguien entraba al depósito. Por todas esas razones Ino no pudo sentir que cerraban la puerta. Por todas esas razones Ino no pudo sentir hasta demasiado tarde al hombre que había detrás de ella. Por todas esas razones Ino no pudo evitar ser acorralada contra la pared. Por todas esas razones Ino no pudo evitar sonrojarse. Por todas esas razones Ino sí pudo notar que el enfado se le había pasado. Por todo aquello Ino supo que su presencia era precisamente por aquello…
—¿Necesitas ayuda?—El hombre le susurró al oído, sonriendo al notar los nervios de la malhumorada y, ahora, sonrojada, subcapitana—. A mí me parece que sí…—La voz sensual del primer comandante fue pronto sustituida por su tono aburrido de siempre—. La noticia se ha esparcido como la pólvora. Parece que de ser mi ayudante pasas a ser mi superior… curioso… muy curioso… ¿Quién te ha dado permiso para autodespedirte y apropiarte de un puesto de trabajo tan importante?—Con este comentario jocoso, Ino reaccionó.
—No necesito tu permiso, Marco. Puedo hacer lo que me venga en gana. Ahora suéltame—La mujer estaba nerviosa, pero lo ocultaba con una falsa barrera de frialdad.
—¿Vas a obligarme?
—¿Pero qué demonios te pasa? Es una orden, suéltame—. Al final el primer comandante la soltó. Ino estaba desconcertada, Marco no era así… ese comportamiento era típico de… Sacchi. Y fue en esas cuando la chica procesó la información—. Si no quieres soltarme… entonces podemos repetir lo que sucedió hace dos noches… ¿no es así, Sacchi?
El susodicho abrió los ojos como platos, sorprendido de su temprano descubrimiento.
—¿C-cómo…
—Lo he sabido? Sencillo, muy pero que muy sencillo. Me lo has puesto fácil. Marco no es así, o al menos eso creo…—la chica sacudió la cabeza algo consternada al imaginarse al primer comandante así—, y si a eso le sumamos el poder de tu fruta del diablo… Ahora Marco debe de andar buscándote, Sacchi. Será mejor que le devuelvas su cuerpo.
—¡Oh, venga ya! ¿es que no puedo divertirme un poco? Hace tiempo que no uso la Henko Henko no Mi, ¿no me dejarás divertirme un rato?
—No, ahora te ordeno que me sueltes—. Ino ya no estaba nerviosa, sabía que pisaba en terreno seguro, pero la actitud del primer comandante la descolocaba un poco. Si bien el intruso ya había sido descubierto, la cercanía del cuerpo de Marco la hacía sonrojar levemente.
—¿Y qué pasa si no lo hago?—Respondió Sacchi, desafiante.
—Que tendrás graves problemas—. Sacchi e Ino giraron la cabeza para divisar al recién llegado cuerpo de Sacchi. Por instinto éste soltó las muñecas de Ino que mantenía en alza contra la pared. Pudiendo ella zafarse rápidamente del bromista.
—¡Marco! Vaya, que bien verte por aquí. Justo yo iba en busca de mi cuerpo…
—Sacchi, devuélveme mi cuerpo. Ahora.
—¿Pero qué os pasa a todos hoy? ¡Qué amargados! Además, ¿te molesta que use tu cuerpo para hacer cosas no apropiadas con ella?—Con un cabeceo Sacchi señaló a una Ino algo nerviosa a medio camino entre Sacchi y Marco—. Henko*…
Entonces la mente de Marco volvió a su cuerpo y la de Sacchi al suyo. Ambos se miraron recelosos durante un momento, después, Sacchi estalló en risas y en el rostro de Marco apareció una sonrisita divertida. El cuarto comandante salió por la puerta sin despedirse, aún riendo, y dejando solos a unas de las mayores autoridades del barco.
—Puedes… ¿puedes ayudarme?—Ino no lo miró a la cara, se dedicó a observar el suelo como si fuera los más interesante—. Necesito encontrar unos papeles…
—Los papeles que dicen que serás la nueva subcapitana, ¿verdad?—Ino contestó con un asentimiento de cabeza—. Ven, los papeles de los contratos importantes se guardan aquí.
Marco la condujo a una de las paredes más alejadas, en la cual había una pequeña puerta. El primer comandante la abrió y entró a un universo completamente diferente al de la anterior estancia. Todo allí estaba completamente ordenado y en su sitio. Ino lo siguió en los pasos que faltaban y acogió con sus manos un pergamino que el fénix le había proporcionado.
—Aquí tienes. Debes firmarlo y luego que lo firme Padre, después lo traes aquí y lo metes en esa caja fuerte. La contraseña es esta—. Marco cogió un papel y un bolígrafo y apunto una serie de números y posiciones para luego entregárselo a la bella mujer frente a él. Hecho esto el comandante empezó a caminar hacia la puerta, pero se detuvo violentamente.
—Yo… lo siento—. La chica susurró por lo bajo lo que tenía que haber dicho algunos días atrás.
—¿Qué?—Marco parecía extrañado.
—Lo siento. Siento haberme emborrachado y luego terminar en la cama con Sacchi… yo nunca quise hacerlo… solo fue… solo fue cosa del momento.
—¿Y por qué?—La pregunta que formuló el primer comandante sorprendió a Ino, ella no se esperaba esa pregunta. Meditó un tiempo antes de contestar, pero lo que hizo dejó descolocado al hombre.
—Porque estaba enfadada y triste. Duele mucho, ¿sabes? —Dijo la mujer con evidente tristeza en su voz. Pero ella no se derrumbaría, Ino no lloraba, ya no.
—¿Qué es lo que…
—Me duele saber que aún haciendo cualquier cosa para que me quieras… tu prefieras besarte con otras—. Y esto lo dijo con un tono acusador, mirándolo directamente a los ojo.
—Besar… a otras…—El rubio parecía estar procesando la información. Pero pronto recordó lo sucedido hacía dos semanas—. ¿Era por… aquello?—Marco parecía avergonzado.
—Sí, era por "aquello". Yo lo recuerdo muy bien, y… no pienso perdonarme no haber actuado yo antes—. Ino cerró los ojos, haciendo memoria del amargo recuerdo.
Flashback.
Una rubia despampanante corría de un lado para otro cargando papeles, en múltiples ocasiones chocaba con sus compañeros piratas, pero debido a la importancia de su misión recogía rápidamente los papeles tirados por el suelo y salía corriendo nuevamente. ¿El motivo? Hoy era el día en el que se renovaban los contratos de todos los comandantes, era el único día del año en el que los piratas de mayor rango podían quejarse, y eso era lo más problemático. Todos los comandantes sabían leer y escribir, por lo que sus quejas requerían de ser transportadas hasta Padre, pero antes tenían que ser revisadas por Marco.
Dejada ya la quinta tanda de papeles en la mañana Ino fue, ya más tranquila, a por la siguiente y última tanda. Había acabado su trabajo en tiempo record, por lo que ahora podía tomarse un descanso e ir lenta y relajadamente al depósito.
A la vuelta, luego de conseguir la última tanda de papeles, Ino caminaba contenta y relajada por los pasillos del Moby Dick, teniendo que detener su avance al verse abordada por el cuarto comandante.
—Buenos días, diosa de los mares, ¿qué tal le está yendo el día a esta preciosidad?—Sacchi, ni corto ni perezoso, nunca desperdiciaba una oportunidad para ligar con ella. La chica detuvo su avance y le dedicó una sonrisa, aquel hombre nunca cambiaría.
—Buenos días, Sacchi. Hoy ha sido una mañana muy ajetreada, y aún tengo que entregar estos papeles, ¿qué te parece si hablamos mientras comemos algo en el mascarón del Moby?—Y es que la rubia había simpatizado de tal forma con el del tupé, que ahora eran grandes amigos. Sacchi nunca dejó de mostrar interés por ella, pero sabe que Ino no le correspondía. Pero aún así la piropeaba cada vez que tenía ocasión y ella sonreía ante esto. Era un toma y daca, así se había establecido su relación.
—Nah, ¡yo quiero estar contigo ahora!—Como un niño caprichoso el cuarto comandante empezó a seguir a la Yamanaka, que había reanudado su marcha.
—Está bien… ¿y si me acompañas a llevar estos papeles?—Ino actuó como una madre buena y comprensiva, siguiéndole la broma a Sacchi. Ino le pasó la mitad de su montón de papeles a su compañero y siguieron caminando.
—Y… ¿a dónde vamos?
—Tenemos que entregarle esto a Marco, tiene que revisar todas las quejas. Y algo me dice que las tuyas serán extremadamente divertidas de leer. Le pediré que me avise cuando las revise.
—Jaja… ¡debes saber que mis quejas son serias y constructivas!—Se quejó el moreno.
—Sí, ya me lo imagino. "¡Necesito otras cincuenta cajas de laca para el pelo!" ¡Jajaja!—Las risas burlonas de la rubia se oían por todo el pasillo, haciendo voltear extrañado a todo aquel con los que el dúo dinámico se topase.
Siguieron hablando de trivialidades hasta que llegaron a la puerta de la oficina del primer comandante. Sacchi intentó abrir, pero no le llegaban las manos de lo cargado que estaba.
—Espera, ya abro yo—. Con práctica y maestría la rubia abrió con el codo y entró de espaldas. Al darse la vuelta se encontró con una escena que nunca se le ocurrió imaginar—. ¿Pero qué…—Sus susurros se perdieron en la habitación, siendo tapados por el sonido de los papeles al caerse.
Delante de los ojos de la rubia y del moreno se desarrollaba —o más bien, se había desarrollado— una escena de lo más imposible. Ante ellos, Marco y Circe, una subordinada de la división de Ace, se besaban apasionadamente. Al escuchar el ruido de los papeles al caerse, ambos se separaron consternados al verse descubiertos.
Y fue en ese entonces cuando a Ino se le fue el alma a los pies, cuando sintió sus ojos llorosos y lo único que logró articular fue un quebrado "lo siento" mientras recogía los papeles a la velocidad de la luz y se marchaba argumentando que tenía cosas que hacer.
Circe era una mujer morena, alta y de curvas pronunciadas. Tenía unos ojos verdes que denotaban un brillo de malicia y peligrosidad, junto con un deje de diversión y burla. La mujer portaba una camiseta de escote pronunciado sin mangas y unos pantalones largos de vinilo. Llevaba el pelo suelto, cayéndole en cascada por la espalda. Usaba unas botas marrones que le llegaban hasta las rodillas y unos pendientes dorados de arete. La chica tenía los labios carnosos, y en ellos estaba impresa una mueca de burla y molestia.
Antes de que ninguno de los dos descubiertos pudiera hablar, argumentando su situación, Sacchi los interrumpió.
—La has cagado, Marco—. Dicho este dejó los papeles sobre la mesa y salió tremendamente molesto por la puerta, azotándola con violencia. Marco había dañado a su amiga, ahora le tocaba a él repararla.
Fin Flashback.
—Yo…
—No necesito que me expliques que pasó aquel día, Marco. Si tú prefieres a Circe lo comprenderé, pero será mejor que me dejes en paz, entonces. ¡Si ella te gusta más que yo no debería molestarte que me acostara con Sacchi, maldita sea!—Ino estaba al borde del llanto—. ¿Pero sabes una cosa? Aunque tu prefieras a Circe… a mí me gustaría que supieras…—A Ino se le atragantaban las palabras. Marco no era idiota y sabía lo que venía después. Él quería explicarse, pero no le pareció bien interrumpirla llegados a ese punto—, me gustaría que supieras…—Ino alzó el rostro y lo observó a los ojos—. Nada… ya no importa.
La mujer rubia salió de la estancia y cruzó a grandes zancadas el depósito, unos segundos después el primer comandante dejó de oír sus pisadas. Marco estaba confuso, muy confuso. Siendo él quien era y siendo cómo era… no podía explicarse cómo había llegado a tal situación. Cómo había dejado que se le saliera de las manos…
El primer comandante se apoyó contra una pared y se acarició las sienes, cansado. Después, salió de la habitación, cerró la puerta con cuidado y se marchó.
La oscuridad se apropió de la estancia, aquellas paredes guardaban muchos secretos, y ahora sumaban la tristeza de un secreto más…
