Watashi no Kokoro no Yami.
2ª Saga: Juntos.
Water 7.
Primera parte.
Dulces y amargos recuerdos.
La noche caía en el Moby Dick, las sombras comenzaban a llevarse todo a su paso y la luna llena hacía acto de presencia. En el grande y poderoso barco reinaba el silencio, tan solo el ruido de las ondas chocar contra el barco podía ser oído. En aquella inmensa oscuridad una gran ballena se erguía imponente sobre el barco. Una mejer, tremendamente pequeña en comparación con tal mascarón lo acariciaba con nostalgia; recordando el pasado, los buenos y malos momentos pasados para que el barco pudiera volver a estar completo. Tantas fueron las aventuras vividas, y tal era el apego que la mujer le tenía a éstos que no pudo evitar soltar un pequeño sollozo; recordando a todas las personas que había dejado atrás, su hermano, sus antiguos nakama y los nuevos amigos hechos en la capital del agua, Water 7.
—Qué recuerdos, ¿eh?—Una voz tranquila resonó en el silencio del barco, sobresaltando a la joven sentada sobre el mascarón del barco.
—Ace… ¿Uh?, ¿Sacchi?—La mujer se sorprendió de ver al hombre del tupé sentándose a su lado, pues en la oscuridad de la noche y en el silencio del barco aquella mujer lo había confundido, pues era tal su concentración en los recuerdos que no pudo identificar la voz del recién llegado.
El susodicho se sentó junto a ella y lanzó al aire un largo suspiro. Después la miró con algo de amargura, recordando a una persona importante para la nueva subcapitana, una que se vio obligada a abandonar.
—Y pensar que todo esto empezó por detener a un carpintero chorizo… jeje…—Sacchi rió con amargura. Después sacó un objeto de su bolsillo y se lo llevó a la boca—. Podrías…—Ino alzó una mano y el puro del hombre encendió—. Me gustaría volver a escuchar la historia, Ino. Esta vez desde el principio.
—Un puro, ¿eh? ¿Desde cuándo tú fumas?—Ino dejó la pregunta en el aire, sabiendo que no podría evadir la petición del cuarto por mucho más tiempo—. Todo comenzó el día en el que llegamos a Water 7, ¿te acuerdas?
—Cómo si fuera ayer…—Ino cerró los ojos y se dispuso a relatar su historia, la de Water 7 y la de todos sus amigos, los nuevos y viejos, de aquel carpintero vergonzoso y de Enies Lobby, del CP9 y de la Buster Call…
Flashback.
El sol se alzaba radiante en el cielo, no había ninguna nube entorpeciendo la vista de éste y corría una ligera brisa en el ambiente. Una mujer de unos veinte años contemplaba el mar esperanzada, en una postura tranquila y sosegada, mientras sus compañeros hacían sus quehaceres de siempre por aquí y por allá en el barco. Aquella chica esbozó una sonrisa soñadora, disfrutaba de su estancia en ese barco más de lo que podía haber esperado en un principio.
Todos estaban muy ajetreados hoy, ¿el motivo? Una gran isla se erguía imponente sobre el mar. Pero ésta no era una isla cualquiera, era nada más y nada menos que la capital del agua, Water 7. En esta isla se encontraban los mejores carpinteros del Grand Line, era esta la razón por la que el monstruosamente grande Moby Dick se desplazara a tal lugar tan concurrido.
A parte de la cabeza cercenada del Moby, éste y los demás barcos de la flota de Shirohige necesitaban un repaso completo para arreglar alguna que otra cosa. En la conocida isla Water 7 se encontraba Galley-La Company. Esta compañía de carpinteros no sólo eran los mejores del mundo, sino que eran famosos por su gran eficacia y acabado perfecto en cualquier reparación o fabricación de barcos.
Y, algo que no agradaba mucho a nuestra rubia chica, era que también eran conocidos por sus desorbitados precios. Pero, sencillamente, siendo quienes eran ellos, aquella minucia no importaba.
La isla estaba cada vez más próxima, por lo que la conocida Ino Yamanaka bajó de su puesto meditativo para dirigirse a dónde su apreciado y famoso Padre. Tuvo que esquivar por el camino a muchos excitados piratas, algún que otro saludo por las mujeronas curtidas y también los llamados de atención del segundo comandante por no haberse puesto la capa y andar en bikini por el barco. Esto causaba mucha gracia a la rubia, pues solo lo hacía para molestar al moreno mayor, que tanto se empeñaba en que ningún hombre la observara, ni vestida, ni en bañador.
Ellos dos se divertían haciéndose la puñeta, era costumbre de los piratas de a bordo ignorar sus peleas y bromas pesadas que se solían gastar entre ellos, por lo que ya estaban acostumbrados. Sin embargo, la relación con el cuarto comandante era diferente ahora, ya no lo miraba recelosa, ni lo evadía, ni siquiera lo insultaba. Ahora Ino disfrutaba de largas charlas sin sentido sobre cotilleos del barco, todas ellas acompañadas de risas aseguradas. Con el primer comandante la relación de la Yamanaka se fortalecía cada vez más, ya no eran jefe-subordinada, sino que se habían convertido en grandes amigos. Ino disfrutaba con Marco agradables charlas, con él era con el único con el que podía hablar de todas sus preocupaciones, de sus miedos y de las locuras que se le ocurrían.
La Yamanaka caminaba absorta a su alrededor, tenía un extraño presentimiento, pero no era malo, no, todo lo contrario. Sentía que en esa isla le pasaría algo fantástico. Rápida y precisa, conocedora de todos los pasillos del Moby, Ino llegó al camarote de su Padre, que seguramente a esas horas se encontraba leyendo el periódico. La mujer, respetuosa como la que más ante su Padre, tocó con parsimonia la gran puerta.
—¿Padre?—Recibió únicamente un sonoro ''Pasa" y así la mujer obedeció—. Padre, ya hemos llegado a Water 7. ¿Quién irá a contratar a los carpinteros de Galley-La?
—Puedes ir tú, junto con Marco, Ace y Sacchi. Estoy seguro que a ese nadie lo retiene en el barco.
—¿Yo?—Inquirió Ino, algo incrédula.
—Sí, ya es hora de que comiences a tomar un poco el mando, ¿no crees? Ser la ayudante de Marco implica también tomar decisiones. ¡Gurarara!—Rió el capitán con su risa habitual después de la explicación—. Ve al depósito y coge el dinero que creas conveniente. Eso sí, no te lo lleves todo. ¡Gurarara! Ahora fuera de mi habitación, que debo prepararme para salir.
La mujer obedeció y se despidió con un divertido "Adiós Padre" mientras caminaba en dirección al depósito. Nunca había tenido el honor de visitarlo, pero corrían rumores de que más de cien mil millones de beris se encontraban allí, fruto de toda una vida asaltando barcos y robando.
La muchacha entró por la puerta indicada por el primer comandante, que la observaba desde lejos, analizando todos sus movimientos. En la pared del depósito podía observarse una gran caja fuerte, cerrada fuertemente con un candado, pero no con uno común y corriente; la única manera de abrirlo era ejecutando la técnica de apertura.
—¡Kaisetsu!*— Y el candado respondió al llamado, abriéndose al instante. La mujer contaba con varias maletas dónde guardar el dinero seleccionado—. ¿Tú qué dices, Marco? ¿Con ochocientos millones estará bien?
—Supongo que será suficiente—. El hombre se acercó y ayudó a la chica a guardar la desmesurada cantidad de dinero en las maletas. Al ser estas también desmesuradamente grandes, el dinero pudo ser guardado cómodamente en únicamente cuatro de ellas.
—¡Qué justo! Cuatro como los que seremos los que vayamos a Galley-La—. La mujer cerró los ojos con ilusión, complacida por el trabajo realizado—. Así podremos llevar doscientos millones cada uno y ¡no habrá posibilidad alguna de robo!
—Bien, busquemos a Ace y a Sacchi y esperemos a ver dónde anclan el barco para bajar.
Después de diez minutos de búsqueda, "El fénix" y "La dama de la Muerte" se encontraron en la proa del barco. Cada uno con el susodicho buscado. Ino tiraba cansada de la oreja de Ace y Marco se apoyaba en una pared mientras Sacchi le reclamaba por haber interrumpido una oportunidad "única" de ligue.
Pasados otros veinte minutos el Moby Dick fue anclado a una cala lo suficientemente grande para que cupieran los tres grandes barcos y lo suficientemente escondida para no ser vistos. Una gran parte de la tripulación se bajó, mientras que la otra se quedó a vigilar los barcos. Ace, Marco, Ino y Sacchi se encaminaban ya hacia Galley-La, subiendo por una de las grandes escaleras que conectaban las islas del sudeste con la ciudad. Al entrar por completo en Water 7 quedaron verdaderamente asombrados, pues si bien habían visto lugares impresionantes y exóticos ninguno podía compararse con aquel. Toda la ciudad estaba construida alrededor de los canales y sobre éstos había cientos de Yagaras nadando tranquilamente y llevando a sus dueños por toda la ciudad.
—La madre que…—La voz de Ace se hizo notar. Los tres estaban con la boca abierta.
—Es impresionante—. Corroboró Ino.
—Nunca, nunca había visto algo así—. Habló Sacchi con voz pícara observando las hermosas damiselas esparcidas por aquí y por allá.
—Vamos, no podemos quedarnos aquí parados, tenemos trabajo que hacer—. Sentenció Marco, para empezar a caminar.
—¿Pero sabes a dónde hay que dirigirse?—La oportuna voz de Ino paró en seco al comandante, que maldijo internamente su error—. Venga, subámonos encima de esos… ¿cómo se llamaban? ¿Yagaras? Y veamos si pueden darnos una dirección.
Después de no mucho buscar encontraron dos yagaras idóneos para llevar a los cuatro temidos y conocidos piratas de Barbablanca. Algunas mujeres les ponían ojitos a los comandantes y los hombres se dedicaban a piropear a la rubia, causando la rabia de Ace.
—¡Hey, preciosa! ¡Nunca se había visto una estrella tan brillante por aquí como tú, bonita!—Le gritó uno de los hombres desde una ventana de un edificio. Rápido y celoso Ace iba a lanzarle una llamarada, pero la mujer de ese hombre hizo acto de presencia y la tomó a golpes con su marido.
—Vaya… aquí la gente es muy amable con los turistas, pero entre ellos…— Una gotita apareció en la cabeza de los piratas.
—¿Necesitáis ayuda para ir a algún sitio, chicos?—Un hombre les habló desde la calle, estaba sentado jugando al ajedrez, y se notaba que llevaba todas las de perder.
—Sí, estamos buscando como llegar a Galley-La.
—Oh, pues solo debéis seguir todo recto y luego girar a la derecha, allí encontraréis el distrito comercial y la compañía Galley-La.
—Muchísimas gracias—. Ino le sonrió y el hombre quedó eclipsado, no por mucho tiempo. Pues pronto un jaque mate lo hizo perdedor de su juego.
Los tres comandantes y la mujer avanzaron con sus Yagaras cómo les habían indicado, pero los animalitos se retobaron y los llevaron por una cuesta, en contra de la corriente y a toda velocidad. Al final terminaron admirando la ciudad mientras caían desde un tobogán de agua gigante.
—¡Nos la vamos a pegar!—Gritó Ino, aferrándose al segundo comandante. Dado que tres de ellos eran Akuma no Mi al cuarto no le apetecía mucho que los Yagaras cayeran y volcaran, simplemente… no.
Pero después de todo no cayeron al agua. Sino que terminaron dónde el hombre les había indicado, el distrito comercial de Water 7.
—Impresionante… ¿Eh? Mirad allí—. A lo lejos una mujer anunciaba que el ascensor con dirección a Galley-La estaba a punto de cerrar, por lo que con una carrera de emergencia los piratas pudieron entrar en esa subida y poder llegar cuanto antes a la compañía de carpinteros. Pero a mitad de camino Ino recordó algo de suma importancia—. Esto… ¿qué más quería Padre que arreglaran?—Y una gota nuevamente apareció en la sien de todos los presentes. Ni siquiera Marco había recordado ese detalle.
—Mierda… ¿Qué hacemos?—Ace estaba molesto y con los nervios crispados por lo inminente de tener que hacer nuevamente otro viaje.
—Podéis bajar otra vez vosotros y yo me quedo a ver si puedo hablar con el presidente de Galley-La. O por lo menos con uno de los capataces.
Y acordado eso los hombres dejaron a Ino con los ochocientos millones y se encaminaron de vuelta por el ascensor.
—¿No crees que es peligroso dejarla sola con tal cantidad de dinero encima?—Inquirió un preocupado Sacchi.
—Nah, ella es una mujer fuerte. Y ha cogido el vicio de una que yo me sé de obsesionarse con el dinero.
—¿Una que yo me sé? ¿Está buena?—Pronto la conversación pervertida sobre la navegante de los Mugiwara dejó de ser audible para la Yamanaka y ésta agradeció tremendamente aquello.
—Bueno… y ahora a busca a ese tal Iceburg—. Ino se dirigió, cargando dos maletas y levando las otras dos con oscuridad, al artillero 1—. No me imaginaba que esto sería tan grande…—La mujer, con peor orientación que la del espadachín olvidadizo terminó por perderse y terminar, sin proponérselo, dónde esperaba.
Desde la orilla izquierda del canal Ino pudo observar dos Yagaras con unos extraños tipos subidos sobre ellos. Pero a la derecha de éste se encontraba Ussop, gritando con todas sus fuerzas para detener a aquellos hombres. Luffy estaba a su lado y Nami gritaba también. Luffy, Ussop y Nami… ¡Luffy, Ussop y Nami! Sus antiguos nakamas se encontraban en la misma ciudad que ella…. ¡en la misma! Ino abrió los ojos desmesuradamente y soltó con violencia las maletas que llevaba encima, y se envolvió con fuego, para desaparecer y aparecer en un destello debajo del gran puente, dispuesta a detener a lo que por defecto había encontrado como ladrones.
Desde la orilla derecha del canal un narigudo gritaba histérico por recuperar su dinero, un hombre con sombrero de paja miraba confuso y alterado a su amigo y una pelirroja despampanante gritaba encolerizada. Un reflejo los cegó por un momento y allí pudieron contemplar a un gran pájaro de fuego pasando veloz por debajo del puente y llevándose por delante a los dos yagaras, que terminaron por volcar. El fénix, hábil y veloz agarró con sus garras las maletas con sus alas chamuscó a los ladrones. Pero algo le dificultó su plan, mejor dicho, lo arruinó por completo. Un hombre rubio vestido de azul cayó en ese momento del puente. Estando Ino en su forma de fénix corpórea, el hombre se la llevó por delante y acabaron los dos por caer al agua. Fue una suerte que los maletines se encontraran ya volando hacia la navegante, pero lo que no lo fue, fue el accidente que sucedió después ante los ojos atónitos de los allí presentes.
Hubo un estruendo y luego una explosión, pero las llamas presentes desaparecieron rápidamente cuando el pájaro se hundió en el agua.
—Solo hay una persona que conozco que puede hacer eso…—musitó Nami con temor mientras observaba semi arrodillada el desastre causado por el carpintero rubio. Pero en respuesta recibió un siseo por parte de Ussop y Luffy, quienes contemplaban el canal en espera de alguna señal de vida.
Pronto una cabeza rubia asomó en la superficie, pero esa cabeza no era la que esperaban, sino que esta era morena, masculina y llevaba unas gafas sobre la frente.
—¿Alguien quiere explicarme por qué demonios ese pájaro de fuego se ha convertido en una mujer?—El hombre se quejó mientras nadaba con un peso al hombro hacia la orilla.
—¡Paulie!—El nombrado llegó por fin a la orilla y alzó un cuerpo inerte, después, lo depositó con cuidado sobre el suelo. Luego se subió él, para comenzar a escurrirse y quejarse nuevamente.
—Encima de ser un pájaro, ¡es una chica indecente! Mira que acudir así a un lugar lleno de hombres…
—¡Ino!—Los tres Mugiwaras se abalanzaron sobre la mujer inconsciente y apartaron rápidamente a Paulie de un empujón.
—Sí señor, no hay nada como agradecer a un salvador con golpes. ¡Jaja!—Rió sarcástico Paulie.
De repente la chica comenzó a toser y a escupir el agua que había tragado. Después miró a sus amigos y los abrazó con cariño.
—¡Luffy!, ¡Ussop!, ¡Nami!
—¡Ino!—Al final los tres terminaron riéndose por lo sucedido y abrazándose por el tiempo de no verse.
—Dios, chicos… cuánto tiempo sin vernos… ¿Eh? ¡es cierto! ¡Los ochocientos millones de beris!—Y tan rápido como lo dijo se tapó la boca.
—¿Ochocientos millones de beris? ¿De dónde has sacado tanto dinero?—Ino, Luffy, Ussop y todos los allí estaban impresionados. Con un movimiento de cabeza las sombras le trajeron a Ino los cuatro maletines cargados de dinero.
—Bueno… Padre me lo dio. Necesitamos arreglar el mascarón del Moby—. Y en eso un hombre de pelo azul se acercó rápidamente a ella.
—¿Moby Dick?, ¿es que perteneces a la tripulación de Shirohige?—Exclamó un asombrado Iceburg, mientras la observaba detenidamente, intentado averiguar quién era la persona que tenía delante.
—Pues claro, yo soy Ino Yamanaka, la ayudante del comandante de la primera división de Barbablanca, Marco "El fénix".
—¿Ino Yamanaka?, ¿Califa?
—Ino Yamanaka, diecinueve años. Fruta Shi Shi no Mi. Ayudante del comandante de la primera división de los piratas de Shirohige. Recompensa… trescientos noventa y cinco millones.
—¿Tanto? Impresionante… ¡tienes una recompensa altísima, Ino!—Exclamó un emocionado Luffy.
—Es lo que implica ser quien soy… Luffy—. Habló risueña Ino. Pero en ese momento tuvo que parar de hablar puesto que un muy escandalizado rubio la había interrumpido.
—¡Oe! ¡Vosotras dos!—El hombre vestido de azul las señaló y se puso rojo, mientras despotricaba—. ¡Cubríos un poco, desvergonzadas! ¡Tú!—Paulie señaló a Ino, mientras ella se señalaba extrañada de que le estuviera hablando a ella—. ¡Sí, tú! ¡Tú estás peor que la pelirroja! ¡Estamos en un lugar de trabajo de hombres! ¡¿Es que queréis tentarnos? ¡Tapaos un poco, desvergonzadas!
Nami e Ino se miraron entre sí, algo sorprendidas. Normalmente a los hombres les gustaba que las mujeres, cuánta menos ropa llevaran, mejor. Resultaba divertido que al que más nervioso ponía era al propio Paulie. Pero pronto a Ino se le ocurrió una venganza por tirarla al agua.
—¿Sabes?—Ino se acercaba a él lentamente, meneando las caderas y con un caminar insinuante. Sus ojos, siempre puestos en los de Paulie, eran seductores y su actitud despertaría a la bestia interior de cualquier hombre. Lentamente Ino terminó por llegar a la altura del rubio, tomándole la barbilla con un dedo y acercándose peligrosamente a él. Y en un susurro, le habló seductoramente—. Por ti podría sacármelo todo…—Y con una sonrisita autosuficiente Ino observó con gracia como Paulie se quedaba de piedra y de tanto que abría la boca se la caía el puro. Las acciones de Ino hicieron evidente mella en él, puesto que un reguero de sangre comenzó a fluir de su nariz.
Y los allí presentes no tardaron en explotar en carcajadas. Todos burlándose del pobre Paulie. Incluso la paloma sobre el hombro de un hombre de pelo largo y negro, se unió a las burlas. Ino no se había percatado de este detalle, y cuando la paloma habló Ino no pudo evitar enamorarse locamente de la pequeña paloma, deseando una para ella también.
—¡Purr! ¡Eres patético, Paulie! Disculpadlo, es medio rarito.
—¡Oye, Lucchi!
—No me lo puedo creer… ¡esa paloma habla!—Ino no pudo contenerse y se lanzó al hombro de Lucchi—. ¿Puedo?— Y con un asentimiento de cabeza por parte de éste Ino saltó emocionada a coger a la pequeña paloma. La acogió en brazos y le acarició la cabeza—. ¡Qué ternura! ¡Yo quiero una!—Muy pocas veces Ino mostraba su verdadero ser a desconocidos, muy pocas veces a Ino le salía la vena infantil. La paloma estaba en el cielo, pues ahora era abrazada por una Ino extasiada, y no medía dónde y con qué fuerza abrazaba a la paloma. Pero a ésta no le importaba, era una paloma macho, y sabiendo hablar, era muy inteligente.
—Purr…
—¡Paloma pervertida! ¿Qué demonios le has estado enseñando, Lucchi?—Paulie parecía escandalizado por las reacciones del pequeño animalito, como en el cielo por estar siendo abrazado por una de las mujeres más bellas del Grand Line.
—Tú a callar, Paulie—. Le contestó la paloma—. ¡Se nota un montón que me tienes envidia!—Se jactó Hattori.
—¿¡Qué! ¡Pero qué dices! Antes muerto que en los pe…—Pero la paloma ya había sido liberada e Ino se encontraba sonriendo triunfal a un golpeado Paulie que yacía en el suelo con la cara contra éste y un chichón gigante sobre la cabeza.
—¡Pervertido degenerado! Dices lo de la ropa pero ¡tú eres el peor de todos!—Ino estaba que echaba chispas. Pero después de mucho intentarlo, Nami consiguió calmarla.
Había una cosa que a todos se les había pasado, algo de suma importancia.
—Por cierto… ¿qué haces aquí, en Water 7, Ino?—Luffy tan despistado como era, había sido el único que recordó la pregunta.
—¡Oh, es cierto! Necesitamos reparar el Moby Dick, hubo un "problemilla" y el mascarón del barco… pues… se quedó sin cabeza—. Ino parecía algo avergonzada.
—¿Problemilla? ¡Ese era un corte limpio, señorita. Es imposible hacer algo así con un golpe, y mucho menos con un arma—. Una oportuna aparición descubrió el secreto.
—¡Hay va! ¡Pero si es el narigudo que se parece a Ussop! Me lo encontré en el muelle antes y le pregunté si podía mirar el Moby.
—Y vaya que lo miré, es un barco impresionante, señorita Ino.
—Sí… Padre adora a ese barco, es como si fuera un hijo más—. Ino parecía algo nostálgica—. ¿Cuánto saldrá la reparación del mascarón más algunos daños más del barco?
—Señorita… el mascarón no se puede arreglar.
—¿Qué?—Ino estaba asombrada, ¿los mejores carpinteros del mundo no podían arreglar un mísero mascarón?—Si… si es por el dinero no importa… ¡Tengo ochocientos millones de beri aquí, y quinientos millones de beris más en el barco! No será por el dinero, ¿verdad?
—En este caso, no. El corte es tan limpio que nos será imposible unir la cabeza con el resto del mascarón, pero podemos hacer una nueva, si lo desea.
—¿Será igual a la anterior?—Ino estaba más aliviada, pero había algo que no le encajaba.
—Lamentablemente, no. La madera que lleve el barco determina la forma y distribución de éste, por lo que nunca podrán existir dos barcos iguales, así como no existirán nunca dos mascarones exactamente iguales.
—Se… ¿se notará la diferencia?—Ahí estaba la pregunta del millón.
—Al ser un mascarón… desde lejos no, pero… vosotros seréis los primeros en notar la diferencia.
—Mierda…—Ino se sentía culpable, por culpa de su pelea con Smoker había destrozado décadas de la existencia de un mascarón reconocido y temido en todo el mundo. Pero Ino no lloraría, ella era una pirata, y los piratas no se derrumban—. Quiero que me hagáis el mejor mascarón del mundo, pero quiero que sea estéticamente exacto al anterior. Me da igual el precio, tengo dinero de sobra.
—Señorita… ¿podría preguntarle cómo hizo ese corte?—El carpintero narigudo no era tonto, y sabía de la fama de la mujer, así como de sus habilidades.
—El vacío…—El susurro fue inaudible—. Fue un corte de vacío… en una pelea, en una pelea se me escapó el poder. Se me escapó de las manos… pelear contra un capitán es complicado, ¿sabéis?
—Pues tengo que felicitarla, nunca había visto nada igual en mi vida.
—¿Cuándo podrían arreglarlo?
—Si subimos el barco ahora, podemos empezar hoy mismo, ¿no, Iceburg?
—Supongo que sí, pero un barco tan grande…
—Yo lo subiré—. Los hombres la miraron estupefactos, para traer semejante monstruo se necesitaba una grúa, y de las grandes; sin embargo la mujer, que parecía más débil físicamente que los capataces se ofrecía a realizar la tarea, algo inaudito para ellos.
—¿Cómo?—La paloma era lista, pero no podía imaginarse la manera.
—Así—. Y con una sonrisa de oreja a oreja Ino desapareció. En el cielo pudo oírse el graznido celestial de una gran ave y también, los allí presentes pudieron contemplar por primera vez la envergadura total del pájaro de fuego; por lo menos es esa forma. Uno no escatimaba si decía que de ala a ala medía tanto como el Moby de proa a popa. Con unos aleteos desapareció rápidamente de su campo de visión. Hubo unos minutos de silencio, pero después, Galley-La Company enmudeció.
—¿Cómo diablos…—La pregunta quedó en el aire. Todos estaban con los ojos como platos observando al gran ave que levantaba al monstruoso Moby Dick y volaba como si tal cosa. En menos de un minuto lo estaba dejando frente a la puerta del astillero 1. Lo depositó con delicadeza y las llamas desaparecieron, mostrando a la bella mujer, algo cansada ahora.
—Dios, levantar un barco tan pesado cuesta lo suyo, ¿sabéis?—Nadie contestó, sino que dejaron a la rubia tomar algo de aliento.
—Pero… señorita. ¿Dónde está el resto del mascarón?—Ino solo se dio la vuelta levantó una mano y en su campo de visión apareció el mascarón, no volando pero sí siendo transportado por un gigantesco brazo de oscuridad que atravesó la ciudad entera para dejar la cabeza del Moby justo al lado de su dueño y desvanecerse en el aire.
—Kurai Baki…
—Hay veces en las que uno se pregunta qué no puede hacer una cabeza de casi cuatrocientos millones—. El comentario de Ussop hizo que todos se sintieran identificados con él.
—Ahora que no tengo ninguna cita… ¿deseáis ver el astillero?—Preguntó Iceburg a los piratas.
—¡Sí!—Luffy y Ussop estaban emocionadísimos.
Los capataces abrieron las puertas y los piratas disfrutaron una agradable visita guiada a lo largo del famoso astillero. Pero pronto Ino se percató de algo.
—¡Es cierto!—Exclamó golpeándose la frente, ocasionando que los tres capataces, la secretaria, el alcalde y los tres piratas la miraran como si estuviera loca—. ¡Ace, Marco y Sacchi aún no han vuelto! Debo ir a buscarlos…
—¿Ace?—Luffy estaba aún más emocionado aún, si era posible—. ¿Nuestro hermano Ace está en la ciudad?
—Efectivamente, y creo que se habrá perdido o se habrá quedado con Sacchi ligando con mujeres bonitas… lo raro es que Marco no haya llegado aún…—Ino llevó su mano a la barbilla, sopesando algo—. Yo me voy a buscarlos, mañana nos volvemos a ver y os los presento, ¡son majísimos! Pero… Nami… Te advierto que Sacchi es mil veces peor que Sanji… al principio no te darás cuenta… pero pronto intentará ligar contigo. Será gracioso verlo—. Ino comenzó a marcharse—. ¡Nos vemos mañana aquí! Ah, Galley-La, suerte con la reparación, tengo el presentimiento que os dará mucho trabajo eliminar ese corte de vacío jeje…—La mujer rió cómplice mientras salía por las grandes puertas agitando su mano de espaldas a modo de despedida. Se subió a un Yagara y se encaminó al ascensor de agua, buscando a sus amigos.
