Watashi no Kokoro no Yami.

2ª Saga: Juntos.

Las lágrimas por la verdad.

En una de las transitadas calles de la conocida ciudad del agua, Water 7, tres hombres y una despampanante mujer caminaban sin rumbo y charlaban animadamente. La gente se apartaba al verlos, no solo por ser tan escandalosos, sino que también reconocían sus caras de los carteles de "Se Busca". Cabezas por las cuales ofrecían más de trescientos millones de beris por cada una. Si se observaban bien, podía comprobarse que el que más recompensa tenía era un rubio con peinado de piña, complexión atlética y musculoso, vestido con unos pantalones pirata de tela azul oscuro, con un pañuelo amplio a modo de cinturón de un azul más claro, acompañados de un adorno de oro que consistía en una cadena de pequeños y elaborados cuadrados dorados y plateados. En su pecho podía verse la conocida marca de Barbablanca, usualmente al descubierto, acompañada de una camisa abierta color morado. Su recompensa era una de las más altas en el mundo, de nada más y nada menos que cuatrocientos veinticinco millones de beris. A su lado caminaba una rubia, de estatura alta y curvas bien marcadas. Llevaba unos shorts negros y unas botas de este mismo color hasta las rodillas. El Jolly Roger de Barbablanca podía observarse en la cadera de la mujer, en el lado derecho; semicubierta por el pantalón corto. Poseía también otro tatuaje en la parte superior de la mano izquierda, pero éste era el modelo antiguo, que normalmente usaban o los altos cargos, o los miembros más antiguos. Llevaba la parte superior de un bikini negro a franjas plateadas y una gabardina negra, larga por la parte trasera, mientras que por delante caía unos centímetros por debajo del bikini. En sus manos podían observarse un par de guantes sin dedos, de color negro brillante, algo gastados debido a su uso. Esta persona era una de las mujeres más conocidas del Grand Line, la famosa Ino Yamanaka, con una recompensa para nada baja, de trescientos noventa y cinco millones beris.

En la cabeza iba uno de los hombres más deseados del Grand Line, el segundo comandante de los piratas de Barbablanca, Portgas D. Ace. Llevaba el torso al descubierto, mostrando su trabajado cuerpo y el Jolly Roger en la espalda. Portaba además unas bermudas negras acompañadas de un pequeño cinturón azul al final de una de las piernas del pantalón, unido a un pequeño compartimento. Un Log Pose y una pulsera blanca y roja adornaban sus muñecas, mientras que de calzado llevaba unas botas negras con adornos en gris. Su actitud, así como su sola presencia intimidaba a cualquiera, no por nada sobre su cabeza caían trescientos cincuenta millones de beris.

Y a la izquierda de éste, el último hombre del pequeño grupo, quizás el más extraño de todos los allí presentes, vestía con una camisa blanca, un cinturón de tela amarillo y unos pantalones de igual composición hasta los tobillos de un color azul extremadamente claro. Lo que más resaltaba en él era su pícara sonrisa, acompañada por su dicharachera y seductora actitud, así como el tupé que llevaba de peinado. Este hombre, conocido por todo el Grand Line era llamado Thach, o Sacchi para los amigos. Su recompensa, para nada baja superaba los doscientos ochenta y cinco millones de beris.

Los cuatro se dirigían a la Galley-La Company, dos de ellos emocionados por reencontrarse de nuevo con su hermano pequeño, el otro distraído por las señoritas y un último preocupado por algo, no queriendo revelarles su mal presentimiento a sus amigos, el primer comandante guardó para sí aquella mala sensación. A su alrededor algo malo ocurría, la gente leía escandalizada el periódico y muchas de éstas daban después gritos de guerra en contra de una persona…

— ¡Mugiwara! ¡La identidad del asesino ha sido revelada!—Un lector lo suficientemente valiente empezó a predicar los sucesos de la noche anterior—. ¡El asesino de Iceburg es Mugiwara no Luffy!

Al oír eso el variopinto grupo de piratas se detuvo en seco, ¿Acaso habían oído bien?, ¿el Luffy que ellos conocían había asesinado a alguien? La adrenalina empezó a agolparse en la sangre de Ino, ella no se creía aquello, Luffy no era un asesino.

— ¡Oye tú!—El pobre ciudadano que solo estaba preocupado por su alcalde se llevó la peor parte—. ¿Qué demonios está pasando aquí? —El hombre paró de gritar y tragó saliva tembloroso, incluso para civiles el espíritu de Ino era visible.

—A-anoche, anoche i-intentaron… ¡anoche intentaron matar al alcalde Iceburg! ¡El propio alcalde ha dicho que sus asesinos eran la banda de Mugiwara no Luffy! ¡Nico Robin estuvo allí!, ¡el alcalde la vio!—La rubia abrió los ojos desmesuradamente y tragó saliva. El propio Iceburg era quien acusaba a su hermano de intento de asesinato… eso era imposible.

—Marchaos, a dónde sea pero marchaos. No estoy de humor, me voy a buscar a Luffy—. Habló Ino de espaldas y con una voz espectral, que asustaría incluso al más bravo de los piratas. El hombre del sombrero naranja iba a replicar, pero Ino se le adelantó—. No Ace, tú no vendrás. No quiero que te entrometas y Luffy salga peor parado. ¡No ves que lo están buscando por toda la ciudad!—Fue entonces cuando los tres hombres se percataron el porqué de tanto grito, todos iban en contra del hermano pequeño del moreno mayor y de la rubia—. ¡No permitiré que acusen a mi hermano!

Aquello lo dijo tan alto que mucha gente se paró a mirarla, pero ninguno de los piratas les prestaron atención, ahora la mujer que se alejaba evidentemente enfadada era lo que más les interesaba.

— ¿La seguimos?—Thach no estaba seguro de cómo proceder.

—No… mejor será que la dejemos a su aire, que encuentre a su hermano y que aclare las cosas. Y ha hecho bien dejándote fuera del tema, Ace. Si llegas a cometer alguna locura el que las pagará será él—. Marco sabio y conocedor de la situación dio su comentario, mirando al segundo comandante inquisitivamente.

—Está bien. Vamos, Padre quería que compráramos provisiones.

—Esperad…—Un viento fuerte seguido de la agitación de las aguas perturbó al primer comandante. Una voz de mujer habló por unos altavoces, a través de un Den Den no Mushi, alertando a la ciudad de Water 7 del cada vez más próximo, Aqua Laguna.

—Atención ciudadanos, les habla la estación meteorológica de Water 7. El Aqua Laguna llegará esta medianoche, por lo que deberán abandonar el callejón trasero y el centro de la ciudad para buscar refugio. Repito, esta medianoche llegará el Aqua Laguna…—Esto les bastó a los piratas para comprender qué eran esos súbitos cambios de clima. Pero aún así seguían sin saber que era el Aqua Laguna, por lo que detuvieron a un ciudadano.

— ¿Podría decirnos que es el Aqua Laguna, señor?—Marco interceptó a un despistado ciudadano, que al principio se sorprendió por la pregunta, pero rápido y con una sonrisa respondió a la pregunta del famoso pirata.

—Deben de ser ustedes turistas, ¿verdad? Aqua Laguna es algo así como Marea Alta, una vez al año la marea sube y la isla queda sumergida bajo el agua, pero normalmente se busca refugio en los astilleros de Galley-La Company. Les recomiendo no estar por aquí cuando el Aqua Laguna venga, les aseguro que pueden ser tragados por el mar, jóvenes. Y siendo quienes son, si un civil no podría… los Akuma no Mi tienen menos probabilidades de sobrevivir a una de las olas del Aqua Laguna.

—Vaya, parece que somos bastante conocidos, ¿no, Marco?—El comentario del ciudadano hinchó el ego del segundo comandante—. Gracias por los consejos, los tendremos en cuenta. Ahora, Sacchi, Marco, vamos a comer algo por ahí—. Ace se encaminó hacia una de las calles y los otros comandantes le siguieron, comenzando una charla animada rápidamente.

Por las calles de Water 7 una muy enfadada Ino caminaba hacia Galley-La. La gente se apartaba al ver a semejante mujer en ese estado, muchos temiendo por su vida se pegaban lo más que podían a las paredes, pronto teniendo un camino libre bastante visible la mujer avanzó con más velocidad. Resolviendo ella que tenía que relajarse, que debía ser un error, que su hermano no era un asesino… Porque no lo era.

La mujer no esperó por el ascensor, subió directamente ella. De un salto Ino llegó arriba, y lo que vio la dejó sin palabras. Ante sus ojos un hombre con un extraño tupé azul golpeaba a su hermano, mientras todo el mundo huía de allí y el astillero era poco a poco destruido. Ino se quedó estática en su posición sobre el muro, teniendo unas perfectas vistas y no sabiendo aún cómo proceder.

De la puerta principal de la oficina de la Galley salieron los capataces del astillero 1, evidentemente mosqueados. Ino observó quieta a cierto rubio que miraba a su hermano desafiante. Nadie excepto ella se había percatado de la salida de los capataces, que pronto desaparecieron de su vista. Ino saltó y caminó hacia Luffy, pero la situación ante sus ojos se complicó y la hizo detenerse en seco nuevamente. Los capataces habían golpeado tanto a Luffy como al rarito del tanga.

Ino situó a Nami, a Luffy y a los capataces, pero había algo raro en dos de ellos que no supo identificar. Ella no tuvo la misma opinión que de los labios de la pelirroja había salido, los capataces estaban demasiado agresivos para venir a ayudar a su hermano.

Y algo izo clank en su mente, era por el intento de asesinato del alcalde Iceburg, por la falsa acusación… Pero Ino no se quedó parada cuando Paulie ató una soga al cuello de su hermano. Luffy era su hermano pequeño, y ella como hermana mayor debía proteger lo que era suyo por derecho, nadie dañaba a su hermano en su presencia, y mucho menos en una superioridad en número tan aplastante.

—¡Son los capataces!—La gente empezó a arremolinarse en torno a las vallas del astillero uno mientras vitoreaban a los jefes de éste. Ino agudizó el oído, Nami había comenzado a gritar, Luffy había intentado moverse, el narizotas le había pegado… esto era la guerra. Pero lo peor estaba aún por llegar, las limas lanzadas por el hombre narigudo habían clavado a Luffy en la pared, y el capataz de una estatura demasiado alta para ser normal, le disparó un cañonazo. Definitivamente esto era la guerra. El lugar dónde estaba Luffy se llenó de humo, siendo evidente que había dado en el blanco. Llenando los pulmones Ino gritó tan fuerte como pudo.

—¡Luffyyy!—La multitud enmudeció de repente ante tal grito, los capataces detuvieron sus ataques miraron en dirección a la mujer rubia. Ella rápidamente saltó por encima de la gente y comenzó a caminar desafiante a través del astillero 1. Tenía su Kuroi Me activado, pero sin llegar al grado de peligrosidad mínimo de siempre. En dos zancadas alcanzó a los capataces, a quienes les dedicó una mirada de desprecio y odio. Cuando el humo se disipó Ino corroboró sus sospechas y tuvo que hacer un esfuerzo sobre humano para no lanzarse al cuello del narigudo y ahorcarlo—. Vosotros…—Ino comenzó a hablar en un susurro únicamente audible para los capataces. Pero a medida que seguía hablando su tono de voz aumentaba cada vez más y más—. Vosotros… habéis golpeado a mi hermano… Habéis quebrantado la única regla que tiene la gente para con él, y habéis errado al hacerlo en hacerlo delante de mis narices. Y eso… eso es un error monumental. Ino no necesitó de activar el Haki para que los hombres retrocedieran un paso de la impresión que les causó la mirada de soslayo que Ino les dedicó.

—Tu hermano, ¿eh? ¿Sabes lo que tu hermano ha hecho? Nah, seguramente lo sepas, o lo que es peor aún seguramente tú también participaras. ¿Es que el ser familia te ha hecho desobedecer a tu "Padre", rubia desvergonzada?—Paulie retrocedió mas no se amedrentó.

—Je… Estás jugando con fuego, chico tímido—. Con sus apodos respectivos ambos se miraron desafiantes, pero un inoportuno chillido por parte del rarito en tanga ambos se giraron a observarlo.

—Oh… así que me habéis quitado la presa… ¡Ya he dicho que Mugiwara es mío! Je… así que familia de Mugiwara… si él sobrevive a hoy no deseará haberlo hecho, seguro que la muerte de su hermanita lo destrozará—. Franky se colocó un pequeño cañón de tubo fino entre los brazos, apuntando hacia ellos—. Así aprenderéis a no quitarle las presas al ¡Super Franky! Ahora veréis, Galley-La… ¡Coup… de… Vent!

Del cañón ya cargado salió un golpe de viento gigantesco que no tardó ni medio segundo en impactar contra los capataces de Galley-La y contra Ino; a la que no le dio tiempo de reaccionar… ¿o sí?

Pasados unos minutos el polvo del choque se disipó y Franky se quedó por primera vez en mucho tiempo, sin habla. En el lugar en el cuál los capataces deberían estar muertos un muro de llamas se alzaba imponente ante la mirada atónita de todos. Los capataces estaban aturdidos e Ino estaba en su límite, pues contener un ataque de tal magnitud y en menos de medio segundo de tiempo de reacción la había dejado casi sin fuerzas. Pero aún así no fue por ella por la que se preocupó, sorprendiendo a los capataces.

—No… no debería haberos salvado… vosotros que os atrevisteis a tocar a mi hermano… Je… parece que al final me habéis caído bien, Galley-La—. Y es que así era, su valentía y su fuerza inusuales en un carpintero normal y corriente habían despertado algo en Ino—. ¿Estáis bien?—Con un rápido vistazo pudo comprobar que así era. Los capataces se fueron levantando, pero un ruido alertó a Ino.

—¡La grúa! ¡La grúa se cae! ¡Cuidado, Paulie!—La multitud lo había visto antes que la propia Ino, una grúa se le caía encima al carpintero rubio. Algo alejada que estaba ahora la mujer, observó cómo era verdad lo que la gente gritaba, y a Paulie no le daría tiempo. Haciendo un esfuerzo sobre humano Ino corrió y alcanzó al carpintero, pero en ese momento… la grúa cayó.

—¡Paulie-san!—Los capataces y las personas allí presentes gritaron cuando la grúa cayó e hizo contacto con lo que creyeron que era el suelo y el cuerpo del capataz. El polvo ocasionado por la caída dificultaron la visión por unos minutos, pero allí había algo; y la pelirroja amante del dinero fue la primera en notarlo.

—Ino…—Susurró ella, observando como el polvo se disipaba y permitía observar la escena que tenían delante. Y nuevamente todos enmudecieron—. ¡Ino!

La mujer había llegado a tiempo para rescatar al rubio, quien tumbado dejado de ella la observaba estupefacto, como todos los presentes. La mujer tenía la vista clavada en los ojos del rubio, mientras que unas lágrimas por el esfuerzo caían sobre el rostro de este, así como gotas de sangre… gotas de sangre. El capataz se escandalizó, y por primera vez la llamó por su nombre.

—¡Ino!—El hombre intentó moverse, pero ella, con una negación de cabeza le indicó que se quedara quieto, pues el esfuerzo que estaba realizando no era para nada sencillo, y no le había dado tiempo a utilizar la oscuridad o el vacío, ella misma había utilizado su cuerpo para proteger el del rubio. Sobre su espalda la grúa ejercía cada vez más presión, e Ino no podría mantener su postura levemente arrodillada por más tiempo sin que la grúa se le cayera encima. Con un esfuerzo casi imposible, la rubia comenzó a levantarse poco a poco, ocasionando que más lágrimas y más sangre cayeran sobre Paulie. El golpe había cortado a Ino en el estómago, y levantar una grúa de más de dos toneladas ocasionaba que la herida se abriera cada vez más.

Con un último esfuerzo y un sonoro grito, la mujer se sacó de encima la grúa, que cayó a su lado, con toda la fuerza que ésta tenía. Otra grúa iba a caer sobre la gente, más concretamente sobre su nakama Nami. Ino ya estaba preparada, con un movimiento de muñeca un golpe de vacío movió la dirección de la grúa mientras la abollaba y retorcía por completo. Al final la grúa cayó sobre el recinto del primer astillero y no dañó a nadie, pero gracias al susto aquellas personas que mantenían presa a Nami habían escapado, dejándola libre.

Ino tosió sangre, doblándose sobre sí misma de dolor. Paulie se levantó y corrió hacia ella , junto con los demás capataces, pero otra persona se les adelantó, levantándola sin esfuerzo, Monkey D. Luffy se llevó a la Yamanaka cargándola sobre un hombro, mientras que con un brazo cogía a su nakama Nami y los tres se marchaban de allí con un rápido estiramiento por parte de Luffy.

—¡Oe, Mugiwara, Yamanaka!—El grito de Paulie fue, o bien no escuchado, o bien ignorado.

—Déjalo… Paulie. Se han marchado, parece que tendrás que darles las gracias más tarde. ¡Jajaja!—Se burló Hattori del pobre carpintero agradecido.

—Supongo que s… ¿qué? ¡Claro que no!—Con un suspiro como queja Paulie se acercó a sus compañeros—. Tenemos que coger a la banda de Mugiwara y eliminarlos, no podemos dejar que se acerquen a Iceburg. Nos dividiremos en grupos y los buscaremos por la ciudad, con el Aqua Laguna al llegar y sin barco dudo que puedan ir muy lejos.

—¡VAAAAAMMOOOOSSSSSS AAA POOOOR TIIII MMMMUUUGGIWWAARAA!—El potente grito del capataz Tilestone resonó en toda la Galley-La y parte de Water 7; siendo rápidamente regañado por sus compañeros.

—¡Tilestone! No grites, ¡so bruto!—Le reprendió Paulie, comenzando a caminar. Pero dados unos pasos se paró y observo el lugar por dónde había desaparecido la salvadora del astillero 1. Después de un suspiro derrotado y algunas burlas por parte de sus amigos, Paulie encendió un puro y volvió a darse la vuelta para, esta vez, marcharse sin mirar atrás.

—Luffy…

—Gracias, Ino—. Luffy no la había dejado continuar.

—¿Qué?, ¿por qué?

—Por salvarles la vida, no me habría perdonado que murieran o salieran heridos de un problema que he traído yo. ¿Dónde está Ace?—Mientras ellos dos hablaban Nami decidió darles espacio y observar desde el tejado la oficina principal de Galley-La y la mansión de Iceburg.

—No lo sé, lo dejé irse con Sacchi y Marco. No lo quería por aquí—. Contestó Ino, algo seca.

—¿Eh?, ¿y eso por qué?—Luffy iba a empezar una rabieta.

—Porque no quería que comenzara una pelea innecesaria. Ya sabes cómo es él, si los hubiera visto golpearte… les hubiera quemado vivos—. Y Luffy no pudo negarle aquello, Ace era el más protector de los tres, y no consentía que nadie, absolutamente nadie, les tocase un pelo—. ¿Qué harás ahora, Luffy?, recuerda que hay carpinteros en toda la ciudad—. Ino comenzó a levantarse pero una punzada de dolor le recordó la herida que se había hecho al proteger a Paulie de una muerte segura—, y… ¡arg!—Ino se dobló sobre sí misma del dolor, sujetándose la herida.

—¡Ino!—Luffy parecía preocupado.

—No… no es nada. Esto me lo curo yo misma—. Dicho esto las llamas negras la cubrieron por completo y la herida desapareció en cuestión de segundos—. Lo mejor será que vaya al barco a por unos calmantes o algo, el dolor no se va tan rápido como la herida. Te veo en la noche, ¿sí? Traeré a Ace para que puedas saludarlo—. Ino comenzó a caminar al lado de Luffy, mientras los dos se asomaban al tejado—. Yo ya me marcho, Nami, suerte cuidando le Luffy—. Y con un Gomu Gomu no por parte de Luffy, Ino y él desaparecieron, una entre llamas y otro lanzándose contra un cristal de la Galley-La Company.

Unas horas después…

—Debemos esperar al momento justo, ¿verdad?—Un pequeño reno hablaba mientras observaba la mansión que tenían en frente con unos binoculares.

—Sí… una vez que ellos ataquen será nuestro momento. No podemos arriesgarnos a ir antes—. Le contestaba una mujer pelinaranja sentada sobre una de las ramas del árbol—. Nee, Luffy. ¿Ino no debería estar ya aquí?

—¿Eh?, ¿Ino? ¿Ino está en la isla?—Inquirió un sorprendido Zoro.

—Sí. Ha venido a que le arreglen el mascarón del barco. Ella me dijo que me vería hoy por la noche, pero aún no ha aparecido—. Respondió un muchacho de unos diecisiete años y con un sombrero de paja sobre su cabeza.

—¿Acordasteis el lugar?—Zoro ya se temía la respuesta.

—Em… no.

—¡Pero serás idiota!—El espadachín y la navegante gritaron, golpeando al pobre capitán en el acto—. ¿Cómo quieres que nos encuentre entonces?

—Ino puede encontrarme sea dónde esté, es el lazo que nos une, es algo que nos eriza la piel cuando estamos cerca, algo que nos hace detectarnos, si nos lo proponemos, con islas de distancia. Además, Ino puede leer el vacío, es una de sus técnicas más útiles, puede encontrar a cualquier persona en un radio de diez quilómetros.

—Vaya… —Comenzó el del pelo verde.

—Es impresionante—. Completó la frase la pelinaranja. Un escalofrío recorrió de pies a cabeza a los tres, que se giraron al instante solo para terminar observando a una preocupada y algo rasguñada Ino; pero con la oscuridad de la noche, nadie excepto el observador espadachín pudo notarlo. La mirada de la mujer pasó del escandaloso capitán a la preciosa navegante, luego al reno y de ésta a los ojos del espadachín peliverde, quien alzó una ceja al ver su estado.

—Zoro…—Ino dejó la frase en el aire, negándose a continuarla, pues sabía muy bien que el nombrado la había entendido a la perfección—. Luffy… Ace y Marco…— Pero la mujer no pudo seguir hablando, pues una explosión resonó en el patio de la oficina principal de la Galley, seguido del fuego, los gritos y luego la confusión.

—Deben de ser ellos, Nami, ¿qué hacemos?— Inquirió Chopper.

—Esperemos a que se alejen, después, entraremos—. Una muy decidida Nami se levantó de su rama, aún sin percatarse de que un miembro se había marchado ya.

—Esto… chicos…—A Ino parecían atorársele las palabras.

—¿Sí?—Respondieron los tres a la vez.

—Luffy se ha marchado—. Lo soltó tan de sopetón que al principio se quedaron quietos, pero no duró mucho, puesto que una milésima de segundo después Zoro, Nami y Chopper comenzaron a despotricar moviendo el árbol de un lado para otro.

—¡Maldito Luffy!

—Ese idiota… ¡No sabe lo que es la discreción!

—Nami… Zoro… —Los dos pararon de criticar a Luffy y se giraron a observar al reno.

—Ino se ha marchado—. Y eso fue la gota que colmó el vaso.

—¡Mierda! ¡Maldita sea, Luffy, Ino!— El grito espantó a unos pájaros que descansaban en el árbol de al lado y por poco llaman la atención de los carpinteros. Nami empezó a tirarse de los pelos, Zoro empezó a gritar insultos no apropiados y el reno se tapaba los oídos para no escuchar aquellas malsonantes palabras.

—¡¿Y ahora qué hacemos!—Gritaron los tres a la vez mientras en el jardín una enmascaraba la tomaba a látigos con el que se le cruzase.

Ino había intentado por todos los medios no matar a nadie, pero la situación se complicaba si en cada esquina había veinte carpinteros armados y deseosos de hacer justicia, y si a eso se le sumaba el estado emocional en el que se encontraba… era una tarea casi imposible.

Ella se dedicó a deambular en busca de su hermano por la mansión, hasta que escuchó pasos, pasos que se dirigían rápidos en su dirección. Ino tenía que escapar de allí si no quería perder el control. Y de una patada, abrió un boquete pared tras pared, hasta llegar a la última, la cual borró del mapa con un golpe de vacío… y resultó que no fue la única. Zoro había cortado la puerta en pedacitos, Luffy se había cargado la pared y ella… ella la había hecho desaparecer. Ino estaba sola, Luffy se encontraba con Paulie, y Zoro estaba con Nami y Chopper. Ino despegó los ojos de sus amigos para llevarlos al centro de la habitación, y algo dentro de ella se rompió.

—Tu alma se ha tambaleado, Yamanaka—. El hombre de la paloma, conocido como Rob Lucchi habló, mientras su vista se posaba sobre los orbes azules de la mujer rubia, que estaba al borde de un ataque de ansiedad.

—Tú…—Ino tuvo que inspirar e expirar profundamente para no perder el control, que era lo que más deseaba. Kurayami estaba ahí, luchando por el control de su cuerpo—. Vosotros… ¡vosotros os los habéis llevado, malditos! —Una sonrisa de autosuficiencia apareció en el rostro de Lucchi, mientras se acercaba peligrosamente a la rubia.

—Ellos eran la única pieza faltante en el puzle, Ino—La forma de pronunciar su nombre la hizo sentirse inferior y sucia, como si fuera un insecto cansino que revolotea a tu alrededor—. Vuestro "Padre" ha sido inteligente llevándose la última pieza para la resurrección de las armas, pero eso ahora no importa. ¿Está dispuesto Shirohige a sacrificar a sus dos hijos más importantes para salvar el Grand Line de un desequilibro por parte de una fuerza militar invencible, a nivel mundial?—La sonrisa se había transformado en una mueca burlona ahora.

—Ino… ¿de qué demonios está hablando el tío de la paloma?—Luffy intervino en la conversación, pero los dos siguieron escrutándose con la mirada.

—Luffy… el CP9 se ha llevado a Marco y Ace… ellos tienen una orden de ejecución desde hace tiempo… y se los han llevado para atemorizar a Padre, creen incluso que Shirohige entregará… entregará a…—Ino tragó saliva, no podía descubrirse de esa forma, tenía que hablar impasible, como si nada sucediera—. A Kurayami para salvar a Marco y a Ace.

—¿Kurayami?—Luffy estaba sorprendido, pues aquel nombre era de vital importancia, pero desconocido para los piratas.

—Efectivamente, Kurayami es el único ser divino que queda en la tierra, y por lo tanto es la única que puede manejar las armas ancestrales. Si Whitebeard no la entrega antes del anochecer, nos llevaremos al primer y segundo comandante a… Impel Down. Ellos serán torturados, y después, morirán ejecutados en Marineford.

—¡Cierra la boca! ¡Padre nunca entregará a Kurayami!, ¡nunca! ¿Y sabes por qué? Je… Porque ellos eran la distracción, yo soy la fuerza principal—. Y con una sonrisa de autosuficiencia Ino atacó. Pero Rob Lucchi fue más rápido, de un movimiento comenzó a crecer y crecer, sobresaltando a la Yamanaka, que detuvo su ataque y permaneció a un lado de Luffy. Lucchi se convirtió en un leopardo gigantesco, el había ingerido la…

—Neko Neko no Mi, modelo leopardo. Esa es la fruta que he ingerido.

—¡Ten cuidado, Luffy! ¡Las Zoan de tipo carnívoro son las más peligrosas!—Gritó un Chopper preocupado—. ¿Eh?, ¡espera, tío de las cuerdas!

—Lucchi… ¡¿cómo os atrevéis?, ¿¡cómo os atrevéis a traicionar a la Galley-La Company, CP9! Nosotros…—La voz del capataz temblaba e Ino, en cierta medida, le comprendía—. ¡Nosotros éramos nakama!

—Tal vez tú pensaras que sí… pero para nosotros, tú nunca lo fuiste—. Y de un zarpazo lo estampó contra la pared opuesta a la de los piratas.

—¡Paulie!—El grito desesperado de Ino resonó en la estancia.

—Deberías preocuparte más por ti misma, Yamanaka—. Lucchi sonreía, el CP9 sonreía. ¿Qué estaba pasando?, entonces Ino lo olió, era a los que Ace muchas veces le había dicho que olía: a fuego.

—¿C-cómo…—Ino estaba estupefacta.

—El fuego lo consumirá todo en algunos minutos, devorará estas habitaciones en poco tiempo… deberíais escapar Mugiwara… claro, si es que lo conseguís—. Rob se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia Paulie, antes de que lo alcanzara Ino creó un brazo de oscuridad y lo lanzó a su lado, tapado por los escombros, para que no sufriera ninguna herida.

—¡Lucchi!—Luffy se lanzó a por él, pero éste atravesó a Luffy con una zarpa, después, lo mandó a través de la pared, para que terminara cayendo quien sabe dónde. Luffy había caído, Paulie había caído. Ahora solo Ino y Zoro estaban capacitados para luchar contra ellos.

—Lucchi, se acercan carpinteros, por las escaleras y rápidamente—. Informó Califa.

—Je… eso no será un problema—. Y con una simple técnica de corte el techo de la mansión comenzó a derrumbarse. Nami estuvo a punto de ser sepultada, pero fue salvada por Chopper, quien ocupó su lugar bajo los escombros.

—¡Chopper!—Gritó una preocupada Nami.

—Serás cabrón… ¡Lucchi!— Zoro se lanzó al ataque, pero no tuvo mejor suerte que su capitán, Lucchi lo lanzó también a través de la pared, haciendo que el espadachín perdiera una de sus armas en el acto. Ahora solo Ino podía luchar. Con una sonrisa macabra, Lucchi se acercó a Nami.

—Tú también…—Y sin ningún problema la lanzó, suerte fue que impactara con uno de los árboles de la mansión de Iceburg.

—¡Nami!—Ino estaba ya con los nervios crispados, el CP9 los había derrotado a todos, uno por uno. No podía moverse, algo se lo impedía. No era algo físico, sino mental; era el miedo. Por primera vez en mucho tiempo Ino Yamanaka tenía miedo, miedo de verdad.

—A ti no te podemos dejar vivir, en el trato con Nico Robin no entrabas tú, Yamanaka. Califa—. Ésta se sacó un guante de rejilla metálica del bolsillo del disfraz y se lo pasó a Lucchi. El leopardo de lo colocó en una mano y acto seguido agarró con firmeza unas esposas—. Tú podrás ser fuego todo lo que quieras, pero con el Kairoseki en contacto, no puedes hacer nada para evitar quemarte—. De un rápido movimiento llamado "Soru" Lucchi apareció delante de Ino, la cual no tuvo tiempo de reacción. Las esposas del metal del mar se cerraron sobre las muñecas de la mujer, sin ella poder hacer nada. Mientras aquello sucedía, Kaku ataba a Iceburg y a Paulie.

Terminado el proceso, los CP9 abandonaron el edificio, no sin antes Lucchi pronunciar unas extrañas palabras pero con mucho significado para Ino.

—Tarde o temprano encontraremos a Kurayami… y para entonces, no te gustaría estar viva. Entréganos a Kurayami en la isla judicial Enies Lobby, entréganosla y permitiremos vivir a tus nakama—. Dicho esto el CP9 desapareció por la ventana.

El fuego comenzó a propagarse por la habitación, abrasando a todos los allí presentes. Ino trató de moverse para ayudar a los carpinteros, pero a cada movimiento, el Kairoseki le quitaba más y más energías hasta al final, entre el humo, el calor y las pocas fuerzas que le quedaban, Ino desfalleció.

—Paulie…