—Me tengo que ir. — pronunció la castaña señalando la entrada de la escuela, probablemente su padre la estaría esperando para ese punto.
— ¿Tiene que ser ya? — preguntó Finn un poco decepcionado mientras rascaba su nuca, ella asintió sin ganas.
— Sí, bueno, suerte en tu examen de mañana. — una sonrisa llena de luz se asomó en la boca de Millie — Nos vemos. — le hizo una seña con la mano y comenzó a dirigirse hacia la entrada, pero no pudo dar ni dos, ni tres pasos cuando le jalaron del brazo, al volverse Finn le besó ese pequeño espacio de piel entre la boca y la nariz, la chica se quedó pasmada, luego sus labios fueron a su barbilla y por último finalmente rozaron los suyos.
Había hablado con su hermana de ese momento varias veces ya ¿Qué hacer en el primer beso? y la única respuesta que obtuvo fue "Tú solo cierra los ojos y tómalo con calma" era la respuesta que Paige le había dado, entonces eso era lo que Millie había utilizado en ese momento, y así dejó que Finn Wolfhard la besara, no duró mucho sin embargo, solo unieron sus labios para luego separarse segundos después, el chico le acarició la mejilla y ella reposó su frente sobre la boca de él, podía sentir su sonrisa sobre esta. Incluso cuando era una experiencia incómoda, él la había hecho muy dulce.
— Me encantaría besarte aún más, pero sé que debes irte. — susurró dejando cierta presión en la mano que sostenía su cintura, como si no quisiera dejarla ir, en ese segundo Millie reaccionó y le miró a los ojos, cosquillas recorrieron todo su cuerpo en ese instante, dio unos pasos hacia atrás para que él la soltara y siguió por el pasillo hasta salir del colegio sin decir nada más, estaba sin palabras. Afuera, su padre la estaba esperando. Corrió, se subió al auto y cuando el hombre le preguntó cómo había estado la escuela ella tuvo que enfocar todas sus fuerzas para decir que bien sin que él notara la emoción en su voz.
A medio camino miró su teléfono y vio la fecha: Jueves 21 de Abril, 16 años, su primer beso con el chico más lindo del mundo.
Se sentía como una boba.
•••
Millie nunca olvidaría la sonrisa que Finn le dio luego de besarla ese día, la perseguiría por el resto de su vida, estaba segura de ello ya que habían pasado tres años y ella aún traía el recuerdo vivido a su mente. En un punto llegó a cansarle, pensar en el muchacho, en especial luego de un tiempo, no entendía cómo era que su corazón aún guardaba a Wolfhard en un pequeño lugar luego de que le hubiera hecho tanto, después de que había sido tan idiota con ella, le desesperaba esas ganas de seguir adelante que tenía en aquellos momentos y lo poco que avanzaba al pasar de los meses, cuando cumplió un año de no verlo supo que había quedado en el pasado, pero más que olvidarlo (cosa que quedaba claro no podía del todo) entendió porqué no pertenecían juntos, eso era todo, él era un imbécil y no había nada que ella pudiera hacer para que esa situación cambiara, lamentable, pero era la realidad, cuando finalmente se dio cuenta de eso pudo seguir, tener una vida sin pensar demasiado en él, incluso salió con otros muchachos, entendió que nunca se sentiría igual con respecto a nadie por la época tan específica de su vida en la que había tenido ese amorío con el chico, además, de que él la había herido, ya, solo por eso era mucho más difícil de dejar de recordar, él siempre representaría muchas de sus primeras veces (las que pudo darle, puesto que había otras que se salían de sus manos, otra de las razones por las que Finn la había dejado) y además el mayor dolor provocado por alguien, ambas cosas eran experiencias demasiado pesadas para su fortaleza emocional.
Y además, él habían sido una gran parte de la persona que representaba Millie en ese momento, en el presente, si Finn no la hubiera dejado, si no la hubiera obligado a dejar de fantasear con él y una vida a su lado, Millie no se habría visto sometida a despertar de los bobos sueños para replantearse qué quería hacer con su vida, fijarse sus metas y crear un plan de vida, para dejar de lado la estúpida idea que tenía de ser la señora Wolfhard, tener dos hijos y vivir en los suburbios cerca de sus padres, lo cuál hubiera sido muy triste, la idea de tener como profesión el ser ama de casa (incluso cuando respetaba mucho a las personas así, como su propia madre) ya que esto no le fascinaba, pero si ese era su futuro junto a el pelinegro en ese momento, a los 16 años, estaba dispuesta a aceptarlo siempre y cuando la mantuviera a su lado, hoy en día le parece lo más ridículo, ella jamás encajaría en los estándares de "mujer" que Finn y los demás tenían en mente, más allá de eso Millie quería ser una mujer independiente, tener su propios sueños sin contar a nadie en ellos, así fue como decidió seguir practicando Ballet y entrar la universidad a estudiar danza.
En parte le agradecía al chico por tomar la valiente decisión de dejarla, en otra, lo odiaba por hacerla pasar por ese terrible dolor.
Sin embargo no le deseaba nada malo, él solo veía el mundo diferente, no habían podido congeniar, eso pasaba, al final el guitarrista había querido dejar Indiana y ella se quedó con el corazón roto, una historia tan cliché que incluso aburría; dos meses atrás cuando se habían enterado de su crisis emocional (justo antes de su propio colapso) le había dolido y al mismo tiempo se lo esperaba, siempre había pensado que Finn tenía mucha carga en los hombros y que en algún momento lo dejaría ir, aún así nunca había querido que sus predicciones fueran reales, todo lo contrario, solo quería que le fuera bien, que cumpliera sus sueños, cada vez que escuchaba que lo estaba logrando se alegraba sin decir nada, ambos estaban siguiendo adelante, luego él flaqueó y semanas después ella también lo hizo.
Eran como paralelos.
En su caso, él no había tenido nada que ver, o no de manera directa, simplemente fue demasiado para ella, la presión, las clases, el constantemente tener que ser perfecta, era mucho, cayó luego de un tiempo, incluso cuando siempre quiso parecer la chica ideal al lado del desorden que era él, al final, los dos habían terminado en lo mismo, deshechos por sus propios y personales demonios, ambos se habían rendido. Puede recordar la voz de él diciendo algo como: "Te exiges demasiado, y eres tan fría que no te permites sentir nada, eso algún día te va a matar" en alguna pelea de tantas que siempre tenían, y tenía toda la razón.
Ambos podrían reclamarse tanto en ese momento, echarse en cara todo lo que los dos habían vivido para llegar a la misma clínica a ser tratados, de alguna manera entendía porqué pertenecieron juntos en algún momento, ambos estaban rotos, y además eran los únicos que sabían la verdad, el uno del otro. Solo una persona supo de su enfermedad antes del colapso, ese era Finn, cuando se enteró, los dos comprometieron mantenerse fuera de esas malas prácticas, juntos, sin embargo con el tiempo y el distanciamiento, ambos terminaron rompieron su promesa.
Ahora, la divina providencia los había vuelto a juntar, en el escenario menos indicado y más triste, Millie no quería que ese reencuentro realmente sucediera, no estaba lista para hablar con él, y tal vez no lo estaría nunca, aún había resentimiento en su corazón, por más fuerte que quisiera parecer, eran como salvaguardas que le decían que por el bien de su recuperación y su corazón lo mejor era mantener el perfil bajo y evitarlo, sin embargo desde el momento que lo había visto se lo había topado varias veces, no de frente, para su suerte él no la había visto, ella se encargó de eso, pero lo había visto más de lo que quería, siempre que levantaba su mirada él estaba ahí.
Justo como en ese instante en el que Millie acomodaba uno libros entre unos estantes para su nuevo trabajo, a varios metros de ella Finn hacía un la fila para recibir sus medicamentos vespertinos por fuera de la biblioteca, ella no podía apartar sus ojos de él, esa mañana en especial parecía algo cansado, se le notaban las ojeras, marcadas, estaba un poco más pálido de lo habitual y algo nuevo para Millie que no podía dejar de notar, eran las vendas sobre sus muñecas, así era como lo había hecho.
Un escalofrío recorrió su cuerpo de la sola imagen del muchacho llegando a ese punto, ahí dónde no había vuelta atrás, tocar ese fondo dónde la vida no valía nada, debía ser horrible.
— Se llama Finn. — una voz captó su atención, a su lado un chico la miraba con una sonrisa entretenida, no era muy alto y su cabello era castaño, ojos expresivos pero vacíos, en realidad ahí todos tenían la mirada vacía — ¿Quieres que te lo presente? — las mejillas de la chica se enrojecieron mientras terminaba de acomodar los libros que tenía en sus manos, no sabía en que momento se había volado mientras miraba a Finn, quién sabe cuanto tiempo llevaba ese chico observando la escena, se sentía a avergonzada.
— N..no. — negó tratando de calmarse.
— ¿No? — sus cejas se arrugaron curiosas — Es buen chico, amable y además gracioso, estoy seguro de que te agradará. — y Millie sabía que sí era verdad, ese era el lado lindo de Finn, el que la había enganchado, ese que mostraba su ser superficial.
— Lo sé, en realidad ya lo conozco. — dijo sin pensarlo demasiado, ni siquiera lo había contado, sus palabras salían de su boca.
— ¿Ah sí? — el muchacho volvió a sonreír, casi le iluminaba la cara — ¿Y por qué no le hablas?
— Es complicado. — suspiró colocando el último libro en su lugar — Así que prefiero evadirlo ¿Puedes no contarle que me pillaste mirándolo? por favor. — su semblante era de suplica.
— Está bien, no le diré nada. — aceptó con serenidad y por dentro Millie agradeció con todo su ser, lo que menos necesitaba era que Finn supiera de su llegada — Por cierto, soy Noah.
— Millie. — se señaló con una pequeña sonrisa, apenas y levantaba la comisura de sus labios, ese chico era la primera persona fuera del personal a quien le hablaba, eso era especial.
— Bueno es un gusto. — exclama al tiempo que mete sus manos en su sudadera con el logo de la institución, por un segundo ella piensa que debería conseguir una, las frías noches no la dejan dormir bien, una de esas podría venirle excelente — No sabía que la señora Bouno tenía un asistente. — señaló a la bibliotecaria que leía una novela romántica para mayores de 18, de esas que estaban de moda — Es más, no te había visto nunca.
— Es que apenas y acabo de empezar, desde ayer. — explicó con calma, apenas acababa de cumplir las dos semanas en ese lugar — Y soy nueva, como vez, me cuesta adaptarme, paso mucho tiempo en el pabellón C, a decir verdad me cuesta hacer amigos. — demasiada información, se dijo a sí misma ¿Por qué le contaba todo eso?
Tal vez solo estaba nerviosa, o tal vez estaba cansada de no hablar con nadie y sentirse tan sola hasta el punto que estaba desesperada, se aferraba a esa única conversación porque no tenía otras.
— Está bien, eso pasa, aún recuerdo mis primeros días. — él parecía amable, eso era lo bueno, y aunque estaba segura de que era menor que ella, él probablemente tenía más experiencia, al menos eso aparentaba — Ahora tienes un amigo, si te hace sentir mejor.
— Y lo hace. — respondió soltando una gran cantidad de aire por su boca.
— Genial. — repuso el chico con una sonrisa — Ahora voy a ir al comedor por un postre extra y luego tengo terapia en grupo ¿Quieres venir? — el semblante un poco feliz de Millie cambió por completo, decayó y luego negó sin ganas, el muchacho la miró con atención — Ya veo... — fue lo único que dijo — Entiendo. — a Millie le pareció imposible que supiera lo que pasaba, pero parecía hacerlo, era increíble — Nos vemos por ahí.
— No, espera. — lo detuvo avergonzada — Te puedo acompañar, la verdad yo también tengo terapia en grupo dentro de poco y no tengo idea de dónde es ¿Me ayudas?
— Claro. — asintió — ¿Qué salón?
— El 7B, con Joe Keery. — respondió luego de sacar el post it que su consejera le había entregado, al escucharla Noah sonrió aún más, si acaso eso era posible — ¿Sabes dónde está?
— Por supuesto, estás en mi grupo. — una parte de ella se relajó al escuchar esto, era una suerte, ahora habría una cara algo conocida — Es más, vamos de una vez, puedo ir por el postre luego. — Millie asintió contenta y le pidió un segundo para ir a despedirse de la señorita Bouno y firmar justo debajo de su nombre, era una tonta rutina burócrata pero debía hacerlo, volvió con el castaño y juntos emprendieron camino hasta el salón, durante el trayecto Noah resaltó que el instructor que tenían era el mejor de todos y que aunque el grupo era pequeño se sentía muy íntimo por lo que la bailarina no estaría incómoda allí.
Al llegar al salón se encontró con seis sillas en círculo, justo en el centro, una de ellas ocupada por un chico moreno y de cabello esponjoso, leía una revista vieja muy encimado en las páginas — Hola Gates. — le saludó Noah y luego la señaló — Ella es Millie, nuestra nueva integrante. — el muchacho solo levantó la mano en señal de saludo sin despegar sus ojos de lo que leía.
Millie quiso preguntarle a Noah pero sabía que no debía por lo que se limitó a sentarse al lado de su nuevo amigo.
— Es lindo que no lo hagas. — murmuró este mismo luego de unos segundos de silencio, la chica lo miró confundida, no tenía ni idea de lo que hablaba — Que no preguntes.
— ¿Qué cosa? — se encontraba perdida en cuanto a sus palabras.
— Todos estamos aquí por una razón, cuando conoces a alguien siempre hacen la misma pregunta. — explicó el menor — Y esa es: "¿Qué tienes?", es lindo que no la hagas porque en general la gente se muere por sabes esas cosas.
— No voy a mentir. — empezó cruzando su pierna y acomodándose mejor en su silla — Quiero saber, soy curiosa pero sé lo que implica la pregunta, en algún momento en la conversación me va a tocar responder a mí y no es mi cosa favorita, en especial porque aún no me acostumbro a aceptar lo que tengo.
— Lo harás con el tiempo. — respondió Noah con un tono tranquilizador — Siempre te lo preguntarán, y así, contándolo es como uno lo digiere, cuando vas por la vez 86, te das cuenta que es algo de tu día a día, además, el instructor te hará decirlo cada vez que empiece la clase, y cada que alguien nuevo llegue, tendrás que contar tu historia. — los ojos de Millie se abrieron más de lo necesario, no quería, no estaba dispuesta a contar lo que le había sucedido, menos a un grupo de extraños, era como revivir cada detalle y eso, no era bueno, tragó saliva mientras sentía que había algo que debía hacer antes de hablar de lo que le pasó el último mes —Por cierto, hay algo que quizá deba mencionarte. — apenas escuchaba las palabras del chico para ese punto — ¿Millie? ¿Estás bien? — cuestionó preocupado.
— Sí, solo necesito ir al baño. — se levantó en un segundo y salió del salón en busca del baño, sentía como si a sus pulmones no llegara el aire necesario, con la vista encontró la puerta del sanitario y caminó muy rápido hacia este sintiendo que su cabeza le daba vueltas, de pronto momento vividos se acumulaban en su cabeza como bombas que le explotaban en la cara. Puso la mano en el picaporte del baño sabiendo que en segundos todo estaría bien pero una mano en su hombro la detuvo.
— ¿Brown? — una voz la hizo voltear, pero no necesitaba hacerlo para saber quien la acababa de interceptar.
-OO-
¡Hola personitas que leen! es un gusto tenerles por acá, cuando publiqué el primer capítulo pensé que nadie iba a leer eso xD pero aquí están y es lindo, gracias.
Estoy algo consiente de que mi fic tiene una tendencia medio darks, pero quería escribir algo diferente, idk, ojalá les vaya gustando, probablemente ya van notando cosas y formulando preguntas en sus cabezas, espero resolverlas conforme pasen los capítulos.
Solo para dejar en claro, sí, Finn y Millie fueron novios en la secundaria, pasaron unos años y pues, henos aquí. Espero que el capítulo les guste, actualizaré: Miércoles, Viernes y Domingos.
Nos leemos, Clau*
