— ¿Brown? ¿Qué haces aquí? — preguntó Finn mirándola con poco crédito, como si no creyera que estuviera frente a él, como si ella fuera algún tipo de alucinación, incluso sus dedos presionaron un poco más el hombro de Millie, tratando de comprobar que aquella visión era real. Por su parte ella se queda sin palabras, por primera vez en su vida no tiene nada que decir, solo se da la vuelta y lo mira con desdén — ¿Viniste a verme? ¿Cómo te enteraste que yo estaba aquí? — una sonrisa triste aparece en el rostro del joven al decir esto.

— Finn. No lo sabía en realidad. — repuso ella quitando la mano de él de su hombro, entre menos contacto físico, mejor — Es decir... sí sabía qué te pasó, pero no que estabas aquí. — los ojos oscuros del muchacho ruedan en el momento que esas palabras salen de su boca.

— Ya lo creo, todos en Indiana deben de comentarlo. — menciona molesto, niega un par de veces a modo de desaprobación — Finn Wolfhard, la oveja descarriada, el que se fue con su banda pagana, terminó en un el loquero, intentó suicidarse, probrecillo, seguro es porque dejó de ir a la iglesia. — casi que parafrasea las misma palabras que dijeron sus padres cuando hablaron de lo sucedido — Ya ¿Has venido por con la comunidad a ayudar a los desahuciados? eso es, claro, la lástima, esa te sobra Santa Millie. — el semblante del chico cambia, ahora parece enfadado por habérsela topado, pero ella no se dará a menos, eso es obvio, por lo que bastan sus últimas palabras para enfurecerla.

— Sigues siendo el mismo idiota de siempre, vaya Wolfhard, tú no cambias, ya han pasado dos años, no sé porqué no me sorprende. — se da la vuelta y trata de caminar hacia el salón, un par de palabras bastan para saber que él sigue estancado en su monótona porquería, la misma en la que estaba cuando se habían conocido en el colegio.

— Millie. — la llama siguiendo sus pasos luego de unos segundos — Espera, por favor. — de pronto su trayecto se ve interrumpido porque lo tiene en frente — Lo siento, no debí decir eso, es que... — ella lo sabe, cambios de humor y no medir sus palabras, antes eso solía lastimarla, hoy en día le da nauseas, pero no planea volver al baño y arreglarlo como solía hacerlo en esos días, todo lo contrario, no quiere que él la vea mal, incluso cuando ella misma ha tocado fondo — Bueno, tú entiendes, estar aquí encerrado no me hace la persona más feliz.

— No me interesa, en serio. — levanta su mano en señal de que la deje en paz y trata de avanzar de nuevo, pero él no la deja, toma la misma mano que ella alzó y la atrae a sí mismo, cerca de su cara, el solo tacto le pone la piel de gallina, es como si una corriente eléctrica le recorriera el cuerpo, eso aún está ahí.

Es ese momento en que lo nota, él está leyendo el brazalete que le dieron al entrar a la clínica.

— Oh Millie... — suelta buscando su mirada, ella la baja, no tiene cara para enfrentar esa situación, además la expresión en el rostro del chico, parece decepcionado — No... — ella le quita su brazo — Creí que lo habías dejado, hicimos un pacto.

— ¿Y tú lo cumpliste? — cuestiona ella con altivez, no tolera el hecho de que le traiga esos recuerdos a colación, no esos de cuando estaban juntos — No ¿Verdad? por eso estás aquí, así que no juzgues, tú tampoco lo dejaste.

— Sí, pero lo esperaba de mí. — le reclama él mientras ella pasa a su lado y lo empuja un poco para pasar — No de ti, tú eras fuerte ¿Qué ha sido lo que te rompió? — siente un sollozo formándose en el fondo de su ser, listo para golpear su pecho, pero no puede, ella no se permite llorar por lo sucedido, está prohibido desde hace mucho tiempo, dos años para ser específica, cuando una mañana se levantó con un mensaje en su teléfono que decía:

" De acuerdo, voy a serte sincero, la verdad es que ya no quiero estar más contigo, esta relación no me hace feliz, eres es sumamente alejada y rara, y tu amor hacia mí está condicionado por cosas que son como pruebas para que yo esté a tus pies y te tenga como en un pedestal.

Quería al menos que nos viéramos para decirte esto de frente, pero eres es tan poco interesada en nuestra relación que no puedes ni encontrar un momento para vernos."

Segundos después ella bajaba las escaleras de su cuarto hasta la sala y corría hacia el patio, ahí sus padres no escucharían nada, desesperada marcó el número de Finn quien en ese momento tenía el nombre de contacto como: Mi Chico; y esperó a que él contestara, tenía dos semanas sin verlo desde que se había ido a California a probar con su banda.

— ¿Aló? — exclama el chico con una voz tajante, seria, muy pocas veces él se había mostrado así con ella.

— Finn, te lo voy a preguntar una última vez. — eso es lo único que le dice, su propia voz tiembla porque debe llenarse de valor para hacer lo que está apunto de hacer — Pero antes quiero que pienses en todas esas veces que peleamos, en las que no, en las que fuimos felices, en las que no, en todo lo que hemos pasado, en lo que nos falta, quiero que medites en las veces que terminamos y las que estuvimos juntos, no te pediré que recuerdes solo las cosas buenas porque se me hace injusto, quiero que traigas a tu mente todo. — deja que pasen unos segundos en silencio para que él haga lo que ella ha requerido — Bien, ahora sí, lo voy a preguntar, y esta es la última vez que lo voy a hacer, yo no pienso volver a hacer esta pregunta en mi vida y tampoco voy a volver contigo nunca más. — respira lo más profundo que puede y la suelta: — ¿Realmente quieres terminar conmigo? — por un momento él no dice nada, y es el más largo en la vida de Millie.

— Sí, es que contigo no se puede Millie, y ya lo hemos intentado mucho, no sé qué más hacer. — estas palabras caen directo a su estómago como golpes, él ya ha tomado la decisión, por ambos.

— Bien. — responde ella tratando de mantener la calma, aunque sabe que todo dentro de ella está muerto — Quiero que sepas que te amé demasiado aunque no lo creas, te agradezco mucho lo que pudiste darme y siento que pienses que no es suficiente lo que yo te entregué.

— Millie, yo aún te amo y también te doy gracias por todo esto. — ella solo quiere gritarle que es un hipócrita junto con unos improperios, pero decide jugar la carta de madura.

— Sí, te deseo lo mejor, espero que cumplas tu sueños y estuvo bien conocerte, adiós. — no lo deja contestarle porque ya le ha cortado la llamada, deja su celular en una mesa y lo mira por unos minutos esperando que él la vuelva a llamar arrepentido, sin embargo no pasa por lo que sus ojos acumulan varias lágrimas que ruegan por salir; adentro sus padres la llaman para cenar y está consciente que no puede quebrarse porque ellos no saben de su romance con Finn, si la ven llorando harán demasiadas preguntas que no desea contestar por lo que las limpia con la manga de su suéter e inhala muy profundo para luego entrar a su casa, es ahí cuando se promete que nunca más va a llorar, en especial por Finn Wolfhard.

El presente la jala de vuelta y de nuevo se concentra en el chico al que tiene al frente, él la mira expectante por la respuesta a la peor pregunta jamás formulada ¿Qué fue lo que la rompió? bueno, si tan solo lo supiera...

Decide no contestar, en vez de eso se traga el sollozo y le sonríe con falsedad — Cuídate Finn. — es lo único que dice antes de entrar al salón de terapia, ahí ya está el instructor, es joven, como de la edad el doctor Heaton y su consejera, además tiene un semblante adorable y es bien parecido, decide concentrarse en el salón y dejar atrás a Finn, al menos por ahora.

— Tú debes ser Millie. — la recibe con una enorme sonrisa, Noah le hace una seña para que se siente dónde antes, al lado del castaño se encuentra el instructor y en la otra silla un chico de tes oscura , al parecer le ha tocado ser la única chica en el grupo, sin embargo todavía queda un asiento vacío por lo que sabe que falta alguien, espera que sea otra mujer, necesita amigas.

— Sí. — responde sentándose junto a Noah.

— Bueno yo soy Joe. — se señala con simpatía — Y nos agrada tenerte aquí ¿Cierto muchachos? — los otros tres asienten — De acuerdo ¿Quién quiere presentarse primero? — mira a los otros jóvenes y se centra en el chico de los chinos que aún sigue en la misma página de la misma revista — ¿Gates? — levanta la mirada y asiente dejando lo que lee en el suelo.

— Hola, yo soy Gaten Matarazzo. — se detiene y el resto responde con un: "Hola Gaten", parece un grupo de AA, eso le asusta a Millie, pero todos parecen divertidos al hacer eso — Yo... vamos a ver ¿Cómo lo digo? — se rasca su nuca preocupado.

— Solo hazlo amigo, Millie ahora es parte de nuestra familia. — lo anima Joe con una sonrisa cálida.

— ¡Cierto! — la apunta con su dedo unos segundos — Bueno, yo tengo un grave caso de TAB. — le cuesta decir las palabras, ella solo le pone atención en silencio, aunque sabe que eso suena pesado — Transtorno Afectivo Bipolar. — el chico muerde su labio inferior varias veces y ella puede notar que sus manos tiemblan — Por lo general, puedo controlarlo, mientras no esté en situaciones bajo presión, tomo medicamentos, creo que estoy bien.

— Gaten... — Joe lo mira algo severo y él levanta los brazos rápidamente indicando que se calme, es un movimiento un tanto extraño, seguidamente se empieza a comer las uñas.

— Bueno, trabajo en ello, a decir verdad. — parece muy inquieto — Estoy aquí porque... — su cara cae, es como si le dieran una mala noticia — Mi familia no me tolera.

—Gaten... — vuelve a decir el mayor y el muchacho lo fulmina con la mirada.

— ¡Es la verdad! — apunta molesto esta vez — Ellos no quieren cuidar a un chico demente. — suspira y su estado de ánimo vuelve a cambiar — Eso y que una vez destruí propiedad privada de la escuela a la que iba porque mi profesor me puso una A- y no una A+. — ahora parece desanimado y Millie va entendiendo — Básicamente, eso es todo. — el instructor sus suspira y niega un par de veces.

— Gracias por compartir amigo. — presiona su hombro y se vuelve al chico a su lado — ¿Schanppsie? ¿Nos haces un resumen? Sé que la tuya es corta. — el aludido sonríe con ganas y se pone derecho, Millie no asimila como lo hace, a la misma vez le causa gracia que todos ahí tienen un sobrenombre.

— Hola, yo soy Noah Schnapp. — un desanimado " Hola Noah" sale de la boca del resto y Millie cree que con el próximo que hable ella estará saludando también — Yo, bueno, no tengo un transtorno en sí o algo parecido, en realidad, mi historia es distinta. — empieza jugando con sus manos, parece algo nervioso — Cuando tenía 15 años iba en el auto con mi padre. — Millie no puede evitar sentir curiosidad por lo que le ha pasado al chico — Nos dirigíamos hacia Chicago, ya que iba a tocar Tracy Chapman ¿La conocen? — ella asiente junto con el resto.

— Como si no fuera lo único que escuchas. — murmura Gaten enojado, una mirada de Joe basta para que no vuelva a interrumpir a Noah.

— Es una excelente contralto. — comenta el chico emocionado para luego seguir con su historia — Papá y yo siempre la habíamos admirado, iba a tener una pequeña participación en un festival de Folk Rock y decidimos ir por mi cumpleaños, sin embargo ese día no hizo buen clima. — la cara del castaño decae conforme su historia avanza — En un momento estábamos conduciendo por la interestatal y un... hombre que venía en un auto mucho más grande que el nuestro impacta la vieja camioneta de papá. — sus ojos se cristalizan y por la manera en que lo cuenta a la chica se le remueve el corazón — Papá no sobrevivió. — murmura con la voz queda — Y yo quedé inconsciente, es decir, ya saben... — en coma, piensa Millie — Fueron unos largos tres años, la verdad se sintieron como una siesta, un día desperté aquí. — se encoge de hombros y sonríe sin ganas — En una cama del pabellón C. — presiona sus labios como si le costara recordar — Me costó un poco volver a caminar, así como a hablar, no puedo hacer movimientos muy bruscos y, mi motora fina es un asco, además tengo terrores nocturnos y mucha ansiedad, pero hace un mes me acaban de transferir de pabellón al B, entonces, las cosas han mejorado y se pondrán mejor. — finalizó con un tono esperanzador.

— Y lo harán, en definitiva. — Joe mira alrededor y señala al último chico — Caeb ¿Por qué no hablas tú ahora?

— ¿Tengo qué? — pregunta haciendo una mueca.

— Sí, has progresado mucho esta semana.

— Bien. — rueda los ojos y bufa antes de empezar — Yo soy Caleb McLaughlin. — el resto lo saluda con un desanimado: "Hola Caleb", ella se siente como toda una profesional por que ya lo repite con los otros — Yo tengo un TOC. — al parecer todos hablan en acrónimos ahí — Transtorno Obsesivo-Compulsivo con el orden, y sí — la mira directamente, habla muy rápido y usando las manos, a ella le cuesta un poco entenderle — Probablemente estés pesando: "Oh eso no es tan malo." y no, no lo es. — niega relajado — Hasta que algo terrible pasa en tu vida, como que se burlen de ti en la escuela, entonces llegas a casa buscando tu lugar seguro, tu cuarto, dónde todo está en orden, ahí es cuando descubres que tu hermano mayor que constantemente te fastidia la vida ha desacomodado todo para joderte. Y explotas, lo golpeas hasta que lo mandas al hospital y entonces tus padres te envían a un clínica mental para que "te cures" luego de la crisis nerviosa, que has sufrido, como si los medicamentos fueran a hacer todo el trabajo de ellos, una día te sorprendes a ti mismo contándole la misma historia una y otra vez a un grupo de idiotas y a una chica extraña y rara. — finaliza cruzándose de brazos, tratando de restarle importancia a su relato, ella ha quedado estupefacta — Pero no te preocupes, harás buenos amigos aquí y aunque no hay internet, la comida es fabulosa.

— Eso el primer mes, luego te hartas. — agrega una ronca voz entretenida detrás de ella, al voltearse Finn está cerrando la puerta del salón con una sonrisa gigantesca, Millie se quiere morir.

— Qué bueno que llegas Finnwood. — apunta Joe animado y señala el asiento vacío al lado de Gaten — ¿Por qué no continuas con la tarde de cuentos? — por un instante ella medita en levantarse e irse, pero le parece una falta de respeto con los demás — Caeb le acaba de dar una perspectiva muy interesante a la suya ¿Crees que puedes superarlo?

— Lo intentaré. — dice con un aire altanero, Millie mira a Noah sin sabe qué hacer.

— Te lo iba a decir, pero te saliste antes de que pudiera hacerlo. — susurra este algo apenado.

-OO-

Gracias por sus comentarios.

Este es mi capítulo número 4 y aunque no estoy totalmente satisfecha con el encuentro de esos ex tórtolos, ya vamos a arrancar, duré mucho dándoles un contexto xD pero me emociona lo que se va a venir, no se preocupen, ya tengo 15 capítulos escritos, así que espérenlos.

Nos leemos el domingo...

Clau*