Está sentada en el jardín, su espalda está apoyada en un tronco y en su regazo hay un libro, además lleva unas gafas oscuras y un par de audífonos de color rosa adornan sus oídos pegados a un viejo ipod blanco que solía ser de su hermana cuando era más joven y la gente no ponía su música en los celulares. Tiene canciones nuevas, porque antes de venir a la clínica ella le descargó algunas, sabía que le quitarían su teléfono cuando llegaran por lo que prefirió prevenir.

Es sábado por la mañana y no debe ir a la biblioteca a hacer sus tareas, tampoco hay terapia grupal o individual. Lo único que le queda es sentarse ahí hasta se haga de noche porque no tiene nada más que hacer, pero no le molesta tanto, se siente relajada entre la combinación de el libro y su música que cree que podría quedarse ahí para siempre.

La señorita Bouno parece tan contenta con su trabajo que le ha comprado un libro muy especial, a Millie se le han iluminado los ojos al verlo "Historia de la danza y sus orígenes." de Artemis Markessinis, es completamente sublime, siente como se enamora de nuevo de su carrera universitaria, pero al mismo tiempo se siente triste, nostálgica, ya que en vez de estar encerrada en esa institución podría estar recibiendo sus cursos disciplinarios, de hecho los estaría terminando, para esas fecha ya hubiera llegado a lo último del semestre entregando múltiples proyectos y recibiendo sus notas finales, un montón de excelentes, está segura, ella no aceptaría menos, habría concluido su primer año y se consideraría una estudiante de segundo nivel. Sin embargo, dejó a mitad el semestre, todo debido a su colapso físico, y ahora está atrasada.

Cuando se pone a pensar en eso comienza a sentir que se hiperventila, por lo que respira hondo, se concentra en la tonada de The 1975 que está sonando en sus oídos y vuelve a fijar su atención en las páginas que lee, esto no dura mucho porque de repente uno de sus auriculares es desprendido de su oído derecho y siente a alguien a su lado.

— ¿Qué escuchas? — pregunta Finn colocándose su audífono y acercándose más de lo necesario a ella, no puede evitarlo, lo mira completamente perdida, es como si la sacaran a la fuerza de su planeta interno — No sabía que te gustaba The 1975, son buenos, no sé, no defino si me suenan comerciales o no. — alza una ceja una vez que se pone al corriente con la situación.

— Ya vas a empezar. — suelta ella rodando los ojos, de lo único que habla Finn siempre, música, música comercial, música con más de 4 acordes, música con riffs de guitarras infinitos, música antigua que demuestra los orígenes de los géneros, datos innecesarios e inservibles de... música, instrumentos, guitarras, pedales de guitarras, amplificadores, estructuras de canciones, Millie ha aprendido algo de eso, pero la mayoría del tiempo nunca entendió de qué carajos le hablaba el chico, eso y que odiaba que Finn siempre criticara la "basura" que ella oía.

— No lo voy a hacer esta vez. — levanta los brazos tratando de que ella se calme, se relaje — Quiero escuchar un poco de lo que suena en tu cabeza, me parece que tu gusto ha mejorado desde que no estamos juntos.

— ¿Eso crees? — cierra su libro y toma el pequeño ipod entre sus manos.

— Sí, pero me rompe el corazón que no haya sido yo el que te inculcó mejor música. — Millie no sabe si tomar eso como una broma o qué, por lo que calla, él parece notar esto — ¿De qué trata esta canción? — pregunta para aligerar las cosas. Entonces es cuando ella concentra su atención en lo que está sonando y se da cuenta que solía oír esa melodía en sus momentos de despecho, curioso como la vida da vueltas, ahora está sentada justo ahí escuchándola con el causante de sus problemas emocionales más frágiles.

— Bueno... — sus ojos se pasean por alrededor mientras piensa en como ponerlo de la manera correcta — No lo sé, las canciones de The 1975 no tienen mucho sentido, pero me gusta, esta frase en especial: — espera a que suene y observa a Finn con disimulo — Solo tú y yo esta noche, ¿Por qué no descifras mi corazón? tienes algo qué decir ¿Por qué no lo dices en voz alta? en vez de dejarlo en tu cabeza, es siempre los mismo ¿Por qué no sacas tu corazón? en vez de dejarlo en tu cabeza. — no cree que el chico entienda lo que ella sentía al escucharla justo luego de que terminaran, cuando la bailarina no comprendía, por más que lo intentara, lo que había dentro de Finn, en su mente.

— ¿Cómo se llama? — pregunta luego de oírla varios segundos en silencio.

— Heart Out.

— Creo que me gusta. — murmura y una parte de ella quiere golpearlo muy fuerte, pero tiene claro que él no entendería porqué lo ha hecho, además, se supone que eso ya ha quedado en el pasado y que cuando escucha esa canción no debe pensar en Finn, porque ya lo superó, sin embargo él ha creado un nuevo recuerdo de los dos sentados bajo ese árbol oyendo esa canción, no cree volver a escucharla de la misma manera, jamás — ¿Sabes? — el pelinegro vuelve a captar su atención, entonces Millie lo observa fijamente, sus gestos, su cabello cayendo de manera despreocupada sobre su frente, sus pecas que cubren sus pómulos y nariz, los ojos intensos y la sonrisa torcida — Esta canción suena a ti ¿No te parece? — la chica niega y lo único que quiere es gritarle, que en realidad es suya — Claro que sí, tú deberías sacar todo lo que tienes en esa cabeza, decirlo en voz alta. — esos son los momentos en los que recuerda porqué no podían estar juntos, justo cuando Finn quiere echarle los problemas a ella, culparla, cuando las cosas son de los dos.

— Todo lo contrario Wolfhard. — la bailarina se quita un audífono y se cruza de brazos para mirar hacia otro lado, a lo lejos ve a Sadie con Gaten — Creo que tú eres el que debería sacar todo lo que hay en tu enigmática cabeza. — sentencia seria. Se están pasando, lo están arruinando, la línea que no les permite hablar de temas demasiado melancólicos se ha ido.

— ¿Enigmática? — repite Finn a modo de pregunta, pero con una enorme sonrisa en su rostro, sin embargo no es graciosa o divertida, es la cínica, la peor de su baraja, Millie sabe que de todas es la que más odia, porque es la más triste, la que anticipa una discusión entre ambos — Brown, no hay nada de enigmático en mí, créeme, no había una clave para averiguar que tenía aquí o algo por el estilo. — coloca un dedo en su sien y se pone de pie, parece tan molesto — Solo tenías que preguntar, solo mostrar tu maldito interés por mí, pero tú ni eso pudiste hacer, eras tan poco comprometida conmigo que ni te molestabas en eso. — dos años después y están teniendo el mismo argumento de siempre.

— No, por supuesto. — responde ella tomando sus cosas y poniéndose en pie de igual manera — ¿Y qué hubiera obtenido de ti? ¡Mentiras! — grita de manera desgarradora — Porque era lo único que me mostrabas de ti, falsedades, una máscara de alguien que no eras ¿Todo para cubrir qué Finn? tus demonios, tu miedo, tu manera de pensar, tus vicios, toda esa persona que en realidad eras, y en vez eso preferiste mostrarme el disfraz de chico perfecto para que yo cayera a tus pies, un día simplemente te cansaste de mentir, te hartaste de pretender y botaste a la basura tu papel ideal, te quitaste la estúpida máscara y decidiste mandar a al carajo todo, junto conmigo. — se señala frustrada y trata de tragar el nudo que se ha formado en tu garganta. Finn mete las manos en sus bolsillos y mira el pasto debajo de los pies de ambos.

— Si eso es lo que quieres pensar de mí... — el chico se da la vuelta para darle la espalda — Hazlo, ya no me interesa. — concluye para luego irse y dejarla completamente sola e inestable debajo de ese árbol.

Su sábado se acaba de ir al carajo.

Pero ella no planea dejar que el domingo tenga el mismo destino, por lo que muy temprano en la mañana, casi cuando sale el sol, mientras todos duermen, Millie se pone unas pantis blancas, un leotardo negro, unos calentadores color rosa y sostiene su cabello con una banda que hace juego, baja el ascensor apurada encaminándose al salón de música, sabe que no quiere bailar con Debussy esa mañana y además no puede conectar el equipo porque podrían despertar a algunos pacientes, así que se pone sus audífonos y su viejo ipod es quien la acompaña esa mañana, para ser más específicos, es Olivia Newton-John quien le inunda los oídos con algunas canciones ochenteras, no tiene ánimos de algo suave, ya que no busca relajarse practicando ballet, todo lo contrario desea liberar presión, esa que siempre se acumula en su cabeza en los peores momentos, así que por unos momentos juega a hacer Alex Owens de Flashdance y salta por todo el salón, sus vueltas luego de unas horas regresan a ser impecables, las puntas de los pies le arden y sus músculos están hirviendo, pero a ella no le importa, en el instante que empieza a bailar todo desaparece mágicamente, la clínica, su enfermedad, sus padres, los doctores, las comidas, Finn, todo deja de existir.

En vez de eso la castaña obliga a su cuerpo a ejecutar complejos e impecables movimientos que la sacan de ese horrible lugar dónde está internada. Llega a un punto en el que las horas avanzan y ella ni siquiera va a desayunar, sabe que el doctor Heathon o la señorita Natalia la regañaran por no cumplir con los horarios, pero no le importa, por ahora en lo único que vale la pena pensar en cómo devolverle la flexibilidad a su cuerpo que ha perdido en el último mes.

— ¡Millie! — de pronto en el vaivén, mientras gira, en una de sus tomas se encuentra con la cara de Noah, a lo lejos puede escuchar la voz del castaño, por lo que se detiene de inmediato, al parar en seco todas esas horas de ejercicio le cobran la factura, comienza a sentirse mareada y poco débil, además no puede respirar bien, pero debe actuar de manera natural frente al chico o podría decirle algo al doc. La bailarina se quita uno de los auriculares y se limpia la capa de sudor que cubre su frente — Te estoy buscando desde hace una hora ¿Qué estás haciendo? — la mira un tanto preocupado.

La chica trata de recomponerse y se esfuerza por que su voz no se escuche entre cortada por la falta de aire.

— Bailando. — responde agotada, por supuesto, Noah niega.

— No deberías estar forzando tu cuerpo así, lo sabes. — oh, vaya que lo sabe, pero eso no la detuvo — Sé que no soy nadie para darte un sermón pero, tienes qué cuidarte. — ella solo asiente y camina hasta dónde ha puesto su botella de agua, la toma para verter el líquido en su boca, al sentir el agua bajar por su garganta y quemar hace una mueca.

— Está bien. — es lo único que dice y luego le devuelve la mirada a Noah expectante.

— Bueno, he venido aquí porque... — parece un tanto nervioso, por lo que capta la atención de la chica — Alguien ha venido a verte.

— ¿Quién? — pregunta confundida, nadie nunca la visita, excepto tal vez Charlie, pero hacía un par de semanas lo había visto ya.

— Tal vez sea mejor que lo averigües tú. — el castaño hace una mueca algo incómoda mientras ella cambia sus zapatillas por unas tenis y encima del leotardo se cuadra un jogger gris que usa solo los fines de semana — Te están esperando en el comedor. — Millie arruga las cejas ¿están? ¿Plural?

— Ya, gracias por avisarme. — le agradece a su amigo mientras presiona su hombro para luego salir de la sala de música con destino al comedor algo perdida, tarda apenas un par de minutos en llegar, va a paso lento, ya que se siente muy cansada, y está consiente de que se ve terrible, pero no desea hacer esperar a sus visitantes.

Entra a la cafetería desorientada y nota que no hay nadie, seguro ya pasó el almuerzo, piensa, sin embargo, en una esquina, sentados juntos con una mueca desagradable, están... sus padres. Millie cree que podría desmayarse en ese instante y una mezcla extraña de dolor y enojo se instala en su pecho, tiene más de un mes sin verlos, y ninguno de los dos le han respondido a sus llamadas, hay una parte de ella que quiere gritarles, pero la otra, los extraña, y esta última es la que la invade por lo que termina corriendo a ellos, una vez cerca su padre se pone de pie para abrazarla, la castaña había olvidado cómo era que se sentía aquello. Seguidamente se acerca a su mamá que aún está sentada y cuando extiende sus brazos hacia ella, esta niega con una cara de asco indicándole que se siente.

— ¿Qué pasa madre? — pregunta desencajada mientras hace lo que le pide.

— Por favor, mírate Millie, estás toda sudada. — exclama para luego poner un dedo sobre la bandeja que tiene al frente y pasársela — Será luego, ahora come, que ya nos han dicho que te saltaste el desayuno por estar bailando. — la castaña desea matar a quien sea que la haya acusado con sus padres, ya que no es una niña para que le den una reprimenda — Anda. — insiste y de mala gana empieza a comer lo que le han servido — No se supone que debas estar practicando.

— Kelly... — murmura su padre tratando de tomar la mano de su esposa, pero esta la quita.

— Hablo en serio Robert. — contraataca mientras lo fulmina con la mirada — No está aquí para que la sigan consintiendo, está aquí porque decidió arruinar la vida de todos en la familia jugando a la mártir, ahora debe cumplir con su castigo, y eso es, cumplir sus tratamiento y no más baile.

— ¿Así es cómo lo ves? — pregunta la joven sin dar crédito — Que me estás castigando al meterme aquí. — bufa frustrada — Pensé que querías que me pusiera bien.

— ¿Y qué quieres que te diga? — poco a poco el tono de la voz de su madre va de moderado a alto — Oh Millie estoy tan feliz de que estés aquí, vaya ¡Que contenta me tiene el hecho de que recibas tratamiento! — una sonrisa cínica se instala en la cara de esta y a la bailarina le asusta por un segundo — ¡Es más! se lo voy a contar a los vecinos, lo orgullosa que estoy de que mi hija esté en una clínica para dementes, a ver si así dejan de mirarme y susurrar que soy la peor madre del mundo.

La chica se pone de pie, se siente furiosa — ¿Y quién rayos te dijo que no lo eras? ¿eh? — alza una ceja de manera retadora — ¿Por qué en ves preocuparte por lo que dicen los demás no ves lo que estás haciendo para que te llamen así? No toda la culpa es mía aquí. — la mujer también se pone de pie.

— ¡Por supuesto que lo es! ¿De quién más va a ser? tú eres la egoísta que decidió hundirse y no contenta con ello nos jalaste contigo, a todos, a mí, a tu padre, a Paige, a Charlie, hasta la pobre Ava sufre con lo que te haces. — la bailarina pierde la compostura en ese preciso momento, en parte porque ella sabe que las palabras de su madre son reales — Yo no te crié para que te convirtieras en esto, yo te enseñé a ser una buena mujer, respetuosa, reservada, complaciente, por eso te llevamos a la iglesia desde que eras pequeña ¿Y así es como nos agradeces?

— Y nunca pensaste que yo necesitaba más que disciplina, algo como ¿Amor? ¿Valores? ¿que alguien se preocupara un poco por mí? en vez de exigirme ser perfecta todo el tiempo. — las lágrimas se acumulan en sus ojos listas para que las deje ir — No, tú siempre pensaste en las apariencias primero que en mí, era mucho más importante pavonearte por toda la comunidad con el título de mujer del año qué preguntarme cómo me sentía. — baja la mirada unos segundos, lo único que rescataba era su fe, eso era lo único que su madre había hecho bien — ¿Sabes qué creo que eres? — levanta su cabeza, porque por primera vez piensa a decirle a su mamá lo que piensa de ella — ¡Que eres una hipócrita! — apenas suelta la bomba su papá se levanta de la mesa.

— ¡Millie no le hables así a tu madre!

La castaña suelta una enorme carcajada, todos pueden jugar a ese juego, en dónde se echan la culpa mutuamente y se levan las manos — ¡Claro! — apunta sonriendo — ¿Cómo podía olvidarlo? Si tú, papá, eres, su fan número uno ¡Por eso están juntos! tú el lambiscón y ella se luce, lo que diga mamá, alabado sea ¿No? la pareja ideal, bueno ¿Saben? estoy harta de pretender que todo está bien, es lo contrario, estoy echa un desastre, no puedo ni siquiera aceptar que estoy malditamente enferma y me quiero morir al sentirme así de chueca, solo porque no puedo enorgullecerlos, pero me cansé de intentar hacerlo. — ambos la miran con los ojos muy abiertos, ya que por primera vez en su vida, Millie les ha dicho lo que piensa.

— No sé por qué Dios nos castigó con una hija tan ingrata. — suelta su madre y ella asiente varias veces.

— Lamento ya no ser lo que quieres mamá. — susurra mirando sus manos — Pero he decidido que ya no voy a complacerte. — es lo último que les dice antes de salir de la cafetería sin mirar ni siquiera una vez hacia atrás, ya que siente que no le ha quedado nada, y aunque aquello le resulta verdaderamente triste, ya que aparte de todo ama a sus padres, no se arrepiente de nada de lo que dijo, por lo contrario, siente que la adrenalina le recorre el cuerpo, como si pudiera hacerlo todo y por unos minutos de su vida Millie decide no pensar en las consecuencias de sus actos conscientes.

Así que camina por los pasillos de la clínica sin rumbo realmente, son sus decididos pies los que la guían ya que su cabeza de ha desconectado por completo, nunca se ha sentido tan genuina en su vida y a la misma vez es como si ella no estuviera más en su cuerpo, en las palmas de sus manos hay una oleada de cosquillas que le exigen tocar cosas que no puede tocar, palpar, es una emoción indescifrable la que le exige ser satisfecha en ese preciso momento, así que la castaña comienza a asimilar las sensaciones, y es cuando comprende hacia dónde se dirige de manera desesperada, y más que un lugar, entiende que es una persona, de manera ilógica Millie le está buscando.

Luego de un rato lo localiza frente al elevador que está en el pabellón B, su corazón es quien lo ha encontrado; está marcando su piso y apunto de subir, al verlo, su pulso se acelera y sus pies se mueven lo más rápido posible para alcanzarlo antes de que las puertas se cierren detrás de ella, pasan segundos en los que la castaña solo lo mira, a los ojos, sin vergüenza o pena, no tiene miedo a donde esas puertas de color oscuro la puedan llevar, su rostro se plasma con una seguridad infinita.

Por el contrario él la mira completamente perdido — Millie ¿qué...? — no termina la oración porque la chica tiene que actuar antes de que su impulso se desvanezca, así que se pega al muchacho y lo empuja contra la pared del ascensor. Nunca ha hecho algo como eso, y las manos le pican, pero no decide si es por los nervios o que se mueren por posarse encima de él, por tocarlo. Ni por un instante sus confusos ojos se despegan de ella, y necesita que se mantengan así por un segundo más mientras decide como debe atacar la indefensa presa que tiene en sus brazos.

¿Lo anticipará? se pregunta la bailarina cuando sus manos se posan en su pecho, pero una vez que entran en contacto ella sabe que no puede resistirlo más, estas suben y mientras una descansa en el hombro del muchacho, la otra va a dar su cuello solo para sentir su piel cálida debajo de sus propios poros, es ahí cuando pierde los pocos estribos que tiene para ese momento, tira de él al tiempo que levanta su mentón poniéndose de puntillas ya que es demasiado alto y sucede.

Toda su terapia se va por un tubo en el momento en el que ella y Finn Wolfhard unen sus labios, ya que justo ahí, es dónde sus emociones salen a flor de piel.

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Me morí 3 hjfhkf les dije que iba a pasar algo que jkjflf

GRACIAS , sus comentarios también son super lindos, son las mejores.

Clau*