El movimiento de la silla donde estaba sentada me saco de mis pensamientos, que, un segundo admiraban la belleza griega de Edward y al otro momento, pensaban en sacarlo patadas de acá o cosas por el estilo.
El pie de Alice seguía agitando con bastante fuerza mi silla. ¿Es que acaso ella no podía dejarme pensar en paz?
-Bella, me estas babeando los papeles que están en la mesa.- mis manos llegaron a mi boca en un segundo y después a los papeles. Uno nunca se imagina si fuese verdad. La duende a mi lado tenía la cara roja por aguantar la risa.
-¿Por quién estaría beabeado yo? - Pregunte tratando de pasar desapercibida pero eso, claramente, no resulto con Alice.
-Por Edward, ese pedazo de carne.- Reí bajo. ¿A si me veía yo cuando hablaba de el?
-Quien babea es otra.- añadí a la defensiva. Di media vuelta a la silla para no dar cabida a que la pixie hablara nuevamente. ¿Por qué rayos soy tan obvia?
Edward estaba hablando sobre alguna idea o algo así, no sé muy bien. Y es que bueno, se colocaba de espalda y su trasero redondo y ejercitado que me tentaba a extender mi mano para apretarlo. No demuestres el hambre, isabells.
Tres golpes a la puerta anunciaban la llegada del café.
Todos estaban realmente concentrados, ni siquiera se inmutaron de que llamaban a la puerta.
-Pasa, Rosalie.- Grite finalmente. La rubia despampánate, con el uniforme más corto y apretado que vi en mi vida. Sus pechos descomunales amenazaban con hacer volar el primer botón de la camisa en cualquier momento. Edward que, segundos antes, estaba tan concentrado, dirigió toda su atención a ella cuando le ofreció café.
-¿Ahora los ángeles traen café?- Hablo así ella que le sonreía.
¡Patético! Y es que… ¿a quién se le ocurre eso?
La miro fijamente hasta que se marcho. Finalmente, había terminado su propuesta y ahora hablaba Charlie, el socio más antiguo.
Tome un papel y escribí rápidamente algunas palabras, lo apreté en una bola y la lance justo a la cabeza de Edward. Si si, tengo algo con aventarle cosas, ya se.
El se giro hacia mí, alzando los brazos con confusión en su cara. Le hice seña que lo leyera: "Acá no se morbosea a las empleadas, intento fallido de poeta".
Rio mientras escribía y lo lanzo apuntando a mi cabeza también, lo tome en mis manos evitando que me pegara y arquee una ceja. JAH! ¿Ven? No soy una negada en los deportes. Me sentí grande en ese momento y es que, nunca había agarrado algo que me hubiesen lanzado.
Abrí el arrugado papel con las siguientes palabras escritas con una perfecta caligrafía: "Esto me huele a…hm si, CELOS, eso mismo".
¿Celos yo? Pero por favor! Que se cree este.
Tome el bolígrafo con fuerza y escribí: "¿Por qué debería de tenerlos? Si ya te he tenido más de una vez en mi jodida cama así que eso no es algo que me preocupe".
La lance una última vez, la leyó, me guiño el ojo y luego la guardo en su bolsillo.
-Bienvenida al kínder, Bella.- Menciono alice divertida.
Suspire y conté hasta 10 internamente. Ella me desesperaba rápidamente pero así la adoraba.
Nos conocíamos hace mucho. Inclusive ella alcanzo a cuidarme cuando era bebe. Cuando estuve más grande me decía "Bolita chillona". Tuve que ayudarla a perseguir a Jasper cuando él se mudo a nuestro edificio para que me dejase de llamar así.
Una vez más, la ignore. Escuche un "Maldita perra" entre dientes. Ah sí, se me olvidaba; ella fue quien me enseño a decir malas palabras desde muy pequeña. ~
Carlisle aviso que la reunión había terminado. ¡Aleluya! Ya quiero ir a comer algo, ya me avergonzaban los extraños ruidos que hacían mis tripas. Juro que si viera pasar una vaca me la comería enterita.
La sala se fue desocupando de a poco. Pero, ¿Adivinen quien quedaba, aparte de mí? Si, Edward.
Tome los papeles sin orden alguno y me apresure a salir pero el ya estaba en la puerta. Baje mi cabeza dispuesta a pasar por su lado.
-¿Me podrías conseguir el número de la tal Rosalie, la empleada?- Musito petulante, cerca de mi cuello. Su aliento caliente golpeo mi cuello, mi parte más sensible. Apreté el monto de documento que llevaba y tome fuerzas.
-Ella es más de salir con tipos de rango más alto. Ya sabes, que la hagan gritar y esas cosas.- Y no era mentira, en una de las tantas conversaciones de chicas ella lo había comentado. Lo que era mentira, era que Edward no pudiera hacerla gritar y más. El sabía muy bien cómo manejar su lengua, hacia cosas mágicas con sus dedos y tenía un perfecto movimiento de pelvis.
Moví mi cabeza, alejando los pensamientos de mi cabeza.
Un segundo después, estuve pegada a una parte de la puerta con unos brazos musculosos impidiendo que me escapara. Se pego a mí, apoyándose contra mí, sintiendo su longitud.
Quise dejarme llevar pero mi cerebro me hizo una mala jugada, sacando a flote los recuerdos de ayer en la noche. De todo lo que me lastimo y como estrujó mi corazón.
Puse mi mano en su pecho y lo empuje para apartarlo.
-¡¿Qué coño te pasa, bipolar?- Exclame, encarándolo. -¿No que no me amas?-
-Y no lo hago.- Su actitud de don juan había desaparecido. Ahora la ira lo consumía. –Pero estas muy buena y me pones caliente-.
-¡IMBÉCIL! Mil veces imbécil!- Camine rápidamente a mi oficina y cerré con fuerza la puerta. Tanto que me tuve que fijar si no la había quebrado. Me tire en el sofá y respire varias veces.
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I come to move move move.
Get out the way of me and my crew crew crew
I'm in the club so I'm gonna do do do do
Just what the fu*ck I came here to do
Yeah yeah! …
Me cambiaba de ropa mientras bailaba por todo el salón al ritmo de la música.
Al diablo Edward y los sentimientos.
"Go Bella. Go Bella" Canturreé mientras me acomodaba el corto vestido.
Fui hasta la cómoda y saque una peluca rubia perfectamente peinada. Camine al tocador, recogiendo mi cabello en una coleta alta.
Me puse la peluca, sonriendo. Eche un poco de labial rojo encendido a mis labios gruesos.
-¡Amber está de vuelta!- Solté una carcajada que resonó en el cuarto.
Aplique un poco de perfume en lugares clave de mi cuerpo. Di una vuelta y me dispuse a caminar, o bueno, tratar de caminar. Los tacones de aguja no ayudaban mucho a mi torpe andar.
Hoy…Edward quedara enterrado.
