Al fin! En una tarde lluviosa de domingo, en los últimos días del invierno en Buenos Aires, volvió la inspiración, me dejé llevar y quedó un capítulo más largo de lo que los vengo acostumbrando. Aquí va el 3° Cap. De "No hay escape". Me gustó mucho escribirlo y me parece más interesante. Ah! Y hay una pista del nombre que elegí para el fic!

Como siempre espero que les guste, y que me dejen algún review aunque solo sea para decirme que cosa no les gusta… jaja

¡Prometo contestar a todos!

Agradecimientos: Alecrin, Flor 666, Alastor82, Adrikari, Barbiie Rubia, Jane Black Potter. Gracias por sus hermosos reviews!

Besos a todos!

Mi recomendación de hoy para acompañar este fic es: "First Time" de Robin Beck, en especial luego de la cena.

Capítulo 3 – Indiscreciones bajo la luna.

Cuando Hermione terminó de cocinar, se disponía a llamar a Draco, pero se sorprendió al verlo apoyado en el marco de la puerta de la cocina, con sus manos en los bolsillos del fino pantalón negro.

Estaba simplemente magnifico, alto, el cabello brillante cayendo levemente sobre su frente chocando con sus pestañas, elegante, su mirada fría como el acero. Aunque había algo en esos ojos, un brillo diferente que no podía descifrar con exactitud.

Pero le habló y la distrajo de su contemplación al recio porte del Slytherin.

- No sabía que cocinaras Granger.

- Emm, si, pero no creas que lo haré todos los días. Hoy cocino porque se que has tenido un viaje largo y estás cansado. Por lo general pido comida a algún delivery o voy a comer fuera a alguno de mis lugares preferidos.

Draco se sorprendió por el gesto amable que indirectamente la trigueña estaba lanzando con su frase.

- Bien, ya está todo listo, Malfoy quieres poner la mesa para tres comensales por favor.

- ¿Para tres?

- Si, hoy cenará con nosotros Luna, Neville está terminando unas pociones y no quise que ella comiera sola en la cocina del departamento de abajo.

- Espero que no se le ocurra salir con rarezas en medio de la comida, traer un bicho extraño o cosas por el estilo. Chica anormal si las hay.

Hermione respondió con una expresión de lasitud por el comentario.

Mientras él exponía sus temores a compartir la mesa con la excéntrica rubia, alguien le tocó el hombro y se sobresaltó de tal manera que los cubiertos casi se le deslizaron de las manos al piso.

- Hola Draco, ¿Tuviste un buen viaje? Se te ve cansado. Ah no, no traje ninguno de mis animalitos, lástima me da pena dejarlos solos. Aunque mi prometido los cuida muy bien. Rolf es un maravilloso biólogo y ama a todos los animales.

El muchacho se dio media vuelta y la observó, parecía que no había cambiado casi en nada en estos años. Mantenía el pelo rubio largo hasta casi la cintura, bastante delgada, sus ojos enormes y la expresión pacifica, tan pacifica que parecía estar inmersa en un mundo de fantasía. Cosa que en realidad si hacia muy a menudo.

- Si tuve un viaje largo, no entiendo aun porque me obligaron a viajar en ese artefacto muggles, pudiendo solo aparecerme aquí.

Lanzándole una mirada de intriga a Hermione al decir eso, la que se vio obligada a responder.

- Ese fue el comienzo para que te acostumbre a relacionarte con cosas muggles, en ésta misión frecuentemente te verás obligado a actuar como tal. Y deberás estar acostumbrado ese tipo de cosas sin que pongas una expresión de comer limones al hacerlas.

- Es que cuando algo me desagrada mucho no soy falso como para evitar demostrar mi disgusto. – Emitió tensando su mandíbula - Aunque como me comprometí, como todo lo que hago, lo haré perfectamente señorita. –

Dijo el Slytherin mientras se peguntaba si hacia bien en nombrarla "señorita" o ya sería señora?

- Bah, ¿que me importa el estado civil de esta mujer?

- Mira Hermione – interrumpió Luna tratando de que no avance una discusión latente- eso es algo positivo en Draco, el no ser hipócrita es muy importante… yo lo rescato como virtud.

Hermione puso sus ojos en blanco y emitió un suspiro, mientras que el rubio se puso mas erguido con señal de suficiencia al sentir que la rubia lo estaba elogiando de alguna manera. Jamás le incomodó escuchar ponderaciones a su persona, por más acostumbrado que estuviera.

- Como tú digas Luna, bueno vamos a comer que se enfría.

Intentando quitar la sensación de posibles discusiones, los tres comenzaron la cena relajados.

El menor de los Malfoy comía con avidez, hacia horas desde que embarco desde Londres y con el aroma de la comida que la joven les había hecho precipitó su apetito. Por eso no pudo evitar que se le escape un descuido para su gusto.

- Debo de admitir que esto está muy bueno. ¿Granger dónde aprendiste a cocinar tan bien? – Tarde se dio cuenta que la estaba loando, pero ya no le importó.

- Eh! ¿Malfoy elogiando mi comida? Vaya que está más maduro, parece que estos años le quitaron un poco sus mañas infantiles. – Mi madre fue la que me enseñó, cuando convivía con ellos me la pasaba en la cocina viéndola preparar las comidas y fui practicando.

- Pues si Hermione, cocinas muy rico, deberías hacerlo mas seguido y no comer tanta chatarra. – Le expresó Luna.

Con una sonrisa en los labios Hermione asintió el consejo de su amiga.

Siguieron comiendo tranquilos el resto de la cena. En el momento del café Luna curiosa le preguntó a Malfoy:

- Y cuéntanos Draco, ¿Que ha sido de tu vida en estos años?

- Al estar mi padre en Azkaban, me hice cargo de los negocios de la familia. Bastante aburrido por cierto, solo juntas con hombres viejos e interesados de conseguir un trozo de mi fortuna, siempre analizando números y números.

- Ah, mira tú, me acuerdo cuando tuviste que pasar un tiempo en la cárcel también, habrá sido terrible verdad?

A Draco no le hacia gracia tocar ese tema, pero desde que salio de esa cueva tenebrosa que es Azkaban se dijo que siempre iba a dejar todo en claro, en pos de limpiar su honor.

- Como no te imaginas mujer, no es precisamente un hotel cinco estrellas ese lugar. Y me tocó pagar por las locuras de mi padre. Para él significaba un gran privilegio que ya-sabes-quien me pusiera la marca en mi brazo. Por supuesto jamás me consulto que pensaba yo, como en toda mi vida él dictaminaba que era lo mejor para mi. Pero a pesar que estar tatuado de por vida con ella no elegí ser un mortífago más. No quería ese camino oscuro.

- Si lo se, - dijo la indiscreta rubia - todos sabemos que no eres un asesino, a pesar de haber estado cerca no lo hiciste. ¿Y por la marca es que te apresaron?

- Si claro, toda la comunidad mágica estaba sedienta cuando fueron los juicios a los que estuvimos cerca del Lord Oscuro, no podían dejarme en libertad, aunque fuera injusto porque jamás quise acatar las tenebrosas órdenes. Por eso es que me dieron una condena baja. Pero estar en ese lugar no se lo deseo a nadie, bueno a algunos si…

Hermione, escuchaba con atención, sabia que Malfoy no era un asesino y algo ya le había dicho que no parecía feliz de estar en el bando mortífago. Por un leve momento sintió lástima de la cruel suerte que tuvo de ser hijo de Lucius. Ese hombre si que no le tenía piedad ni a su propia sangre.

También le intrigaba como la charla con Luna a este hombre le estaba quitando capas y capas de misterio y con naturalidad formulaba sus pesares.

Y él continuó explicando,

- Por eso cuando me enteré que al pelirrojo chusma le volvieron las ganas de meter sus narices en mi pasado y mi vida actual, es que fui a pedir al ministerio por tener tranquilidad ahora. Así fue como el ministro me convenció de insertarme en esto.

- ¡Oh, te encantará trabajar en esta misión! Se viven experiencias muy interesantes. Ya verás.

Draco, respondió alzando los hombros con una mueca de "que más me da". Pero la muchacha siguió con el interrogatorio, moviéndose a espacios más atrayentes a su entender.

- ¿Y te has casado, o estas en pareja?

- No, no me casé ni tampoco estoy comprometido en una pareja seria.

- ¿Y con Pansy, que pasó? Yo creía que seguirían juntos o algo así.

Al escuchar ese nombre, la morocha pensó: - Ah, esa pava, más tonta que un troll con conmoción cerebral. Estúpida y superficial, linda combinación.

- Oh no, ella solo ha sido una buena amiga. Nos conocimos desde muy pequeños y al pasar los años solo sentía por ella un gran cariño, pero nada más. Lo mismo le sucedía a ella conmigo. Fuimos muy confidentes.

Aunque estaba respondiéndole a Luna, deseaba muchísimo ver la cara de la muchacha de cabellos caramelo, pero una fuerza se lo impedía. Respiró profundo y acoto.

- Claro que te imaginarás que he sido fiel a mi personalidad y nunca me falto la compañía femenina, tuve muchas aventuras.

Con su fatal sonrisa de lado la miró a Hermione, la susodicha sentía que su cuello se acaloraba.

- ¿Pero te has enamorado de alguna de esas mujeres?

En ese momento Hermione sintió una sacudida en su estómago, esa era una pregunta más que interesante y ella jamás hubiera tenido valor como para preguntarle algo tan íntimo al rubio de ojos de mercurio. Se puso más derecha para escuchar mejor la respuesta y ansiosa de saberla. Aunque se repitiera que no le importaba.

Ya con un poco de fastidio Malfoy contestó:

- ¡Hay rubia, que curiosa que estás esta noche! Es algo muy íntimo y personal, pero igual te responderé que no, no me enamore de ninguna de ellas. A esta altura creo que será difícil que me enamore. Primero porque ya tengo 28 años, y luego porque te vuelves débil. He visto a mis amigos en esas circunstancias, parece que nos les funcionara la mente, o que les impusieron un hechizo estupidizante.

- ¡Pero Draco, estar enamorado es muy hermoso! Seguro aun no has dado con la mujer que te robe el corazón, además no puedes elegir, no hay escape. Solo aparece el momento en que sientes que toda tu vida depende de estar al lado de esa persona especial y de hacerla feliz.

- Eso lo dudo mujer, no se si me ablandaré a tal extremo. Además yo siempre tengo escapes posibles. – Aunque algo de razón tiene, si es cierto que ninguna mujer que he conocido me ha provocado que el corazón diera un vuelco y ofenderle mi vida. Pero si una vez sentí algo parecido esa noche en la sala de los menesteres, la desesperación al verla, la necesidad de…

Luna interrumpió la meditación de Draco y continuó.

- Yo en cambio estoy segura que te enamorarás, aunque tengas la edad que tengas, no podrás huir del amor. Siempre nos llega en la vida, en el momento y forma menos esperados.

Al contrario de lo que cualquier pensaría la mirada del Príncipe de Slytherin no era dura, por el contrario la observaba a Luna con expresión curiosa, como si ésta le confesara el secreto de la felicidad en la tierra.

- Bueno rubia, aunque lo pongo en tela de juicio, si un día llega a sucederme eso que tú dices te enviaré un regalo. – Emitió entre una leve risa ya que le resultaba un poco cómico el asunto.

Mientras tanto Hermione pensaba en que le sucedía al escuchar esas indiscreciones que Luna le sonsacaba al rubio.

- ¿Pero que me pasa? ¿Por qué me pongo así de solo escuchar las andanzas amorosas de Malfoy? ¿Ahora me volví una chismosa con la edad?

- Bueno, te sucede algo parecido a Hermione. ¿No es verdad amiga que nunca conociste a un hombre digno de ti? Y por eso sigues soltera.

La Gryffindor sentía que volvía a tener 15 años y la vergüenza se apoderaba de su ser. Por lo que bufando le dijo.

- ¡Luna, ya basta! Te estas pasando con las indiscreciones.

- Pero Hermione no he dicho nada que no sea verdad, además estamos en el tema.

- ¿Es, eso cierto Granger? ¿Y que pasó con la comadreja pobretona? ¿Te ofreció vivir en una choza de paja y saliste espantada gritando auxilio?

- No es de tu incumbencia que paso entre Ron y yo. – Emitió con la mandíbula apretada.

Lo cierto era que las emociones permanecían bajo llave en su corazón. Hermione evitaba a toda costa sentir real apasionamiento, y lo sabia desde los once años, en su primer día de estudiante de magia un atisbo de ilusión se le cayó al piso

Pero Luna no se aguantaba, y respondió por ella lo que la morocha no quería decir.

- Lo que pasa es que después de tantos años conociéndose ya eran como hermanos, no había pasión ¿Entiendes Draco?

El rubio ya no se contenía las ganas de reír a la carcajadas, que divertido le resultaba esa situación. Y Hermione permanecía con la boca abierta sin poder articular palabra frente a lo desnuda que se sentía con los comentarios de su vida intima saliendo a la luz.

- Bueno, eso si me lo creo. Dudo mucho que la cabeza de calabaza pudiera hacer sentir a una mujer lo que es debido. Claro, no es un Malfoy. De seguro que eso si te hace falta en la vida Granger, sentir la pasión de un hombre.

- ¡Por Dios! ¡Basta los dos ya! Luna, cierra tu bocota y deja mi vida personal en paz. Y tu Malfoy, lo que dices es mentira, si he sentido mucha pasión y no te concierne con quien ni como.

Pero a pesar de gritarles, ella sabía que ambos tenían toda la razón, claro que jamás lo admitiría. Estaba anonadada porque no podía creer que su amiga le estaba confesando a ese odioso aristócrata detalles de su vida, dejando en bandeja de plata más cosas de las que Draco tome para hacerle más burla, como si no tuviera suficientes ya.

- Pero Granger, no pasa nada, solo estamos conversando, relájate. Y que problema hay si no te han hecho sentir una pasión arrolladora. Siempre estás a tiempo.

El muchacho le indicó a Hermione levantando una ceja, lo que provocó que ella sintiera que esa habitación la sofocaba. Pero se relajó y sin saber porque, le expresó.

- Malfoy, no es eso que estas pensando lo que sucede. Si es verdad que no he tenido tampoco una relación seria ni de mucho tiempo. La más larga duró menos de un año. Estuve muy ocupada formándome para lograr ser Auror, no me ha sobrado el tiempo.

Pero Luna le dijo lo mismo que al Slytherin,

- No es eso querida, lo mismo que le dije a Draco, no conociste el hombre de tu vida. Es simple. El día que lo hagas lo sabrás, tampoco tendrás escape al amor, no importa lo ocupada que estés.

- ¿Que, acaso has avanzado en tus conocimientos de clarividencia que estás tan segura de lo que hablas?

- No, lo se por experiencia propia, eso fue lo que me pasó con Rolf, me sentía extraña a su lado, hasta que caí en cuenta que estaba perdidamente enamorada de él. Y eso les pasará a ustedes en el momento indicado. Ehm, bueno a cada uno por separado, eh… bueno ustedes me entienden a lo que me refiero.

Los comensales quedaron en silencio pensando en lo conversado, y despertando en cuenta de que la cocina estaba bajo un ambiente especial luego de tantas confesiones vertidas.

Draco cortó la situación.

- Bueno mujeres, gracias por la cena, pero ya es muy tarde y tengo muchas horas sin sueño como para seguir acompañándolas. Buenas noches.

- Recuerda Malfoy que mañana temprano debo comenzar a prepararte para esta misión ya que, como tu dices ciertamente, se nos ha hecho muy tarde. Buenas noches.

El rubio se levantó de su silla y se dirigió a su habitación. Mientras Hermione lo seguía con la mirada. Con su cabeza sostenida por palma de su mano y apoyando el codo sobre la mesa, miraba como apreciando con el garbo que caminaba el príncipe de Slytherin y el porte recio que lo distinguía.

Pero unas palabras la despertaron de su apreciación al muchacho.

- Hay querida amiga, esa mirada ya la conozco… te está gustando.

- ¡Que! ¡Estas loca Luna, realmente perdiste la cordura del todo! Jamás me fijaría en un hombre como Malfoy, y menos con su terrible historial, ya lo conozco hace mucho y se como es. No es trigo limpio.

- Pero Hermione, ¿No te das cuenta que está más maduro, no lo viste aunque sea un poco diferente su forma de ser? Hemos tenido una conversación bastante aceptable para lo que era en el pasado que cada dos palabras respondía con un insulto.

- Puede ser que lo que vivió en estos años y la vida lo haya golpeado un poco para hacerlo reaccionar, pero no se… yo tendría mis reservas en cuanto a él.

- Ah, deberías de ser más flexible, abrirte más y dejar que todo fluya.

La morocha la miró con descreimiento a su compañera, pero de todas formas debía de reconocer que no era el mismo Draco Malfoy que conoció en el colegio, ahora era todo un hombre. Pero nunca se descuidaría de él.

- Lo que no entiendo es como nos contó tan tranquilamente todo eso sin quejarse o maldecirnos, acaso lo hechizaste? Porque de otra manera no me explico...

- Yo lo veo claro, si él se abrió de esa manera, además de que yo formulo muy bien mis inquietudes, creo que él deseaba que tú sepas todas esas verdades sobre su vida sentimental. De lo contrario no se hubiera confesado, no lo crees?

- No, no lo creo. Bueno Luna, ya es tarde me iré a dormir también.

- ¿Te ayudo con la vajilla?

- No hace falta – Y sonriendo dio unos movimientos en el aire con su varita y gracias a la magia quedaron todos los cacharros limpios. – Hasta mañana que descanses.

Despidiéndose de Luna, Hermione fue a su habitación.

Ese lugar donde se cobijaba en su vida solitaria, hacia un par de años que ya no la acompañaba ni Crookshanks. Era un espacio muy acogedor, amplio, luminoso, en el que a estas horas de la noche entraba la luz de la luna y las luces de la ciudad.

Su cama de dos plazas tenía un cobertor rosa pálido y en él se apoyaban unos grandes almohadones de tela rustica blanca. No había muchos muebles allí, no me gustaban los espacios atiborrados de cachivaches, ella prefería un lugar con lo mínimo necesario.

Además de la cama, tenia por supuesto un escritorio donde descansaban pilas de libros que había sacado de la biblioteca del primer piso, una cómoda con perfumes y artículos de belleza. Con los años tuvo que darle más importancia la estética de la que le dio en sus años de adolescencia.

Y el dormitorio se completaba con un vestidor con sus prendas, y el cuarto de baño también decorado en tonos rosa pálido. Allí se instaló. Disfrutó de una relajante ducha para luego enfundada en su bata de seda azul, poder distenderse en el sillón de color granate, que estaba frente al escritorio.

Encendió un cigarrillo, vicio que tomó tarde con la edad, y que solo en pocas ocasiones lo hacia para aflojar sus tensiones. A pesar que sabia que no era en absoluto saludable lo disfrutaba luego de pasar momentos tales como el que había vivido en esa "cena indiscreta".

Mientras miraba por el ventanal hacia la noche, bajo la irradiación del blanco satélite terrestre, la llevo a meditar. ¿Porque se había puesto tan alterable al punto de avergonzarse de su vida intima frente a Malfoy, que poco le importaba su presencia? ¿Y porque le intrigaba de sobremanera la vida sentimental del rubio? ¿Y porque su estómago la traicionaba cuando él hablaba de amor? Si había amado con locura a una mujer o no debería de importarle en lo más mínimo.

Llego a la conclusión que el haberlo visto removió el pasado y la llevo a cuando compartían el techo de Hogwarts.

Para alejarse de esos recuerdos tomó un libro y así liberar su mente de pensamientos a los que no se quería acercar. Pero parecía que no le iban a permitir ese lujo y que alguna fuerza extraña la sometería a donde no deseaba sumergirse.

Abrió un libro que no veía desde hacia muchos años, uno de los pocos que trajo consigo a esa maravillosa ciudad. De sus páginas se deslizó un mediano papel, era una foto, en ella aparecía el famoso trío dorado sonriendo en sus mejores momentos de Hogwarts.

Pudo reconocer que la misma, se habría tomado en algún campeonato de Quidditch, ya que de fondo se vislumbraba las gradas de la cancha con el paisaje de un hormiguero de jóvenes ondeando los colores distintivos de sus respectivas casas.

De repente en el extremo derecho reconoció una figura de un adolescente rubio vistiendo una túnica verde esmeralda con hilos plateados, sosteniendo una formidable escoba, claro que hoy en día estaría obsoleta. Solo aparecía un trozo de ese joven, seguramente fue retratado cuando estaba regresando a los vestuarios sin darse cuenta de la presencia de la cámara.

Ese momento fue cuando la muchacha de los ojos miel, sintió una opresión en el pecho, aunque estaba feliz de ver a sus amados amigos divertidos y sonriendo en esa imagen móvil, una rabia la invadió, porque en ese costado estaba él.

Y la realidad en que nunca cayó en cuenta la sacudió.

Allí apareció lo que por años y aun hoy día mantenía bajo capas y capas enterrado y estaba cayendo en cuenta después de tanto tiempo. Comenzó a recordar, dejó a su mente entrar en el pasado y se zambulló en ensimismamientos.

Lo odiaba, lo odió desde el momento que al conocerlo le dijo sangre sucia, porque ahí se dio cuenta que jamás sería buena para él.

Al topárselo por primera vez en su primer día en aquel colegio que amo tanto, lo había percibido como quien advierte a un ángel aparecido desde una visión, pero al expulsarle esa horrendas palabras, "sangre sucia", sus ilusiones se cayeron por un abismo y marcó el rumbo de la relación que de ahí en más tendría con Draco Malfoy.

Con el correr del tiempo, al crecer y convertirse en adolescentes, su odio creció, creció porque lo veía cruel, egocéntrico y cada día mas hermoso, detestablemente hermoso. Y al notar con las jóvenes con las que tenia sus romances se menospreciaba a ella misma, si antes no era buena para él, en ese momento lo era menos.

Ella no se parecía en nada a esas muchachas, todas llamativamente bellas, sumamente preocupadas por sus atractivos. En cambio ella seguía siendo un ratón de biblioteca, insulsa y desabrida. Y se justificaba diciendo que por algo estaban en diferentes bandos, que eternamente lo continuaría odiando por echarle en cara que ella no pertenecía a la casta que él presumía y por ende nunca se permitiría sentir algo por él.

¿Pero por otro lado, porque la vida era tan injusta? ¿Porque no había podido ser como esas chicas de Slytherin, tan bellas que hacían estremecer a sus compañeros? ¿Porque ella no pudo estremecer a Draco Malfoy? ¿Porque la vida hizo que aquel jovencito fuera tan malvado y atractivo a la vez?

Maldita suerte, un enemigo y encantador no era justo. Y se había quedado con la parte de "enemigo" y se grabo a fuego aquello, para jamás sufrir por los maltratos del príncipe de Slytherin. Acompañando a su fiel amigo de ojos verdes en destetar al hijo de Lucius.

Esa imagen representaba todo lo que nunca fue, lo que el desdichado destino no le permitió, lo que le negó. Poder enamorarse de aquel que si consideraba el más seductor de todos, nunca se lo hubiera permitido, ni inconsciente podría.

Pero el tiempo había pasado, con ello jamás iba a poder regresar a una adolescencia diferente que la que le tocó vivir y experimentar como hubiera sido tenerlo a él para disfrutar de los fulgores del primer romance de juventud. O como hubiera sido estar ardientemente por primera vez junto al único hombre que realmente deseaba en el lugar más recóndito de su inconsciente, impidiéndole admitirlo ni dormida, ni siquiera a ella misma.

Esa era la única verdad. La cruda realidad que habitaba en su corazón. Ese era el lugar a donde no quería llegar, sabia que al verlo la transporto sus once años y removió su mente imaginando cosas que no deseaba. Que todo esto era culpa de haberse reencontrado y estaría alucinando en ocurrírsele esas cosas, pero creía que ahora lo entendía todo, lo que en todo este tiempo nunca aceptó.

Luego del punzante dolor que sintió al meditar eso, las vivas lágrimas no tardaron en aparecer, mientras maldecía lo que le tocó vivir y lo que la vida no se dignó a ofrecerle.

En ese estado de auto tortura emocional se recostó con la fotografía en sus manos, y se quedó dormida.

Esa noche soñó con un príncipe de cabellos rubios que acudía a su auxilio en una nevada colina.

Mientras tanto en la otra habitación, mirando el techo, un hombre también volvía en el tiempo descifrando lo que le sucedió en la sala de los menesteres, precisamente en el momento que empujó a una joven para alejarla de una maldición imperdonable.