"Royal Paradise" mi trabajo nocturno, el lugar de moda en esta temporada.
Los detalles brillantes de mi vestido se reflejaron como diamantes en los espejos oscuros que hacia parte de la fachada del edificio. El lugar estaba atestado de carros último modelo y de todos los colores que te puedas imaginar. Salude a Mike, el portero, mientras entraba meneando mis caderas, cosa que atraía las miradas hacia mí.
Fui directo a la barra donde siempre estaba Emmett, mi mejor amigo y también dueño de este negocio heredado por su padre, Cayo. El es uno de mis mejores amigos, lo conocí años atrás. Al principio, no pensé que terminaríamos siendo amigos, es decir, ¿Ser solamente amiga del rubio musculoso? Definitivamente no. Intente coquetearle durante un tiempo mientras ingrese a Royal Paradise pero no me prestaba atención, y si, mi mejor amigo fue quien me ínsito a ser una dama de compañía. A estas alturas, ya estoy harta de escuchar que los "amigos" no te meten es cosas malas como estas y, también harta de repetir que él no me obligo a nada, yo estoy aquí porque así lo quise.
Me acerque al fuertudo, abrazándole.
-Pero que bien luces hoy-. Menciono Emmett deslizando su gran mano por mi espalda descubierta.
-Es mí deber lucir bien, capitán.- Hice la típica seña de los militares, riendo.
-Claro claro-. Beso mi cabello y procedió a sacar un papel arrugado de su elegante chaqueta color gris a juego con el resto de su traje. Esa era la lista del o los hombres con quien yo estaría hoy.
–Acompañas a Mike esta noche.- Golpee su estomago con cara molesta cuando lo escuche. ¿Mike? ¿El imbécil de Mike? No podía estar hablando en serio. El tipo siempre buscaba satisfacción para él y al final terminaba dormido dejándome bastante caliente.
-Y más tarde, con Edward.- ¿Pero qué mierda le pasa a ese bipolar? ¿Por qué pago por estar esta noche conmigo? ¡Perfecto! Mi plan de olvidar a Edward iba a ser complicado.
-¿Está usted loco, joven?- Exclame hacia el rubio. Estaba dispuesta a decirle a Emmett que no quería una noche con el pero se me ocurrió un plan mucho mejor.
-¿Qué tema es esta noche?- Trabajo tres veces a la semana aquí y esos tres días el sexo es "Temático".
-Sadomasoquismo, bells-. Añadió guardando el papel.
-¡Amber!- Le recordé. Odiaba que me llamase por mi nombre real. El asintió a modo de disculpa. –Hare que leah atienda a Mike esta noche, sin importar que pague menos, oso.- añadí entrecerrando los ojos, señalándolo con un dedo.
-¿Pero porque…? Y yo que pensaba comprarme un yate con ese dinero.- Su voz se torno baja y de lamento.
-Uy pero que dramático-. Era muy propio de el añadirle dramatismo a todo. Di un besito en su cuello y di media vuelta para no perder más tiempo ya que hoy planeaba irme temprano a casa a ver historias paranormales.
-Quedara en tu conciencia que no compre mi yate.- Casi grito para que yo pudiera oírle. – Además, deberías agradecerme. Tu compañía de más tarde no era Edward, era con Jacob pero Tanya se volvió loca en cuanto lo supo, ya sabes como es.
Moví mi mano sin dejar de caminar, restándole importancia. Eso no era algo nuevo para nadie Tanya babeaba por el moreno, que antes de que ella llegase a trabajar aquí solía ser mi cliente.
Mi mitad masoquista estaba feliz porque Edward fuese mi cliente de la noche. Pero la otra parte, estaba histérica y odiando su estúpida presencia.
Mis traiciones pensamientos sacaron a flote el recuerdo de la primera vez que menciono las palabras prohibidas y yo, claro, fingí no escucharlo.
Flashback.
El sonido de nuestros cuerpos chocar en cada embestida era delicioso. Sentirlo dentro de mí era lo más magnifico que existiese. Me sostuve del barandal cuando sus embestidas se tornaron más salvajes y su mano masajeaba mis pechos, jugando con mis duros pezones. Me dolían las rodillas y mis piernas se tambaleaban por la posición que adoptamos, lleve mi mano como pude tras él y agarre su trasero ejercitado.
-¡Mierda! Estas muy estrecha.- Su aliento contra mi cuello me hizo gemir más alto. –Me voy a venir.-
Alce más mi trasero, dándole mayor entrada en mi interior. Pronto exploto, su semen caliente hizo alcanzar mi orgasmo rápidamente. Caí boca abajo en la cama, con mi respiración agitada y mi corazón poseído por un caballo. Su pene pronto estuvo fuera de mí y se lanzo a mi lado, casi sobre mi cuerpo sudado. Sentí su barbilla picar en mi espalda y deslizar la sabana sobre nosotros. No se escuchaba más que el compás de nuestro respirar.
-Te amo.- Musito dulce. No supe que hacer, mi corazón corría a mayor velocidad, no esperaba sus palabras y menos ahora, no tenía una respuesta a ella, o bueno, sí que la tenía pero me negaba a decirla, me negaba a decirle que yo también lo amaba con locura, que este amor estaba calado en mis huesos. No tuve una mejor idea que controlar mi respiración como pude para que no sintiera que estaba despierta. Pase por alto mi filosofía de guiarme por el corazón y no por mi cabeza.
Se percato de que, supuestamente, estaba dormida. – Te amo más que a mi vida. – Beso mi espalda mientras su brazo rodeo mi cuerpo y un silencio sepulcral se apodero del lugar.
Dejando atrás ese estúpido recuerdo, me centre en mi tarea: Buscar a Leah. Eche una ojeada por el salón sin rastro de ella así que supuse que estaría en nuestro "Estudio".
Y si, allí estaba. No me llevaba muy bien con ella así que esto entraba en "Medidas extremas".
Empuje la puerta, camine decidida y sin hacer mucho ruido me desplome en el sillón junto a la puerta, suspirando.
–Necesito que me hagas un favor. – Hable rápida y concisa.
– ¿Por qué tendría que hacerlo? – Ni siquiera me miro, estaba muy dedicada echándose su labial en el espejo.
–Ganarías en una noche lo que ganas con tres clientes. – Eso llamo su atención, dando media vuelta. –Es Mike. Solo tienes que ir, tapar sus ojos con cualquier cosa y fingir que soy yo.
–Pan comido. – Sonrió con…suficiencia.
–Bien, como sea. Le pides el dinero a Emmett cuando termines. – Dicho eso; me levante del sofá y emprendí viaje nuevamente hacia el salón donde se reunían todos esperando a que la belleza griega me encontrara. Edward era misterioso y bastante cerrado en sí mismo en algunos temas y siempre terminaba hallándome, donde sea que estuviese. Es como si tuviera un radar para encontrarme.
Fui hasta la barra; ¡Vaya que necesitaba un trago! O unos cuantos. Estuve ahí casi media hora, ya varios hombres e incluso mujeres se habían acercado a mí, me invitaban un trago y preguntaban si deseaba compañía, típico. Pedí esta vez un vaso de agua, lo bebí como si fuese el último vaso del mundo. Mire de reojo al hombre que se sentó a mi lado, Edward, y seguí bebiendo.
-¿Esa es la bebida más fuerte del lugar?- Otra dosis de su conocido sarcasmo escapo.
- uh si, un trago y olvidas todo.- Creí escuchar que susurro un "seguro". Eso me… ¿Molesto? No quería aguantármelo hoy. Deje la copa vacía en la barra iluminada, busque un pañuelo en mi bolso y en un movimiento rápido ate sus manos como pude.
-Vamos, no tengo tiempo para perder, galán.- ¡Prepárate, Edward! Esta noche será larga.
