.
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
V
—Makoto — repitió, te negaste a responder.
Estabas sorprendido. Enmudecido. Esa era la persona que habías tenido continuamente en los labios, en el pensamiento. Metido en la cabeza hasta el punto de ya no poder dormir tranquilo por las noches.
Hizo una pausa después de decir su nombre y luego prosiguió, interrumpiendo el silencio.
—No has respondido mis llamadas.
Te preguntaste por qué tenías que hacerlo. Intentaste sonar comprensible al responder.
—¿Qué es lo que quiere?
Nada más decirlo te arrepentiste. No te interesaba saber qué quería, o, mejor dicho, no deseabas que te lo dijera. De cualquier forma no era una verdadera pregunta, era más bien un gesto de hostilidad.
—¿Cómo ha conseguido mi número?
—Es una historia demasiado larga — su voz sonó complacida —. Tuve que…
—No es eso a lo que me refiero. No vuelva a llamar, por favor.
Casi añadiste; ni me siga, pero te detuviste al concluir que no tenías prueba alguna de que eso fuera verdad.
—Tenemos que hablar.
Hubo una mueca de incomodidad en ti. —No-
—Claro que sí. Al menos deberías escucharme.
—¡Colgaré! Y si llama de nuevo llamaré a la policía — un acto desesperado en una situación desesperada, pensaste en que esa simple frase sonó como la de aquellas películas sin sentido que veías cuando estabas aburrido. Sabías que un caso como el tuyo no sería demasiado importante, que en la comisaría seguramente había otras prioridades.
Haruka respondió a tu amenaza. En un tono más alto y hablando más deprisa. Sabía que colgarías.
—¿Lo harás porque te lo ha dicho él? — parecía desesperado —. Eso es lo que pasa cuando hablas con otros sobre este tipo de cosas. Se opone a nuestra relación, Makoto, no debiste hablar con él.
Te detuviste de colgar, inexplicablemente lo hiciste, intentando encontrar sentido a lo que decía. ¿Relación? ¿Cuál relación? Pensaste en los mensajes que nunca habías respondido ni responderías. Pensaste en Haruka, la persona del otro lado de la línea a quien tenías la certeza de jamás haber conocido, te cuestionaste el qué clase de persona era para gastar ese tipo de bromas a las personas y por qué que tú de todas formas.
Decidiste colgar, pero de nuevo sus palabras te detuvieron.
—Por eso lo hice, Makoto. No tuve opción. Nada puede separarnos…
Colgaste.
Perturbado. Las manos congeladas al igual que tus ojos, miraste fijamente el teléfono por tres segundos antes de que una nueva llamada entrara. Horrorizado, corriste hacia la mesita que lo sostenía y le desconectaste.
El celular en la alfombra comenzó a vibrar. Tus manos temblaron cuando lo sostuviste, y sin embargo cada una de tus facciones se relajó cuando la calma de ver un número conocido en la pantalla apareció.
—¿Rin? — preguntaste aún dudoso sobre si en verdad podría ser él o un engaño de tu mente para calmar tu ansiedad.
Cuando su voz sonó al otro lado pudiste volver a tu realidad, mirando a tu alrededor decidiste creer que todo lo anterior no había sido nada más que un sueño del cual al fin habías despertado.
Rin preguntó si te sentías bien.
Tu voz aún temblaba, al igual que tus manos, y cada frase que salía de tus labios una pisca de duda y horror le acompañaba. Recordaste lo que tu compañero había dicho antes, sobre el porqué no habías contado a nadie lo que te sucedía. Sabías que Rin probablemente había llamado para informarte que vendría de Australia a Tokio durante algunos días y te pediría si podría quedarse contigo así que, obviando eso, le pediste que te escuchara.
Empezaste con una llamada. Tú creías que era así como había iniciado.
—Dijo que me quería — murmuraste.
El mundo entonces, durante una fracción de segundo en la que Rin procesaba lo que habías dicho, se paralizó. Luego escuchaste su risa. Despreocupada, alegre.
—¡Makoto! ¿Por qué no lo habías dicho? ¿Te daba vergüenza?
—De qué estás…
—¿Dijo que te quiere, sin más?
—Sí. Dijo: Yo siento lo mismo. Te quiero…
Rin volvió a reír un poco más sereno. Una risita suave seguida de un suspiro.
—¡Un romance homosexual, Makoto! Te mentiría si dijera que no me lo esperaba, pero el hecho de que no me lo contarás hasta ahora me molesta un poco.
Entonces comprendiste que Rin había entendido todo mal. O simplemente te estaba tomando el pelo, y el hecho de que lo hiciera, te tranquilizaba extrañamente.
—Tómalo en serio. Aún hay más.
—Se van a casar.
—Rin escucha, creo que me ha estado siguiendo.
—Makoto eres un rompecorazones.
De alguna forma te dio consuelo su frivolidad en el asunto. Te hizo creer que realmente estabas paranoico, dándole más importancia de la necesaria al asunto.
—Da un poco de miedo — admitiste.
Y comenzaste a contar los hechos antes de su llamada. Rin te escuchó sin interrumpir y sólo cuando llegaste al punto de los pasos de la biblioteca su voz se hizo paso a través de tus palabras y te alcanzó.
—¿Le viste?
—No, no. Vi sus zapatos, deportivos, negros con agujetas blancas. Estaba justo detrás de mí.
—Pero no estás seguro de que te siguiera.
—¡Lo hacía!
—¡No puedes estar seguro! No te lo tomes a mal, pero no crees que te has puesto paranoico con esa llamada y has comenzado a imaginar de más. Tal vez tienes una especie de admirador pero sólo eso. Además, dices que sentiste que te seguían a casa, jamás lo viste.
—¿Pero las llamadas?
—Pensaste que te seguían, estabas asustado, quizá mal interpretaste todo.
De pronto ya no estabas seguro de si lo que había pasado hace un momento era tal y como lo recordabas.
—Makoto, llegaré mañana, hablaremos entonces. Tómatelo con calma, no entiendo qué es lo que te preocupa. Un chico se enamora de ti y te sigue a todos lados ¡vamos, debe ser una broma! Pronto solo será una historia divertida que contarle a los demás. No dejes que te afecte.
Sentiste una infantil punzada de desasosiego que ignoraste. Respondiste que probablemente era eso, decidiste creerle.
—Necesitas descansar.
Asentiste. Rin podría tener razón, deseabas que la tuviera.
Rin era un buen amigo al final. Había estado ahí para ti en los momentos difíciles desde que tienes memoria. No había forma de que se equivocara. No había razón alguna para que mintiera.
No lo había.
De verdad que no la había.
