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Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
VI
Al día siguiente, antes de que Rin llegara, te levantaste más temprano de lo usual debido a que no habías dejado de pensar en lo que Rin había dicho. Quizá era por la solícita manera con la que dijo que llegaría hoy y que hablaría contigo, pero de pie en la cocina te sentiste como el paciente de un manicomio al término del horario de visita. No me dejes solo con mi mente, pensaste. Había muchas cosas que hubieses querido decirle antes de cortar la llamada. Querías decirle que no se trataba de sólo un chico. Era una persona vincula a ti de alguna forma, aunque aún no tuvieras claro el por qué. Lo cierto es que ésta persona te conocía. Probablemente le habías ofendido en algún momento y ahora sólo quería vengarse, razonaste.
El teléfono del departamento sonó entonces. Agradeciste que lo hiciera, tu mente comenzaba a volverse confusa.
Descolgaste el teléfono.
—Makoto — era un susurro —. Soy Haruka.
El hecho de sorprenderte y, por otro instante, enmudecer fue una contradicción por tu parte. Al fin y al cabo te había estado llamando todo éste tiempo, y lo tenías continuamente en tus pensamientos. Metido en tu cabeza hasta el punto de olvidar su existencia real, su condición de ser humano capaz de manejar el teléfono.
Hubo una breve pausa, por alguna razón imaginaste que sonreía.
—Me has llamado.
¿Lo habías hecho? Ah, sí, ahora lo recuerdas. Después de haber terminado la llamada con Rin en tu servicio de última llamada apareció el mismo número desconocido que habías estado viendo los últimos días. Decidiste marcar, solo para asegurarte de que era la misma persona. Te había recibido el contestador. "Estás llamando a la residencia de Haruka Nanase, por favor si es importante deja tu mensaje, me contactaré contigo".
No respondiste. Haruka interpreto tu silencio como el pie para continuar su charla.
—Tenemos que hablar, Makoto.
—Yo no tengo nada que hablar.
—Creo que sí. Al menos creo que deberías escucharme.
—Colgaré.
—Makoto — repitió, intentaba contener su desesperación —. Necesitamos hablar; voy a prometerte algo, si conscientes en verme y escuchar lo que tengo que decir una vez, una sola vez, no volverás a saber de mí de nuevo. Te lo prometo solemnemente.
Solemnemente. Más bien precipitadamente.
Y aquí, Makoto, viene el siguiente de tus errores. Concluiste que eso podría ser lo mejor, dejar que te viera, verlo tú a él, conocerlo y explicarle lo distinto que eras al ser que había creado su fantasía. Escucharle. Había algo en ti que quería satisfacer su curiosidad. Al final, te dijiste, cuanto todo esto se arregle sería bueno saber quién es Haruka, de lo contrario seguiría siendo una proyección de tu mente al igual que tú lo eras de la suya.
—¿Dónde estás ahora? — le preguntaste.
Te sorprendió dejar de lado el respeto y las formalidades.
Haruka titubeó.
—Puedo ir a tu casa.
—No. Dime dónde podemos vernos.
—Uhm… — suspiro, un suspiro lleno de derrota —. Frente a tu casa.
Lo soltó sin vergüenza alguna. Tu rostro sereno, Makoto, cambió a uno de total horror en cuestión de segundos, pero, pese a ello, tu disposición a resolver las cosas de la mejor manera, te impulso a continuar.
—Está bien. Iré a verte.
Colgaste. Caminaste a tu habitación para cambiar tu pijama por algunas ropas decentes. Antes de salir tomaste tu billetera, las llaves y tu celular. Fue un consuelo para ti descubrir que el día hoy era brillante.
