Es lunes por la tarde, he salido temprano de la universidad y decido ir en busca de trabajo, algo

temporal que me haga ganar unos billetes para los gastos de graduación.

Annie, mi mejor amiga, trabaja en la barra de un bar muy lujoso, el Luxar, demasiado para mi gusto,

y me ha dicho que necesitan a alguien que les ayude, pero primero muerta a estar rodeada de machos

sin cabeza, al igual que el guapo de ojos azules del domingo, todavía rio para mis adentros al

recordar su cara cuando lo mandé a comer el mismo aperitivo que me gusta mandar a comer a todos

los que se meten conmigo.

Voy conduciendo en mi robot (mi Lancer plateado) por un el gran edificio de la empresa publicitaria

de Los Ángeles, o mejor, del mundo; sólo las mejores modelos y las mejores marcas trabajan con

ellos, según me cuenta mi amiga Annie que es una fanática de las compras, las modas, y los hombres.

Me detengo al ver un pequeño letrero que dice:

"CASTING PARA MODELO DE JOYERÍA"

¿Joyería? Pensé que las modelos esqueléticas que miraba en las revistas sólo eran solicitadas para

andar en una tanga.

Algo dentro de mí me llama, siento la ansiedad de repente y no sé qué es, tengo curiosidad, nunca me

he considerado una belleza de modelo, pero tengo un buen ojo y por lo tanto sé cuáles son las

mejores poses de un cuerpo y la perfecta mirada de un rostro, trabajar detrás de un lente te hace

conocer los mejores ángulos frente y detrás de ella.

Decido entrar, total, ¿Qué tengo que perder?

—Buenas tardes señorita, he venido por el anuncio del casting. — La mujer de recepción, es bella,

una pelirroja, no me sorprende que todo el personal sea atractivo, es una empresa llena de modelos,

por Dios santo. Me ve de pies a cabeza y me siento enfadada, todavía me pregunto si fue buena idea,

ya tengo ganas de mandar a comer mierda a la recepcionista, y todavía me falta entrar y hacer el

casting.

—Sí, por favor, pase por aquí. —Me sonríe.

Me dirige hacia un gran pasillo, es el edificio más lujoso que haya visto y las letras Grandchester

Advertising están por todos lados, en las paredes blancas están algunas fotografías con grandes

marcos de los productos que he visto y que Linda compra.

Lencería, perfumería, ropa. Es una belleza de fotografía.

En otra pared está un gran plasma que repite varios comerciales de otras marcas. ¡Qué belleza de

hombre! Los modelos masculinos son apetitosos, pero apuesto mis únicos 5 billetes a que son

homosexuales.

—Espere aquí señorita, llene la solicitud y pronto el director de imagen vendrá por usted. —Se

pierde por un pasillo largo, mientras yo observo la solicitud.

¿Director de imagen? Pensé que sólo había unas cuantas modelos, una pantalla y un fotógrafo,

entonces sí es serio todo eso del modelaje, cuando se enteren que no soy modelo se van a orinar en

los pantalones.

Grandchester Advertising, Inc.

Solicitud de Empleo

Nombre completo: Candy Rose White.

Dirección: Los Ángeles, California #456 calle norte.

Estado Civil: Soltera.

«Y así quiero estar siempre.»

Ocupación: Estudiante de fotografía en Art Center College

Experiencia/ Marcas para las que ha trabajado: Experiencia en ropa para campaña de Gucci y

Prada.

« ¿Ninguna? ¡Joder! Que me demande Gucci y Prada»

...

Estoy muriendo de la risa para mis adentros. Termino de llenar la última solicitud y espero a que el

director de Imagen venga a por mí.

—Señorita White, Soy Archie Cornwell, venga conmigo— dice lo que supongo que es el director de

imagen, un hombre muy guapo y amigable, también un poco desesperado por su lenguaje corporal.

—Diríjase a los vestidores, ellos sabrán qué hacer, la veo dentro de un momento para tomar las

respectivas fotografías.

—Muchas Gracias. —Le sonrío amablemente.

Después de casi una hora de que un hombre o mujer, (No estoy segura) llamado Andy, estuviese

peleando con mi cabello rizo rubio, y maquillarme más de lo que en mi vida lo había hecho, es

momento de salir y dar acción.

Todo es una belleza, y me refiero a las cámaras, focos, ventanas difusoras, fotómetro, reflectores,

disparador remoto. Otro mini orgasmo para mí.

—Éstas son joyas de muestra, usted ya sabe lo que tiene que hacer, enamore a la cámara y el que

estará detrás de ella; tiene que vender su belleza a través de las joyas.

¡Me muero!

Estoy nerviosa, no sólo por usar un diminuto vestido y estar con mil kilos de maquillaje en todo mi

rostro, en cuanto empiece a "posar" se darán cuenta que no soy modelo.

¡Vamos Candy! ¿Qué tienes que perder?

Hago mis respiraciones, antes de que me dé algo, lo más probable un ataque de ansiedad.

Empiezo el juego.

Coloco las joyas en mis manos, suerte que soy una adicta a la higiene y mis uñas hoy están hermosas

y relucientes. Una pose de perfil, acerco las joyas a mi mentón, y de inmediato imagino ser yo la

fotógrafa.

¿Qué me gustaría a mí?

Cambio de pose y toco mi rostro junto con las joyas un poco más a mis ojos, el estilista, Andy,

quiso ser heterosexual al final de mi transformación, había quedado hermosa y por poco no me

reconozco.

Después de unas cien o doscientas tomas, realmente sentí una eternidad. Veo que todos a mi alrededor

están con la mandíbula por los suelos. ¡Mierda! Me descubrieron, grito para mis adentros.

¡Respira! Si llaman a los de Gucci o Prada, sal corriendo.

—Señorita White. —atisba Archie, el director de imagen.

—Sí, señor.

Si me descubrieron y no me dan el trabajo, tendré que ir a servir tragos con Annie.

— ¿Habías hecho éste tipo de trabajo antes?

Aquí ya no puedo mentir. —La verdad no señor.

— ¡Imposible! —chilla él. Por su expresión no sé si es decepción o asombro, ahorita mi bola de

cristal no puede adivinar su lenguaje corporal.

¡Carajos! Me descubrieron.

—Es imposible, eres... eres, perfecta, ¿Cómo es posible que Gucci y Prada te hayan dejado escapar?

eres la modelo perfecta para todo. —Hay un tono de orgullo en su voz.

Me estoy volviendo loca por tantos flash, o este sujeto realmente le está fallando la vista. Es

imposible que yo sea perfecta, jamás he posado enfrente de una cámara.

—Señor, realmente mentí en la solicitud, no soy modelo, pero necesito el trabajo y quise probar

suerte.

—Te mandaría para la calle en este momento por lo que acabas de hacer, es un delito muy grave dar

información falsa y además dirigiéndote a grandes marcas.

Me muero, lo presiento, me muero, moriré aquí mismo, pero moriré disfrazada de modelo.

—Lo siento señor, yo no quise. —Tranquila—me interrumpe.

—Gracias por la oportunidad, me iré ahora mismo, señor.

— ¿Adónde crees que vas? —Me detiene con su voz.

—Es lógico que mentí, Señor, y ustedes buscan a una modelo, yo no soy modelo.

—Candy Rose White, desde este momento te declaro Modelo de la compañía Grandchester Advertising,

estás contratada, no se diga más.

Ahora la que tiene la mandíbula por los suelos soy yo.

¿Me está tomando el pelo? ¡Me han contratado! Y no soy modelo.

— ¿Es en serio, Señor Cornwell?

—Por favor, llámame Archie, estás contratada, nos has dejado a todos más que sorprendidos, tu

belleza, tu mirada, eres perfecta, la forma en que has enamorado la cámara, es como si supieras lo

que realmente quieren las personas. —Archie no deja de tirar flores, y yo parezco una idiota sin nada

qué decir

—Muchas Gracias, Señor.

—Mañana empiezas, pero antes, tienes que conocer al Señor Terrence Grandchester.

— ¿El Señor Grandchester?

Madre mía, ahora sí estoy frita, no quiero que el dueño de la compañía me conozca, ha de ser un

viejo de cincuenta años amargado y cuando se dé cuenta que no soy modelo, por más bellas que

hayan quedado las fotos, no soy una profesional y me mandará con una patada en el culo directo a la

calle.

Sin decir más, Archie llama al Señor Grandchester, estoy nerviosa; pero me imagino que es el protocolo a

seguir luego de que contratasen a alguien para la compañía.

—No estés nerviosa, seguro quedará encantado, aunque siempre anda una estaca en el culo, le

decimos el póquer face. — dice Andy con su pose de diva.

— ¿Póquer Face?

—Sí, nunca sabes lo que está pensando, siempre anda con su mirada fría y no le habla a nadie, que

Archie le haya pedido que viniese es nuevo, él nunca baja a ver las filmaciones y mucho menos a

conocer el personal. —Prosigue Andy— siempre está encerrado en su oficina lujosa, qué te digo

querida, suerte.

¿Suerte?

Ahora sí que estoy en problemas, conocer al cara dura o al póquer face dueño de la compañía, es un

juego sucio, pero como toda una ruda que soy, nunca demuestro nervios, profesionalismo ante todo.

Miro por el rabillo del ojo que Archie se acerca con el que supongo es el Señor Grandchester.

—Candy White. Él es el Señor Terrence Grandchester.

Levanto la mirada para conocerlo y ¡Me muero! No ¡Moriré aquí mismo! ¡Relájate Candy! Quizás no

te reconozca con todo lo que llevas puesto.

¡Es el imbécil de ojos azules del café!

—Mucho gusto, Señorita White —maldito tiene el cejo fruncido, Andy tenía razón, parece que

tuviese una estaca en el culo, definitivamente es un póquer face.

—Mucho gusto, Señor Grandchester. —estrecho su mano. Mierda. Estoy temblando.

Me observa y pido a Dios y los seiscientos santos que no me reconozca.

— ¿Entonces no eres modelo? —pregunta de brazos cruzados.

¡Ya me jodí!

Toda una profesional le contesto:

—La verdad no, pero... — ¡Pero es perfecta!—Dice Archie interrumpiendo y Dios bendiga a Archie

por salvarme.

Me sigue observando.

—Buen trabajo, Señorita White.

Ni siquiera sonríe, en el café me sonreía.

Mis piernas están a punto de temblar, miento, ¡Están temblando! Como un terremoto de magnitud 7.5

Definitivamente no me reconoció, un hombre como él, metro noventa y su traje oscuro que

seguramente es ve tan bello, calculo que tiene unos treinta.

Él era capaz de decir algo cuando me vio en ese momento y no lo hizo.

¡Estoy salvada!

A los pocos minutos de que el señor cara de póquer Grandchester, saliera del estudio, fui directamente a

cambiarme, empezaría a trabajar mañana a primera hora y por las tardes asistiría a la universidad.

—Candy, el señor Granchester te quiere ver en su oficina. — me indica Archie.

— ¿A mí? —pregunto cardiaca.

—Sí.

¿Sí? Sólo un Sí, no me dice ni siquiera para qué, el Señor no gigoló Grandchester quiere verme en su

oficina, sólo espero que no me haya reconocido, aunque no todos olvidan cuando se les manda a

comer mierda un domingo por la mañana.

Camino por un largo pasillo junto con la que supongo que es la asistente del Señor Grandchester, una

rubia, sí, definitivamente llena de silicona, alta, su ropa muy elegante, definitivamente bella y parece

amable, me pregunto si se sentirá intimidada por su jefe como me siento yo ahorita.

—Pase adelante, el señor Grandchester la está esperando. — me indica.

Toco con mis nudillos en blanco, estoy nerviosa y siento que me muero antes de poder entrar.

Entro a la oficina, y vaya que razón tenía Andy, es una lujosa oficina, tiene el doble tamaño que mi

apartamento, muy colorida con vista a más edificios, un cuadro colorido y extraño está colgado

detrás de su escritorio, donde él se encuentra sentado con una pierna sobre la otra, está vestido con un

traje azul oscuro y una camisa blanca, ¡Umm! No me había fijado detalladamente antes lo que llevaba

puesto, y si no fuera el no gigoló que conocí en el café, le caería encima.

¿Pero qué estás diciendo, Candy White?

—Siéntate— demanda, encantador carácter y tan temprano.

—Entonces—dice arrogante, esa mirada la conozco— ¿Te gusta tomarme fotos y también que te

tomen?

¡Será hijo de puta! ¡Lo sabía!, pero las pagará, profesionalismo ante todo, ya sé cuál es su juego y no

voy a jugarlo.

—No era usted mi objetivo, señor Grandchester.

— ¿Señor Grandchester? —dice extrañado.

—Pensé que me llamaba idiota narcisista.

Rio para mis adentros, y después que me trague la tierra, insulté a mi jefe, al imbécil, guapo de ojos

azules de mi jefe.

—Si hubiera sabido que sería mi jefe, no lo hubiese llamado de esa forma, señor Grandchester. —Maldito,

lo odio, quiere intimidarme y no lo va a conseguir.

—Tranquila, me han dicho cosas peores— Y atina en lo cierto, lo hubiese llamado hijo de puta, pero

ya se había ido.

— ¿Por qué no me ves, te pongo nerviosa?

¡Sí!

—No, señor.

—Háblame un poco de ti. —Aquí vamos, lo sabía. Debo ser bruja y no modelo.

— ¿Qué quiere saber? — lo reto, y sigo su juego.

— ¿Entonces puedo preguntar lo que sea? —pregunta con arrogancia.

—No, me refiero a... —Tranquila, tampoco soy tan curioso. —me interrumpe, el muy maldito cara

de póquer.

—Eres estudiante, por lo que puedo ver en tu solicitud. — concluye.

¿Cómo puede tener mi solicitud? Claro, es el dueño. Lo sabe todo, hasta lo que no le importa.

—Sí, necesito un trabajo para terminar mis estudios en unos días.

Su cejo ya no está fruncido, hasta me parece un poquito amigable, pero sólo un poquito, no quiero

que se infle más su arrogancia ante mí.

En ese momento su teléfono suena.

— ¿Qué pasa, Julia? — supongo que Julia es su asistente. Me observa y su mirada corre por todo mi

cuerpo, ¡Depravado!

Corta la llamada y dice con un tono sexy: —Puede retirarse, señorita White.

¡Maldito arrogante y su mirada depravada! Pensé que moriría en su escritorio, estaba tan nerviosa,

pero gané, porque no demostré en ningún momento que él me intimidaba, y debo aceptar algo, no

había conocido a ningún hombre que pudiese intimidarme con sólo mirarme.

Salgo corriendo como loca de ahora mi nuevo trabajo y conduzco el robot hasta mi apartamento que

me espera con ansias. Definitivamente tengo que contarte esto a Annie, ya puedo escuchar sus

chillidos de que soy la peor amiga de todas por no trabajar con ella en el bar.

Así que decido llamarla camino a casa.

— ¡Qué! ¿Modelo? No sabía que te gustaban esas cosas, Candy. —chilla Annie del otro lado.

—Lo sé, pero mira que no ha sido nada fácil, ni yo misma puedo creerme que ahora trabajaré de

modelo.

— ¿Eres estúpida o te haces?

—Umm, Ninguna ni la otra, cariño.

—Era retórica, me refiero a que eres hermosa y siempre te he dicho que en vez de estar detrás de una

cámara seas tú la que esté enfrente.

Lo admito, Annie siempre me ha dicho que mis grandes ojos verdes, mi cabellera rubia, y mis

curvas, siempre debí ser modelo y no un marimacho con cámara.

—Te veo mañana, de acuerdo.

—De acuerdo, tienes que contarme con lujo de detalle todo.

Cuando Annie dice con lujo de detalle, es literalmente con lujo de detalle, la adoro, ella siempre ha

estado conmigo; nos conocemos desde siempre y ella también perdió a su padre, años antes de que

falleciera el mío, fue algo que nos unió más que nunca. También estudia en la universidad de Artes,

actuación; y vaya que gran actriz es, como las de las telenovelas mexicanas, debería ser ella la que las

protagonice algún día.

El reloj suena y odio levantarme estúpidamente en coma, amo dormir; pero debo admitir que mi

trabajo será divertido, sólo espero que el señor Grandchester se mantenga al margen, no quisiera volver a

decirle idiota delante de todos porque no quiero perder mi trabajo.

Después de la ducha, me pongo unos vaqueros, una blusa de tirantes y no hace falta mencionar, mi

chaqueta de cuero, amo mi chaqueta de cuero, fue un último regalo de mi padre y me acompaña a

todos lados. Este día no iré en el robot ya que Annie prometió pasar por mí para ir juntas a comer

debido a que es nuestro día libre en la universidad.

Al llegar a la compañía tengo que dirigirme directamente al estudio, mi trabajo será sólo en

fotografía primero, después filmaré comerciales. Filmar comerciales definitivamente me rehusaré a

hacerlo, he visto algunos donde las modelos tienen que poner cara de sexo ardiente, y eso no va

conmigo, soy todo menos sexy y mucho menos quiero que hombres toquen mi cuerpo.

Al entrar a los vestidores me encuentro con Andy. —Cariño, ¿pero qué facha es esa?

—Esta soy yo, la temeraria Candy.

Carcajea como toda una diva. —Parece que vas a filmar una película de James Bond.

— ¿James Bond? Es lo peor que he escuchado.

—Cariño, tú puedes ser el doble de James bond y al mismo tiempo la chica Bond cuando te quites

esos trapos de encima.

Carcajeamos de nuevo. —Ya que lo dices, el cara de póquer, será el villano.

—Hablando de él, escuché que te llamó a su oficina —cuchichea— ¿Te desnudó en su escritorio?

Le lanzo un peine pero se agacha. —Eres una lora loca, deja de decir eso, solamente me hizo unas

preguntas. No tiene nada de raro que tu jefe te haga preguntas ¿No?

Él se queda pensativo y dice:

—Estás equivocada cariño, ninguna modelo durante los cinco años que llevo trabajando aquí,

ninguna ha entrado a su oficina.

Eso me deja pensando un poco y siento que me va a dar algo. Me intriga ser la primera y me

pregunto ¿Por qué? Tanta exclusividad, él bajó a conocerme y pidió que me presentara en la oficina,

definitivamente el póquer face no es de fiar.

—Pues, quizás es porque se dieron cuenta que no era modelo. —contesto para desviar la

conversación.

— ¡Qué! ¿No eres modelo?

—No lo soy, no hasta ahora.

—Cariño, si no eres modelo entonces a mí me gustan las mujeres.

No puedo evitarlo y carcajeo hasta más no poder, definitivamente el ambiente laboral será mejor de

lo que pensé. Personajes como Andy alegrarán mis días.

Después de unas largas carcajadas, Andy termina de prepararme, estoy usando un vestido blanco de

encaje, mi cabello luce hermoso, Andy no sólo es una lora parlante, también tiene talento, ha

logrado domar mi cabello.

Me dirijo hacia el escenario de fotografía, y de inmediato Archie me entrega la joyería, esta vez la

real, es hermosa y me siento poderosa por las siguientes horas que estaré sosteniendo las preciosas

piedras. Pienso en mi madre, no le he dicho que tengo un nuevo empleo, y estoy pensando en cómo

reaccionará mi hermano, es un cabezón celoso y le agradezco por cuidarme tanto. Él es tres años

mayor que yo, vive con su esposa y mi sobrina, Samantha, somos almas gemelas, es el castigo de mi

hermano por haber peleado conmigo tanto cuando éramos pequeños, su pequeña Samantha, es igual

de loca como yo.

Después de una hora de fotografías, veo al cara de póquer que se acerca y habla con Archie, me siento

nerviosa, aclaro mi garganta cada cinco segundos. ¿Por qué estoy tan nerviosa?

Relájate, Candy White, sólo es un hombre con traje que se cree dueño del mundo.

Bueno, no será dueño del mundo, pero sí de la empresa en la que trabajo, y es mi Jefe, el guapo de mi

Jefe, cara de póquer.

Cuando termina mi primer día de trabajo la lora de Andy dice:

—Te dije que te quiere desnudar, él nunca anda por aquí, y ha venido a verte.

—Ya te dije que es porque quizás no confía en mí, porque no soy modelo.

—Sí cariño, sigue pensando en eso. Después me contarás.

Nunca ni en un millón de años, un hombre como Treence Grandchester, se fijaría en una mujer como yo,

no soy como las de su especie, ni nivel social, y yo jamás me fijaría en un hombre de hierro y

arrogante como él. Fin de la historia.

Estoy afuera del edificio Grandchester, y Annie lleva una hora de retraso, y para terminar de acabarla, está

empezando a oscurecer. No me gusta esperar tanto tiempo, no soy amiga de la paciencia. Cuando

decido coger un taxi, un idiota pasa a toda velocidad y se lleva mi cartera.

—¡Hijo de puta! —Grito a los cuatro vientos.

¿Ahora qué voy a hacer? Voy a matar a Annie, sí, definitivamente eso haré.

Decido esperar unos minutos más, cuando veo salir un BMW negro y baja la ventanilla.

— ¿A quién esperas, extraña? — pero qué demonios, es Terrence, digo, el señor Grandchester.

—Pues parece que mi día no ha sido tan de suerte hoy. —contesto de malas y decido no mirarlo.

—Entra, yo te llevo. —manda como si fuese una orden que debo seguir. ¿Pero quién se cree?

—Estoy bien, iré caminando, señor Grandchester. —eso último sonó sarcástico, pero la verdad es que no

estoy de humor para soportarlo.

—Está bien, si faltas mañana es porque alguien te ha secuestrado. —expresa con malicia el muy señor

estaca en el culo.

¡Lo voy a matar! Pero primero voy a matar a Annie y los enterraré juntos.

—No se preocupe, el peligro ya pasó, salió corriendo junto con mi bolso.

Cuando digo bolso recuerdo algo: La vieja Canon que mi padre me regaló. Al instante caigo de

rodillas y empiezo a llorar. Esa cámara era especial, era la que mi padre me regaló.

¡Me quiero morir! ¡Maldita delincuencia!

Siento unas manos que tocan mis hombros, el señor Grandchester ha bajado de su auto lujoso y se ha

acercado a mí.

— ¿Estás bien? ¿No te han lastimado?

Cómo puedo y sin ver su rostro contesto:

—No, estoy bien.

—Entra, yo te llevo. — dice, y reconozco un tono diferente, ya no es de mando, es como si estuviese

rogándome que entre con él a su auto.

Acepto y entro con él.

En el camino estoy secando mis lágrimas, y me siento nostálgica, una parte de mí se fue, el maldito

hijo de puta robó no sólo mi cámara, sino un recuerdo muy especial.

— ¿Estás bien? —pregunta el señor Grandchester.

—No. No estoy bien. —de pronto la vieja Candy se asoma y ahora soy yo la que hace cara de póquer.

— ¿Te robaron mucho? —pregunta con temor.

—Demasiado.

— ¿Llevabas mucho dinero?

En ese momento recuerdo lo que dijo en su oficina, que no era un hombre tan curioso, supongo que

también era un mentirosillo como yo.

—Pensé que no era tan curioso, señor Grandchester. —sonríe.

Veo que levanta la comisura de su labio, no es tan cara de póquer después de todo.

—Es por cómo reaccionaste. — dice y de nuevo entra en modo póquer face.

—Supongo que no es el dinero el que me interesa.

— ¿Qué es entonces? —pregunta curioso, y es todo un poema su cara de curiosidad.

—En mi bolso iba la vieja Canon que mi padre me regaló.

Entonces empiezo a llorar de nuevo, odio llorar y no solamente eso, lo estoy haciendo delante de él.

—Lo siento, pequeña. —dice, y me quedo helada, ahora la que tiene cara de leche cortada soy yo,

¿me dijo pequeña? La primera vez que me dijo así me importó un rabino, ahora me siento extraña

que lo diga, porque es mi ¡JEFE!

No me había dado cuenta que estábamos llegando a mi apartamento. ¿Cómo carajos sabe dónde vivo?

—No te asustes, no te estoy acosando, sé dónde vives porque soy tu jefe.

Sí, ahora es mi Jefe, segundos antes era su pequeña. Vaya comedia la de él.

—Supongo que sí.

Me deja enfrente de mí no lujoso apartamento y me aclaro la garganta, odio cuando eso pasa, son

síntomas de que estoy por orinarme encima.

—Umm, gracias, señor Grandchester.

—No agradezcas, mañana daré la orden que aseguren todo el personal que salga.

Que decepción, la palabra "personal" me hace sentir como del montón.

¿Serás idiota?

¿Y que eres?

¡Pues una empleada!

—Pediré que escolten, especialmente a ti.

Mi corazón bombea rápido, dijo ¿Especialmente a ti?

—Gracias, señor Grandchester.

Camino las pequeñas escaleras a mi puerta y volteo, él sigue ahí, en su lujoso BMW.

— ¡Entra rápido, no quiero que ahora te roben a ti por no llevar bolso!

Me paralizo, siento que mis piernas me están fallando de nuevo, entro de inmediato y me quedo en la

puerta, me siento como la princesa del cuento, rescatada por el príncipe azul. El guapo de mi jefe de

ojos azules, el imbécil cara de póquer no es tan imbécil como pensé.

Cuando entro a mi habitación, llamo a Linda, por suerte mi teléfono siempre lo llevo en mi chaqueta

y no en el bolso.

— ¡Lo siento, Candy!, lo siento, tuve que venir antes al bar, todo es un caos por aquí. —chillaba Annie.

—No te preocupes, me debes una cámara.

— ¿Quién te llevó a casa?

—El cara de póquer. —contesto y suelto una sonrisa estúpida.

— ¿Quién es cara de póquer?

—Pues quién más, mi jefe.

Escucho cómo chilla Annie emocionada. — ¿Te estás ligando al jefe?

— ¿Me crees idiota? No, él sólo me encontró afuera de la compañía y quiso darme un aventón.

— ¿Segura que sólo eso pasó?

—Sí, idiota.

—Ven al bar, quizás podamos hablar un poco. —propone Annie, ya sé que espera una gran entrevista

con lujo de detalle de lo que pasó.

Sin pensarlo dos veces, entro al robot y me dirijo al bar donde trabaja Linda, el Luxar, escucho la

radio y dicen que se esperan unas noches lluviosas, perfecto, la lluvia me deprime, es algo que no

puedo evitar, me recuerdan a mi padre, llovía la noche en que él murió.

Cuando llego al Luxar, Annie está como trompo en la barra sirviendo tragos, veo que ha reservado

una silla para mí.

—Guapa, lo mismo de siempre. —le grito, y ella me sonríe, Annie sabe que no tomo alcohol.

Inmediatamente me da un vaso de té frío, todavía no entiendo cómo pueden tener té frío en un bar.

—Cuéntame, y ese jefe tuyo cara de póquer, ¿Está guapo?

A Annie le faltan sólo dos barritas para que se declaré ninfómana.

Me encojo de hombros. —Umm. No sé, no es mi tipo.

— ¡Candy Rose White! —gruñe.

—Es mi nombre.

— ¡Te gusta!

¿¡Qué!?

—Por supuesto que no. —contesto dando un sorbo mi té dulce.

—Sí, te gusta he visto cómo tocaste y arrugaste tu nariz.

Mierda. Mi auto reflejo siempre me delata cuando miento.

¿Me gusta mi jefe?

¡Imposible!

Maldita, la odio, me conoce tan bien.

—No me gusta, jamás alguien como él se fijaría en alguien como yo.

—Entonces te gusta, has llegado a la conclusión por algo, Candy.

Entonces recuerdo la primera vez que lo vi, leyendo el periódico en el café, su manera de decirme

pequeña, sé que sólo han sido pocas veces, pero cómo me mueve el piso cuando lo hace. Pero NO, es

mi JEFE, mi JEFE. Mi jodido jefe.

—Annie, tú sabes muy bien que no puedo estar con nadie—aclaro—Tú más que nadie sabe mi pasado

y lo marcada que estoy, así que no te ilusiones, no va a pasar.

—Me asusta cuando dices la palabra marcada, tú no estás marcada, sólo tienes miedo, y antes de que

me mandes a la mierda, mejor me voy a trabajar. Te veo luego, amiga.

Me regala una sonrisa y se va, sabe que me ha dejado confundida por todo.