Cuando veo que Annie sigue como trompo atendiendo a los clientes y sirviendo tragos, siento una

extraña sensación y volteo a mi par, hay un hombre, borracho, sí, definitivamente borracho;

viéndome.

—Preciosa, ¿Quieres un trago?

Asco. —No, gracias.

— ¿Qué pasa, eres tímida?

Puedo manejar situaciones así, pero llego a un punto débil en algún momento y me congelo, espero

que no pase hoy.

— ¡No me ignores, te he hecho una pregunta! —grita cerca de mi cara.

— ¡Y yo he terminado contigo, idiota!

— ¿Te han dicho que te ves linda cuando te enojas?

—No, pero supongo que también me veré linda cuando patee tu culo, borracho de mierda.

— ¿Cómo me has dicho? — y de estos momentos estoy hablando, cuando me han provocado, puedo

parecer una fiera dispuesta a pelear, pero por dentro soy una paloma.

El borracho se acerca más a mí, dirijo mi mirada de AYUDA a Annie y ella se acerca.

—Fuera de aquí, has tomado suficiente. —Gruñe Annie al borracho.

— ¿Es tu zorra? —Mis mejillas están que arden, estoy asustada pero no quiero demostrarlo, no es un

buen momento para demostrar debilidad. No ante el peligro.

— ¡Vete a la mierda!

El sujeto enfurecido toma de mi brazo y antes de poder gritar siento que alguien lo lanza lejos de mí,

el borracho cae al suelo y dos gorilas lo sacan a patadas del Luxar, mi corazón bombea a morir,

siento que mis rodillas me están fallando, y no es buena señal, sólo ruego que no me dé un ataque de

pánico en estos momentos.

Cuando los gorilas arrastran al borracho de mierda, me doy cuenta que hay una tercera persona con

ellos, se acerca a mí y mi boca prácticamente está abierta y mis ojos se abren como platos. Él me

defendió, él estaba ahí en el momento perfecto para protegerme.

Mi jodido Jefe.

— ¿Estás bien? ¿Te ha lastimado? —pregunta tomando de los hombros y me observa por todos lados

para ver si estoy bien.

Yo no puedo decir ni una sola palabra porque pienso que estoy soñando en este momento. —Soy Terrence Grandchester, el Jefe de la Señorita White. —dice presentándose a Annie, que en ningún

momento vi cuando saltó del otro lado de la barra.

—Mucho gusto, señor. Soy Annie, la mejor amiga de Candy.

—Señorita White, ¿Se encuentra usted bien? —repite y esta vez logro parpadear.

—Sí, estoy bien, gracias.

—No agradezcas, pero la próxima vez no provoques a un borracho, son de lo peor.

Rio para mis adentros y no puedo quitar la mirada de sus ojos azules como el océano.

—No lo haré, señor.

—Bien, sigue disfrutando de tu… ¿Té dulce?

—Sí, ella no toma. —lo sigue Annie, ya le cayó bien y ahora nadie la va a detener de su

interrogatorio.

—Bien, sírvele otro, va por mi cuenta, hasta mañana, señorita White, y tenga mucho cuidado.

Aclaro mi garganta una vez más.

—Hasta mañana, señor Grandchester.

Se da la vuelta y su espalda es sexy, quisiera fotografiarla y pegarla encima de mi cama para ser lo

último que vea antes de dormir.

—Candy, aterriza—susurra Annie—Vaya, tu jefe es un sueño, está apetitoso.

Reímos, después del gran susto.

—Eres una idiota, gracias por defenderme.

— ¿Estás loca?, el que te defendió fue el bombón que tienes por jefe.

—Lo hubiese hecho por cualquiera, fue casualidad—respondo sin demostrar importancia. En el

fondo sé que actuó normal, así como cuando me llevó a casa.

—No Candy, tú no eres cualquiera, y definitivamente las casualidades no existen.

Me despido de Annie, ha sido una noche, miento, un día largo. Saco las llaves del robot y me dirijo a

mi apartamento, tomar una ducha caliente y a la camita.

Los días vuelan y al final de la tarde, hay una nota en el vestidor:

"El Señor Grandchester quiere verla en su oficina de inmediato"

¿De inmediato? Y ahora qué habrá pasado, ¿Estaré despedida?

Sin parpadear, cuelgo mi chaqueta y me dirijo a su oficina. Si algo sé a ciencia cierta es que no debo

meterme con el jefe, no debo enfadarlo y no debo mostrarme arrogante ante él, y mucho menos

después de salvarme dos veces. Toco la puerta y él responde que pase.

—Señorita White, tome asiento por favor. —Vaya, ahora me lo pide de por favor.

— ¿Cómo se encuentra hoy? — eso es nuevo, nunca antes lo ha preguntado. Y en realidad me siento

como la mierda, no pude dormir en toda la noche y he estado deprimida. ¿Por qué? Sobran las

respuestas.

—Bien señor, gracias por preguntar— y antes de que me interrumpa le regreso la pregunta — ¿Y

usted cómo se encuentra hoy?

Él arquea una ceja y me doy cuenta que lo he sorprendido.

—Estoy bien, Señorita White. Archie dice que has hecho un gran trabajo. —dice y siento un nudo en

mi estómago.

—Muchas Gracias, Señor Grandchester.

— ¿Quieres seguir trabajando para mí? — esa pregunta me sorprende, de inmediato mi mente

empieza a trabajar más duro y sólo pienso en lo peor.

—Señor, yo no soy modelo, pienso que fue pura suerte; pero no creo que sea para mí por mucho

tiempo.

No puedo evitar no sentirme nerviosa, estoy siendo honesta con él y me da temor.

—De algo estoy seguro, Candice White, y es que la suerte no existe, si estás aquí es por algo y si no

quieres aprovechar la oportunidad que muchas matarían por tener, está bien, tú decides. — siento que

la Candy gruñona se quiere asomar, pero mantengo la calma. Ahora actúa arrogante y frío, bien, no

me importa.

—Yo… le agradezco, pero estoy por terminar mi carrera, no creo que pueda estar aquí para siempre.

— él asiente y sé perfectamente que esa respuesta no la esperaba de mí. Pero no puedo, siento que no

puedo seguir trabajando con él, y no lo quiero en mi cabeza en estos momentos.

Lo veo y él tiene su cara de póquer y de pronto suelta:

—Eres libre de retirarte cuando quieras.

¡Mierdaaaaaa!

Voy al vestidor, y estoy por llorar cuando Jackie se acerca.

— ¿Qué pasa, cariño por qué esa cara?

—Nada, creo que me equivoqué, esto no es para mí.

— ¿De qué hablas? ¿El cara de póquer te despidió?

—No, creo que soy yo la que debe de renunciar.

— ¿Pero por qué, cariño? —Llámame, te prometo que te contaré algún día todo.

Me despido de Andy y me sorprende que llora al verme salir, ha sido un buen compañero de trabajo

y amigo, a pesar de sus locuras.

Me voy a la universidad con los pocos ánimos que tengo, me encuentro con Annie y ya puedo

escucharla chillar por lo ocurrido con el señor Grandchester la otra noche.

—No vayas a empezar Annie, voy a renunciar.

— ¿¡Por qué!?

—Nunca debí ir, no es mi ambiente.

— ¿Y qué ambiente es el tuyo, Candy? Ninguno.

—Gracias, amiga. — digo irónicamente.

—Es verdad, siempre huyes de las cosas, nunca terminas lo que empiezas, tienes que darte cuenta que

es una buena oportunidad. —Prosigue regañándome como una magdalena: —tu jefe parece ser una

buena persona.

—Vaya, con que de eso se trata, pues amiga tienes la libertad de ir a por él.

—No seas ridícula, él se ve que babea por ti.

—Entonces, yo soy la Reina de Inglaterra.

Escuchar todo aquello me enfada, más cuando se trata de Annie regañándome, no tiene sentido, y

nada de lo que tenga que ver con el señor, o mejor Terrencen idiota cara de póquer Grandchester, tiene

sentido para mí.

En la última clase estoy cansada psicológicamente, quiero ir a casa y dormir, supongo que tendré que

pensar en la vieja propuesta de Annie, trabajar en el bar con ella.

Escucho que abren la puerta del salón y no me molesto en ver cuando dicen:

—Permiso, siento mucho interrumpir tan importante clase, pero necesito hablar con la señorita Candice White.

¡Pero qué carajos está haciendo él aquí! ¿Cómo carajos sabía dónde estaba? Claro, es el señor todo

poderoso, él lo sabe todo y apuesto a mis últimos dólares en el bolsillo que lo que no sabe se lo

inventa.

Me levanto con furia de mi escritorio y salgo del salón, no sin antes tomándolo del brazo, (unos

brazos bien definidos) y le digo:

— ¿Se puede saber qué hace, señor Grandchester?

Él me ve con recelo y está como cuando lo conocí, esa maldita cara de arrogante comprado de

siempre. —Tienes que venir conmigo, tengo algo que decirte.

¿Ahora le urge hablar conmigo? Pues quién se ha creído —Maldición, No puedo salir así, estoy en clase.

—No maldigas. Y sí puedes— dice como el rey del mundo, se dirige al salón de nuevo y le dice a mí

profesora:

—Señorita… Brown (lee en su gafete) La señorita White tiene que retirarse de su importante clase,

¿Hay algún problema con eso?

Y como la profesora Brown es una señora de sesenta años, por lo que veo no tiene muerta ninguna

hormona todavía, babeando le contesta al póquer face:

—N…No… Ninguno, señor.

—Muchas Gracias—prosigue él saliendo del salón y tomándome del brazo, no me lastima; pero no

me gusta.

No me gusta que me den órdenes.

Nos dirigimos en lo que es ahora un Ferrari rojo, ¿Por qué no me sorprendo?, abre la puerta del

pasajero y me quedo de pie.

—Entre, señorita White, debemos hablar de algo muy importante.

¡Órdenes! Y más órdenes.

No quiero discutir y entro, estoy furiosa, quiero arrancarle cada uno de sus hermosos pelos de la

cabeza, sacarle esos hermosos ojos azules con mis uñas.

Sí, ya sé, HERMOSOS, ya lo acepté. Pero lo sigo odiando.

—Se cree muy ingenioso por ser un hombre importante, señor Grandchester. —quiere jugar, pues vamos

a jugar.

—No lo creo, lo soy, y tú lo has confirmado. — ¡Maldito arrogante de mierda! Odio que me hable

así, tan prepotente, narcisista con estaca en el culo, pero me las va a pagar, tarde o temprano, las va a

pagar, me ha hecho pasar el peor ridículo de toda mi vida.

— ¿Qué quiere? —pregunto refunfuñona.

No contesta y veo que nos dirigimos al mismo café de la primera vez que lo vi, el café era exclusivo

para mí todos los domingos, ahora él lo ha arruinado. ¡Maldito seas póquer face!

Entramos al Belmont Park, ordena dos café, estoy segura que humo sale de mi nariz y él está tan

pasivo, no frunce el entrecejo, mientras creo que el mío ya cambio de lugar.

— ¿Me va a decir qué es lo que quiere, señor Grandchester?

—Quiero que trabajes para mí de nuevo. —suelta.

¡Que llamen a los bomberos, voy a quemar a este hombre con su café!

—Imposible. —respondo con simpleza. —Quiero que trabajes para mí, hasta que termines tus estudios, trabajarás medio tiempo, tendrás los

días libres que necesites y los permisos que quieras para tus exámenes finales y tu graduación.

¡Hijo de puta! Me la pone fácil y tentadora.

— ¿Por qué yo?

—Porque siempre obtengo lo que quiero, y quiero que trabajes para mí.

Quiero levantarme de la silla y caerle encima, quebrarle su duro cráneo con mis propias manos,

siempre obtengo lo que quiero, de eso no hay duda, pero yo no soy su juguete, primero me habla

arrogante y ahora quiere que trabaje para él, me rehúso a aceptar.

—Entonces, sólo soy un capricho para usted, señor Grandchester. — ¡Toma una cara de póquer!

—Capricho o no, sabes que es la mejor oportunidad que alguien te pueda ofrecer.

Estoy furiosa, jamás me había sentido tan ofendida, necesito el trabajo, él sabe que lo necesito y por

eso se está aprovechando de mí, de mi necesidad. Mis ojos se humedecen, respiro profundo para no

llorar delante de él.

—Ustedes los que tiene el poder, creen que pueden manipular y aprovecharse de la necesidad de las

personas como yo, para satisfacer un capricho; pero se equivoca conmigo, necesito el trabajo, pero

de nuevo le repito; no voy a seguir trabajando para usted.

Me levanto de la mesa, antes de tomar el café y dejarlo como sombrero mañanero en su cabeza.

— ¡Espera, CnadicC! —grita, pero no volteo, estoy furiosa, y hasta quiero llorar, pero primero muerta

antes de volver a llorar delante de él.

Tomo un taxi y regreso por el robot a la universidad, salto de un golpe al asiento del conductor y

conduzco muy furiosa, entonces mis lágrimas empiezan a brotar como las cataratas del Niágara.

Me duele, me duele mucho su humillación, capricho o no, sabía que hombres como él eran

peligrosos; todos son iguales, con su dinero y su buen porte como multimillonario que puede hacer y

deshacer a su antojo. Malditos millonarios y su bonito culo, todas caen rendidas a sus pies, pero yo

no, yo no soy ninguna manejable a la que puede usar.

No sé cuántas horas he estado dando vueltas por toda la ciudad en círculos, pero ya anocheció y estoy

cansada de llorar; he recibido llamadas de Annie, pero no he querido responder; al llegar a mi

apartamento recibo una llamada de un viejo admirador y decido contestar.

—Hola, Max, ¿cómo estás?

—Bien preciosa, ¿Quieres ir a cenar?

—La verdad Max…

—Vamos no seas mala, no estaré en la ciudad por largo tiempo y quiero verte.

A regañadientes contesto que sí, en menos de media hora pasa a recogerme en mi apartamento.

—Estás preciosa—dice, viendo de pies a cabeza. Malditos hombres y su entrepierna saltona.

Vamos a comer a un restaurante cerca de casa, le pedí que no fuéramos tan lejos, y el lugar era nuevo

y ya días quería probar la comida.

Como era de esperarse, la compañía no era agradable y la comida tampoco, Max bebió unas copas de

vino, más de las que pude contar, y pasó todo una hora enamorándome que le diera una oportunidad.

—No te vas arrepentir, Candy, te quiero y lo sabes.

—Mira Max, eres un buen amigo pero no quiero una relación en estos momentos. —directo a la

friend zone.

Después de mi respuesta veo que está disgustado, así que le pido que me lleve a casa, me duele la

cabeza y estoy exhausta. Al dejarme en mi apartamento me sorprende que él baje del auto también.

—Me agradó mucho volver a verte, Candy—susurra en mi oído, puedo sentir el olor al vino y me da

asco.

—Conduce con cuidado, Max.

—Candy—dice con mirada perdida. —Dame un beso.

Rio en voz alta y parece que no le agradó. — ¡Compórtate Max! Vamos, no arruines una bonita

noche, ve a casa.

—Dame un beso, no seas así. —dice acercándose cada vez más.

— ¡Max, contrólate estás ebrio!

Eso lo enfurece y me toma de la cintura, mis piernas quedan congeladas y su mirada está perdida,

quiero gritar pero no puedo.

— ¡Max mírame, estás ebrio no cometas una estupidez! —Te deseo, deseo tu cuerpo en mí. —susurra tomándome de la cintura, me lastima y eso me deja

helada, siento que voy a desmayarme del susto, entonces veo que alguien se acerca y aparta a Max de

un golpe, esta vez lo golpea y lo tira al suelo, no hay gorilas, sólo hay un hombre, él mismo de

siempre.

El señor Grandchester.

— ¡Vete de aquí, hijo de puta! o pediré a mis hombres que te maten a golpes ahora mismo. — estoy

helada, escucho un grito de Annie que se acerca.

—Candy ¿Estás bien?

No puedo contestar, otra vez siento que me muero, y esta vez sí me muero.

Veo que Max sale enfurecido a su coche y arranca el motor, el señor Grandchester se acerca a mí con su

respiración a mil.

— ¿Estás bien, Candy? — me pregunta, pero no puedo contestar.

— ¡Dios, vine a visitarte, no has respondido a mis llamadas y me preocupé! —solloza Annie

No puedo respirar, siento que el corazón se va a salir de mi pecho.

— ¿Candy, responde? — dice Annie. Ella sabe lo que está a punto de ocurrir.

— ¿Qué sucede? ¿Candy? — pregunta Grandchester nervioso.

— ¡Hay que llevarla adentro! Candy estarás bien. —Dice Annie.

Sólo escucho voces no puedo moverme, mis piernas se debilitan, mi respiración se acelera, pero

siento que no llega aire a mis pulmones, siento las manos del señor Grandchester y me lleva en sus brazos

adentro del apartamento.

— ¿Qué le está pasando, Annie? —pregunta tembloroso y preocupado.

—Le está dando un ataque de pánico. —responde Annie.

Me acuestan en mi cama, y sigo sin poder respirar, él me toma y me acuesta en su pecho boca arriba,

puedo sentir su respiración y su pecho sube y baja en mi espalda.

—Respira Candy, vamos, respira conmigo. —dice una y otra vez.

Siento las lágrimas en mi rostro, Annie también está llorando y veo cómo sostiene mi mano.

—Odio cuando te pasa esto, no quiero pensar lo que hubiera pasado si no hubiéramos venido a

tiempo.

—Vamos Candy, Respira, despacio, siente mi respiración, respira conmigo.

Mi respiración se calma poco a poco, pero las lágrimas siguen brotando, estoy helada, tengo frío y

estoy temblando, odio cuando pasa; no quiero ni imaginarme en cómo me veo en estos momentos.

De pronto siento que el señor Grandchester, toma mis manos y las calienta con las suyas, mi respiración se está estabilizando, nunca me había recuperado tan rápido de un ataque de pánico, siento su pecho

cómo se contrae una y otra vez en mi espalda, puedo sentir su respiración, su aliento, su calor y me

quedo dormida tomada de sus manos.

Al despertar a media noche de un tirón, siento que alguien está a mi par y ronca como locomotora,

Annie. Se ve linda cuando duerme, la amo, es como la hermana que nunca tuve,

lamento mucho que haya tenido que verme así otra vez.

Camino a la cocina por un vaso con agua, siento mi garganta seca después del tormentoso episodio.

— ¿Cómo te sientes? — dice alguien atrás de mí y brinco como loca.

— ¡Dios! señor Grandchester ¿Qué hace aquí?

—Pequeña, Lo siento por haberte asustado. —se disculpa y veo en su rostro una terrible

preocupación, jamás imaginé ver al cara de póquer que se preocupara por algo o por alguien.

—Yo…—hago una pequeña pausa y tengo ganas de llorar de nuevo, ¿Qué pasa conmigo ahora?

—No te preocupes, me da gusto que estés mejor.

Veo su chaqueta en el suelo y su corbata sobre el mueble.

— ¿Usted estaba durmiendo en mi sofá?

Él sonríe —Sí, no quería irme sin asegurarme de que te recuperaras, le has dado un susto a tu amiga.

—Annie, ella es todo para mí.

—Lo sé, pude darme cuenta de ello.

La situación es incómoda, y de repente el hombre de hierro cara de póquer, se ve vulnerable y triste.

—Gracias.

Él se sorprende porque le estoy dando las gracias y no lo llamo por su apellido.

— ¿Gracias de qué?

—Por ayudarme de nuevo.

—No agradezcas.

Veo que él toma su saco y se dirige a la puerta, voy detrás de él para acompañarlo y siento un

pinchazo en mi corazón, no sé qué es, pero no quiero que se vaya.

—Candy, una cosa más. —dice dándose la vuelta y sosteniendo la manilla de la puerta.

— ¿Sí?

—Escoge bien a tus amigos de ahora en adelante, no quisiera que alguien volviese a querer

lastimarte. Me aclaro mi garganta, eso no suena cómo una orden, suena a preocupación, ¿Él se preocupa por

mí?

¡Que bien se siente que el señor cara dura se preocupe por mí, al mismo tiempo tengo

miedo, estoy volando alto, soñando imposible, así que rompo mi burbuja soñadora y entro a la

realidad.

—Sí, señor Grandchester, y gracias de nuevo.

Cuando regreso a la habitación, Annie está sentada sobre la cama, supongo que ha escuchado toda la

conversación.

—Veo que no me equivoqué. —lo dice muy seria y eso me preocupa.

— ¿De qué hablas?

—Él te ve de manera diferente Candy, y tú también lo ves de la misma forma—afirma.—Él no quería

irse, se quedó hasta verte dormir, pude ver en sus ojos mucho miedo.

—Cualquiera se va a preocupar si ven a alguien en ese estado.

—Sigues de idiota sin darte cuenta. Está bien, lo que tú digas.

—Lo siento, es sólo que, no quiero pensar en otra cosa, no lo conozco Annie, no sé quién es él.

—Pues empieza por regresar a tu trabajo, idiota.

—Está bien, se lo debo.

—Y Candy…No vuelvas asustarme así. No te pongas en riesgo de nuevo.

Cierro mis ojos y me doy la vuelta, Annie durmiendo a mi par ya no tarda en volver a roncar, pero

viniendo de ella lo puedo soportar, es mi mejor amiga y sé que lo que dice tiene razón, pero no

quiero aceptarlo, no puedo estar con nadie, ni siquiera puedo soñar que estoy con alguien, no quiero

y no debo.

CHICAS HOLA DE NUEVO VEO QUE LES ESTA EMPEZANDO A PICAR LA CURIOSIDAD TRANQUILAS ESTO APENAS COMIENZA Y CANDY CONTARA EN SU DEBIDO MOMENTO QUE FUE LO QUE LE PASO. MUCHAS DICEN QUE CANDY DICE MUCHAS PALABROTAS Y LO SIENTO POR ESO PERO TRATO DE BORRARLAS Y CUANDO LO HAGA LA PERSONALIDAD DE CANDY QUEDA HUECA ENTONCES MEJOR LA DEJO ASI CON EL TIEMPO IRA MEJORANDO ESE FEO LENGUAJE QUE MANTIENE ASI TAMBIÉN COMO SU ACTITUD ESQUIVA Y TOSCA ES SOLO CUESTIÓN DE TERRY BUENO AQUI LES DEJO EL CAPITULO DE HOY ESPERO LES GUSTE Y CREO QUE LOS FINES DE SEMANA SUBIRE 2 POR DIA QUE TENGA UN LINDO FIN DE SEMANA BESOS