Al día siguiente, siento un nudo en mi garganta y unas terribles y malditas ganas de llorar, fechas
como hoy quisiera dormir todo el día y despertar dos o tres días después. Pero es imposible, la
realidad es cruda y hay que aceptar con todo lo que se viene encima.
No quiero ir a casa, no quiero ir a la universidad, me siento como la mierda o peor que la mierda,
quiero morir, quiero gritar. Entro a una licorería y recuerdo el trago favorito de papá, el Tequila
Patrón
Sin pensarlo compro una botella y me dirijo donde está sepultado, escucho mi celular y es una
llamada de Annie, ignoro, entonces recibo un mensaje.
«Candy, ¿Estás bien?»
«Estoy bien, no te preocupes, no deseo hablar en estos momentos»
«Sé que día es hoy, no estás sola, ¿Quieres que te acompañe?»
«No hace falta, te veo luego, Te quiero.»
Estaciono el robot y entro, puedo sentir mi corazón latir rápido, me siento rota. Voy adentrándome
más al cementerio Carroll y voy tomando grandes sorbos de Patrón.
Cuando estoy enfrente de la lápida de mi padre, no puedo evitar no sonreír al leer su epitafio.
"ESPOSO Y PADRE DE DOS REBELDES, LOS AMARÉ HOY Y SIEMPRE"
Sollozos y gritos internos, mientras sigo bebiendo mi botella.
—Cinco años, papá, cinco malditos años que también estoy muerta por dentro.
Sollozo más fuerte y lloro con todas mis fuerzas.
Mi padre, mi mejor amigo y mi héroe, no está conmigo, y lo peor de todo es que yo no pude estar
cuando murió; porque en el momento en que iba a verlo, un maldito me estaba violando bajo la
oscura noche.
— ¡Contéstame! — Le grito a mi padre una y otra vez. — ¡Contéstame! ¿Por qué debo vivir?
— ¡¿Qué voy a hacer sin ti?!
— ¿¡Cómo voy a enfrentar mi vida sin ti, papá!?
Entonces escucho pasos, mi alma me duele, mi pecho y mi garganta, el dolor que siento es inmenso,
sollozo y susurro a mi padre que lo amo una y otra vez.
Los pasos siguen acercándose entonces alguien me llama por mi nombre.
—Candy.
Este hombre me va a volver loca un día de éstos.
—Señor Grandchester ¿Qué hace aquí? —pregunto y tomo más sorbo de mi botella.
—Lo mismo te pregunto a ti. —contraataca.
— ¡Déjeme sola! — le grito, pero él se acerca más y cuando quiero darle otro sorbo a mi botella, él
me detiene con delicadeza y la quita de mis manos.
—Te llevaré a casa.
— ¡No, déjeme aquí! — joder, se ve tan lindo, estoy tan borracha que podría besarlo en estos
momentos.
—Estás ebria, no te dejaré aquí, ven conmigo. — suena tan sexy, pero lo sigo odiando, por ser
arrogante y jodidamente guapo.
Así que me acerco y creo que estoy tan borracha como para no lamentarme de nada, tocó suavemente
su rostro, y para sorpresa mía él lo permite, sus ojos azules como el océano y el cielo me ven, así
como el océano guarda secretos, en su mirada también puedo ver que oculta algo. Limpia mis
lágrimas, huele tan delicioso, me acerca a su pecho y siento que el aire me falta y mi visión empieza
a oscurecerse.
Despierto en mi habitación, veo el reloj y son las seis de la mañana, parece que me he desmayado por
largas horas debido al fuerte alcohol, tengo un terrible dolor de cabeza y mi estómago está a punto
de explotar.
Me siento en la orilla de mi cama, y me sorprendo por lo que veo, definitivamente tengo que estar
soñando. Es imposible, el señor Grandchester, el multimillonario cara de póquer, esté durmiendo al pie de
mi cama.
Se ve tan guapo dormido, puedo ver los pocos botones que tiene abrochados, su pecho, ¡Oh Dios!
Que hombre más bello. Juraría que puedo enamorarme de él en menos de una hora si sigo viéndolo
como una depravada sexual.
Me dirijo al baño, mi estómago arde y me duele, y como toda una perdedora borracha, meto mi
cabeza dentro del váter, y todo el contenido del día anterior sabe de todo menos a tequila. Siento
mareos y casi no puedo sostenerme, cuando abro mis ojos veo que el hombre de hierro ha
despertado, seguro mis gemidos lo despertaron, me ayuda y aparta mi cabello, pero me siento
avergonzada por la escena, es de todo menos sexy.
— ¡Váyase! — logro decir, antes de volver a vomitar de nuevo.
— Mierda. ¡Por Dios, Candy! Déjame ayudarte.
Moja una toalla en el lavado y lo pasa por mi boca, el vómito se ha calmado, y mi cara sé que es del
color de una hoja de papel.
— ¿Te sientes mejor? — pregunta, puedo ver la tensión en sus ojos, está preocupado por mí y eso me
gusta, pero no quiero llamar su atención de esta manera, no vomitando ni siendo rescatada por
hombres que intenten propasarse conmigo.
—Sí, gracias.
Minutos después, me doy una ducha, salgo en mi bata de Tom & Jerry y él todavía está en la cocina,
hay unas bolsas plásticas sobre la mesa, parece que ha pedido a su gorila que vaya a por comida.
—Bonita bata—sonríe—Come, y si te sientes mal, llámame y te llevaré al médico. —ordena y por
más que odio que lo haga, esta vez lo dejo.
—No quiero que vayas a trabajar en ese estado.
—Está bien, señor Grandchester.
—Que se mejore, Señorita White.
Entramos a escena, jefe y empleada de nuevo.
Después de devorar como un lobo hambriento el desayuno que mi jefecito ha comprado para mí, me
siento mejor; estoy avergonzada por mi comportamiento, pero cuando se trata de mi padre y la falta
que me hace cada día, es imposible que actúe de una manera racional.
Leo un poco y repaso algunas fotografías, tengo suerte de no haber perdido las películas de mi vieja
cámara, ya que había cambiado el rollo un día anterior.
Está oscureciendo y parece que el clima no está muy amigable hoy. ¡Odio que llueva!
Navego un poco en mi laptop nueva y empiezo a revisar apuntes de la universidad, edito fotografías y
demás cosas, me siento aburrida, y escucho la tonadilla de mi correo:
Mierda.
De: Terrence Grandchester
Fecha: 3 de Enero de 2014 07.19
Para: Candice White
Asunto: Es una orden
Señorita White:
Cena conmigo, en media hora.
Terrence Grandchester.
GRANDCHESTER ADVERTISING, INC.
¡Por Dios y los seiscientos santos! Está loco, no quiero involucrarme de ninguna forma. Tecleo
rápido y contesto:
De: Candice White
Fecha: 3 de Enero de 2014 07.20
Para: Terrence Grandchester
Asunto: En cama
Lo siento señor Grandchester, no puedo aceptar su propuesta.
Candice R. White
De: Terrence Grandchester
Fecha: 3 de Enero de 2014 07.21
Para: Candice White
Asunto: Es una orden.
No fue una pregunta, señorita White, es una orden.
Media hora.
Terrence Grandchester
GRANDCHESTER ADVERTISING, INC.
¿Pero quién se cree? Definitivamente el cara de póquer se está empeñando por conocer a la Candy
gruñona White.
Decido no contestar y que espere con su abuelita, no voy a ir a ningún lado con él, es más; me pondré
el pijama de The Walking Dead, una de mis series favoritas de todos los tiempos y a la camita a
ver una película, ya es tiempo que me consienta un poco.
Veo el reloj y faltan cinco minutos para que se cumpla la media hora que el hombre de hierro
ordenó, yo no sigo órdenes en mi casa, sigo solamente cuando trabajo para él.
Ocho en punto y el timbre suena, ya sé que es el póquer face y decido no atender, ignoro y le subo el
volumen a mi plasma que me costó un ojo de la cara, pero ha sido el capricho más bonito que me he
podido dar.
Suena mi móvil y es el hombre que da órdenes, ignoro y sigo viendo el programa de animales,
domador de gatos, vaya nombre de programa y el domador. Tranquiliza a los felinos de una forma
divertida, amo a los gatos, el último gato que tuve murió atropellado y desde entonces, me rehúso a
volver a tener mascotas, no soporto las pérdidas.
Sigue sonando el timbre y me estoy enfadando, luego suena mi móvil con la famosa melodía que he
dedicado al señor cara de póquer, malévola como él.
«Señorita White, le he dado una orden y no la está cumpliendo» «Señor Grandchester, yo no sigo órdenes en mi casa, de nuevo me disculpo pero estoy ya por dormir.»
¡Puntos para mí!
No responde, y de pronto escucho que tocan a mi puerta. Es imposible que él haya podido entrar al
edificio, así que decido abrir y para sorpresa mía, y ver en las greñas que ando, una terrible
vergüenza y cólera interna recorre cada uno de mis poros.
— ¿Se puede saber quién lo dejó entrar? — gruño al cara de póquer, o sea mi jefe.
—Tengo mis contactos—añade con su famosa cara de arrogante— veo que necesitará más tiempo
para vestirse. ¿O es temporada de brujas y me lo he perdido?
¡Ahora es cómico!
—Ni brujas ni nada, estoy por dormir.
—Está bien—contesta calmado y saca su móvil y dice: —Leo, ve al restaurante, ellos ya saben lo que
he ordenado y tráelo al edificio de la señorita White.
Corta la llamada y asiente con la cabeza, sólo espero que no sea lo que estoy pensando, porque lo
mato, ¡Lo mato!
— ¿Qué se supone que está haciendo, señor?
—La cena, como tú no quieres ir a cenar, traeré la cena aquí a tu apartamento.
Parece que el jefe quiere morir hoy, cree que puede dar órdenes a sus gorilas y hacer lo que se le
antoje, me siento en deuda; pero cuando se comporta de forma autoritaria me enfada y me enfada
mucho.
—No voy a dejar que haga eso, por favor, señor Grandchester, retírese de mi puerta.
—Aceptas o te cargo en mi espalda y hago que vayas a cenar conmigo, no me importa llevarte en
pijamas, creo que sería divertido.
¡Agárrenme porque le caigo encima! Lo odio, es un imbécil. Respiro profundo y pienso en lo que
acaba de soltar, sé que me cargaría, sé que es capaz de todo y lo que menos quiero es ir a hacer el
ridículo con él, suficiente tengo ya con que me haya dejado en ridículo el otro día en la universidad.
¿Quiere jugar? Pues sigamos jugando.
—Está bien, señor Grandchester, usted gana, pase adelante, no está de más decir que está en su casa. — rio
hipócritamente e inmediatamente voy a cambiarme el pijama, qué ridícula me he de ver con la cara de
un tipo llena de sangre, parece mi novio porque estoy segura que una facha así traigo en estos
momentos.
—Señorita White, el sarcasmo no le da. —sonríe y se sienta.
Cambio mi pijama por unos vaqueros y un suéter, peino mi cabello un poco y salgo a la sala, y en
menos de diez minutos escucho el timbre, es el gorila que viene con la comida que el hombre de hierro le ha pedido.
Abre la puerta y le da las gracias a su gorila, puedo ver que sonríe el tal Leo, está gozando las
travesuras de su jefe. Serán idiotas ambos.
Inmediatamente y como buena anfitriona que soy, voy en busca de unos platos y unas copas, suerte
que mi hermano me regaló estas copas hace mucho tiempo, hacen buen juego con mis platos
plásticos de dibujos animados que Annie me regaló en broma el otro día, y estoy segura que el señor
Grandchester está acostumbrado a comer en porcelana o lo que sea que coman los estirados como él.
Risotto. La comida es sagrada y es una de mis favoritas, Dios, este hombre lee mi mente, será
brujo, me gusta que haya elegido algo rico; lo veo comer y lo escaneo con la mirada, parece que su
traje azul marino y su camisa celeste es lo más fino de mi apartamento, se ve tan guapo, y yo tan
embobada, dejo caer un poco de risotto en mis piernas.
¡Maldición!
¡Ahora ríe!
Pensé que la estaca en el culo era permanente, inmediatamente empiezo a reír junto con él, la verdad
que toda la escena ha sido muy divertida, y lo perdono porque la comida está deliciosa.
— ¿Le gusta lo que he pedido, señorita White?
—Sí, es delicioso.
Como no soy amiga de la paciencia, no puedo evitar no preguntarle a qué se debe tanta atención.
— ¿Puedo hacerle una pregunta?
—En ese caso, serían dos. Ya has hecho una.
¡Ja! el hombre no entiende que conmigo no va el sarcasmo, sólo yo juego para ese lado y a él no le
va.
—Bien, al grano ¿Por qué insiste tanto conmigo?
— ¿Insistir qué?
—Esto, la cena, su ayuda. — me doy cuenta que he hecho más de dos preguntas y él inmediatamente
le cambia el semblante.
—Quiero ser tu amigo.
Me ahogo y bebo un poco de agua, ¿Escuché bien? ¿Amigos?
— ¿Amigos?
—Sí, amigos.
Entonces recuerdo lo que me dijo, que eligiera bien a mis amigos y sé que lo enojará, pero me pica
la lengua, no puedo evitar no decirlo. —Señor, con todo respeto, usted me dijo que eligiera bien a mis amigos — veo cómo de inmediato
su mirada cambia y prosigo: —Usted es mi jefe, y yo no soy amiga de mis jefes.
Él no responde y sé que cuando hace eso, me va a soltar una estupidez.
—Entonces estás despedida, y así podemos ser libremente amigos.
Mi mandíbula se tensa y siento ganas de caerle encima a golpes, odio que se aproveche de la
situación y sea tan imbécil, parece que su estaca sigue en su culo después de todo.
—Prefiero trabajar, a ser su amiga, señor.
—No lo apruebo. —bufa.
Necesitaré un poco más de fuerza con este hombre, me está volviendo loca.
—No necesito amigos, ya tengo demasiados.
Parece que eso no le gustó, cara dura entra en acción. — ¿Demasiados?
—Sí. —contesto tajante.
—Espero no sean como el de la última vez. —agrega.
Inmediatamente recuerdo el momento y la respiración me falla. No lo tenía que mencionar, me pone
mal sólo de recordarlo, no entiendo por qué tiene que ser tan tosco conmigo.
—Lo siento Candy, no debí decir eso. —Se disculpa.
¿Ahora soy Candy de nuevo?
Respiro hondo y antes de mandarlo a la mierda le digo:
—No se preocupe, ya entendí la moraleja.
Él se da cuenta de su error. —Te propongo algo, déjame ser tu amigo hoy y veremos mañana si
quieres seguir siéndolo.
¿Y eso cómo se juega?
Es imposible ser amiga de alguien que tiene múltiples personalidades, primero es un caballero,
después mete su estaca y actúa como todo un hijo de puta conmigo.
— ¿Siempre se sale con la suya? —pregunto con ironía.
—No siempre, a veces los demás no se molestan en llevarme la contraria.
—No apostaría por ello.
Devoro lo último de mi comida y estoy más tranquila, barriga llena, corazón contento; le digo que
me acompañe a la sala, y sé que ha de ser un gruñón que no conoce nada del mundo, inmediatamente
pongo el canal de la ópera.
Él se sienta lejos de mí, cruza sus piernas y pone la mano en su mandíbula, correría por la cámara que me regaló para tomar una fotografía pero orgullo es mi segundo nombre, no lo hago. Se ve tan
guapo mi jefe.
Minutos de silencio, hasta que decide romper el hielo.
—Opera è perfetta.
¿Ah?
Mis ojos se abren y buscan los suyos. ¿Me está hablando en italiano?
—No sabía que te gustaba la ópera. —dice sonriente. Ahora sonríe de nuevo.
Ve mi expresión de sorpresa.
—Soy italiano, pensé que lo sabías—dice a respuesta de mi pregunta no formulada.
¿Italiano?
Wow. Más bueno no podía ser. Ahora entiendo, Risotto y la ópera.
—Me encanta, con mi padre la mirábamos todo el tiempo.
—Hablas en pasado.
El tono de su voz es dulce y se muestra interesado.
—Ayer se cumplían cinco años de haber fallecido. — siento mis ojos que van arder de nuevo, quiero
llorar, pero no lo haré.
—Lo siento mucho, ¿Puedo saber cómo murió?
—Estaba enfermo, el cáncer acabó con él en un abrir y cerrar de ojos.
Puedo sentir cómo su mirada se clava en mí, pero yo no dejo de ver la televisión. Decido no seguir
con mi duro pasado y es mi momento para atacar.
—Cuénteme de usted. —propongo y cambio de tema.
—Pues, sólo tienes que buscar en Google. —responde, ahí vamos otra vez.
—Sé del señor Grandchester, yo quiero saber de Terrence Grandchester
Mi pregunta le ha dejado sin parpadear y me siento poderosa, no se lo esperaba, sí señor cara de
póquer, yo también tengo mi carta bajo la manga.
—No hay nada que contar. Soy lo que ves — directo en el blanco, escarbé donde no lo esperaba. Y sé
que detrás de toda esa fachada de cara dura, tiene que haber algo de fluido sanguíneo.
—Imposible, ¿Acaso usted se imaginaba que era una modelo cuando me vio por primera vez en el
café?
—La verdad no—responde honesto, me sorprendo y continúa: —sé que eres más que una cara bonita.
¿El cara de póquer me acaba de hacer un cumplido? ¡Imposible! No me la creo, si no tuviera mi culo sentado, me caigo directo al suelo.
—Gracias, señor.
— ¿Tienes más familiares?
—Mi hermosa madre, el cabezón de mi hermano y una pequeña sobrina; los extraño muchísimo.
Él sonríe y eso me gusta.
—Es usted muy afortunada, señorita White.
— ¿Qué hay de su familia?
Se tensa y no responde, parece que pregunté demasiado.
—Sólo soy yo, y le repito señorita White, es usted muy afortunada.
He llegado a la conclusión de que él es así porque está totalmente solo en el mundo, no confía en las
personas ya que es un hombre rico o simplemente es arrogante de nacimiento. Cualquiera de esas
puede ser cierta.
Quizás es casado y está aquí en estos momentos, si es así me muero; pero veo que no lleva anillo y
así como cuchichean en la compañía, ya me hubiese enterado si es casado o no.
—Me tengo que ir, ha sido un placer. —se dirige a la puerta y evita sonreír. Dios, el hombre se
autocastiga demasiado.
—Gracias, señor.
Él se detiene a la puerta y choca conmigo al darse la vuelta. Siento una vibración en todo mi cuerpo,
y me tenso.
—Señorita White, después me dice si quiere seguir siendo mi amiga. — balbucea de forma coqueta,
ya lo voy conociendo. Lo observo alejarse de mi puerta y me quedo viéndole el culo.
¡Qué bonita retaguardia la de mi maldito jefe!
CHICAS QUISE SUBIRLES DOS CAPÍTULOS PORQUE NI YO MISMA ME AGUANTO LA INTRIGA DE QUE PASARA AUNQUE SEA YO QUIEN LA EDITE JAJAJA ESPERO LOS DISFRUTE CREO QUE EN EL TRANSCURSO DE LA NOCHE SUBIRÉ TAL VEZ OTROS DOS SUELO DORMIRME ALGO TARDE LOD VIERNES Y COMO YA LES DIJE ME MUERO DE GANAS DE SABER QUE PASARA JAJAJAJA TAL VEZ MAÑANA EN LA TARDE HAGA UNA MARATÓN LES DESEO UNA BUENA NOCHE MUCHOS BESOS
