Al salir del trabajo, me dirijo por los pasillos hacia la salida, pero me quedo paralizada por lo que

veo, el cara de póquer, el cara dura, el señor Grandchester, ¡mi maldito JEFE!, camina por el pasillo con

una Pelirroja tetona que lleva un diminuto vestido y tacones que te dejan sin aliento. De inmediato intento

disimular mi reacción, pero él me ve, yo sé que se dio cuenta que me sorprendí.

—Buenas tardes, señor Grandchester. — expresó sin verlo a la cara y sigo mi camino, parpadeo varias

veces, siento que mis ojos arden, pero ¿Por qué? Es mi jefe, no tengo que sentir ningún sentimiento

hacia él, Andy tiene razón, no debo jugar con fuego, mujeres como ellas son las destinadas a estar

con hombres como él, no como yo, una simple fotógrafa que vive en un tercer piso de un edificio

que está a punto de derrumbarse.

Conduzco el robot camino a mi casa y decido llamar a mi madre.

— ¡Mi pequeña!, ¿Cómo has estado? — Dice mi madre, emocionada de mi llamado.

—Bien madre, ¿Cómo estás tú y George?

—Estamos bien mi niña, te extrañamos, espero nos visites pronto, cariño.

—Lo haré madre, la graduación se acerca y tengo una sorpresa para ustedes, especialmente la cara

que ponga mi querido hermano.

—No lo enfades, ya sabes que es sobreprotector, pero lo hace porque te amamos.

—Lo sé, Lo sé, no cantes más, por favor. Te amo, te veo pronto.

Me despido de mi madre y pienso en la cara que van a poner cuando vean mis fotos y el nuevo

comercial que gravé hoy.

No olvido la expresión del señor cara dura al verme posar en el comercial en blanco y negro de

perfumería PASSION. Rio para mis adentros más de una vez, jamás me imaginé hacer algo como eso,

estaba tan entaconada y maquillada que difícilmente me reconocí, pero me siento orgullosa del

resultado.

Mi hermano Albert, es un bombón, siempre fue la comidilla de la escuela con sus grandes músculos y

sus ojos azules igual a los de mi padre, siempre me protegió, pero cuando estuve en peligro, él no

pudo hacer nada y se culpa a sí mismo por ello.

Cuando se casó con su esposa, Maria, otra rebelde como su cuñada, o sea yo, mi hermano casi se

vuelve loco, porque el día de su boda decidimos tomar el auto y hacer carreras, amo las carreras,

igual que Maria, pero mi hermano no le permite manejar desde que tuvo un pequeño accidente en

carretera.

Llego a mi casa, tiro mi bolso y me quito los zapatos, sensación extrema, pongo un poco de música, me doy una ducha y preparo algo ligero de comer. Extraño tener una mascota, un día de éstos

compraré una para no sentirme tan sola en casa.

Suena mi móvil y es Annie.

«Candy, estaré en tu apartamento muy pronto, he decidió no ir a trabajar hoy para que preparemos una pijamada.»

¡Genial! Lo que necesitaba, largas charlas con mi mejor amiga, necesito desahogarme, estoy por

escuchar lo que me dirá acerca de mi jefecito y sus conclusiones locas de que el cara dura y yo

tenemos química.

¡Cero puntos para mi jefe!

En menos de una hora Annie llega al apartamento, la recibo con un fuerte abrazo, y de inmediato

tengo ganas de llorar.

—Conozco esa cara y sé que no es nada bueno, ven cuéntame qué pasa. —atina Annie

—Estoy preocupada por la graduación—miento—dentro de poco extrañaré la escuela y las clases.

—Lo sé, pero sé que no es por eso que tienes cara de culo. Así que habla o te haré hablar.

Suelto una gran carcajada y decido contarle todo lo que ha estado pasando con mi querido jefe, pero

su reacción es todo menos lo que esperaba.

—No lo conoces, tú sabes cómo hay cuchicheo en todos los trabajos, si supieras lo que dicen de mí

—murmura y continúa con el drama— la noche anterior me vieron tomando un trago con un cliente

y una hora después dijeron que esa noche pasaría en su cama.

— ¿Y la pasaste?

Se Mofa y asiente —Pronto te bautizaré como ninfómana.

Carcajeamos juntas y ella sigue con su discurso de telenovela mexicana.

—Entonces hermanita, tienes que aceptar lo que siente tu corazón, quieres besarlo y tocarle el culo, ¡Hazlo!—me mofo yo también.

—Es mi jefe, y está más que claro que cuando me reciba de fotógrafa, dejaré de trabajar de modelo.

—Y tendrás más oportunidad, porque ya no serás la empleada.

Definitivamente, Annie es la peor consejera de todas, pero amo a mi locura de amiga.

Después de un rato de bisbiseo entre chicas, suena mi móvil, y su tonadilla es un poema para mis

oídos.

— ¡Jesús! Me he cagado en los calzones, pero qué clase de tonadilla es, Candy. Parece que estás

llamando al mismo diablo. —Es porque es él infierno que llama.

Veo mi móvil y es un correo de mi jefe, mi maldito jefe y su manera de sorprenderme.

De: Terrence Grandchester

Fecha: 1 de febrero de 2014 8.19

Para: Candice White

Asunto: ¿Amigos?

Señorita White:

Siento mucho lo del otro día.

Felicidades por el nuevo comercial.

Pd: ¿Su Jefe o su amigo?

Terrence Grandchester

GRANDCHESTER ADVERTISING, INC.

¿Pero me está tomando el pelo o tiene memoria a corto plazo?

Después de verle cómo llevaba de la cintura a la tetona rubia, me manda un mensaje tan

comprometedor. ¿Jefe o amigo? Le falto agregar MALDITO al lado de la palabra JEFE.

Respiro profundo y antes de ser despedida respondo:

De: Candice White

Fecha: 1 de febrero de 2014 8.21

Para: Terrence Grandchester

Asunto: Jefe

Señor Grandchester:

No tiene que disculparse más.

Gracias por valorar mi trabajo.

SU EMPLEADA Candice R. White

¡Toma una, cara de póquer! O mejor ¡Toma tres!

Annie ve mi expresión, sabe que he cometido una de las mías y no dice nada sólo ríe en silencio.

Pasan varios minutos y recibo un mensaje en mi teléfono del cara dura del jefe.

«Buenas Noches, Señorita White.»

Simple y rancio como él suena el mensaje, lanzo mi móvil a un lado y Annie lo pilla, lee cada uno de

los mensajes y ríe a carcajadas.

— ¿Pero qué te ha picado, culebra? —pregunto enojada, ella ríe y yo sufro por dentro.

Esperé que el señor Grandchester insistiera en su rollo de la amistad, pero me ha salido el tiro por la

culata.

—Están tan estúpidamente jugando con fuego los dos —masculla riendo—esos mensajes son iguales

a decir: ¡Ven Poséeme!

—Contigo todo tiene que ver con sexo.

—SÍ y NO, SÍ todo es mejor con sexo. Y NO porque… No amiga definitivamente sí, todo es sexo

para mí.

—Primero: Es mi jefe Segundo: no me provoques y Tercero: eres una ninfómana.

Lanzo un cojín a su cara y carcajeamos. Annie no sabe, pero lo que menos he pensado en mi vida

después de aquella experiencia traumática, es en la intimidad, es algo que jamás voy a superar.

Me dirijo a mi amado trabajo, y lo digo con ironía, pero no estoy dispuesta a dejarme vencer y

mucho menos por mi jefe guapetón, así que he decidido jugar sucio cómo lo ha estado haciendo él,

después de verlo con la rubia tetona, tengo una gran cólera interna. No entiendo a hombres como él, y sus múltiples personalidades, un día se preocupa por mí, me

obliga a cenar con él, y debo admitir que fue un poco romántica la cena. Me llama de todas las

formas tiernas, después por mi nombre, me pide que sea su amiga y luego le veo ir tomando la

cintura de la esquelética rubia. ¡Me muero! Es demasiado italiano frustrante para mí.

—Candy—indica Archie, mi otro jefe, pero el bueno—tenemos que hacer el comercial de ropa interior,

eres la estrella en estos momentos, pero quiero saber si estás dispuesta a hacerlo.

Pienso en la cara que pondrá el cara de póquer y no lo pienso dos veces.

—Cuenta conmigo, Archie, estoy lista.

— ¡Perfecto!

De inmediato me voy a los vestidores y el más emocionado es Andy, esa lora loca le encanta

disfrazarme.

—Quedaste hermosa, más de lo que eres— me veo en el espejo y ¡Dios! Parezco una ¡Puta! Pero de

las que cobran caro.

—Cuando el póquer face te vea, va querer llevarte de nuevo a su oficina y no precisamente a hablar.

Le pego su frentón y le digo: —Ya quisieras estar en mi lugar. — de inmediato reímos a todo pulmón

y salgo a escena.

Lo que temía, hay hombres casi desnudos a mi alrededor pero no me tocan, eso es un alivio, estoy

vestida en un traje blanco de encaje, demasiado sexy para mi gusto; cubre la parte más sensible de mi

cuerpo y mi cabello esta deslumbrante. Los modelos usan ropa interior y cada uno tiene como mil

músculos a la vista. Si Annie estuviese aquí presente tendría que escoger de tin marin de do pingue.

Empiezan a grabar y Archie empieza a decir:

— ¡Acérquense más! ¡Enamórala! ¡Toca su mentón! ¡Toca su cintura!

De nuevo siento que me va a dar algo una y otra vez. Lo que quería, y ahora temo ver que el señor

Grandchester está ingresando al estudio. Puedo ver su expresión por el rabillo del ojo y está furioso, veo

que habla con Archie, pero entonces aprovecho y empiezo a tocar el pecho de uno de los modelos

musculosos.

¡Asco!

Están llenos de brillantina y están pegajosos, definitivamente fue mala idea, pero no me puedo

retractar, menos si mi objetivo está enfrente de mí. Cuando uno de los modelos toma mi cintura de

una forma comprometedora, me estremezco y cierro mis ojos.

— ¡Que carajos, Terry!

Sí, ¡El maldito de mi jefe está llevando en sus hombros, sacándome de escena! ¡Será hijo de puta!

— ¡Bájeme! — le grito pegándole en su espalda (una bonita y fuerte espalda) No responde, sólo veo que vamos por los pasillos y todos ven la escena que el cara de póquer está

haciendo conmigo encima.

¡Lo odio!

— ¿¡Qué hace!? ¡Maldición! —grito una y otra vez y veo que estamos por entrar a su oficina.

— ¡No maldigas! —Gruñe—Que nadie nos moleste, Julia. —ordena furioso.

Lo que me faltaba, ahora se cree mi dueño el muy desenfrenado, perverso y fanfarrón estúpido de mi

jefe.

Me baja y siento la sangre hervir por todo mi cuerpo, quiero golpearlo y romper su duro cráneo

contra la pared. ¡Estoy furiosa!

— ¿Qué le pasa? ¡Está Loco! —grito y me importa una mierda que sea mi jefe en estos momentos.

— ¿Qué le pasa a usted, señorita White?—masculle—me dijo que no le gustaba estar rodeada de

hombres casi desnudos.

¡Sera pedazo de neandertal!

¡Tiene el descaro de decirme eso!

— ¡Yo puedo hacer lo que yo quiera! —respondo sin tapujos.

—Claro que puedes, pero no mientras trabajes para mí. — parpadeo mil por segundo y no puedo

creer lo que acabo de escuchar, es el colmo con este hombre. ¡Me muero!

—Usted no es mi dueño, señor, y si así quiere llevarse bien conmigo, pues empezamos mal, ahorita

mismo salgo de su afamada empresa y usted se puede ir al mismísimo infierno si quiere.

No parpadea, no reacciona, sólo me observa, estoy furiosa, pero él parece disfrutar verme así.

—No sé a qué juega, señorita White, pero no voy a dejar que lo haga.

Estoy a punto de llorar, pero no quiero hacerlo, no quiero hacerlo delante de él. A quién

engaño, estoy en un mar de llantos como una magdalena.

— ¡Yo no juego a nada! el que juega es usted. — esta vez no le grito, pero mis lágrimas están

cayendo cada vez más y más.

Él me observa y veo tensión en su mirada, preocupación, la misma mirada que hacía cuando estaba

en mi ataque de pánico.

—Te saqué de ahí—respira y cierra los ojos, está conteniendo la furia— porque no voy a permitir

que nadie te toque.

Eso me sorprende, ¿Está celoso? Es una mierda todo esto, celoso de mí y él se va con su rubia quién

sabe a dónde, a hacer quién sabe qué cosa y sólo de pensarlo se me revuelve el estómago.

— ¿Por qué? ¿A su novia también la retira de escena? —Que estúpida, para qué dije eso, ahora sabrá

que estoy enfadada porque lo vi con la pelirroja silicona. Él sonríe, y quiero matarlo, sé que disfruta verme así.

—Ella no es mi novia, ¿Está celosa, señorita White?

¿Celosa yo? ¡JAMÁS!

— ¿Celosa, de usted? —Digo alejándome de él. —Sólo somos amigos.

¡Seré imbécil!

— ¿Amigos? Entonces sí quieres ser mi amiga después de todo.

Muerdo mi lengua, no pude quedarme callada, y ahora él goza porque logró su objetivo, sacarme de

escena y verme llorar. Antes de seguir derramando más lágrimas ante él, limpio mis lágrimas y

aclarando mi garganta le digo:

—Ni su amiga, ni su empleada ¡Renuncio! ¡Me largo! —grito y su expresión es de un millón.

Entro al vestuario y me visto para salir corriendo, no quiero saber nada de don señor estaca en el

culo ni su empresa. Andy entra como la lora loca que es y está asustado por la reacción de mi ahora

Ex jefe.

—Cariño, lo siento tanto. —me abraza y lloro sobre su hombro, lloro de la cólera, de la impotencia,

de la confusión.

—Tengo que salir de aquí, te veo después.

Me despido de Andy y salgo corriendo al robot, necesito un trago, odio sentirme así, yo no bebo

alcohol, pero es la única manera de poder controlarme en estos momentos.

Me voy al Luxar donde sé que Annie entra horas después y no me va a hacer cara de leche cortada por

estar ebria.

Tres horas después sigo con mis mojitos en la barra y contándole mis problemas como toda una

borracha al amigo de Annie, David.

—Eso significa sólo una cosa, y como hombre lo sé perfectamente.

— ¿Qué? —pregunto hipando.

—Celos, mi amor. El hombre está locamente celoso y flechado por ti. — afamado por su gran y

estúpida conclusión continúa: — Y los celos sólo significan una cosa.

— ¿Qué? —vuelvo a preguntar.

—Está enamorado.

Carcajeo lo más fuerte que puedo. ¡Por favor! el cara de póquer que va a estar enamorado de mí, sólo se siente dueño del mundo y cree que puede manejar a las mujeres a su antojo, pero conmigo se equivocó

Minutos después llega Annie y desde ya, su cara es toda una ópera.

— ¿Se puede saber qué estás haciendo, Candice Rose White?

—Cállate, suenas a mi madre.

—Si tu madre estuviese aquí o tu hermano, patearían tu culo por estar borracha.

—Mírame cómo tiemblo—añado hipando. ¡Maldito alcohol!

Mi teléfono suena y es la romántica (sarcasmo) canción malévola, sólo se puede tratar de alguien, mi

ahora ex jefe.

Decido no contestar, me rehúso a seguir su juego, no estoy para jugar con nadie y mucho menos que

jueguen conmigo.

Dos horas más tarde el teléfono no ha parado de sonar y me estoy cansando, y como no le tengo

miedo decido contestar.

— ¡Aloooooooo!

— ¿Candy, dónde estás? —Por su tono de voz parece preocupado, pero ese tonito también se parece al

ser controlador.

—A usted no le importa. — carcajeo y Annie me observa con su todavía cara de leche cortada.

—Candy, ¿Estás ebria? ¿Dónde estás?

—Pues no sé jefecito, que va, ex jefecito.

Carcajeo y Annie se acerca furiosa y coge mi teléfono. —Oye estoy hablando con el cara dura—le

digo hipando.

—Hola, ¿Quién habla? —dice Annie.

Escucho que murmura y le pido otro mojito a David, pero éste me lo niega.

¡Joder con sus caras de leche cortada!

Escucho a Annie decir: —Estamos en el Luxar, Candy no ha parado de beber, la he encontrado en ese

estado y no ha querido irse a casa.

Será peor que un sapo mi mejor amiga, pero quién se ha creído poniéndose en mi contra. Es una vil

traición.

En menos de diez minutos llega el cara dura, se ve tan guapo con sus vaqueros, no lo había visto así,

siempre anda todo estirado en sus trajes de Armani.

Me busca con la mirada, y la rana de mi mejor amiga le hace señas con el brazo.

Una vez se acerca, me escanea con la mirada. — ¡Candy, es hora de irnos!

— ¡No!, no iré a ningún lado con usted. —grito riendo e hipando.

—Candy, tienes que irte con él—chilla ahora Annie, dos contra uno, ¡tramposos!

Como toda una actriz le digo: —Eres mi amiga y me arrojas a los brazos de un extraño— dicho eso,

hago cara de ópera, toda una víctima.

—No es un extraño, es el señor Grandchester del que no paras de hablar— ¡la mato! Eso era un secreto y

ahora el maldito lo sabrá.

Le doy la espalda al mi ex jefe y le grito a David que me de otro mojito pero me sigue ignorando y

me hace guiño con el ojo que me vaya con el cara de póquer.

¡Tres contra uno!

Es de esperarse del neandertal de mi ex jefe, me lleva de nuevo cargada en su espalda. Eso me hace

enfadar de inmediato pero esta vez no puedo moverme, estoy demasiado ebria.

— ¡Véanme! Sólo así consigue lo que quiere, como un animal. —grito a los cuatro vientos y todos

me observan. Sé que está furioso, y como siempre, me importa una rebanada de pepino.

Cuando me sube al coche siento una ganas terribles de llorar, empiezo como magdalena borracha a

hacerlo y él quiere tomar de mi mano, pero la rechazo, todo lo que tenga que ver con él lo rechazo.

Puedo ver por la ventana que no vamos a mi apartamento, la calle es diferente y está retirada de la

ciudad, de nuevo empiezo a llorar, siento un vacío en mi corazón, quisiera abrir la puerta y tirarme al

pavimento, ser aplastada por un automóvil o un camión, me da igual, sólo quiero desaparecer.

Estaciona el auto y cuando me ayuda a bajar, veo el gran edificio Hall. El muy cara dura me ha traído

a su maldito apartamento lujoso minimalista.

Parece que la borrachera está empezando a bajar. Al entrar a la casa, veo unos pisos de cerámica

blanca, todo es blanco, parece un loquero, igual a él. ¡Está loco!

—Buenas noches, señor Grandchester. —Lo saluda una señora, me sonríe muy amigable y yo apenas

puedo mantener mi cabeza firme. Qué vergüenza.

—Buenas noches, Sra. Ponny, le presento a Candice White.

—Mucho gusto, señorita White

—El gusto es mío, por favor, llámeme Candy

—Sra. Ponny, puede ir a descansar, gracias. —Le dice Terrence. Me sorprende su expresión ante ella,

parece ser alguien de mucha confianza.

—Gracias, buenas noches, señor, señorita. —Me sonríe. Debe preguntarse qué hago aquí a esta hora

de la noche, luciendo de esta manera.

Debo lucir mal. — ¿Dónde está el baño? — pregunto sin verlo a la cara.

Me indica donde está y al entrar me sorprendo, todo está perfectamente en orden y sacado de una

revista. Lavo mi cara y me veo toda despeinada, definitivamente ni una loca debería andar con los

pelos tan fuera de lugar.

Limpio mi cara y peino mi cabello con mis dedos, al salir lo veo que está sentado en un gran sillón

de cuero negro, al menos eso no es blanco. Frustrada me siento lejos de él, sólo me observa y yo me

siento ridícula por la escena que hizo de nuevo y por lo que Annie dijo. La mataré cuando la vea.

—Parece que le has dado una buena impresión a la Sra. Ponny. ¿Te sientes bien, quieres algo? —

pregunta y yo niego con la cabeza.

— No debo ser la primera en venir a su casa—Me fulmina con la mirada por mi comentario.

—La Sra. Ponny es mi ama de llaves, no podría empezar ni terminar mis días sin ella, es una buena

persona. — ¿Por qué me da explicaciones? —Y te equivocas, jamás traigo a mi casa a nadie.

Sí, Claro.

Él se acerca a mí, y se sienta a mi lado, mi corazón quiere salirse de mi pecho, estoy nerviosa, él me

pone nerviosa.

— ¿Por qué actúas así, Candy? —su voz suena rota, entonces lo veo, es una mirada diferente, no es

frío, no es duro ni cara de póquer, es la mirada de un hombre preocupado.

Entonces me quiebro. —usted no tiene idea de lo que es sentirse sola en el mundo.

—Te equivocas, lo sé— susurra—tú no estás sola, Candy.

Siento que el mundo se para, el señor Grandchester me está diciendo que también se siente solo.

Imposible.

— ¿Por qué dice que no estoy sola? — pregunto y dejo caer mis hombros, dejo caer mi armadura y

mis lágrimas empiezan a brotar.

—Yo estoy aquí. —sus grandes ojos azules se intuyen en los míos.

— ¿Por qué yo? —pregunto, y no quiero saber la respuesta.

— ¿Por qué no? —corrige.

Entonces recuerdo mi pasado, mis demonios internos y todo lo que él no sabe de mí, estoy rota, estoy

quebrada y marcada, no puedo estar con alguien como él ni en un millón de años. Él jamás se fijaría

en mí y yo no puedo ni siquiera soñar con eso.

—Usted no sabe lo que hace, yo no soy lo que usted cree— le suelto de un solo golpe y sin pensarlo

dos veces, retiro mi mirada. —Sólo somos amigos, jamás lo entendería.

— ¿Y si yo no quiero ser sólo tu amigo? — pregunta y mi mundo tiembla.

Lo veo y quito la mirada de nuevo, sus ojos azules, esos bellos azules como el océano me pone

nerviosa y no resisto verlo. —Mírame, dime que quieres ser sólo mi amiga—me reta, odio y amo a la vez cuando hace eso.

Lo veo. —Si… sólo quiero ser su amiga—Contesto frenética y desvió la mirada de nuevo.

—Ahora mírame y dime que sólo quieres que sea tu amigo. — se me eriza la piel y siento calor,

mucho calor. Su voz ronca, me estremece.

Levanto la mirada y lo veo, penetro mis ojos en los suyos, mis ojos están por derramar otra lágrima

pero él la atrapa, sus manos son suaves, su olor es único y varonil. Respiro hondo y respondo con

toda la sinceridad de mi corazón y mis demonios íntimos.

—No…

Sólo un No bastó para que se aproximara, me tomara con sus manos fuertes y acercara mis labios

con los suyos, dándoles una bienvenida dulce y llena de pasión, me besa y lo beso; es un beso blando

y sediento. Jamás me imaginé que un roce pudiese ser tan perfecto, tan mágico, es único y especial

por el desnudo instante de que ha sido.

Mi primer beso.

Me toma de la cintura y me sienta en su regazo, me sigue besando, besa mi cuello y toma mi cabello

como si le perteneciera, como si toda yo le perteneciera, pero tengo miedo, mis demonios están

alborotados y mi respiración empieza a elevarse. Me aparto de un salto y él se asusta.

—Pequeña ¿Estás bien?

De nuevo vuelvo a ser su pequeña.

—Sí, es sólo que, no quiero arruinarlo. —miento.

—No vas arruinar nada.

Se acerca a mí, quiere abrazarme pero lo aparto, el pánico se está apoderando de mí, él conoce esa

mirada y se asusta.

—Tranquila, no te haré daño. —demanda y toma mis manos y las besa, intenta tranquilizarme pero no

puedo, no puedo dejar de pensar en esa noche, en cómo un hombre estuvo dentro de mí por horas y

me hizo daño.

El ataque de pánico está apoderándose de mí de nuevo, él me toma en sus brazos y me lleva a su

habitación, vuelve a hacer lo mismo que hizo en mi apartamento, hace que respire con él, que sienta

su respiración en mi espalda.

—Respira, respira conmigo, tranquila.

Su voz, el sonido de su voz es todo lo que quiero escuchar, mi respiración se calma poco a poco, esta

vez no tardé en regular mi pulso. Él toma mis manos, las besa y besa mi cabello como si no existiera

un mañana.

Cuando ya me he recuperado de mi momento de pánico, él me observa y besa mi frente.

— ¿Qué te ha pasado, pequeña? ¿A qué le temes? No puedo decirle, no debo decirle; no lo soportará y yo no soportaré escucharlo de mis labios, no lo

he dicho nunca, mis labios jamás han pronunciado la palabra Violación.

Minutos después me quedo dormida y siento que él se levanta y me asusto.

— ¿Qué haces? —pregunto con mi voz quebrada.

—Iré a la otra habitación, no quiero molestarte.

Su mirada, sus ojos azules; sus ojos que guardan secretos al igual que los míos, el color verde de los

míos, como el color de los demonios internos, no quiero que se vaya, no quiero dormir sola, no

quiero sentirme sola esta noche. Voy a pedirle algo que jamás imaginé pedirle a alguien como él:

—Quédate conmigo.

Él se acerca, me besa y responde:

—Me quedaré contigo.