Death Note no me pertenece, como tampoco el título para este oneshot.


Advertencia: leve lime implicado. Y spoilers hasta el capítulo treinta y cinco de la serie.

Disfruten.


"Nunca tuvimos, ah. Nunca quisimos, ah. Una clase normal de amor"

- Tove Lo (9th of October)


9 de Octubre


Tiene bonitos ojos.

Eso es lo que piensa, la primera vez que la ve.

Aquella noche nublada y solitaria, en donde irrumpió sin permiso y sin ser llamado, en su departamento.

La esperó, sentado, observando todo a su alrededor. Los muebles, los cuadros, las fotos...

Había una mancha de moho formándose en la parte izquierda del techo, y platos sucios en la mesa de la cocina.

Fue lo suficientemente educado como para no servirse nada.

No hasta que ella llegara, por lo menos.

Y es cuando la ve entrar, congelarse y mirarlo (analizarlo), que no puede evitar sonreír.

Con malicia, claro está. Pero una sonrisa de todos modos.

Porque no es el color (aunque no recuerda haber visto unos ojos así en toda su corta vida) lo que lo deslumbra. Sino el cómo lo observa. Porque su cuerpo podía no moverse, su expresión ser neutral (aún más que la de él, su jefe) pero lo que lograba delatarla eran aquellas luces amarillentas.

Gélida pero pasional; buscaba provocarlo.

Y Mello sonrió de nuevo, al mismo tiempo que le apuntaba con aquella pistola que ahora ya formaba parte de su cuerpo.

Mientras que la otra arma menos obvia y más letal, yacía encima de su mesa de café.

.-.-.

Nadie lo había tomado por el tipo observador.

Ni Near, ni Matt, ni siquiera Roger o Wammy.

(Aunque estaba seguro de que L, en el fondo, alguna vez lo había hecho)

(Por algo había sido elegido como su sucesor, ¿no?)

Y es por eso, que logró sorprenderla la noche en la que le hizo esa pregunta:

:- ¿Qué demonios te pasa?

Porque, a pesar de ser una persona observadora, social, manipuladora y hasta espeluznante, seguía teniendo los peores modales. Habidos, y por haber.

(Era el líder de la mafia... un psicópata despreciable)

Halle se estremeció, pero no tardó en mirarlo de la misma manera que lo había hecho durante esas cinco semanas. El rubio sonrió.

:- ¿Por qué debería ocurrirme algo?

Oh y que mala mentirosa era.

A veces se preguntaba si Near sabía lo que hacían. Si al menos tenía alguna sospecha de que Linder era una doble agente (gracias a su servidor) y que era él, Mello, quien se encontraba detrás de toda aquella artimaña.

Si depende de su habilidad para ocultar la verdad…

:- Me miras diferente.

Y ahí estaba.

Tuvo que reprimir la risa al ver la expresión que se hizo presente en el rostro de la mujer. Pero, al ser ella, un mili segundo después, cualquier rastro que hubiese dado pie a una fotografía había desaparecido.

:- No sé de qué hablas.

Pero Mello no presionó.

Después de todo, ella no se miraba al espejo cada vez que él venía a recolectar la tan preciada información. No podía saber con seguridad si Halle era consiente o no, del cambio que habían sufrido sus ojos; su mirada.

Pero él, siendo quien era (sucesor de L, por un demonio), lo había notado fácilmente.

Vio como repetía aquel acto, sirviendo café en una taza de la que ella no bebería, y sonrió.

Lo sabía.

Solo que era demasiado cobarde (o inteligente) como para admitírselo.

Al igual que él.

.-.-.-.

:- ¿Te sientes bien?

Ahora, Mihael Keehl no era (ni fue) una persona a la que le fascinaran las sorpresas. No cuando tenía a Kira, la ley, el maldito SPK y al segundo (falso) L, detrás de él.

Andando con un nudo al cuello, y esperando impacientemente a quien se dignara a colgarlo del todo.

Gracias a todo eso no podía darse el lujo de esperar a que lo sorprendan. No.

Si bien era una persona que se lucia por su… espontaneidad y (en algunos casos) impulsividad, siempre pensaba todo por adelantado.

Por lo que aquel arrebato por parte de Linder (si bien era algo tan trivial como una simple pregunta, ambos sentados en su sofá, la televisión encendida) había logrado que una especie de escalofrió le recorriese todo el cuerpo semi quemado.

Sumado a ese tono sarcástico y la sonrisa en los labios de…

¿Por qué demonios tuvo que dejar que le quitaran el cuaderno?

Es demasiado testaruda como para sentirse intimidada por algo tan simple como un arma. Maldita h-

Estaba irritado (para variar), pero no respondió. Aunque no se le escapó la manera en que lo observó antes de retirarse a su habitación.

La estaba tratando diferente, lo sabía. El problema era que ella lo notaba.

Maldijo, para luego tomar sus pocas pertenencias y salir de allí.

Con un portazo, obviamente.

.-.-.-.-.

La noche en la que oye gemir su nombre (bueno, su sobrenombre) cree ver una pizca de aquella interesante e ilegible mirada una vez más.

Pero luego, ya no está.

Y sonríe. Por lo absurdo de la situación, porque ella está en su contra, porque trabaja para y con su enemigo, porque tiene casi el doble de edad, y porque…

Y, sin embargo…

La imagina. Imagina lo que haría si no estuviese ahí. Si no estuviese enredada en las sabanas con un asesino. Su rosario colgándole del cuello, adornandándole pecho. La boca de Mello recorriendo…

Estaría comprometida. Se vestiría con ceda, cenaría todos los viernes en un restaurante elegante, y viajaría cada año a diferentes partes del mundo.

Escucharía Mozart con él, y leerían juntos. Quizás hasta estarían planeando cuando podrían… si es que había una habitación para un…

Pero niega con la cabeza. Porque si bien podría pasársela pensando en lo que hubiese sido (de su vida, o de la de ella) él está allí.

Y, aunque sean más que diferentes, ella está allí también.

Linder (Halle) lo mira, realmente lo mira, y le sonríe.

Y Mello sabe que cayó, (fuertemente), pero no dice nada.

Por primera vez, no tenía nada que decir.

.-.-

El día en que habla con ella por última vez, no puede evitar sentirse un tanto… deprimido.

Porque sabe, muy dentro suyo sabe que aquello que está haciendo va a dañarla, y mucho.

Y, por un instante, vuelve a preguntarse que sería si Kira no… o si su rivalidad con Near…

Pero no.

Porque la realidad es la realidad, y en su mente ya no cabía lugar para las fantasías.

Piensa, antes de salir a la guerra, en aquellos ojos.

Y cae en la conclusión de que, jamás, nunca en sus veinte años de vida, había visto unos de ese color.


No se olviden de comentar.

- Vigigraz.