Mi madre viene de visita, y mi hermano está en camino con su esposa y mi sobrina. Estoy

emocionada, ha pasado mucho tiempo sin verlos. Dentro de unas horas es mi graduación y anhelo

con todo mi corazón que mi padre estuviese conmigo en estos momentos.

Suena el timbre y es mi madre que ha llegado con mi padrastro. Como loca bajo a recibirlos.

— ¡Madreeeeeeeeeeeeee!

—Mi nena hermosa, estás más bella que nunca. —chilla emocionada.

Le doy un beso y un gran abrazo a ella y a George. Cuando entramos al apartamento mi madre se

asusta.

—Hija, pero qué orden, seguro acabas de limpiar. — me pilló.

Platicamos un poco y mientras tanto mi hermano llega con su esposa y es otro par de besos y

abrazos. Mi sobrina Samantha es un amor y lo primero que hace es chocar puños con la tía.

—Hermanita, ¿Cuál es esa sorpresa que nos tienes?

Suelto una carcajada y voy a mi habitación por mi laptop, la campaña comercial de las marcas para

las cuales trabajé han sido un éxito y es extraño de que no me hayan reconocido.

Al mostrarles, la primera en llorar es mi madre.

— ¡Hermosa! ¡Dios mío pero qué hija más hermosa he parido!

— ¡Tía, tía, eres famosa! —salta con alegría la pequeña Samantha.

—Candy, pero qué hermosa te ves, vaya cuerpazo el que tienes. —adula Maria.

Todos están alegres, hasta mi padrastro.

—Señorita, tan bella igual a su madre.

Pero ver el gesto de mi hermano, es de un millón de dólares, parece que humo empieza a salir por su

nariz, sé que está más que enfadado y celoso.

—Primero: ¿Cuándo empezaste con esto? Segundo: Al menos no enseñas el trasero y Tercero:

¡Hermanita pero qué disfraz!

Carcajea a gritos. —Jamás te imaginé que usaras algo así, creo que siempre has sido más masculina

que yo.

Le suelto un puño en el brazo y resopla.

—Lo tuve que hacer para poder con los gastos, ha sido algo de último momento y no seguiré

trabajando.

Todos empiezan a protestar y chillar que continúe, que me veo preciosa, pero los detengo y les digo que ya fue suficiente maquillaje por todo lo que me queda de vida.

Orgullosos, me felicitan por mi aventura como modelo, y empiezo a prepararme, muestro a mi

cuñada y a mi madre el vestido que he comprado con Annie.

Es un vestido ceñido al cuerpo de color blanco, lleva un cinturón plateado del que se desprende una

falda arriba de la rodilla.

Peino mi cabello yo sola, no soy de las que van a salones ni se maquillan mucho. En lo que me estoy

preparando, mi cabeza está en otro mundo, en el mundo del señor Grandchester.

Todavía no estoy segura si irá a mi graduación, ni siquiera le dije la dirección, pero seguro como

todopoderoso que es lo averigua, de igual forma trato de no pensar en eso, si llega, bien, por el

contrario, pues de malas y me termino de dar cuenta que el beso realmente fue sólo algo del

momento.

Al llegar a la recepción, todo es bello, lo primero que veo es a Annie con su familia, corro como

loca y saludo, mi familia se acerca a la mesa y como se conocen desde siempre, están emocionados y

empiezan las lágrimas de nuestras madres.

Tengo ansiedad y nervios, pienso en Terry, quiero que venga y también quiero que no venga ¿Qué

pasa conmigo?

Mi teléfono suena y ansiosa lo veo.

«Es usted la señorita más bella de la noche.»

Mis ojos se iluminan y me sonrojo, que momentazo el de mi ex jefe, el cara de póquer me ha hecho

sonrojar. Como una adolescente me emociono y le contesto pero vuelve a mandar otro mensaje:

«Me gusta cuando se sonroja, señorita White»

¡Madre mía!

¡Nervios! ¿Dónde está? Veo a mi alrededor, mesas y más mesas, el lugar está lleno que no alcanzo a

ver bien, un grupo de personas se disperse y ahí está. Sentado en una mesa con su esmoquin negro de

piernas cruzadas y su mirada de póquer.

Sin pensarlo voy caminando hacia él, se pone de pie.

—Hola, señorita White—toma mi mano y la besa. ¡Calor!

—Hola, señor Grandchester— el juego del roll de jefe y empleada me está empezando a gustar, me

encanta cuando me llama por mi apellido.

—Pensé que no vendría. — me sonrojo.

—Primera fila.

Me sonrojo de nuevo y no puedo evitar no sonreír.

—La acompañaré a su mesa, señorita White—susurra con seriedad—No quiero que le pase nada en

el camino.

¡Más calor!

Al llegar a mi mesa, están todos ahí y sus miradas empiezan a escanear al guapetón de mi ex jefe.

—Buenas noches, He venido a dejar esta señorita para asegurarme que llegue con bien.

Todos quedan con su mandíbula en el suelo por la zalamería de Terry, todos menos mi hermano

que de inmediato se levanta.

—Terrence Grandchesteri—se adelanta a saludar a mi hermano y extiende su mano.

—Albert White, el hermano mayor de Candy.

El tonito de "mayor" es sobreprotector, típico de mi hermano.

Se presenta con mi madre y padrastro, y saluda a mi pequeña sobrina.

— ¿Y tú hermosa, cómo te llamas? —pregunta sonriendo a mi sobrina.

—Me llamo Samantha. —responde incrédula estrechando su manita.

—Hermosa, como tu tía. — expresa y besa su manito igual como lo hizo conmigo.

Risas y sonrojos, le ha caído bien a mi familia; y su cara de póquer se quedó en el aire en estos

momentos, no puedo evitarlo, quiero caerle a besos en este momento, pero hay niños presentes y mi

hermano seguro me mata.

Cuando Terry se retira y yo tomo asiento con mi familia, empieza la preguntadera de todos. Rio

para mis adentros y les doy una breve explicación de que el señor Grandchester, es mi ex jefe.

—He visto cómo te mira —murmura mi hermano—Parece que tu jefe o ex jefe te ha visto como algo

más que una empleada.

—No seas bobo—brinco a responder y tratar de evadir toda tensión comprometedora.

—El señor Grandchester ha sido bueno conmigo, es todo.

De inmediato me doy cuenta que estoy tocando mi maldita nariz.

No quiero hacerle creer a mi familia que hay algo más porque no estoy segura de ello. A lo lejos veo como Annie me hace guiños de corazones y yo carcajeo sin decir nada. Por más de que lo

vea no me hago la idea de que el beso haya significado algo para él. Aunque para mí, significó todo.

Comienza la ceremonia y entre premios y discursos, me llevo la sorpresa de ser una de las mejores

alumnas del arte fotográfico, mi madre llora y yo también, pero por dentro, quisiera que mi padre

estuviese aquí con todos nosotros, pero sé que desde el cielo él está orgulloso de mí.

Agradecen a los invitados y familiares, pero cuando el rector de la universidad hace un especial

agradecimiento a un empresario cuya empresa hizo una donación numerosa para el desarrollo

tecnológico de artes, siento que caigo de mi silla.

—El señor Terrence Grandchester de Grandchester Advertising.

Aplausos y más felicitaciones dirigidos hacia él, lo busco con la mirada y está con su gesto de

empresario prestigioso y yo tengo la boca abierta como una ilusa. Lo veo y no me lo creo. Es por

eso que él está aquí, le han invitado por su donación, él no ha venido por mí, siento que la decepción

corre por mis venas y mi sonrisa se esfuma en un aire.

Siento unas terribles ganas de llorar y Linda se da cuenta de mi expresión. Cuando la ceremonia

acaba, mi familia tiene reservaciones en un restaurante junto con la familia de Annie

No estoy de ánimos para celebrar.

No tengo hambre, quiero llorar, quiero encerrarme en mi apartamento, no quiero saber nada del

señor Grandchester, me siento como una estúpida por haberlo invitado, él iba a venir de todas formas.

— ¿Estás bien? —pregunta Annie tocando mi hombro.

— ¿Tú qué crees? — y ella niega con la cabeza.

—Como la mierda. —resopla, sabe perfectamente lo que pasó.

—Pues ahí tienes. — tomo un sorbo de té frío y siento que congela mi cerebro.

Sonrío a medias, quiero dejar de pensar en el señor cara dura y aprovechar el momento con mi

familia, pero no puedo.

Mi teléfono vibra y es una llamada del todopoderoso, le doy rechazar una y otra vez, no quiero saber

nada de él ni de sus jugosas donaciones, que se vaya al mismísimo infierno y que haga su donación

ahí mismo.

Vuelve a vibrar y decido mejor apagar mi móvil, ¿Será que no captó el mensaje? No quiero saber

nada de él, ya no trabajo para su jodida empresa.

Mi madre me pide que pase algunos días con ella, y acepto. Es lo que necesito en estos momentos,

que me consientan y me den amor, y qué más amor que el de mi madre, amo a mi viejita.

Me despido de mi hermano, mi cuñada y sobrina y minutos después de Annie y sus padres, regreso a

mi apartamento para empacar un poco de ropa y me voy en el robot siguiendo a mi madre, directo a

Calabasas. Una vez estoy instalada en la habitación que me prepara mi madre cuando vengo a visitarla, estallo en

llanto, es inevitable, todo ha sido como una bocanada de humo dentro de mis pulmones, un sube y

baja de muchas emociones. Estoy confundida, no necesito esto en mi vida en estos momentos.

Mi madre entra a la habitación y me encuentra llorando, por más que intento ocultar mi llanto no

puedo, es mi madre y me conoce.

— ¿Qué pasa, hija? —Preocupada mi madre se acerca y limpia mis lágrimas— ¿Problemas del

corazón?

¡Madres y su don!

—No lo sé, quiero creer que no. —resoplo y me abraza

—Soy tu madre, sé que este día extrañaste a tu padre—revela y continúa acariciando mi cabello—

pero tú has extrañado a tu padre entre sonrisas no entre lágrimas, por lo tanto sé que es por alguien

más.

No puedo más y exploto, le cuento a mi madre todo lo que ha pasado con el cara de póquer, en cómo

en más de una ocasión ha ido a mi rescate, pero omito los detalles y de mis ataques de pánico, les he

hecho creer a ella y a mi hermano que no tengo desde hace algún tiempo.

Cuando termino de contarte todo, espero una reacción de madre y sus regaños, pero en vez de todo el

drama mi madre dice:

—Es un hombre afortunado. —me confunde y al ver mi gesto prosigue: —Ha conquistado el corazón

de mi pequeña.

Oh, madre.

—No madre, es un hombre diferente; todas las mujeres lo desean.

Me tiro de nuevo a su regazo y comienzo a llorar, es imposible, no puedo sentir nada por él, me

rehúso a todo lo que tenga que ver con él. No puedo, no debo. No es un hombre de una sola mujer, lo

puedo sentir.

—Por lo que me cuentas hija, sé que tienes miedo; pero no puedes vivir en esa bola de cristal todo el

tiempo, tienes que vivir.

Lo sé y me duele, pero prefiero vivir en mi bola de cristal a que venga el señor todopoderoso y la

destruya con sus actos de narcisista y misterios.

Me quedo dormida en el regazo de mi madre después de una larga charla. Y mi cabeza sólo tiene un

solo pensamiento, el beso, mi primer beso.

CHICAS PORFA TENGANME ALGO DE PACIENCIA PUES MI INTERNET ESTA ALGO LENTO BESOS