Después de unos días de ser consentida de mi madre, regreso a Los Ángeles, necesito empezar a
trabajar, no he querido atender ninguna llamada de Terry y sólo le he enviado un par de textos con
excusas para evitarlo, le he mentido pero no quiero decirle nada acerca de la propuesta de trabajo.
Llego a mi apartamento y empiezo desempacar, siento un nudo en mi garganta al recibir un mensaje
de Terry
De: Terrence Grandchester
Fecha: 13 de febrero de 2014 02.00
Para: Candice White
Asunto: Preocupado
Señorita White:
¿Está evitándome?
Terrence Grandchester
GRANDCHESTER ADVERTISING, INC.
¡SÍ! Con todas mis fuerzas lo estoy haciendo.
De: Candice White
Fecha: 13 de febrero de 2014 02.02
Para: Terrence Grandchester
Asunto: No debe sentirse preocupado
Señor Grandchester.
No estoy evitándolo.
Candy R. White.
Maldigo para mis adentros y no pienso contestar sus tontos correos. ¿Preocupado?
Escucho mi teléfono de nuevo y esta vez es un mensaje de texto de Terry:
«Entonces abre la puerta»
¡La qué! ¡Me muero!
Me va a volver loca por ser un fantasma, se aparece por todas partes, a veces pienso que me puso un
GPS en la lengua.
Me acerco lentamente a la puerta, y respiro hondo, al abrirla, ahí está el, apoyado en la pared con sus
manos en los bolsillos, su traje bien estirado y ojos brillantes fijados en mí.
—Terry, ¿Qué haces aquí?
No contesta, pero de una forma agresiva y seductora me toma de la cintura y me da un beso lleno de
«Te extrañé». No puedo pensar, maldición, cuando lo tengo en mis labios no pienso, sólo quiero estar
así por el resto de mi vida.
Me abraza fuerte y acaricia mi cabello entre sus dedos, siento su aliento fresco y su respiración
agitada, sus besos son suaves y húmedos. Cuando muera, quiero hacerlo en sus labios, es todo un
dios de los besos.
— ¿Qué tal tus vacaciones? —pregunta al llevarme al mueble.
—Bien, mi madre te manda saludos.
—Tu madre es una buena mujer, te pareces mucho a ella. —dice tocando mis mejillas sonrojadas.
— ¿Has pensando en mi propuesta? — de nuevo mi burbuja de amor se explota por esa pregunta,
como una película en remix, regresan mis temores.
—Todavía no— miento y quito la mirada.
—¿Estás bien, nena? —pregunta tomando mi barbilla para que lo vea a los ojos, sus hermosos ojos
azules que me ponen la piel de gallina.
—Sí. —miento de nuevo y automáticamente mi nariz se arruga, pero qué esperaba que le dijese.
¿Es verdad que les pegas a las mujeres?
¿Cuántas novias tienes?
¿Qué pasa entre tú y yo?
—Mientes, terrible— dice, tocando mi nariz.
No puedo hacerle todas esas preguntas, con pensar en la primera tiemblo.
— ¿Quién es la madre de Eli, Terry? —Suelto, quiero saber la verdad y si tengo que escarbar, lo
haré.
Lo hice, empecé a hacer preguntas, pero necesito poder confiar en él antes de darle una respuesta
definitiva.
De inmediato su sonrisa se borra y frunce el ceño, sus nudillos se tornan blancos y su respiración se
eleva, está enfadado; pero por suerte, no tengo miedo, y quiero saber cualquier respuesta.
—No voy hablar de ello contigo. — responde sencillo y sin verme a los ojos, cuando hace eso me
enfada, únicamente él tiene el derecho a preguntar y le gusta mandar, ahora es mi turno.
—Yo quiero hablarlo ahora, Terry, estás lleno de misterios, dijiste que no habían secretos, pero
cuando pregunto algo tan sencillo, te enfadas.
—Candy, no sabes de lo que hablas, tranquilízate.
— ¡Maldición! No me voy a tranquilizar, estoy cansada de que me des órdenes, quiero saber la
verdad, ¿Quién es Terrence Grandchester? Ya has conocido mi familia—grito y continúa observándome
enfadada—has conocido hasta mi universidad y vaya secreto, yo como una imbécil invitándote y tú
siempre ibas a ir de todas maneras.
—No maldigas y ven aquí— ordena dándome su mano, pero la aparto.
—No quiero, necesito que me digas qué escondes—continúo dando vueltas y gritando como loca: —
¿Estás casado? ¿Estás separado? Tienes que decirme la verdad, no puedes aparecerte así en mi vida
sin decirme nada, y ahora pretendes que trabaje contigo, ¿Quién era aquella pelirroja? ¿Qué hacía en tu
oficina? ¿Flirteas con ella también? ¿O tu asistente? Si te has dado cuenta que me odia cuando me ve,
¿Cuántas mujeres hay Terry?
Mierda, son muchas preguntas por contestar.
Eso lo enfada y hace que se levante y se dirige hacia mí en grandes zancadas.
— ¡Candy! Tranquilízate— gruñe, no está enfadado sólo tiene una mirada sombría en sus ojos. —Eliza
es una ex novia, nada más y Julia es mi asistente es todo, y lo otro, eso ya quedó en el pasado, y además no te gustaría saberlo.
Lo sé, ha de ser una lista muy grande.
¿Pasado? ¿Nada más? ¡Vaya, gracias por el dato! ¡La madre que te parió Terrence Grandchester.
—Eliza—digo con incredulidad.
—Sí, pequeña no tienes de qué preocuparte.
—No me digas pequeña. — digo molesta, no ha respondido a todas las preguntas.
Suena mi móvil, llamada de Anthony.
Lo que faltaba, decido no responder con malicia y Terry se da cuenta de mis nervios.
— ¿Quién te llama? — pregunta con autoridad.
—Que te importa. — ¡Maldición! Me encanta poder responderle de esa manera, sé que eso hará que
salga humo de su nariz, pero como siempre, ya me está valiendo más que pepinos y tomates.
—No seas rebelde, nena, ¿Quién te ha llamado? — pregunta con arrogancia, sé que lo de nena lo
hace para verme más enfadada de lo que estoy.
—También es un ex—miento, y mi auto reflejo no me traiciona, jamás en mi vida he tenido algo con
Anthony. Al ver su rostro transformarse en un ogro continúo: — Con el que almorcé la otra tarde, y
bien, si tú puedes interactuar con tus ex, ¿Por qué yo no?
¡Directo en el blanco! Puntos para mí. Cero para el italiano.
— ¿Qué haces, Candy? —pregunta con enfado, pero es un dios para manipular y lograr su objetivo.
Así que decido jugar con él.
—Nada, señor Grandchester, aquí no hay exclusividad, puedo hacer con mi vida lo que quiera, y eso es un
NO a su propuesta de trabajo. —baja la mirada y toca su frente ansioso.
—No confío en usted, no puede contestar una simple pregunta, entonces con las difíciles saldrá
corriendo. No necesito eso en mi vida.
—No lo hagas, Candy. —no ruega, es una demanda.
—No estoy haciendo nada, por favor, déjeme sola.
Se acerca a mí, pero pongo como muro la palma de mi mano y se detiene.
—Por favor, señor Grandchester, salga de mi casa ahora mismo.
Esta vez yo mandé y el obedeció, cierra la puerta detrás de él, y mi corazón se parte en dos, me suelto
a llorar como una cría, es demasiado, no puedo confiar en alguien como él. No puede decirme quién
es la madre de su hija ¿Por qué? Mis secretos son diferentes a los de él, yo estoy evitándole que sienta
lástima por mí. Esa noche después de estar llorando como una magdalena, me reúno con Annie en el Luxar para
empezar a trabajar esa misma noche, no pienso quedarme en casa llorando por alguien que sé que no
piensa en mí.
La noche es larga y hay muchas personas, es un bar muy exclusivo, por eso aquella noche no me
pareció extraño que Terry estuviese aquí en el momento perfecto para quitarme el borracho de
encima.
Mi teléfono suena y es Terry, ni loca pienso hablar con él, todo terminó, y para ser realista, nada
había comenzado.
Sigo sirviendo tragos, no me parece nada difícil y la forma en que David me explicó horas antes,
entendí a la perfección.
—Dos mojitos por aquí—Grita David.
Es una locura, pero me siento bien, pronto espero estar trabajando de lo que realmente me gusta, no
me voy a atormentar en estos momentos, fue de suerte que me dieran la oportunidad de trabajar en un
bar tan importante de la ciudad.
—Sal de ahí, Candy—dice una voz ronca, la conozco de inmediato, pero decido no ver.
— ¿Qué desea, señor? Verá, las estacas metidas en el culo no las hacemos aquí.
Enfurece y golpea la barra, me retiro a atender a otro cliente, y uno muy guapo que me guiña el ojo y
me pide una cerveza fría. De inmediato le entrego una tirando un beso al aire.
Mierda, estoy yendo un poco lejos.
— ¡Candice White! Sal de ahí ahora mismo. —grita, lo que me faltaba, me viene a dar órdenes aquí
también.
No soy famosa por mi obediencia.
—Candy, es mejor que le hagas caso, no quiero que vaya a hacer escándalo aquí— pide Annie asustada.
—Oye, tranquila que el señor todopoderoso no tiene ningún derecho a darme órdenes.
Trato de tranquilizar un poco a Annie y asiente, veo que David está como loco riendo solo y
observando todo el espectáculo que cara de póquer está haciendo.
El hombre que me pidió la cerveza me hace seña con la mano que me acerque y sin pensarlo dos
veces me dirijo hacia él.
— ¿A qué hora sales, preciosa?
— ¿A ti no te han enseñado a no seducir a la chica de otro? —le gruñe Terry.
¿Ahora soy su chica? ¡A la mierda con él y sus celos!
—Yo no soy la chica de nadie—veo al hombre y le sonrío—Salgo a las 02:00
Él le devuelve la mirada a Terry con arrogancia. —Parece que ya no es tu chica.
Cuando le dice eso, Terry cruza la barra y me toma de nuevo en sus hombros.
¡Hijo de puta!
Siempre tiene que ser tan fuerte, los gorilas de Terry apartan al hombre que intentó flirtear
conmigo.
Escucho los gritos de Annie y la risa de David tras de mí.
— ¡Maldición Terry! ¡Bájame ahora mismo! —golpeo su espalda pero su agarre es fuerte, y para
colmo tiene una mano en mi trasero.
— ¡No maldigas!, Te pedí por las buenas y no lo hiciste.
— ¡Me van a despedir por tu culpa, imbécil! ¡Bájame!
—No es necesario, ya lo hice yo.
— ¿De qué hablas? —pregunto y dejo de golpear su ancha espalda por un segundo.
—Pequeña, soy el propietario.
¡Maldito Millonario de mierda!
Maldigo a gritos y golpeo su fuerte espalda, estoy furiosa, lo detesto, siempre se aprovecha de las
necesidades de otros para hacer y deshacer a su antojo. Cree poder comprar todo con su dinero, pero
jamás podrá hacerlo conmigo.
Me hace entrar a su coche y yo grito a todo pulmón: — ¡Mierda, Terry! ¡Te odio! ¡Maldito hijo de
puta! ¡Imbécil!
Sus ojos se abren como platos y dice:
— ¡Cuida tu lenguaje!—me señala con un dedo— ¿Me odias? —de pronto siento la tensión en su
pregunta.
He cruzado la línea.
— ¡Sí! ¡Te odio!, ¡Te detesto! —chillo.
—Está bien, vete—ordena con voz firme. El auto todavía no está encendido.
Me sorprende su reacción, sus ojos están inertes ante mí.
— ¿Me… puedo ir? —tartamudeo sorprendida.
—Sí, te dejaré en paz, puedes seguir trabajando de lo que tú quieras ¡Fuera!
Aclaro mi garganta y mis ojos me quieren jugar una mala broma, no puedo llorar en estos momentos
frente a él, sus palabras duelen, su reacción es diferente, me está dejando en libertad de hacer lo que
quiero por primera vez. Esto definitivamente no es un juego. He cruzado la línea, yo no lo odio,
estoy enamorada del idiota controlador, estoy enamorada de sus múltiples personalidades y cambios
de humor.
—Regrese a su trabajo, señorita White. — No me ve a los ojos.
¿Qué hago? Todo es nuevo para mí, le grité que lo odiaba pero no es verdad, me está dando la
libertad de irme, pero tampoco quiero hacerlo.
¿Qué carajos pasa conmigo?
Me rindo y lágrimas brotan de mis ojos, él aún tiene el poder sobre mí a pesar de liberarme de sus
órdenes. Me ignora, ni siquiera percibo un poco de enojo o ira de hace unos momentos, clava su
mirada en sus manos por encima del volante y no dice nada.
Suelto un sollozo y eso llama su atención.
—No lo hagas, Candy.
— ¿No haga el qué? —pregunto con voz quebrada.
—No llores. —ruega.
— ¿Por qué? Es lo que querías no, verme quebrada ante ti.
—Mierda, Candy. Cuando te veo llorar mi mundo se desmorona—confiesa acercándose a mí, limpia
mis lágrimas con sus pulgares y veo sus ojos azules, esos que peligrosamente están haciéndome
perder el juicio. Él ni siquiera se da cuenta de que estoy enamorada de él.
— ¿No te das cuenta, Candy?
Niego con la cabeza confundida a su pregunta y él dice:
—Me tienes en tus manos.
Me atrae hacia él suavemente y sus labios se encuentran con los míos, las lágrimas por arte de magia
han cesado y ahora mis labios reaccionan en los suyos como si no hubiese un mañana.
—Eres tan terca—murmura en mis labios—Odio que maldigas y cuando lo haces quiero besarte
hasta el año que viene.
Sin cavilar llegamos a su casa, de nuevo aquella casa me pone nerviosa, sé lo que puede pasar, y por
más que lo desee, no sé si estaré dispuesta a dejar mis demonios atrás y darle la bienvenida a Terrence Grandchester a mi vida.
— ¿Dónde está la Sra. Ponny?
—Es su día libre.
Continúa besándome, pero esta vez más fuerte, con mucha pasión y mucha hambre de mí, me tiene
contra la pared y no reacciono, estoy rendida a sus pies, y temo que me haga suya. Cuando lo haga no
habrá marcha atrás, voy a pertenecerle.
Desabotono su camisa para ver su torso fuerte, cada músculo se contrae con su fuerte y agitada
respiración, un cuerpo perfectamente esculpido por un artista. Me ve y lo veo, su mirada azul me
están matando con mucho ardor. Despeino su hermoso cabello castaño, se ve tan hermoso, es un dios
del deseo y belleza varonil, sus ojos iluminan mis días y mis noches, azules como el océano.
Su respiración sube y baja junto con la mía.
Empiezo a temblar cuando empieza a tirar de mi blusa, entierra su boca en mi cuello y yo jadeo una
vez más, pero mi mente me está jugando sucio, empiezo a sentir miedo, pánico todo al mismo tiempo
de forma rápida.
— ¡Detente! — chillo.
— ¿Qué pasa? —pregunta asustado, sé que he matado el momento.
—Es sólo que… no estoy preparada. — le confieso y mi burbuja de amor nuevamente explota.
Se acerca a mí y susurra: —Esperaré por ti cuando estés preparada, jamás te obligaré a hacer algo
que tú no quieras.
Sus palabras me matan, no puedo decirle la verdad, eso lo mataría, me cuida demasiado y se
preocupa por mí; no puedo hacerle daño diciéndole la verdad, no soportaría ver su reacción y la
impotencia en su mirada.
El miedo se apodera de mí y salgo corriendo, llorando y jadeando, tomo un taxi directo a Luxar para
ir por el robot y regresar a mi casa, él no me siguió, seguro está más que confundido por mi
reacción.
Pensé que podía, pero no puedo, jamás podré entregarme a él. Tengo miedo, no puedo olvidar, la
forma en cómo me lastimaron, son momentos que reviven cuando estoy en contacto con alguien, y
cuando estoy cerca de él mis miedos se apoderan de mí pero a la vez lo deseo.
Lo deseo tanto.
Llego al Luxar y Annie está preocupada por mi huida. Le explico que todo está bien, que es mejor
irme a casa y está de acuerdo conmigo. Voy directo a mi apartamento y sólo quiero enterrar mi
cabeza en la almohada y llorar. No sé qué pasa últimamente conmigo que sólo paso llorando, vaya
efecto que el hombre ha causado en mi vida.
Maldecir y llorar.
Mi teléfono suena y no contesto, sé que es él, no quiero hablar con él. Pero lo conozco, en cualquier
momento viene a mi casa así que decido enviarle un mensaje.
«Quiero estar sola.»
« ¿Estás bien? ¿Dónde estás?»
«Estoy en cama, por favor, quiero estar sola.»
No contesta, ruego que entienda y no me busque más, cualquiera se alejaría de mí con una reacción
así, todavía no comprendo qué busca en mí, no soy ni la mitad de las mujeres que él está
acostumbrado a tener.
Lloro con todas mis fuerzas, nunca había sentido un vacío tan grande en mi corazón, la impotencia de
no poder decirle lo que realmente me pasa, está acabando conmigo. Él jamás lo entendería.
