Han pasado dos días desde aquella noche que estuve a punto de entregarme a él y no pude. Él no me

ha buscado y aunque lo quise desde un principio, ahora estoy arrepentida, mi corazón está roto,

necesito escuchar su voz, y sentir sus brazos alrededor mío, pero me contengo y no lo busco, es lo

mejor.

No salgo de mi casa y le digo a Annie que todo está bien, que sólo quiero un momento a solas, ella lo

respeta y no viene a mi apartamento, mi teléfono suena y es Terry, quiero contestar pero al mismo

tiempo no lo hago, es mejor así.

¿Qué pasa conmigo? ¿Quiero y no quiero? Me voy a volver loca.

Siento rabia conmigo misma, soy una maldita cobarde.

Empiezo a tirar todo a mi alrededor, lámpara, fotografías, todo suena y relincha contra la pared, no

quiero detenerme, quisiera poder romperme de la misma manera y desaparecer, mi mano sangra al

romper el espejo con mi puño pero no siento dolor, sólo quiero desahogarme.

Mis nudillos duelen, mis mejillas arden en llanto, mis ojos están hecho un desastre de tanto llorar,

sigo golpeando esta vez la pared, siento un ardor en mis manos y escucho un grito. Observo a mi

alrededor es como un espejo de lo que hay dentro de mi alma, pedazos rotos y mucha sangre, grito

de nuevo tirando más objetos contra la pared. El chillido es música para mis oídos y quiero más.

— ¡Detente!

Seguro me estoy volviendo loca y ya escucho voces, siento que unas fuertes manos me toman de las

muñecas, no levanto la mirada, sea quién sea, no me importa que me vea derrotada y hecha una

mierda.

— ¡Vete! — grito entre el llanto.

—Joder, Candy, No te dejaré sola.

Levanto la mirada, Terry

— ¿No te das cuenta, Amy?

— ¿De qué? —siseo.

—No estás sola, estoy aquí contigo. —Me toma mis muñecas y ve mis manos ensangrentadas y se

asusta.

— ¡Nena, estás sangrando! Tengo que llevarte al hospital.

La sangre, lo había olvidado. Ver sangre hace que me asuste y entre en pánico, pero esta vez, de

nuevo todo oscurece y me dejo caer en sus brazos.

Al despertar mis manos están vendadas, me duelen un poco, pero más me duele ver su rostro que me

observa desde la esquina de la habitación, estoy en el Hall nuevamente, no sé cuánto tiempo estuve

desmayada, pero me ha traído a su apartamento.

Su mirada es vacía y llena de dolor, me parte el alma verlo así, estoy tan acostumbrada a verlo con su

cara dura y de póquer que desconozco al italiano preocupado y triste.

— ¿Qué te está pasando, pequeña? —pregunta acercándose a la cama.

No puedo más, voy a explotar verbalmente.

—Cuando sepas la verdad no vas a querer estar conmigo y saldrás huyendo.

—No hay nada en el mundo que haga que me aleje de ti. —su voz suena frágil y honesta.

—No soy lo que crees, estoy dañada, así como quedó mi apartamento no se asemeja a lo que siento

por dentro.

—No estás dañada, Candy, y aunque lo estuvieras, no me importa si tengo que recoger cada parte de ti

para ayudarte a sanar.

El llanto se apodera de mí nuevamente y esta vez me abraza fuerte contra su pecho. No puedo más,

debo decirle, por primera vez tengo que decirlo en voz alta, tengo que ser honesta con él, lo tengo

que liberar de mis miedos.

— ¡Abusaron de mí!

Él me observa asustado, sus ojos brillan, pero ese brillo es esa mirada que precisamente no quería

ver, la de dolor e impotencia.

— ¿Qué? ¿Quién te hizo eso? — pregunta con voz temblorosa.

Lloro y él toma mi mano y levanta mi rostro para que vea sus ojos y espera una respuesta. Respiro

hondo y estoy dispuesta a decirle la verdad, confío en él. Y si él quiere huir después de que escuche

todo, será lo mejor.

—Cuando mi padre murió, salí corriendo al hospital, corrí sin pensarlo y estaba oscuro, era media

noche y —hago una pausa y lloro—él me tomó, y yo no pude hacer nada, todo estaba oscuro.

—Calla, nena, ya pasó—dice abrazándome fuerte, pero no puedo callarme, tiene que saber todo.

—Me golpeó y me apuñaló en el estómago, pensó que había muerto y me dejó tirada en el callejón,

yo quería morir, así que no grité, sólo cerré mis ojos.

Me quedé inmóvil en sus brazos, las lágrimas seguían brotando como cascada, pero no sentía ningún

tipo de dolor, sentía mucha ira, lástima era lo último que quería que él sintiera por mí. Ya está, lo he

dicho todo y no hay marcha atrás, ahora sólo espero que él salga corriendo y con el pensamiento me

basta para asustarme y mi mente empieza a cobrármela, no sé si soportaría que Terry se aleje de mí, no soportaría la sensación de abandono, antes de que lo haga él, mejor lo hago yo.

Lo aparto de un impulso y eso lo sorprende.

—Sé lo que tratas de hacer. —remata—No me iré a ningún lado, Candy.

Creo en sus palabras, pero una parte de mí quiere hacerlo feliz y darle lo que desea, lo que yo deseo,

pero no puedo. Él se merece a alguien mejor, que pueda estar con él sin recordar otras manos

abusivas encima.

—No puedo estar contigo, Terry

— ¿Por qué no puedes? —Sé que mis palabras lo lastiman, pero debo alejarlo de mí. —No puedo

darte lo que quieres y entrar en un ataque de pánico.

Resopla y se acerca nuevamente, esta vez no lo aparto. —Candy, jamás había deseado tanto a una mujer

como te deseo a ti, pero eso no significa que me aleje sólo porque no pueda tenerte.

— ¿Y qué pasará si nunca puedo estar contigo? Vas a ir con otra mujer a que te dé lo que yo no puedo

darte. —sollozo con sólo pensarlo.

—No deseo a nadie más que a ti, métete eso en tu pequeña cabeza, señorita.

Sus palabras me tranquilizan, pero sé que todo terminará mal tarde o temprano, la vida es injusta

muchas veces y cuando estoy cerca de él, mi instinto es que salga corriendo y a la vez mi corazón

pide a gritos que me quede con él. Es una guerra que no sé si pueda controlar, estoy enamorada de él,

me enamoré de mi jefe y por más que lo intente, la felicidad y seguridad que él me da, nunca la había

sentido.

Escucho que abren la puerta y es la pequeña Eli.

—Eli quería verte. —dice sonriéndome.

Limpio mis ojos y le sonrío a la pequeña, se ve tan hermosa en su pijama de princesas.

—Hola, chispita; ven aquí. — le digo ofreciéndole un abrazo.

Ella salta sobre mí y Terry:

—Cuidado, Eli. —la reprende.

—No seas gruñón—lo regaño y ella sonríe.

Con mis manos vendadas, mimo a la pequeña Eli, sus ojos azules, son igual a los de Terry

— ¿Cómo has estado, princesa? — veo que ella le habla en señas a su padre.

—Dice que está feliz de volver a verte. —señala.

—Yo también estoy feliz de verte.

—Vamos, es hora de dormir y Candy necesita descansar. — ordena el cara de póquer. La nena arruga

la cara y sale de la habitación no sin antes darme un fuerte beso y abrazo. Me siento feliz de que Terry haya tenido la confianza para acercarme nuevamente a Eli, no puedo imaginar

el miedo que siente al verla así.

Cuando regresa a la habitación, me ve y sonríe.

— ¿Qué pasa? —pregunto sonriéndole de la misma manera.

—Eli me ha dicho que si le has traído una paleta. Ella sabe que tiene prohibido comerlas.

Sonrío como si hubiese cometido una travesura.

—Lo siento, pero era tan adorable cómo las miraba que no me pude resistir.

De nuevo se acerca y me da un beso en los labios. Suaves y tiernos. Se acuesta a mi lado y pongo mi

cabeza sobre su pecho. Entierro mi cabeza en su cuello y lo huelo, me he hecho adicta a su aroma, es

la mejor sensación del mundo.

El aroma del cielo.

— ¿Me está oliendo, señorita White? —Pregunta riendo—Sí y no me importa parecer una loca. —

resoplo.

—Puedes olerme todo lo que quieras, soy todo tuyo. —me sonrojo y beso sus labios.

Su mirada lo dice todo, no irá a ningún lado aunque se lo pida y tampoco tengo el deseo o las fuerzas

para hacerlo, me he sincerado con él de una manera que jamás pensé que lo haría con alguien; confío

plenamente en él tanto que asusta, porque no sé nada de su pasado, ni siquiera sé quién es la madre de

su hija.

— ¿Quién es la madre de Eli? —pregunto sin vacilar, sé que eso lo enfada. Siento que suspira de

desesperación.

—La madre de Eli murió. —Me levanto y lo veo a los ojos, ahora entiendo su evasiva —Ella era mi

mejor amiga, quería tener un bebé así que acudimos a un método de reproducción asistida, una

inseminación.

— ¿Inseminación? — pregunto confundida.

—Sí, iba a ser raro que tuviera relaciones con mi mejor amiga, así que acudimos a ese método. —

explica y continúa: —Ella murió en un accidente, Eli iba con ella, pero sólo Eli sobrevivió.

Aclaro mi garganta, la forma en que lo dice, me dan ganas de llorar.

— ¿Por qué Eli no habla?

—Eli no habla desde el accidente, los doctores dicen que es debido al trauma, pero por más que la

he llevado a los mejores especialistas, Eli se rehúsa a hablar, y se comunica por señas.

—Lo siento, nunca lo hubiera imaginado. —Puedo imaginarme lo difícil que fue para Terry

perder a su mejor amiga y cuidar él solo a Eli

—Me sorprendí tanto al verte con ella. —Confiesa sonriendo—Ella no interactúa con nadie, gruñe y

se esconde de los demás y yo la he sobreprotegido para que no la vean diferente. Me quejo. —Cuando ella chocó conmigo, estaba tan asustada y me recordó a mi cuando era pequeña.

—rio al recordarlo.

—Nunca la había visto tan emocionada por alguien. —Continúa: — La protejo como a mi vida y no

dejo que nadie se acerque a ella.

—Tienes que soltarla un poco—aconsejo tocando su rostro. — ella tiene que conocer el mundo.

—No puedo, el mundo es una pesadilla. — niega con la cabeza.

—El mundo donde la estás haciendo crecer es la verdadera pesadilla, Terry

—No lo sé, es difícil. —suspira.

—Lo sé, pero ella es una niña especial y merece ser feliz.

Lo beso en los labios y susurro en ellos: —Es usted un gran padre, señor Grandchester

El momento romántico es interrumpido por la tonadilla de mi celular, contesto pensando en que debe

ser Annie, pero mi reacción es otra.

—Candy, cariño ¿Cómo estás?

—Hola, Anthony. —contesto cortante.

Terry pone los ojos en blanco y se aparta de mí.

—Anthony no es un buen momento, te llamo luego ¿Está bien?

Dicho eso, corto la llamada. Veo a Terry, sus ojos están penetrados en la pared.

— Umm. ¿Celoso, señor Grandchester?

Veo que no responde, parece un niño celoso.

— ¿Quién es Anthony? —pregunta con el entrecejo fruncido.

Dios mío, dame paciencia con el hombre y su don de mando.

—Anthony es un viejo amigo.

— ¿El viejo amigo con el que almorzabas o tu ex?

¡Celos!

—El mismo. Pero antes de que termines de fulminarme con la mirada, te aclaro que no es mi ex.

— ¿Mentiste?

—Sí —rio para mis adentros.

Veo que quiere sonreír pero se contiene. Será cara dura pero contiene una sonrisa.

—Compórtese, señor Grandchester, es policía y puede arrestarlo. Ríe a carcajadas y dice: —Que me arreste por hacer esto. — Me besa y me acuesta en la cama.

Me rodea con sus brazos. —Duerme, pequeña.

Y como he aprendido a seguir sus órdenes algunas, lo hago.