Despierto como nueva, olvidando todo lo que pasó la noche anterior, pero Terry no está a mi lado,

salgo de la cama y me veo al espejo, ¡Qué horror! Tengo mis ojos rojos, y los nudillos me duelen,

quito las vendas y mis manos son un horror, pero no puedo ir por la calle como si estuviese

preparándome para boxear.

Entro al baño y me doy una ducha, me pongo mi pantalón y busco una camisa de Terry y me la

pongo, me queda gigante pero es acogedora.

Bajo a la cocina. Ahí está la pequeña desayunando su cereal y viendo las caricaturas de la mañana.

—Buenos días, Sra. Ponny— Me sonrojo de nuevo, tengo que acostumbrarme a encontrarla por aquí

todas las mañanas.

—Buenos días, señorita Candy, ¿Le preparo un rico desayuno para que se recupere?

No me imagino la sorpresa que se llevó al verme en brazos de Terry con las manos vendadas.

—Gracias, Sra. Ponny, pero no tengo hambre, con mis manos así será difícil comer. —resoplo.

Beso la frente de Eli y sonríe.

— ¿Dónde está el gruñón de tu padre muñeca? —pregunto y la nena se ríe y me señala con el dedo.

Volteo y Terry está hablando por teléfono, viste de traje y camisa roja, al italiano todos los colores

le sientan bien, se ve tan sexy, desde aquí puedo sentir su aroma, me acerco y lo abrazo por detrás,

aterrizando mi cara en su fuerte espalda y oliendo su aroma.

— ¿Me está oliendo, señorita White? —pregunta sonriendo.

¡Qué vergüenza! Seguro piensa que soy una loca por hacer eso.

—Buenos días—respondo y sigo con mi recorrido por toda su espalda.

Sacude su cuerpo, sé que se está riendo de mí.

—Buenos días, nena. —me da un beso en mi frente.

—Apresúrese a desayunar, señorita White, hoy es su primer día de trabajo.

¿Ah?

— ¿No me vas a dejar en paz, cierto?

—No. —contesta con simpleza.

Al verme que me he quitado las vendas de mis manos reacciona peor que Andy en sus días de regla.

—Nena…

—No empieces—lo interrumpo—No puedo andar como imitadora de boxeo. Ríe a carcajadas.

—Pequeña, tienes que cuidar tus manos, te lastimaste fuerte.

—No me duele—miento, me arde como el demonio.

—Lo dudo, señorita. —me toma de mis muñecas y me lleva a la cocina, saca un pequeño botiquín que

está lleno de vendaje y alcohol.

— ¡Ni se te ocurra! —me quejo poniendo mi mano como muro.

—Pequeña, tengo que hacerlo, el médico dijo…

—Ni médico ni nada, te he dicho que no me duele. —lo interrumpo llevando mis manos para recoger

mi cabello y suelto un jadeo de dolor, me he rosado el cabello en una de las heridas y mi rostro es

todo un acto de dolor.

— ¡Nena! Te lo dije, tengo que curarte ¿Verdad Eli? — volteo y no me había fijado que la nena

estaba viendo mi rabieta. Ella asiente y se ríe.

—Ya ves— dice el padre orgulloso.

—Las pagará, señor Grandchester.

Mi cara es todo un drama cuando el limpia las heridas y hace el nuevo vendaje, lo hace con tanta

delicadeza que casi no me duele, lo veo y ¡Dios! Estoy enamorándome más de él cada día que pasa.

—No podré comer—me quejo.

—Yo te alimentaré—me sonrojo. Mi jefe dándome de comer como una pequeña cría.

Una señora se asoma por la puerta de la cocina y me quedo helada, pero la nena la recibe con un gran

abrazo.

Terry la saluda de beso.

—Alicia, ella es Candy White.

—Mucho gusto, Candy—dice con una sonrisa en su rostro y me da un abrazo.

Eso me sorprende.

—Eli dijo que eras hermosa, y ahora no lo dudo.

¿Eli le habló de mí? Eso me pilla y a Terry también.

—Tranquilos, no pasa nada, me da mucho gusto que haya alguien que cuide de ti ahora. — dice y la

mirada de Terry se suaviza.

Nos despedimos nuevamente, y mi italiano me alimenta como un bebé antes de irnos. En el camino

dice Terry no dice nada, eso es extraño, pero no parece molesto.

—Ella es la madre de Susana, la madre de Eli.

—Es una mujer muy agradable, se ve que te quiere.

—Ella me ha ayudado a cuidar de Eli, le has caído bien y eso no es buena señal.

— ¿Por qué? —me inquieto.

—Ahora nadie la detendrá, es como la madre que nunca tuve.

¿La madre que nunca tuve?

Él no me ha hablado de sus padres, pero no quiero empezar con el interrogatorio, no quiero arruinar

el momento y seguro cara dura sale a escena tan temprano.

Me despido de Terry en mi apartamento para prepararme e ir a la compañía. Se rehúsa a dejarme,

quiere que vaya junto con él, pero yo me niego. Un nuevo cuchicheo no quiero, es mejor dejar las

cosas así en secreto.

Media hora después voy en el robot para la compañía, la cara que ponga Andy al enterarse de que

seré ahora la fotógrafa, se va a cagar en los pantalones, qué digo, en su falda.

Voy directo a la oficina del señor Grandchester, rio para mis adentros, se ha salido con la suya y vuelve a

ser el guapo de mi jefe.

Julia su secretaria, me fulmina con la mirada y me regala una falsa sonrisa cuando estoy con

Terry

—Bienvenida, Señorita White

—Gracias, Julia.

Me parece extraño que ella tenga esa actitud de celos si sólo hay una relación laboral.

Tranquila, Candy, no alucines.

—Pase, el señor Grandchesteri la está esperando.

Al entrar a la oficina del cara dura de mi jefe, el hombre que me tiene más que enamorada, me recibe

con una mirada coqueta y sonríe, parece que el cara de póquer ya no se aparecerá de nuevo ante mí.

—Bienvenida, señorita White.

— ¿Vas a seguir con eso? —pregunto seria, ahora soy yo la que muestra cara de póquer ante él.

—Sí, ahora trabaja para mí, así que compórtese, señorita White.

Rio a carcajadas y me acerco hacia él.

—De acuerdo, señor Grandchester, con una condición. —indico acercándome a su rostro.

— ¿Cuál?

—Quédate conmigo.

Está sorprendido, sus ojos brillan, el mismo color que me recuerdan el color del cielo, y la

profundidad del océano, lo quiero, y quiero vivir de ellos.

—Me quedaré contigo.

Acaricia mis mejillas y besa mis labios, hace lo que me gusta, me besa con suavidad y ternura.

Después de nuestro momento, prepara una reunión con el personal para dar la noticia que ahora soy

la nueva Directora fotográfica, hasta el término me hace temblar de la emoción, estoy tan feliz por la

nueva oportunidad, por fin haré lo que realmente me gusta. Estar detrás de un lente.

Media hora después de que nos reunimos, todo el personal me da la bienvenida, no hay malos

entendidos aunque sé que no tardarán en hacer sus propias conclusiones. Hace unos días era la nueva

modelo a la que el señor Grandchester sacaba de escena sobre su espalda.

Archie no sólo es el director de imagen, también es el mejor amigo de Terry, y está más que

encantado de trabajar conmigo.

—Espero que ahora me dejes trabajar en paz. — rio a carcajadas, él ya sabe que entre Terry y yo

hay algo más que una relación laboral. Y eso me llena de satisfacción.

Por otro lado Andy se dio cuenta que nuestro jefe ahora ya no se ve tan cara dura.

—Suéltalo, cariño, sé que estás con él —cuchichea— su tensión sexual se siente en el aire.

—No sé de qué hablas— disimulo preparando mi cámara.

— ¡Lo sabía! —Chilla— tu negación acaba de confirmarlo. Pero cariño, descuida, me alegro por ti.

— ¿En serio te alegra? —curioseo dejando a un lado mi cámara para ver su rostro.

—Sí, aunque no lo creas, sé que puedo bromear pero puedo ver en tus ojos que estás feliz, y puedo

ver en su mirada, el cara de póquer es un hombre nuevo.

Eso me emociona y empiezo a llorar.

— ¡No, cariño! Basta, me harás lloras y acabo de maquillarme. —bromea riendo, pero también está

emocionado.

—Eres un gran amigo, Andy

— ¡Amiga! no me ofendas. — corrige.

El primer día de trabajo es un éxito, la adrenalina que siento al estar detrás de cámara es una gran

satisfacción, todos han empezado a bromear diciendo que cuando va a entrar el señor Grandchester a

llevarme en su espalda, yo sonrío para mis adentros y actúo profesional. Sé que lo hacen con una

buena intención.

—Candy, las campañas en las que trabajaste han sido un laurel, el público te ama y nuevas marcas han

pedido trabajar contigo.

—Ni se te ocurra—gruñe alguien detrás, Terry.

—La señorita White ahora trabaja tras cámara. —indica con orgullo y un poco de celos.

—Tranquilo, Terry pero es la verdad, no puedes negar que tu novia es una estrella.

¿Novia?

Toso con fuerza, eso ha sido nuevo, ¿Novia yo? Del señor Grandchester, del cara de póquer, del cara

dura, del señor estaca en el culo, mi italiano sexy. ¡Imposible!

—Tú lo has dicho—afirma— mi novia ahora es una fotógrafa profesional. — acepta el término de

Archie y éste queda sorprendido, palmeando la espalda de Terry, y dejándome sola con él.

— ¿Qué pasa, señorita White?

— ¿Acabas de llamarme «tu novia»?

—Sí, ¿Cuál es el problema?

¡Ninguno! Pero ¡Me muero!

— ¿Quiere llevarme la contraria, señorita White?

¡Habla! Responde di algo. Estoy sorprendida, yo jamás había tenido novio, me siento toda una

adolescente enamorada.

—No pero…—Me calla con un beso, vale más que no hay nadie a mi alrededor. Pero veo por el

rabillo del ojo a Andy que está en los vestidores, tiene una cara de poema.

—Eso espero, señorita White — dice soltándome la cintura.

Mis piernas están flojas, vaya efecto el de mi jefe. Me deja como una tonta sin decir nada cuando me

besa. Pero estoy feliz, Candy White está feliz y ahora es novia del Señor Grandchester. Su jefe.

¿Ah?