ADVERTENCIA: Este capítulo tiene escenas con contenido sexual sino te gusta este tipo de lectura, te recomiendo que te abstengas de leer. Si no espero que sea de tu agrado
Mi trabajo ha sido impecable, no hay quejas de que mi trabajo no sea profesional, Terry a pesar de
que ahora es mi novio, se ha mantenido al margen y de vez en cuando se asoma por el estudio para
regalarme un cálido beso, pero es profesional cuando se trata de dar órdenes.
Annie como siempre quiere que le cuente todo con lujo de detalle, me ha dado la buena noticia que ha
ido a varias audiciones, seguro le dan un trabajo pronto como actriz, aunque el papel perfecto sería
para una telenovela mexicana.
Cenamos juntos en casa de Terry con la pequeña Eli, cada día la adoro más. Esa noche llega
Alicia, es fin de semana y toca pasarlo con la abuela. Se despide con un gran abrazo y su pequeña
mano hace la seña de un Te quiero, me sonrojo y me contengo de no llorar.
Al terminar la cena estoy leyendo un pequeño libro y Terry me ve desde su despacho. Me penetra
con la mirada y hago caso omiso de que no me doy cuenta de ello. Sonrío disimulando que es por
algo que leo en el libro. Se acerca y mi corazón empieza a latir más fuerte, mi corazón lo sabe.
— ¿De qué te ríes? —Pregunta acercándose y frunciendo el entrecejo.
—El señor Grandchester está muy serio esta noche y rio por lo que estoy leyendo.
—Odio cuando me llamas así—Dice—Candy White no sabes mentir.
Me doy cuenta que toco mi nariz.
Mierda.
—Y tú eres un pésimo novio. —lloriqueo.
— ¿Por qué dices eso?
—Porque no me has besado en toda la noche.
Me arrebata el libro de las manos y me toma suavemente del cuello, aparta el cabello de mi rostro y
me besa con ansias. —Nunca olvides algo—susurra a mi boca—Jamás olvides que haría todo por
verte sonreír siempre.
—Jamás olvides hacerlo. —murmullo.
Continúo besándolo pero esta vez soy yo la que toca su cuello y lo llevo hacia a mí, meto mis manos
frías dentro de su camisa y toco su pecho, está ardiendo en deseo y respira con dificultad, mis manos
tiemblan, pero no es de miedo, es de deseo.
Sabe lo que quiero, lo estoy invitando, si hubiese tenido miedo ya lo habría detenido. Me toma de la
cintura y mis piernas rodean su cadera, mientras me conduce a la habitación, tiro de su camisa y él
me acuesta sobre su cama lentamente. Continúa besando mi clavícula y suelto un leve gemido.
Entonces se detiene— ¿Estás segura? — sé a lo que se refiere, y estoy segura, Sus ojos se iluminan como si le hubiese dicho que es rey del mundo, pero lo es, es el rey de mi
mundo. Lo quiero y sé que él también me quiere.
—Quiero amarte todas las noches de mi vida, Candy
La luz de la luna entra por la ventada, mientras él me desnuda lentamente, temo que vea la pequeña
cicatriz en la parte baja de mi abdomen, donde recibí la apuñalada. Trato de taparla ridículamente con
mi mano, pero él me toma las muñecas. Ha visto mi cicatriz y no parece afectarle como a mí.
—Eres perfecta para mí. —Como si leyera mi mente y conociera mis miedos.
Me lleva las manos arriba de mi cabeza y besa mi cuello, seguido por mis pechos y termina en mi
cicatriz, estoy nerviosa pero me gusta, confío en él. Y no tengo miedo de que me posea.
Cuando estamos totalmente desnudos, suelto una ridícula risa de nervios y sonríe al verme sonrojada.
— ¿Está coqueteando conmigo, señorita White?
— ¿Está funcionando, señor Grandchester?
—A la perfección. — susurra.
Vuelve a comerme los labios con pasión pero se detiene, cuando se levanta lo detengo.
— ¿Adónde vas?
—Por un preservativo, nena, ¿O quieres darle un hermanito a Eli?
Cubro mi cara con mis manos nerviosa y niego con la cabeza, ni siquiera había pensado en eso, pero
el efecto del señor Grandchester en mí hace que mi mente se ponga en blanco y sólo exista su nombre, su
mirada azul y su aroma.
En menos de cinco segundos regresa y escucho el crujido del plástico en sus dientes.
¡Nervios!
¡Calor!
Se acuesta sobre mí y susurra:
— ¿Estás lista, pequeña?
Asiento con la cabeza y besa mis labios, los muerde esta vez, yo jadeo, toco su fuerte espalda y le doy
la bienvenida dentro de mí. Cierro mis ojos, pensé que no dolería, pero duele como el demonio, me
agito, cierro los ojos y suelto otro gemido dentro de su boca.
—Mírame a los ojos—pide con lujuria.
Obedezco y lo veo, la ternura y ardor con la que me mira mientras me hace suya es indescriptible, me
lame y muerde mi cuello y yo jadeo una y otra vez mientras entra y sale de mi cuerpo, con lentas
embestidas a la perfección. El dolor ha cesado cubriéndolo de placer, beso fuerte su boca y su lengua
acaricia la mía mientras mis uñas se entierran en su espalda, escucho cómo gruñe, eso le gusta. Me embiste una y otra vez y yo arqueo mi espalda y cierro mis ojos nuevamente.
—Mírame a los ojos, nena—vuelve a pedir, pero con ternura.
Lo veo y una lágrima se derrama por mi mejilla, no estoy triste, ni siquiera sé por qué estoy
llorando, pero lo hago, me está haciendo suya, y estoy amando cada movimiento que hace sobre mis
caderas. Entra una última vez y yo grito enterrando mi cabeza en su cuello sudoroso, su aroma
combinado con su sudor es como el aroma de lo eterno.
El aroma de mi cielo.
—Te quiero, nena—susurra en mi oído. —Eres mía ahora, me perteneces.
Sí, le pertenezco.
Me amó esa noche, y yo lo amé de la misma manera por primera vez, pensaba que la cama era para
dormir, pero Terry me enseñó que también existen otras necesidades humanas y placenteras por
cumplirse sobre ella.
Acaricio su cabello castaño, es suave y se ve tan tierno con sus ojos cerrados. Cuando pensé que
dormía su voz ronca me habla y su mirada azul es oscura.
—Tengo que advertirte, Candy, una vez en mi vida, conocerás lo que tanto he temido que conozcas.
Eso me asusta y recuerdo lo que Anthony dijo.
— ¿A qué te refieres?
—Mis demonios, saldrán en cualquier momento y temo perderte, nena.
¿Demonios? Pensé que era la única dramática.
— ¿Qué demonios, Terry?
—Crecí con un padre abusivo, golpeaba a mi madre y ella me abandonó, me dejó crecer con un
hombre frío, luego él murió y tuve que terminar de crecer solo. —Un nudo grande se forma en mi
garganta.
—No es tu culpa, tu madre debió sentir mucho miedo, no justifico su abandono pero no es tu culpa.
—No puedo perdonar a una mujer que permitió que creciera con un hombre abusivo y peligroso. —
repite.
—Nunca es demasiado tarde. —señalo tocando su rostro.
—Para mí lo fue, no sabes de lo que soy capaz cuando mis demonios salen a luz.
— ¡Deja de decir que tienes demonios! — lo reprendo y calla.
—Es la verdad, una vez tuve una novia, en ese tiempo era celoso, bueno más celoso—corrige y
continúa: —ella era hermosa, tenía muchos chicos tras ella.
— ¿Y qué pasó con ella?
—Tuvimos una gran discusión por un amigo suyo y… —hace una pausa y temo escuchar lo que va a
decir. —perdí el control, la abofeteé una vez, no me di cuenta hasta que la vi tirada en el suelo, sus
ojos eran de dolor.
No sé qué decir, no siento miedo, pero entonces Anthony tenía razón. Terry podía ser un hombre
tierno pero también podía ser alguien agresivo y peligroso.
—No me veas así—exige—No soporto esa mirada de miedo en tus ojos.
Su exigencia me hace reaccionar, no es miedo; no temo a sus palabras ni a su pasado. Temo a que no
se perdone a sí mismo. Y ahora sea él el que intente alejarme. Pero es demasiado tarde, él me
pertenece como yo a él.
—Mírame, Terry—tomo su rostro para que me vea—No te tengo miedo—demando—tú no eres
ese hombre ya, supéralo. —quita su mirada y vuelvo a tomar su barbilla: —No he terminado, ella
seguramente te perdonó después de todo, estoy segura que te quería lo suficiente para darse cuenta
que ese hombre no eras tú.
Él me ve y no dice nada.
— ¿La amabas, Terryn?
—No, jamás la hubiera lastimado, no sabía lo que era el amor.
—Entonces tienes que perdonarte, y en cuanto a tu madre, un paso a la vez ¿Bueno?
Él asiente y puedo ver su sonrisa nuevamente, pero se desvanece en sus pensamientos.
—Candy, si algún día yo…—Cubro su boca con mi dedo y le digo: —Ni se te ocurra decirlo o
pensarlo.
Quiero creer en que ese hombre no existe más, que sólo ha sido un oscuro pasado. Desde hoy he
decidido enterrar a la Candy que fue abusada, por la Candy que ahora es amada, por el hombre más
increíble que he conocido toda mi vida.
Me envuelve entre sus brazos y cuando estoy a punto de quedarme dormida, quiero que mi corazón
hable por mí.
—Lo Amo, señor Barbieri. Jamás sabrá lo que más me gusta de usted.
