Me despido de mi hermano y de mi madre. Albert da un apretón de manos a Terry y dice algo en

secreto en su oído, por la mirada de Terry no creo que haya sido algo bueno.

Al momento de entrar al auto su expresión es de un millón.

—Te ha amenazado ¿verdad?

Asiente nervioso y rio a carcajadas. Albert es único, sabía que haría algo como eso, pero sé que las

cosas de ahora en adelante serán mejor, o eso es lo que quiero creer.

Una hora después estamos en mi apartamento, recogiendo un poco de ropa. Coloco algunos vaqueros

sobre la cama y los doblo uno por uno, y siento un aliento caliente en mi cuello. Me estremezco y me

gira hacia él.

Tiene la mirada coqueta y muerde sus labios viendo los míos. Me toma del cuello y me acuesta sobre

la cama, aparta todo a su alrededor y empieza hacer pequeños círculos sobre mis pechos. Dejo

escapar un gemido y muerdo sus labios.

—Te deseo, pequeña. — gime como ya lo mencionó, con deseo. — ¿Tú me deseas?

Asiento pero no le basta. —Necesito escuchar que me lo digas, nena.

—Te deseo…

Mete sus manos bajo mi blusa y la levanta por encima de mi cabeza.

¡Calor!

Intento quitarme los vaqueros, pero me detiene. —Ese trabajo, siempre será mío, nena.

Besa, lame y chupa mis pechos y mi espalda se arquea enseguida, sonríe; sabe que lo estoy

disfrutando tanto como él. Me desnuda completamente y contempla cada parte de mi cuerpo y veo

cómo levanta la comisura de su labio.

—Eres tan hermosa.

Me acerco a él y le quito el polo azul que hace que sus ojos destaquen más, desabrocho el pantalón de

manera desesperada, nunca lo había hecho de esa manera, estoy exasperada por sentir como me hace

suya de nuevo.

Porque lo soy y él lo sabe.

—Mírame a los ojos—manda.

Extrañaba su voz de mando, ¿Debería de empezar a obedecerlo de ahora en adelante? Lo veo y su

mirada azul es penetrante con la mía. Gruñe en mi cuello y yo abrazo su ancha espalda con todas mis

fuerzas mientras entra y sale con cautela.

—Prométeme algo, pequeña. — pide arrastrando las palabras.

—No… —Entra con furia —Más…—jadeo fuerte —Secretos.

¿No más secretos?

Sabe que en estos momentos puedo prometerle hasta dejar de maldecir. Es una buena movida,

cualquiera en esta situación no puede negarse.

Asiento una vez más. —Nena… necesito escucharte que lo prometes.

—Lo… prometo—me embiste una última vez y siento que explota dentro de mí. Fue un trato, y vaya

manera de cerrarlo.

— ¿Qué es lo que más te gusta de mí? —pregunta.

—Tu pecho.

Debería de dejar de preguntarme eso cada vez que hacemos el amor, jamás lo sabrá; no entiendo

todavía su insistencia, pero sé que no descansará hasta que se lo diga.

La noche es bella y estoy al lado de mi italiano, se sonroja cuando le digo que es el jefe más sexy que

haya conocido. Me susurra que me ama y me estremecen sus palabras. No me canso de él, ni de sus

caricias.

Suena el móvil, veo la hora, mierda es media noche.

—Annie ¿Qué pasa? —pregunto soñolienta.

— ¡Candy! ¿Dime que no estás sola? —ruega desesperada

—Terry está conmigo.

— ¡Bien! Anthony ha venido al Luxar y me ha visto, preguntó por ti y le dije que te dejara en paz. Se

puso furioso y lo peor de todo es que estaba golpeado.

— ¿Anthony golpeado? — eso hace que me despierte.

Siento que Terry se mueve. —Annie hablamos luego, gracias por llamar y tranquilízate ¿Bueno?

—Bueno, te veo luego.

Me acuesto a su lado de nuevo, lo observo y está dormido como una piedra; recorro todo su cuerpo y

llego hasta sus nudillos, los tiene enrojecidos. Maldigo en voz baja y niego con la cabeza.

Terry fue capaz de golpear a un detective ¿De qué más no será capaz? Recuerdo que dijo que no se

iba a quedar así, al verme lastimada por Anthony hizo que perdiera los estribos. ¡Mierda!. No quiero que

se meta en problemas y tampoco que nadie salga lastimado.

—Buenos días—susurra en mi cuello.

—Buenos días—respondo levantándome de la cama.

Me meto al baño y cierro la puerta, me doy una ducha y mientras lavo mi cabello, recuerdo en lo que

Annie me dijo, Anthony estaba golpeado y Terry lo golpeó, me imagino que Anthony ha de estar

enfurecido, no me importa que me haya dejado un par de marcas en los brazos, sé que no lo hizo a

propósito pero no me imagino a Terry dándole una paliza y que Anthony no haya hecho nada para

defenderse. Es extraño todo.

Salgo de la ducha y Terry está en calzoncillos sentado a la orilla de la cama viendo sus nudillos.

Ignoro el momento y busco ropa en mi closet. Me giro hacia él y tiene su mirada azul viendo mi

cuerpo.

—Ni se te ocurra—lo fulmino con la mirada. Ya conozco esa mirada por la mañana y ni siquiera lo

he tocado.

— ¿Por qué estás tan molesta esta mañana?

—Por nada. —contesto tajante.

Enfurecido entra al baño y se ducha, cuando sale yo estoy en la cocina tomando un té, todavía ni se

cómo preguntarle lo que hizo, sólo sé que estoy furiosa por lo que sea que haya hecho.

— ¿Qué quieres hacer hoy? — Está tan calmado, lo veo de arriba para abajo y veo que está usando

ropa diferente.

— ¿De dónde sacaste eso? —contraataco con otra pregunta tomando un sorbo de café pero la mirada

lo inunda por todo el cuerpo. Se ve tan guapo en sus vaqueros desgastados y polo blanco.

—Fui al auto mientras dormías.

—Umm.

Toma la maleta que estaba preparando la noche anterior, pero hago memoria y recuerdo que nunca

llegué ni a terminar de doblar la ropa, arrugo la frente y él ríe.

—La he terminado por ti cuando bajé por mi ropa.

—Umm.

Vamos en su auto y lo veo por el rabillo, está relajado, demasiado para mi gusto, muerdo mis labios

de ansiedad, quiero bombardearlo de preguntas pero no sé ni por dónde comenzar, niego con la

cabeza y maldigo para mis adentros, mi teléfono empieza a sonar y abro mi bolso, ¡Anthony! ¡Mierda!,

dejo que suene y no contesto.

— ¿Por qué no contestas? —pregunta y no quita la mirada de la carretera.

—Es Annie, llamaré luego. —miento.

— ¿Nena? —pregunta y me ve por un segundo.

— ¿Umm?

—Todavía no sabes mentir—niega con la cabeza y tira mi dedo de mi nariz. —No puedes vivir sin

esa muletilla del "Umm." —me imita.

Lo sé, estoy jodida.

Ignoro su comentario y me bajo del auto al ver que estacionamos en el Hall. Bajo la maleta y él me la

arrebata de las manos.

—Yo la llevo. —manda.

Lo dejo y camino detrás de él, al entrar al apartamento corro por un vaso con agua, sigo maldiciendo

para mis adentros, estoy teniendo mucha ansiedad.