Termino de tomar mi vaso con agua y escucho la puerta. Es Alicia que vino a dejar a Eli para que

pase el día con nosotros, corre hacia mí y me rodea la cintura con sus brazos.

—Te he extrañado, chispita. —sonríe y corre donde su padre.

—Hola, Alicia—la saludo con un abrazo.

—Tengo que hablar contigo, un día de estos tomamos un té ¿Bueno? —Murmura —es sobre la fiesta

de cumpleaños de Eli.

Mis ojos se iluminan, una fiesta para la pequeña es perfecto para que vaya saliendo de esa burbuja en

la que su padre la ha sometido.

—Perfecto, avísame y con mucho gusto haremos algo.

— ¿Hacer qué? —pregunta Terry detrás de mí.

—Cosas de mujeres—defiende Alicia

Se despide de la pequeña y se va, Terry me fulmina con la mirada, seguro ya sospecha como todo

el controlador que es. Eli se va para su cuarto y le digo que enseguida la sigo para que miremos la

película de princesas que su padre compró para ella.

— ¿Tienes hambre? —pregunto al cara dura que está en su despacho.

Niega con la cabeza, me he dado cuenta que no lo he besado en todo lo que va del día, y lo más

extraño es que él no se ha acercado a mí tampoco. Me acerco con cautela y beso su cabello castaño que

huele delicioso.

Al ver que no reacciona me giro y toma de mi mano. De pronto don cara dura ha dejado de fruncir el

entrecejo.

Me acerco a su boca y lo beso, besarlo hace que me olvide de todo y hasta cuando estoy enfadada con

él, no le tengo miedo, tengo miedo a que cometa una estupidez por querer controlar todo.

—Te amo, Candy.

¿Candy? Eso es nuevo. Abraza mi vientre aferrándose a él como si no existiera un mañana, de pronto

está temblando.

— ¿Terry?

No responde.

— ¿Terry? Estás apretándome mucho, cariño.

¿Qué pasa con él?

Me suelta y deja salir un suspiro de desesperación. ¿Realmente no me dirá nada sobre Anthony? ¿Tengo

que torturarme de esta manera?

No quiero discutir sabiendo que Eli está en la otra habitación, pero tampoco quiero estar así por el

resto de la noche o los días sin que él no diga nada. ¿Será una prueba?

El momento se rompe cuando escucho mi teléfono desde la cocina, salgo y veo.

Anthony.

Antes de pensar en contestar siento una mirada clavada en mi cuello, Terry está detrás de mí.

Me arrebatada el teléfono, y yo brinco asustada y doy un paso hacia atrás, fue un impulso estúpido de

mi parte, su mirada es triste al ver mi reacción de pánico ante él.

—Jamás… te haría daño—susurra cerrando sus ojos y pegando su frente con la mía.

Me estremezco y lo abrazo fuerte. —Lo siento—musito.

Él me abraza y empiezo a temblar sin querer, intento calmar a mi cuerpo pero no puedo, me abraza

más fuerte y la pequeña Eli sale y se mete entre los dos.

—Ahí estás—digo con voz quebrada y sonrío.

— ¿Tienes hambre, cariño? —Eli asiente y Terry me da un beso en la frente y se va con ella para

la sala.

Respiro hondo y trato de olvidarme de lo que acaba de pasar, intento preparar la cena y mis manos

todavía tiemblan.

¿Le tengo miedo a Terry?

Imposible, el jamás me haría daño, lo sé.

Maldigo en voz baja y empiezo a preparar la cena, pongo mi mente en blanco y trato de pensar en lo

bonito. Estar al lado de él y su hija que ahora también es mía. Los amo demasiado como para

perderlos por mis estúpidos miedos.

—Eli dice que la cena está deliciosa—traduce Terry.

—Ya era tiempo que comiéramos algo sano—aclaro y trato de sonreír, mis ojos todavía están

aguantando las ganas de llorar.

Después de la cena, la pequeña Eli se queda dormida en el regazo de su padre mientras mirábamos

una película en la sala, la lleva entre sus brazos para la cama, camino detrás de él y le doy un beso

a la pequeña antes de salir de la habitación.

Terry sale conmigo y me toma de la mano, me dirige al balcón, justo lo que quería, tomar un poco

de aire.— ¿Estás bien? —pregunta, su mirada sigue triste y yo ya he dejado de temblar.

Asiento con la cabeza, conteniendo mis ganas de llorar.

— ¿En serio me tienes miedo? —me pilla con la pregunta y rápido niego con la cabeza sin verle a los

ojos.

—Candy, necesito escuchar que lo digas. —ordena.

Lo veo y ordeno a mis labios que digan algo pero no puedo. ¡Mierda di algo! Mis lágrimas se

apoderan de mí y empiezo a llorar enfrente de él, me llevo la mano para la boca y trato de calmarme.

—Mírame—ordena.

No puedo.

—Está bien— da un paso derrotado y lo detengo, no quiero que se vaya, no quiero que se vaya

pensando en que le tengo miedo.

Lo abrazo fuerte, hundo mi cabeza en su pecho y mojo su camisa con mis lágrimas, no quiero que se

vaya, no quiero que me deje ni yo quiero dejarlo; no le tengo miedo, temo al hombre de su pasado;

temo que él no lo quiera enterrar así como yo enterré a la vieja Candy abusada.

—Te amo. —musito

Levanta mi mentón con un dedo.

— ¿Me tienes miedo? —repite la pregunta.

Esta vez la pregunta no me sorprende ni temo responder, no obligo a mis labios a que hablen, obligo

a mi corazón que hable.

—No.

Me abraza fuerte, parece aliviado, realmente lo estaba matando todo este tiempo, sabía que no me

preguntaría algo así si yo no hubiese reaccionado de esa forma, pero fue un impulso y el miedo de

que se enojara porque Anthony me llamara. Recuerdo lo que Annie dijo y es mi momento para

enfrentarlo.

— ¿Terry?

—Umm. — me imita.

— ¿Me estás ocultado algo? — Me suelta y suspira.

—Sí. —Parece sincero—Pero sé que ya lo sabes, o al menos es lo que creo.

— ¿Cuándo pensabas decirlo?

—Nunca.

— ¿Nunca?

—Te dije que no se quedaría así, él te lastimó; hice lo que tenía que hacer. —suena como si fuera lo más normal del mundo ir a romperle el culo a un detective y esperar que no hayan consecuencias.

— ¿Qué hiciste?

—Fui a su puta oficina, mis escoltas cuidaban la puerta mientras me encargaba de hacerle entender

que no podía lastimarte y librarse de ello y nadie hizo nada para impedirlo. Nadie-toca-lo-que-es-

mío. —subraya cada palabra.

Mis ojos están de par en par, mi amor es increíble, su seguridad lo hace que haga cosas bastante

estúpidas y sin sentido, su obsesión por mantenerme a salvo acabará con él.

—Terry, no fue nada grave…

—Lo fue nena—me interrumpe—Y no trates de defenderlo que eso me enfada más.

—Habrán consecuencias— intento que se dé cuenta que sus impulsos no lo van a llevar a nada bueno.

—No hará nada, puede meterse sus demandas por el culo; jamás dejaré que vuelva a ponerte una

mano encima.

— ¿Te ha llegado alguna? —pregunto con ironía.

—No—ríe.

Es increíble que se salga con la suya, lo que no entiendo es que Anthony sigue llamándome después de

que Terry lo golpeara, por lo que dijo Annie, estaba acabado.

— ¿Para qué te llamó? —recuerda que me llamó justamente cuando él arrebató mi teléfono.

—No le pregunté.

—Pequeña, el sarcasmo no te da. —Dice muy serio—parece que tendré que hacerle otra visita, creo

que no le quedó muy claro.

—Deja de actuar como un adolescente, Terry, has acabado con él. —amenazo.

—Parece que no lo suficiente para hacerle saber que no tiene que llamarte.

—Si hubiese contestado quizás…—Ni se te ocurra, señorita—interrumpe.

La verdad es que si contestaré la próxima vez que Anthony me llame, no me importa si Terry se

molesta, tengo que hacerlo y si lo hago enfrente de él también me importará un pepino. Tengo que

saber que él está bien y convencerlo que no meta en problemas a Terry, aunque él solo se lo buscó.

—Eres demasiado celoso para mi gusto. —suelto y me doy cuenta que hablé en voz alta.

Me fulmina con la mirada. —Cuido lo que me pertenece, y tú me perteneces—demanda.

—Qué romántico—sarcasmo.

—Nena, entiende, el sarcasmo no te da.

—Haces un trabajo espectacular, Candy—dice con orgullo—Y has hecho un gran trabajo con Terry.

—Gracias, Archie.

De pronto siento la curiosidad por preguntar a Archie si sabe algo de la golpiza que le propinó a

Anthony, también lo de la supuesta demanda.

—Archie, puedo preguntarte algo.

—Claro, dime.

— ¿Sabes que Terry golpeó a un detective?

Toce con fuerza casi escupiendo su café mañanero y luego ríe a carcajadas.

— ¿Te lo ha dicho?

—No precisamente. ¿Sabes algo?

— ¿Quién crees que fue con él? —dice con arrogancia, par de críos.

—Actúan como un par de críos. —digo molesta y golpeo su hombro.

—Tranquila—ríe—Lo hizo por ti, además se lo merecía. Terry me contó lo que te hizo, yo

también hubiese hecho lo mismo si se tratara de mi mujer.

—Es peligroso que se meta en problemas, lo pueden demandar, de nuevo. —Lo último sonó como si

supiera de su ex novia, lo que es mentira porque Terry jamás profundizó el tema, no supe si era

cierto o no lo que Anthony dijo.

— ¿Qué demanda? —dice despistado. —Terry jamás ha sido demandado por algo.

—Anthony me dijo algo de eso—omito el motivo.

—Candy, sé a lo que te refieres, es el pasado de Terry, él me dijo que te lo ha contado, pero lo de la

demanda ha sido una vil mentira de ese hijo de perra.

Miles de preguntas vienen a mi mente, ¿Por qué Anthony inventaría algo así?

—Supongo que sí.

Vuelvo a trabajar, no puedo concentrarme después de lo que Archie dijo, sino hubo una demanda

cómo diablos Anthony sabía que Terry había golpeado a alguien. Me voy a volver loca, tengo que

hablar con Anthony sin que Terry se entere. Tengo que saber por qué diría algo así.

—Levanta un poco la cabeza, por favor—ordeno a la modelo.

Parece mentira que yo haya estado en el lugar de ella, todavía hay ofertas jugosas de algunas

compañías que buscan que trabaje para ellos, me siguen halagando pero no volvería a hacerlo. Esa tarde aprovechando que Terry está en una reunión y saldrá un poco más tarde, salgo a tomar

algunas fotografías. He estado pensando en que algún día me gustaría hacer una exposición

fotográfica en alguna galería. Sería todo un sueño hecho realidad.

Exploto mi burbuja de sueños cuando suena mi móvil, Anthony.

—Anthony— digo desesperada.

—Ya era hora que contestaras, Candy, necesito hablar contigo.

—Sé lo que pasó, lo siento mucho, Anthony.

—Tengo que verte ¿Dónde estás? — ignora mis disculpas.

— ¿Te parece si te veo en el café que está en la avenida Bells?

—Perfecto en diez minutos estoy ahí.

Parece frustrado por el sonido de su voz, realmente en estos momentos no me importa si Terry se

enoja de mi encuentro con Anthony. Él no me da las respuestas; tengo que buscarlas yo. Además no creo

que Anthony se atreva a hacerme daño y menos después de lo que Terry y su amigo cómplice hicieron

con él en su oficina. ¿Verdad?

¡Mierda!

Anthony tiene la cara de pocos amigos y hecha un desastre, me da hasta pena verlo así.

—Hola, Candy. —saluda con cautela y toma asiento.

—Anthony, siento mucho que estés así—la verdad es que no ahora que lo recuerdo, se comportó como

un imbécil.

—Voy a ser directa contigo, Anthony, sabes que no puedo verte.

—Lo sé, es por eso que quería pedirte disculpas en personas, actué como un imbécil por ti y te

lastimé, perdóname por favor.

—Sí, lo hiciste, hace años que te conozco Anthony, nunca habías actuado así.

—Es por él Candy—se refiere a Terry—No voy a hacer algo al respecto, porque sé que lo merezco,

pero no quiero que estés con él.

¿Ah? Lo de no demandar a Terry me parece bien pero que lo deje, está loco, veo que la golpiza lo

dejó desorientado.

— ¿Disculpa? —Levanto la voz—Para empezar quiero que me digas a causa de qué me dijiste que

Terry había golpeado a alguien, sé que esa demanda nunca existió. Así que habla. —Lo sé, mentí pero no podía decírtelo—se toca la cabeza y niega—Lo vi, Candy, lo vi golpeando a

una mujer.

Aclaro mi garganta. — ¿De qué hablas?

—Era una amiga mía, Amanda. Trabajó para él, de modelo—eso último lo subraya—salieron un par

de veces y una vez vi cómo la golpeaba.

Repaso cada palabra, todavía no puedo ni cerrar mi boca.

— ¿Cómo lo viste? —pregunto con voz quebrada.

—Ella vivía conmigo, compartíamos apartamento, escuché que discutían; él no estaba de acuerdo que

viviera con un hombre, pero yo en ese entonces tenía novia y Amanda era una amiga, jamás la vi de

otra forma. —hace pausa toma mi mano y prosigue: —vi cuando la golpeó, saqué mi arma y le dije

que se fuera, jamás la volvió a ver.

—Me cuesta creerlo. — o al menos eso quiero, no creer nada de eso.

—Candy, cuando me di cuenta que trabajabas para la misma agencia me volví loco, hasta que te

encontré; cuando me dijiste que estabas con él, enloquecí lo admito, pero era para protegerte.

—Anthony, Calla. Terry no me ha hecho daño, he estado con él, hemos discutido pero jamás me ha

puesto una mano encima.

—Candy, quiero creer que lo que dices es cierto, pero mírame la cara, es un hombre agresivo, jamás

cambiará.

Quiero llorar, no debí venir. Anthony tiene razón, una persona violenta jamás cambia y Terry ha

estado enfadado conmigo que me ha hecho tenerle miedo, pero sé que no me haría daño, él es

incapaz de hacerme daño, me ama.

—Él nunca me lastimaría. —repito.

—Ojala nunca lo haga, Candy, soy capaz de matarlo si llega a ponerte una mano encima, espero que te

ame lo suficiente para no lastimarte de esa manera.

Y yo también lo espero.

Me despido de Anthony con un nudo en mi garganta, estoy en un modo digestivo de secretos, los

cerrojos de Terry se están abriendo y no me está gustando nada su pasado, no quiero tenerle

miedo, si empiezo hacerlo no podré estar con él nunca.

No me dijo la verdad, había otra mujer, maldigo en voz alta, ¿Cuántos secretos hay? ¿Cuántas

mujeres ha habido? Demasiadas preguntas y pocas respuestas, me estoy cansando de todo, tengo que

buscarlas a escondidas, a esto tan patético tengo que recurrir porque el hombre que amo no puede

decirme la verdad.

Intento no pensar en eso mientras voy conduciendo, suena mi teléfono, hablando… del rey de Roma.

—Hola—digo con simpleza. — ¿Pasa algo, pequeña?

—No pasa nada, Terry—intento sonar lo más normal que puedo, pero llamarle por su nombre no

sonó natural.

—Hay una celebración en mi Hotel para el aniversario de la empresa, quiero que vengas conmigo.

¿Su Hotel?

— ¿Tu hotel? —pregunto desconcertada y hasta cierto punto molesta

—Sí, nena, soy propietario del Hotel Encore. —lo dice como que fuese lo más natural del mundo que

me dé cuenta por teléfono que aparte de ser dueño del bar más lujoso de la ciudad, la empresa más

importante de publicidad alrededor del mundo y ahora de un Hotel cinco estrellas.

—Bien, supongo que si me dices que también tienes reservado un espacio en la luna no me tengo que

sorprender—Sarcasmo.

—Nena, entiende, no te da el sarcasmo. —Resopla—La cena es a las nueve de la noche, te veré en

casa para que lleguemos juntos.

— ¿Juntos?

—Sí, quiero ir con mi novia. —suena orgulloso y feliz de nombrarme su novia.

Intento sonreír, es algo lindo que haga eso, pero no olvido las cosas de las que me he enterado. —

Bien, estaré lista para entonces.

—La amo, señorita White.

—También lo amo, Señor Grandchester—eso lo dije de corazón, es la verdad, lo amo demasiado y al

escucharlo decir que me ama me hace confiar en que no me hará daño nunca.

Al llegar al apartamento encuentro sobre la cama un vestido de gala de sirena color rojo, largo y con

un escote de corazón, hermoso en pocas palabras. Empiezo a prepararme, mi cabello hoy está sumiso

así que uso ondas largas y lo pongo de lado como Andy me enseñó. Me maquillo un poco y pinto

mis labios color sangre y hacen resaltar el color verde de mis ojos.

Me entran unas gallas de llorar enormes y Alicia llega al Hall.

— ¡Dios Míos! Eres la mujer más bella que haya visto.

—Gracias, Alicia.

—Eli está lista para la cena, Terry dice que será la noche más importante de su vida y quiere que

sus dos mujeres estén presentes.

— ¿Tú no irás?

—Sí, por supuesto; me siento halagada que Terry me haya invitado a una celebración como esta — ¿Dónde está Eli? —pregunto ya que sólo Alicia entro al apartamento.

—Está afuera en el pasillo, se rehúsa a ir, ella nunca ha ido a esos lugares y tiene miedo.

—Déjame hablar con ella.

Salgo por el pasillo y veo a Eli, usa un vestido rosa muy elegante, se ve como una princesa pero me

doy cuenta que no quiere salir de su bola de cristal.

— ¿Qué pasa, chispita?

Niega con la cabeza. —Eres la nena más hermosa que haya visto, te ves hermosa con tu vestido rosa

¿Te gusta el mío? —pregunto dando una vuelta y ella sonríe y asiente.

—Entonces, pequeña, ¿Por qué no quieres ir si sabes que serás la nena más bella del lugar?

Empieza hacer señales y por primera vez entiendo sin que alguien traduzca.

—"Se burlarán".

—Nadie se burlará de ti, ¿Sabes por qué? —Niega—Porque soy tu mamá, recuerdas, y nosotras las

madres cuidamos de nuestras pequeñas princesas, nadie se burlará de ti cariño, recuerda que estará

lleno de gruñones y hablarán de cosas aburridas mientras tú y yo bailamos en la pista.

Sonríe y asiente.

—Bueno, un abrazo y a limpiarte esa carita, si quieres te pongo de mi maquillaje. —Eli alegre se

levanta del suelo y asiente.

Es verdad lo que le dije, la protegeré con mi vida si es necesario, no voy a dejar que nadie se burle de

ella porque no puede hablar, no es un problema, solamente es un síntoma de un trauma que sufrió. Me

da mucho gusto que Terry la lleve, por fin ha dejado que la nena salga de su castillo y empiece a

explorar el mundo, ese cambio me hace pensar en lo que Anthony dijo, ama lo suficiente para ser un

hombre diferente.

Al entrar al apartamento Alicia está llorando. — ¿Qué pasa? —pregunto asustada.

—Nada, escuché lo que le dijiste—me abraza—Gracias por llegar a nuestras vidas, Terry es

afortunado de tenerte, sé que cuidarás de él y de mi nieta.

Lo sé, Terry es afortunado de tenerme, pero yo todavía no sé si yo soy lo suficientemente fuerte

para aceptar su pasado, lo amo, y amo a su hija; pero la realidad es que desconozco a Terry a

veces, dijo que no quería secretos y parece que en vez de un cofre hay todo un pozo lleno de ellos.

—Cuidaré de ambos, son mi vida, recuérdalo. —Mi vida, se han convertido en mi vida y me da

miedo de que sea yo la salga del castillo que Terry ha construido para mí.

Se abre la puerta y es Terry, está usando un esmoquin negro elegante y se ha afeitado, su cabello

está impecable y su aroma empieza a flotar por el aire, mi mandíbula cae al suelo.

— ¿Te gusta lo que ves? —pregunta, y me recuerda la primera vez que lo dijo.

—Esta vez eres tú mi objetivo. Se acerca y me planta un beso en mis labios rojos, me toma del brazo y me gira enfrente de él, me da

un beso en mis omoplatos y me estremezco. Es tan dulce y tan gentil en estos momentos que sólo

importamos él y yo, al menos por esta noche. Todavía no sabe que vi a Anthony, seguro eso lo enfada y

hace que explote la vena de su cabeza.

—Eres la mujer más hermosa de este mundo—susurra en mi cuello. —Te amo, Candy White, nunca

olvides que te pertenezco y me perteneces.

¿Por qué sus palabras son mi debilidad?

Al sentir el calor de su aliento en mi cuello hace que me olvide hasta en el peor de los pecados que

podamos cometer. Me vuelve loca y estúpidamente ciega de amor y de deseo.

Me suelta y levanta a Eli con sus brazos para darle un gran beso y un abrazo, cuando lo veo

haciendo eso no me lo imagino como él hombre que Anthony dice que es, no puedo imaginármelo

haciéndole daño a alguien, es demasiado perfecto para mí, es un hombre admirable y jodidamente

sexy, hace babear a cualquiera en estos momentos viéndolo cómo padre.

Saco mi cámara y tomo una fotografía mientras besa a Eli y ella sonríe junto con él.

—Ahora la familia completa—dice Terry. El brillo de sus ojos, ese brillo es de felicidad, nunca

había visto ese tipo de brillos en su mirada azul.

Me sonrojo y pide a Alicia que tome una fotografía de los tres, lloro para mis adentros, es lo más

dulce que haya pedido, la pequeña me abraza y besa mi mejilla.

—Listo. —grita Alicia de felicidad.

¿Por qué siento que todo acabará tarde o temprano? El momento es demasiado perfecto y nada en la

vida es perfecto, al menos en la mía no.