Todavía me pregunto cuándo lograré despertar de este maravilloso sueño, aunque a
veces me resulta ser una pesadilla. Intento no pensar en eso y aprovecho cada
momento que tengo con él y su hija, amo cada momento al lado de ellos, todavía no
caigo en la realidad. ¿En realidad somos una familia? Bueno, pues, amo mi pequeña
familia.
— ¿Soñando despierta? —me pilla Terry cuando preparo mi cámara.
—Hola, señor Grandchester. —sonrío y coqueteo.
—Hola, Candy— eso no sonó bien, parece preocupado.
— ¿Qué pasa?
—Tengo que hablar contigo— de nuevo su tono me preocupa, de repente veo como la
Pelirroja llena de silicona se acerca por la puerta del estudio y habla con Archie
De inmediato lo fulmino con la mirada, ¿Qué carajos hace esa mujer aquí? Respiro
profundo antes de montar una escena en pleno set y tan temprano por la mañana.
— ¿Acerca de eso? — señalo con mis ojos hacia ella.
—Nena, sólo será un par de fotos para la nueva campaña de lencería, Archie dice—Sí,
sí como sea—lo interrumpo como una niña haciendo rabieta.
—Pequeña, no te pongas así.
—Entiendo, Terry. Ahora déjame trabajar. —Mentira.
—También te amo—dice alejándose.
—El sarcasmo no le da, señor Grandchester —le grito mientras se aleja.
Lo que me faltaba, tener que fotografiar a la ex de mi novio y de plano tengo que
aguantar que se lo coma con la mirada. Actúa cómo una profesional digo en mi
mente, me repito eso como si me estuviese aprendiendo la tabla del dos mientras se
acerca.
Actúa profesional… Actúa profesional, no le saques los ojos…
¡No le saques los ojos!
Respira profundo y a trabajar.
Eliza sale del vestidor, por los ojos que pone Andy me indica que tampoco le gusta
su presencia aquí, pero tampoco puedo actuar como una adolescente y prohibirle a
Terry que no la contrate, tengo que aceptar que es una modelo, y para terminar de ser masoquista, debo admitir que es una muy importante.
—Hola, Candy ¿no? — saluda como una hipócrita.
—Hola, Eliza—sonrió igual de hipócrita, debo de ser lo más profesional que puedo,
Archie me observa al igual que Terry a lo lejos. Siento que los celos me están
carcomiendo por dentro como un millón de termitas. ¿Por qué Terry está aquí?
Debería de irse a su despacho, o estará preocupado que le quite cada una de las falsas
pestañas a la pelirroja que tengo enfrente que acomoda su par de tetas falsas en mis
narices.
¡Asco! Evito no vomitar el desayuno que tomé esta mañana, ahora tengo que
desayunar porque don cara de póquer hace una rabieta si no lo hago y la Sra. Ponny
se resiente que rechace sus deliciosos manjares.
—Bien, empecemos— ordeno.
Eliza se acuesta en un mueble de terciopelo, intento no reírme, se ve como lo que es.
¡Una puta! Miro por el rabillo del ojo si Terry sigue aquí pero parece que confía lo
suficiente para darse cuenta que no cometeré ninguna tontería, al menos si no soy
provocada.
—Levanta un poco la cabeza.
Rezo un par de plegarias para terminar con esto de una vez por todas. Respiro
profundo y pienso en lo bonito. Recuerdo ser yo la que estaba enfrente luciendo un
traje parecido, pero más conservador, en cambio ella, sólo un par de encaje cubre sus
partes íntimas.
—Ahora mueve el brazo arriba de tu cabeza.
Vaya, me admiro; estoy manteniendo la postura y veo que no le agrada que le dé
órdenes. ¿Quién es la profesional ahora? Pues yo.
—La mano en la cintura, Gracias.
¿Acabo de decir gracias? Eso sí que es nuevo, Archie me observa y está tratando de
contener una sonrisa, lo atravieso con la mirada mientras sigo tomando fotografías al
culo huesudo de Eliza
—Sé que la estás pasando bien— le murmuro a Archie.
—Estoy esperando quién ataca primero—carcajea mientras llama a las demás
modelos.
—Soy una profesional, Archie, no se te olvide.
—Lo sé, Candy. — sonríe y se aparta.
Respiro hondo y veo el reloj, ha pasado casi dos horas y la sesión terminó.
¡Qué alivio!
Después de todo el mal sabor de boca mientras observaba detalladamente el cuerpo de
Eliza, imágenes estúpidas vinieron a mi mente, ella acostándose con Terry. El
estómago se me revuelve con sólo pensarlo.
No vayas ahí. No vale la pena.
—Veo que haces un buen trabajo por acá—Dice Eliza acercándose por detrás.
—Gracias. — cierro cortante.
—Es extraño—dice con malicia—Cuando Terry mezcla los negocios con el placer
no le dura mucho.
¡La madre que la pario! Me está provocando.
— ¿Disculpa? — digo girando hacia ella.
—Sí, querida, se me hace extraño que alguien como tú siga todavía con Terry— Lo
último lo subrayó viéndome de pies a cabeza.
— ¿Alguien como yo? —la fulmino con la mirada y respiro hondo y cuento de nuevo
esta vez hasta el millón.
—Sí, eres una chica tímida, es extraño que sigas con alguien como él. —su estupidez
acabará con mi paciencia.
—No entiendo nada de lo que dices pero sé lo que tratas de hacer, no lo vas a
conseguir, ahora, si me permites—trato de abrir paso pero me corta.
— ¿Todavía no conoces los gustos particulares de Terry? —lo dice muy sería y eso
me confunde.
—No sé de qué hablas—aclaro mi garganta.
—No perderé mi tiempo convenciéndote ni mucho menos explicándotelo, quizás lo
veas con tus propios ojos algún día.
—Ve al grano, Eliza, me estoy cansando de ti y tu veneno.
—Está bien, sólo te digo que cuando lo veas entenderás porque alguien como
Terry no se conforma con una sola mujer; yo he sido la única que ha aceptado su
estilo de vida.
— ¡Cállate, Eliza!, eres una zorra, eso lo tengo bien claro.
—Dime todo lo que quieras, ¿No me crees? ve y busca en el despacho de su casa; ahí
está toda la verdad.
Respiro hondo mientras Andy se acerca, la tensión se siente hasta en el aire.
— ¿Qué pasa? ¿Qué ha dicho esa zorra de piernas largas?
—Estupideces. —respiro hondo e intento no pensar en lo último que dijo. ¿Qué tengo que buscar en su despacho? Siempre lo mantiene cerrado y jamás se me
ha cruzado por la mente entrar mientras él no está en casa, nunca he sido tan curiosa
pero Eliza acaba de plantar su veneno y aunque no quiera aceptarlo, logró su
objetivo, la duda.
—No le hagas caso, esta celosa porque ahora eres la chica del póquer face.
Intento sonreír con el comentario, mi cara de póquer, Dios quiera y no me esté
ocultando nada porque no sé de lo que sea capaz. No soportaría que la relación sea de
nuevo una montaña rusa y termine por bajarme y no volver a subir.
Suena una llamada de Annie, si hay con la que pueda desahogarme es con ella.
— ¡Hola! —chilla, puedo escuchar el bullicio del bar.
—Hola, Annie, ¿Cómo va todo?
—Vaya carácter, parece que necesitas un café bien cargado.
—Creo que sí. Te veo en un momento, tengo que hablar contigo.
—Bueno, aquí te espero; estoy aburriéndome sola.
Mi trabajo está hecho, así que puedo irme a tomar algo, pero antes debo ir al despacho
de Terry , no quiero que se aparezca de la nada en el bar, me corrijo, SU BAR.
Saludo a Julia y parece nerviosa. — ¿Qué pasa Julia?
—No nada—dice nerviosa—Espera te anuncio con el señor Barbieri.
— ¿Anunciarme? Eso es nuevo.
Mi instinto suena, y cuando eso pasa nada bueno trae, sin pensarlo dos veces, giro la
manilla de la puerta y entro al despacho sin tocar.
Me lo imaginaba, Eliza está aquí, tanto que hasta está sentada en la esquina del
escritorio de él.
Me quedo helada y fulmino con la mirada a Terry y después a ella, que descaro
tiene la zorra de piernas largas, como dice Andy, después de lo que me acaba de
lanzar en el set. Ahora sé que lo que decía puede que sea mentira. ¿Será?
Aclaro mi garganta y cruzo mis brazos, no voy a hacer una escena, pero tampoco voy
a unírmeles sentándome en la otra esquina del escritorio con ellos.
—Eso es todo, Eliza puedes retirarte—su tono de voz es firme, pero aun así no se va
a salvar de lo que acabo de ver.
—Te veo… por ahí. —se despide con un beso en la mejilla y maldigo en voz baja. La
mujer no tiene escrúpulos.
