Me aparto y abro más la puerta para que saque su culo de inmediato de aquí, me

contengo de no rajarle la cara en el marco de la puerta, solamente porque es más

importante largarme de aquí que perder el tiempo con ella.

—Hola, pequeña. —dice como si fuese lo más natural del mundo que lo vea con su

ex.

—Ahora entiendo, Julia quería anunciarme, no sabía que estabas ocupado. —eso

último fue sarcasmo y esta vez estoy segura que me da.

—No es lo que piensas, estábamos hablando acerca de la campaña. —lo callo con la

palma de mi mano y arrugo mi frente, su excusa es inaceptable y una falta de respeto.

— ¡No quiero escuchar tus malditas excusas Terry! —Levanto la voz— ¿No te

basta con que tenga que trabajar aquí y sea yo la que trabaje con ella y además tengo

que soportarla que te esté poniendo las tetas encima?

— No maldigas, joder y tranquilízate —gruñe

— ¡No me voy a tranquilizar! ¿Te gustaría que me viera con Anthony? O mejor que yo

estuviese sentada en el escritorio de su despacho, mientras le coqueteo y toco su

entrepierna.

— ¡No te pases, Candy! —exclama furioso, sé que cuando se trata de Anthony eso lo mata,

todavía no puedo creer que no me haya dicho que él ya conocía a Anthony, ahora

entiendo que no me quería cerca de él, no será por celos, era porque no quería que me

enterase de que salía con su amiga y lo peor que la golpeaba.

— ¡No te pases tú! Puedo ser tolerante Terry, pero no te permito ese tipo de cosas,

sé a lo que juega ella.

—Ven aquí—ordena. Pero no lo voy a hacer; no me va a convencer esta vez con sus

caricias.

— ¡No! —grito furiosa.

— ¡Ven aquí, Candy!

—Vete a la mierda, Terry, quédate con tu modelito, yo me largo—en pasos

gigantes, antes de poder abrir la puerta me doy cuenta que me tiene de la cintura y me

atrae hacia él de espalda.

— ¡Suéltame! —chillo, tengo un nudo en mi garganta, no quiero tenerlo cerca, no

puedo con todo esto y ni siquiera tengo el valor de enfrentarlo y preguntar si es

verdad todo lo que sé, maldigo en voz alta y me niego a creer y aceptar que hay más secretos que no me ha dicho.

—No vas a ir a ningún lado, eres mía ¿No lo recuerdas? —murmura en mi cuello.

Suelto un sollozo y empiezo a llorar, tengo miedo, le temo a él y sus palabras; la forma

en que actúa es irracional, me ordena y cuando lo pillo haciendo lo que seguramente

se vuelve loco si lo hago yo, no lo acepta, para él es algo normal y no lo tolero.

—Mírame, nena—exige con voz suave. Me gira hacia él y toma mi barbilla para

levantar mi rostro.

—No llores—me ruega. —Por favor, no llores nena, no soporto verte llorar por mi

culpa.

—Suéltame, Terry, quiero irme.

— ¿Adónde vas?

—A ver a Annie, necesito estar lejos de ti. —me abraza fuerte y con desesperación.

Cuando hace cosas como esas me asusta, no es normal que sea tan posesivo.

—Mírame. —ordena de nuevo pero su voz tiembla.

— ¡No! ¡Suéltame! —grito tratando de salir de su agarre cerrando los ojos y hace que

me caiga al suelo.

— ¡Mierda, nena! ¡Te vas a lastimar! —grita cayendo encima de mí. Siento su peso en

mi cuerpo pero lo que me pesa y ahoga es el llanto.

—Lo siento— el sonido pesado de falta en su voz hace que abra los ojos. Tiene la

mirada penetrante en mí y ve caer mis lágrimas, su mandíbula se tensa y hay culpa en

sus ojos. Sí, mucha culpa, sé que me oculta algo, pero no haré lo que siempre hago,

dejaré que sea él quien me diga la verdad y espero que cuando lo haga no sea

demasiado tarde porque si lo averiguo antes, no sé si pueda perdonarlo.

—Lo siento mucho, nena, por favor no llores más, lo comprendo.

¿Lo comprende?

¿Pero qué parte comprende? ¿De qué necesito estar lejos de él?

¿Que la forma en que actúa su ex novia no es la correcta? o acepta en que oculta algo.

¿Qué parte entendió?

—Déjame ir—suplico en llanto.

Cierra los ojos y se levanta, me ayuda a ponerme de pie y me sujeta la mano con

fuerza.

— ¿Adónde vas? —pregunta casi suplicando.

—No vas a controlar cada uno de mis pasos, Terry.

—No lo hago, sólo cuido de ti.

—Cuida tus actos, no cuides de mí, soy una mujer adulta.

— ¿Adónde vas, Candy? — veo cómo empieza a tensarse, cuando no puede controlar

mis pasos se vuelve loco.

—A ver a Annie, ya te dije.

— ¿Al Luxar?

— ¡Que te importa!—suelto furiosa.

— ¡No me hables así! por favor, nena, quiero saber dónde vas a estar para no

preocuparme.

Rio a carcajadas y veo cómo se va enfureciendo poco a poco ¿Preocuparme? La que

tendría que estar preocupada soy yo, moriré de un infarto a mis veintitantos por culpa

de él. Pero recuerdo en que no es justo que me someta al peligro sin ningún motivo.

—Le pediré a Leo que me lleve. —cambio mi tono de voz y eso lo tranquiliza, sé que

su gorila le dirá dónde estoy y no me preocupa, hay cosas más importantes de las que

tengo que ocuparme.

Cierro la puerta de un trancazo y salgo del edificio, ya Leo está esperándome en el

auto, parece que Terry fue rápido en decirle que iba a salir. Limpio mis lágrimas y

respiro hondo en el camino.

— ¿Todo bien, señorita? —su voz hace que me asuste, jamás me había hablado, pero

recuerdo que ha sido él el que me ha sacado del peligro junto con Terry.

—Sí, Leo, estoy bien.

Parece de hierro, no dice nada, su traje negro da temor, parece alguien de la mafia. De

pronto me entra la curiosidad, si conoce a Terry mejor que yo, sé que no dirá

mucho porque parece su perro faldero pero tengo que intentarlo.

— ¿Hace cuánto trabajas para Terry?

—Lo suficiente.

—Umm. —ahora ya no quiere hablar.

Mejor ni intento en seguir haciendo pregunta, sé que no me dirá nada de lo que quiero

escuchar, empiezo a llorar de la rabia al recordar el veneno que lanzó Eliza, Dios sabe

que detesto a esa mujer pero en su mirada se reflejaba que lo que decía no era

mentira, lloro como una magdalena y esta vez no me importa hacerlo delante de su

gorila.

—Él la ama, no se castigue de esa manera. —Me sorprende que diga eso.

—No estoy tan segura de eso, Leo, es un hombre misterioso, igual que tú. —me giro y lo veo, parece que ni respirara.

—Todos tenemos un pasado, señorita, pero usted es su presente, eso es lo único que

importa—Vaya, parece que estuviera escuchando a mi madre.

Sonrió y puede que tenga razón, pero a veces el pasado regresa y deja de ser un

pasado por un presente que viene a revolverlo todo y muchas veces a destruirlo.

—Si tú lo dices.

Cojo mi teléfono, nuevo correo de Terry, el italiano es imposible, sólo hace cinco

minutos que lo vi, estoy bajo su mando y todavía quiere seguir controlándome. Inhalo

y exhalo antes de leerlo.

De: Terrence Grandchester

Fecha: 12 de Marzo de 2014 04.10

Para: Candy White

Asunto: Te extraño

Señorita White:

¿Qué es lo que más te gusta de mí?

Terrence Grandchester

GRANDCHESTER ADVERTISING, INC.

De: Candy White

Fecha: 12 de Marzo de 2014 04.11

Para: Terrence Grandchester

Asunto: Umm

Tus celos.

Pd: Esta vez el sarcasmo si me da.

Candy R. White