—Hola, Alicia. —saludo al teléfono.
— ¡Candy! Que sorpresa, pensé que no llamarías—También yo.
— ¿Cómo va todo?
—Perfecto, Eli está emocionada, jamás la había visto así y desde que le dije que
vendrías no ha parado de sonreír—Me sonrojo, mi muñeca estará feliz al verme.
—También yo estoy emocionada por verlas, me hacen mucha falta.
—Eres adorable, la fiesta será en la piscina del Encore. — me indica y me estremezco,
recuerdo que puede que ahí haya sido las grabaciones salvajes de Terry, exploto la
burbuja de espanto y vuelvo a mi realidad. No importa eso ahora, lo que importa es
Eli.
—Estaré ahí pronto, un beso para Eli.
Me despido y voy por el regalo de Eli, sé perfectamente que regalarle, es toda una
muñeca y estoy muy feliz de que Terry haya aceptado hacer la fiesta de
cumpleaños, pensé que siempre sería un cara dura cuando se tratara de su hija pero al
menos en eso ha cambiado.
Recorro todas las tiendas del centro comercial, y entro a la Joyería Hayes Sparkle , me
trae recuerdos al ver mi rostro en todas partes de la tienda, espero que no me
reconozca nadie, aunque con la cara de muerta en vida que ando últimamente, es un
poco probable.
— ¡Dios mío! Pero si eres tú—dice una voz chillona a mi espalda.
— ¿Disculpe?
—Señorita, usted es la modelo, ¿Candy no?
¡Mierda!
—La misma—intento sonreír, pero ya había olvidado cómo hacerlo.
—Eres hermosa, Terry tenía razón, eres la modelo perfecta, lástima que te hayas
retirado, he rogado a Terry para volver a contactar contigo, pero me dijo que ahora
eres fotógrafa.
¿Ah?
¿Por qué no me sorprendo?
Rio para mis adentros y le doy un beso y un abrazo a la mujer, parece que es la dueña.
El señor sobreprotector y posesivo se ha encargado de decirle a todo el mundo que me he retirado del modelaje.
Veo un colgante con la letra - E - es perfecto para Eli, ya que es la primera letra de
su nombre, seguro le gustara tanto como a mí. La adoro con sólo imaginarme su cara
cuando lo vea.
Compro un vestido para la ocasión al aire libre y me voy al apartamento para
prepararme. Siento unos nervios estúpidos que me hacen temblar. Insisto, no hablaré
con él, es el día de Eli no de Terry ni de Candy, maldigo en voz alta. Estoy tan nerviosa
que estoy a punto de retractarme.
Pienso y lo vuelvo a pensar y mejor tomo las llaves del auto y me dirijo al Hotel cinco
estrellas del hombre que ha roto mi corazón en mil pedazos. Me veo al espejo y me
veo bonita a pesar de tener ojos rojos de tanto llorar todas las noches, mi cabello esta
manejable y mi maquillaje suave. Espero no llamar la atención con mi vestido
floreado con un pequeño escote en la espalda, pero hace un calor terrible y además,
solamente habrán niños presentes, seguro me enamoro de nuevo.
Me tiemblan las piernas al pasar por la puerta del Hotel, donde la encargada de la
fiesta me dirige hacia la piscina, solamente espero que Terry no esté o se mantenga
lo más lejos posible de mi presencia, no sé si pueda resistir verlo y no caerle encima y
partirle la cara a golpes.
Globos rosas y muchas flores alrededor de la piscina, muchas chicas disfrazadas de
princesas y la música al fondo para hacer ambiente, todo es perfecto y lo que más me
sorprende es que hay bastantes niños, hijos de los amigos y socios de Terry
supongo.
— ¡Candy, llegaste! —Grita Alicia al verme, me da un beso y un gran abrazo.
— ¿Dónde está la cumpleañera? —pregunto desesperada, quiero verla, la extraño
mucho y quiero ver su expresión cuando vea el regalo.
—Está con Terry al fondo de la piscina— lo dice como lo más normal, sabe que no
quiero verlo. ¡Mierda! maldigo para mis adentros, sabía que sería imposible no poder
verlo. —Ven acompáñame se alegrará al verte.
¿Quién, Eli o Terry?
¡Jo...Joder!
Me falta el aire. Respiro profundo mientras voy caminando hacia donde ellos. Veo a Terry a lo lejos, viste de traje, pero sin corbata, camisa blanca y se ha dejado crecer
la barba, esta jodidamente guapo. Que es imposible dejar de verlo. Inmediato sus ojos
se encuentran con los míos al ver a la pequeña salir corriendo a mis brazos y me
quedo helada.
— ¡Chispita! Feliz cumpleaños, princesa. —me sonríe y me abraza fuerte, demasiado
fuerte para una niña de seis años.
Cierro los ojos para no ver a Terry que está enfrente de mí, actuando de lo más
normal; pero seguramente está por cagarse en sus pantalones como yo en mi vestido.
—Te ves hermosa con tu vestido de princesa, tengo un regalo para ti. —le digo
agitando la pequeña bolsa rosa con el moño blanco.
Le ayudo a abrirlo y al momento en que ella lo ve, su carita es toda una ópera, está
feliz y eso me hace más feliz a mí todavía.
—Cada vez que lo mires te acordarás de mi ¿Bueno?
La nena asiente y me besa de nuevo. Sale corriendo para donde Alicia para enseñarle
su regalo y yo me quedo sola como una estatua, no quiero voltearme.
Puedo sentir la presencia de Terry detrás de mí, respiro hondo y obligo a mis
piernas a moverse, pero ¡joder! No lo hacen.
Doy un paso y siento una manoen mi cintura. ¡Calor! ¡Nervios!
—Estás hermosa. —susurra en mi cuello.
—N…No lo hagas, Terry…No hagas que me vaya—musito.
Me suelta y se va, dejándome acalorada, llena de resentimiento, tristeza y sollozos
silenciosos, extrañaba escuchar su voz y verlo; no pude ver su rostro de cerca, pero sé
que tiene una mala cara de leche cortada en estos momentos igual que yo.
Se acerca un hombre muy elegante y de traje, aparenta un poco más la edad de
Terry y me sonríe mientras se acerca cada vez más.
—Hola, Sam Rogers—se presenta muy amable, demasiado para mi gusto.
—Candice White. —estrecho mi mano con la suya.
—Muy bonita la fiesta, ¿Tienes hijos? —pregunta con una sonrisa de oreja a oreja.
—No, soy amiga de Eli. Y usted ¿Tiene hijos?
—No, soy socio de Terry y solamente vine un momento para cerrar un trato.
—Entiendo. —Trato de ser lo más social, pero este hombre y su sonrisa me pone
nerviosa, no es normal que alguien sonría tanto, o será que estoy tan jodida que todo
me parece exagerado.
— ¿Puedo invitarte algo de tomar?
—La verdad es que no bebo…
—Yo tampoco, agua ¿Quizás? —me interrumpe con amabilidad. Sonrío y pienso que
es la mejor forma de salir por un momento de la presencia de Terry.
Caminamos juntos hacia la barra de bebidas, niños corren alrededor y uno de ellos
empuja directamente a mí, haciéndome tropezar pero el hombre extraño, coge
de mi cintura y evita que mi culo caiga al suelo.
—Lo siento, ¿Estás bien? —me pregunta sosteniéndome aún por la cintura, siento una
corriente de incomodidad de inmediato.
—Sí, gracias.
—Dos tés fríos, por favor—le pide al mesero que atiende el bar.
—Entonces, Candy, ¿A qué te dedicas?
—Soy fotógrafa. — simple y omito para quién trabajo.
—Interesante, pensé que eras modelo, tu rostro me es familiar. — ¿Hasta cuándo
dejará la gente de decir eso?
—Candy ha trabajo para Terry, es modelo, Sam—dice una voz chillona detrás de
él.
¡La mierda de su madre! ¿Qué carajos hace Eliza aquí?
—Eliza, hola—saluda Sam, dándole un beso en la mejilla a la zorra desteñida. Aún
puedo escuchar sus gemidos en mis oídos.
—Así que también eres modelo—concluye Sam.
—No, lo era, ahora soy fotógrafa—lo corrijo. —Disculpa, tengo que retirarme.
—No te vayas, Candy, seguro que la fiesta da mucho con tu personalidad. —suelta con
ironía y me detengo a medio camino.
—Mira, tienes suerte que no patee tu culo ahora mismo porque hay niños presentes,
no te metas conmigo; porque no sabes de lo que soy capaz, mantente alejada de mí y
de Eli, ¿Has entendido?
—Entonces es verdad, quería verlo con mis propios ojos, ¿Descubriste la verdad de tu
príncipe azul?
—Eliza—la regaña Sam.
— ¿La verdad? ¿De qué eres una puta a la que le gusta que la golpeen?, sí, lo descubrí
y ahora que te veo—la miro de pies a cabeza— me das más asco.
—No te permito…—Sam sostiene su mano.
—Déjala, Sam, he terminado con ella, lamento mucho mi lenguaje.
Camino lo más deprisa que puedo antes de explotar en llanto, pero me estrello con un
pecho y me abraza fuerte.
—Pequeña, por favor, mírame.
Ni siquiera sé porque no me resisto, necesito sus brazos, pero el hecho de que Eliza
esté en la fiesta de su hija, me da náuseas y lo empujo
—Suéltame, Terry, vete con tu objeto sexual, te está esperando.
—Candy, por favor… te juro que…
— ¡No me jures nada! Estoy cansada de tus mentiras, Terry. Déjame en paz.
Olvídate de mí.
Su mirada azul sigue apagada, ha perdido el brillo en sus ojos y sus ojeras lo delatan
que tampoco ha podido dormir.
—No arruines la fiesta de tu hija, quítate del camino y déjame ir—ordeno.
Me observa y no dice nada, su mandíbula tiembla; sé que quiere decir muchas cosas
pero no lo voy a escuchar, es demasiado tarde, he dejado de escuchar los latidos de mi
corazón desde aquella tarde que vi esos videos en su ordenador.
—Déjame explicarte, Candy, y prometo que no volveré a molestarte. —ruega y puedo
ver sinceridad y desesperación en su mirada.
—Es tarde— mis lágrimas caen, había olvidado que estaba en una fiesta de niños,
estoy de pie haciendo una escena de desprecio.
—, por favor, no es el lugar ni el momento.
Aparece su mirada de derrota y me deja pasar, al momento que doy un paso para
largarme de la presencia de Terry y de Eliza, escucho un grito a todo pulmón.
— ¡Mami! ¡Candy!
Siento que alguien se abalanza detrás de mí y me abraza fuerte, tan fuerte que hace
que me gire para ver quién es. Me estremezco y abro mis ojos y mi boca de lo
sorprendida que estoy, Terry se queda helado y sus ojos empiezan a humedecerse
igual a los míos. Me dejo caer de rodillas y empiezo a llorar, al mismo tiempo Terry
hace lo mismo. La pequeña Eli, ha hablado.
Ella ha gritado mi nombre
