MARATON 2/10

Observo el anillo, es más grande que mis dedos, es un aro de platino hecho a la

medida con un inmenso diamante de corte azul, ni en un millón de años esperaba algo

como esto. Soy la mujer más feliz del mundo,

¡Me casaré!

— ¿Soñando despierta, futura señora Grandchester?

Me sonrojo, que tierno se escucha que me diga señora Grandchester, rio para mis adentros

y le doy un beso casto en los labios. Estoy enamorada, lo amo con todo mi corazón y

lo amo también con un poco de locura que a la misma vez me hace poner los pies

sobre la tierra y darme cuenta que nada en la vida es perfecto, que no hay castillo de

cristal y que no existe un príncipe azul, sólo hay un hogar que espera por nosotros y

un hombre imperfecto que me ama y me protege con su vida.

—No puedo creer que hayas planeado esto sin darme cuenta—sonrío—Siento que

estoy soñando. —suspiro.

—Pues no hay que despertarnos nunca. —Me besa— ¿Nena?

— ¿Umm?

— ¿Qué es lo que más te gusta de mí?

—Tus besos.

— ¿Crees que el día de nuestra boda me lo digas?

—Te prometo que te lo diré cuando no me lo preguntes.

Sonríe y me abraza más fuerte mientras me voy quedando dormida en su pecho.

—Buenas noches, señor Grandchester.

—Buenas noches, futura señora Grandchester.

Si he de tener un lugar especial en el mundo, ese lugar es entre sus brazos; y si hay un

brillo que deslumbre mi mirada es la de sus ojos; cuando pensaba que no existía un

aroma que hiciera erizar mi piel, sentí su aroma en mi cuerpo desnudo y cuando pensé

que no tenía un corazón por latir, lo conocí a él.

«Escuché que te has comprometido, ¡Felicidades! Scott.»

Me dan nauseas, la actitud de Anthony no es normal, primero me dice que me aleje de

Terry, que es un hombre peligroso y ahora me felicita, él sabía que ese hombre con

él que salía su amiga no era Terry, alguien como él dudo que no sepa que Terry

tenía un hermano gemelo, pero no me fío de él, mejor borro el mensaje antes de que

Terry lo vea, no quiero volver a discutir con él por culpa de Anthony

—Todo está listo, Candy, empezamos cuando quieras—ordena Archie.

—Trae a los modelos.

Archie sonríe mientras empiezo a tomar fotografías, se lo que está pensando, con sólo

ver el anillo gigante que llevo en mi dedo ya todos saben que estoy comprometida con

el jefe.

— ¿De qué te ríes? —pregunto mientras disparando el flash.

—Todavía no puedo creer que hayas logrado domar al gran Grandchester—dice entre risas —Es increíble cómo dos personas pueden ser tan diferentes y encajar en el mundo.

Lo sé, yo no soy nada parecida a Terry, soy un espíritu libre y a la vez tímida y

nerviosa, pero mi cara dura es celoso, controlador y le gusta estar al mando siempre,

pero conozco también al hombre vulnerable, al sensible y al que ama con locura. El

que defiende a capa y espada a las dos mujeres más importantes en su vida, Eli y yo.

—Sabes, sé que sonará extraño, pero me hace falta estar enfrente de las cámaras.

Se mofa—Si regresas, harás que le dé un infarto antes de los cuarenta.

—A mí me dará antes de los treinta, así que estaremos a mano. —me burlo.

Es verdad se volverá loco si me ve modelando en diminutos vestidos de nuevo, pero

la verdad es que estar rodeada de belleza y ser consentida por Andy es una sensación

extraña a la que me acostumbré en tan poco tiempo y que ahora parte de mi feminidad

hace falta.

—Puedes preguntarte, hay muchas marcas que te quieren, no es necesario que tengas

que salir desnuda. —me sonrojo, que vergüenza, Archie es el mejor amigo de Terry

y él me vio usando poca ropa.

—Te sonrojaste—se burla—Descuida, desde que vi cómo Terry te miraba supe que

eras de su propiedad. — ¿Propiedad? —Me mofo—Soy un espíritu libre, no te olvides

—Sí, y pronto serás la nueva señora Grandchester, ya no serás tan libre después de todo.

Reímos a carcajadas, todavía no me imagino ser la esposa de Terry, pero si ahora

es controlador, entonces me tendrá amarrada a la cama cuando sea su esposa, rio para

mis adentros, mi cara de póquer se volverá loco, le dará un infarto o me dará a mí.

— ¡Candy, tu teléfono suena! —me indica Andy

—Ahora vuelvo. —le comunico a Archie y corro hacia Andy.

—Parece que es urgente, no ha parado de sonar, cariño. —dice Andy arqueando las

cejas.

Veo mi teléfono y tengo diez llamadas perdidas de Anthony ¡Mierda!

Qué demonios quiere Anthony ahora, no puedo creer que no me deje en paz, resoplo y

resoplo, ¿Qué hago? ¿Debo llamarlo? ¿Y si Terry se entera? Tengo que llamar a

Anthony, sé que es capaz de ir a buscarme a mi apartamento y enfrentar a Terry,

parece que lo del compromiso no le ha simpatizado.

—Anthony, ¿Qué quieres? —contesto al teléfono, estoy mordiéndome las uñas de la

ansiedad y rogando que Terry no se acerque hoy al estudio.

—Candy, tengo que hablar contigo.

—Anthony, no tenemos nada de qué hablar, ya me has dicho suficiente ¿Cómo te

enteraste que estaba comprometida?

—Todo el mundo sabe que el italiano empresario Terrence Grandchester está

comprometido, Candy. —su sarcasmo no le da, parece un crío celoso y hasta patético.

—Ya está, Anthony, déjalo ya.

—Sé que no crees nada de lo que te dije—Ya lo sé todo Anthony, y tú sabes muy bien

que mentiste. —lo interrumpo.

— ¿De qué hablas?

—Tu sabes que Terry tenía un gemelo, él fue el novio de tu amiga no Terry.

— ¿Gemelo? Eso sí lo sabía, pensé que tú lo sabías también, pero Candy, fue Terry

el que salía con Amanda, eso lo sé perfectamente desde que nos presentó la primera

vez.

¡La puta madre! No otra vez.

— ¿Estás seguro de eso?

—Completamente, pero tengo que verte para explicártelo bien.

—Está bien, Anthony

—Te espero en el mismo café del Bells.

¿Por qué siento que mi corazón estallará en cualquier momento? Aquí vamos de

nuevo descendiendo a toda velocidad de la montaña rusa, y como siempre, sin frenos.

Tengo que ver a Anthony y terminar de una vez con todo esto, si eso es verdad y Terry

me mintió, tendré que enfrentarlo, me niego a creer que ha golpeado a dos mujeres.

Su hermano golpeaba por placer, ¿Entonces Terry lo hace por rabia? ¿Por celos?

De nuevo tuvo la oportunidad de decirme la verdad y no lo hizo, se limitó a decir que

únicamente maltrató a una vieja novia y ahora me doy cuenta que hay otra. ¿Cuántas

hay? ¡Estoy perdida!

— ¿Soñando despierta?

— ¡Maldición! —grito del susto. — ¡Terry! Me asustaste.

—Lo siento, ¿Por qué estás tan nerviosa? —pregunta tocándome los hombros, puedo

sentir que tiemblo al sentir cómo frota mis brazos, pero es porque voy a mentirle de

nuevo, me reuniré con Anthony a escondidas.

—No pasa nada, tengo que salir.

— ¿Adónde vas? —aquí vamos otra vez.

—Annie me dijo que la acompañara a una audición, no tardaré.

—Está bien. ¿Irás con Leo?

—No, iré en mi auto. Tú tranquilo.

—Candy White, todavía no sabes mentir. —maldigo para mis adentros, no quiero que

se entere de nada.

—No estoy mintiendo—susurro.

—Pequeña, si tienes que ir hacer cosas de mujeres puedes ir, no necesitas mentirme. —resoplo de alivio, cree que iré por algo de la boda, ni siquiera he tenido tiempo para

pensar en eso y ahora mucho menos, hasta no conocer la verdad de todo creo que

nunca podré casarme con alguien como él, sólo de pensarlo siento que se me parte el

corazón.

Me despido de un beso casto antes de que mis lágrimas empiecen a brotar como

cascada y salgo por los pasillos viendo para todos lados para asegurarme de que él no

me siga. Pongo el robot en marcha y me voy directo al café, rezo para mis adentros

para que Terry no se entere.

Veo a Anthony está de espaldas con su traje estirado, todavía no me acostumbro a verlo

vestido de esa manera.

—Hola.

—Candy, siéntate. —me ayuda con la silla. Tiro mi bolso a un lado y empiezo a respirar

hondo para lo que sea que me vaya a decir Anthony

—Habla rápido, Anthony, tengo que regresar al trabajo.

—Está bien—suspira decepcionado— como te dije por teléfono, sé que Terrence tenía

un gemelo, Thomas Grandchester, él no era tan diferente a Terrence, siempre conquistaban a

las mujeres, a diferencia que Terrence siempre se ha encargado de los negocios y

Thomas sólo de viajar por el mundo haciendo su presencia como fantasma.

—Eso ya lo sé, lo que no entiendo es que no me lo dijiste; yo no lo sabía.

—Pensé que lo sabías, por ser la novia de él. —dice molesto.

—Terrence salía con Amanda, siempre ha sido celoso y posesivo; no sé cuántas veces

maltrató a Amanda, pero cuando estuve ahí para presenciarlo, quería matarlo. La furia

en sus ojos era aterradora; estaba ebrio y Amanda lloraba de desesperación.

—Por eso era que Terry no me quería cerca de ti.

—Sí, porque él sabía quién era yo.

— ¿Y qué pasó con la demanda, fue de Amanda?

—Sí, fue de ella, pero se retractó; parece que tu querido prometido le pidió perdón y

se alejó de ella para siempre.

—Creo que me volveré loca—afirmo y llevo mis manos a la cabeza. Siento un nudo

en mi garganta que ni todo el té del mundo podrá deslizar.

— ¿Te ha maltratado? —pregunta tocando mi mano, no sé, pero no la aparto.

—No, nunca me ha hecho daño, Anthony

—Espero que nunca lo haga—asiente con la cabeza.

Me despido de Anthony, me sostiene de la mano y me ve con recelo.

—Siento mucho haberte hecho daño. —está avergonzado, pero lo entiendo; estaba

desesperado para que creyera en él y yo estaba tan ciega de amor que jamás me

imaginé que Terry pudiese ser esa persona que él aseguraba que era.

—Todo está bien. —digo sonriéndole. Me atrae hacia él para darme un abrazo.

—Anthony no hagas eso, sabes que no es correcto.

—Te amo, Candy siempre te he amado. — ¿Estás hablando en serio? Otra vez la misma

mierda.

—Anthony suelta mi mano, me lastimas. —Me tiene en su agarré y sigue halando hacia

él. —Anthony, estoy cansada de que siempre haya un imbécil queriendo hacerme daño,

suéltame por favor.

— ¡Yo jamás te haría daño!, Candy, no lo entiendes.

Si tenerme de su agarre de esa manera, haberme dejado los brazos morados y decirme

que me aleje del hombre que amo, es no hacerme daño, entonces estoy muerta;

forcejeo con más fuerza pero antes de poder lanzarlo hacia atrás alguien más ya lo ha

hecho, escucho como se rompen las tazas de nuestra mesa con el impacto y gruñidos

de furia.

— ¡Te dije que te alejaras de ella!

—Eres un cobarde, Grandchester le mentiste a Candy para tu conveniencia.

— ¡Cállate la puta boca! —le gruñe Terry apretando sus nudillos, listo para hacerlo

callar.

— ¡Deja que hable!, sabes muy bien de lo que está hablando. —Esta vez soy yo la que

grita.

— ¡Leo, llévala al auto! —ordena a su gorila. Yo me niego y me suelto de su suave

agarre para no hacerme daño, pero firme para no dejarme ir.

—Tú ya me conocías, es por es que le dijiste a Candy que se alejara de mí, temías que le

dijera la verdad. ¡La verdad sobre Amanda! —grita y Terry lo golpea y cae al

suelo. Me toma del brazo, pero yo me suelto y salgo corriendo hacia mi auto y

Terry viene corriendo detrás de mí.

— ¡Abre la puerta, Candy! —grita y yo intento tranquilizar mis nervios y hacer arrancar

el puto auto.

— ¡Déjame ir, Terry! —chillo

— ¡Candy, abre la maldita puerta ahora mismo! —me ordena. Aquella mirada de cielo

son dos agujeros oscuros llenos de ira.

Intento sacar la llave de mi bolsa cuando escucho un estruendo en la ventana del

pasajero, aprieto los ojos y siento cómo el cristal ha impactado en todo el asiento y

hay restos en mis piernas.

— ¡Te has vuelto loco! —le grito, veo su mano y está ensangrentada. Leo intenta

ayudarlo pero lo aparta, jamás lo había visto tan furioso y ahora le tengo miedo.

—Te lo pedí por las buenas, Candy. — abre la puerta y el único impulso que tengo es

salir corriendo, ¿Hacia dónde? No lo sé, pero es la única manera de estar lejos de él en

estos momentos.

— ¡Candy, Detente! —grita detrás de mí y mis piernas fallan y caigo al suelo, me he

hecho daño en el tobillo con mis tacones, y mi cabeza me duele, maldito día que elegí

usar tacones. Me levanta del suelo y me lleva hacia el auto de él. Su expresión de ira

se ha esfumado y me ve como si fuese un ser indefenso hasta que me doy cuenta que

la sangre corre de mi frente y me alarmo.

¡Joder me duele demasiado!

—Nena, mírame, estarás bien. ¡Leo arranca el maldito auto! Hay que llevarla al

hospital. — me acuesta en el asiento y se quita su saco, veo que lo he empapado de

sangre, pero ¿Dónde carajos me lastimé tanto?, pensé que sólo había sido mi tobillo.

Por una razón he dejado de sentir dolor y sólo tengo mucho sueño, me cuesta respirar,

pero escucho la respiración acelerada de Terry en mi espalda, todavía siento la

sangre correr de mi frente, intento levantar el brazo para tocarme pero Terry me

detiene.

— ¿Terry? —susurro con dificultad, ahora siento dolor en mi garganta de tanto

gritar.

—No hables, estarás bien.

El auto se detiene y Terry me lleva en sus brazos hacia la sala de emergencias,

todas las personas se alarman de ver a un hombre en traje lleno de sangre y una mujer

en sus brazos.

— ¿Terry? —musito.

—Nena, no hables, estarás bien.

Confío en su voz y cierro los ojos.

Sé que estoy dormida, pero me hago las siguientes interrogantes ¿Por qué todo tiene

que ser un drama entre Terry y yo? Acaso no podemos ser una pareja normal, me

rescata todo el tiempo como si fuese una maldita princesa en apuros.

Sus celos y su don de mando están acabado con él, no es sano que sea tan agresivo

para con los demás cuando se trata de mí. Lo sé, yo he causado todo esto la mayoría

de las veces, pero no es necesario que reaccione así todo el tiempo.

¿Siempre será nuestra relación así? Terminando en un hospital, o en un ataque de

pánico.

Lo amo con todas mis fuerzas, pero así como me ha dado un sentido en la vida, así

mismo está acabando con cada latido de mi corazón cuando se comporta de esa

manera. Sé que me ama, pero tiene que confiar en mí, porque yo ya no sé si pueda

volver a confiar en él.

— ¿Terry? — ¡Joder! Me duele la cabeza, parece que me hayan dado contra la

pared, aunque creo que me di en el suelo, así que no hay diferencia.

No puedo abrir los ojos, de nuevo esa luz brillante me quema los parpados.

— ¿Candy? — no me gusta cuando pronuncia mi nombre porque sé que está enfadado,

aunque su voz suene suave.

Abro los ojos y parpadeo varias veces para acostumbrarlos a la luz y lo veo que

todavía está con la misma camisa llena de mi sangre, tiene los ojos brillantes, ya no

veo el resplandor en sus ojos, ahora la mirada azul es gris como la noche oscura. Y

seguramente así es nuestra relación en estos momentos.

¿Qué le digo?

—Lo siento. — ¿Por qué me estoy disculpando?

¿Por ver a Anthony a sus espaldas?

¿Por salir corriendo y romperme la cabeza?

¿O por no obedecerle?

No dice nada, sólo me mira con resentimiento, su cara de pocos amigos me confunde,

pero fue así cómo lo conocí, con la misma mirada de póquer, no dice nada, pero me

sostiene una mano, entonces no debe estar tan molesto después de todo.

—Háblame—le ruego. Quiero volver a llorar, quiero que me diga algo, su mirada me

confunde.

—Duerme, ya habrá tiempo de hablar.

¿Eso es todo?

—Quiero ir a casa— no me gusta estar en un hospital, me recuerda a mi padre; odio

estar rodeada de paredes blancas, al menos que sean las de su casa. —Te prometo que cuando despiertes, estarás en casa. Duerme. —me ordena con voz

fría. Mis ojos empiezan a brotar en lágrimas y él tensa su mandíbula. Sé que está

molesto, yo no puedo estar molesta, ni siquiera sé que siento en estos momentos

cuando veo su mirada hiriente sobre mí.

Ha dejado de sostener mi mano, y veo cómo se aparta de mí y sale de la habitación.

¿Adónde va?

Intento levantar las manos para tocar mi cabeza vendada, al verlas me doy cuenta de

algo y dejo escapar un sollozo, no llevo el anillo que Tery me dio. Llevo las

manos a mi boca y empiezo a llorar más fuerte, siento un nudo en mi estómago, pero

el dolor que siento en mi corazón es peor.

¿Me lo ha quitado él? o lo perdí.

Quiero creer en la segunda hipótesis, intento calmar mi llanto y veo la habitación,

aclaro mi garganta e intento levantarme de la cama, quiero salir de aquí, no puedo

pasar la noche en un hospital. Me quito la aguja de mi brazo con fuerza, y aún a medio

vestir con la bata del hospital doy un paso al frente, me siento mareada, la cabeza me

pesa demasiado y mis piernas apenas se pueden mover.

Terry me dejó aquí sola, ni loca pienso quedarme. Abro la manilla de la puerta y

veo que Terry está de espaldas hablando con el médico, tiene su mano vendada,

eso es bueno. Intento dar un paso al frente, pero mis piernas no responden, el mareo

se ha hecho más fuerte y ahora veo que todo da vueltas.

— ¡Candy! —grita Terry acercándose a mí y me ayuda sostenerme.

—Sácame de aquí—musito.

… y como siempre, todo oscurece.

CHICAS QUIEN MAS QUIERE AHORCAR A CANDY PORQUE NUNCA PUEDE CONFIAR EN TERRY?