MARATON 3/10

— ¿Tú crees que le duela? —dice una voz a lo lejos.

—Esperemos que no.

Parece que he dormido una eternidad, levanto mi mano y toco mi cabeza, la venda ha

desaparecido. Es extraño ¿Cuántos días he dormido? Una pequeña mano me toca la

cara.

— ¿Mami? —abro mis ojos y veo a la pequeña Eli al lado mío con una sonrisa de

oreja a oreja y su mirada de pequeño cielo azul.

—Hola, chispita—musito.

— ¿Te duele? —pregunta preocupada viendo mi cabeza.

—No, sí me das un beso. —sonrió y ella se acerca y me llena de pequeños besos la cara.

—Ven aquí, Eli, vamos a desayunar—dice la voz de Alicia. —me da mucho gusto

que hayas despertado, Candy, te prepararé algo de comer.

Eli está aquí, seguramente ya es fin de semana, entonces estuve inconsciente dos

días. ¡Mierda! Eso es demasiado.

— ¿Cómo te sientes? — dice una voz ronca a lo lejos, me inclino sobre la cabecera de

la cama como puedo, la cabeza ya no me duele tanto, al contrario de la mirada de sus

ojos.

— ¿Tú qué crees? —Intento no verlo—Tenemos que hablar, Terry.

—No quiero hablar, tienes que recuperarte. —demanda y sé que no hay peros, es un

punto definitivo. No me molesto en llevarle la contraria.

Intento levantarme de la cama para ir al baño y me dejo caer hacia atrás, él se levanta

asustado y me ayuda a ponerme de pie, huele delicioso. Veo cómo se tensan los

músculos de sus brazos sosteniéndome.

Me lleva al baño y me desnuda, me pongo tensa y cierro los ojos. Es la primera vez

que me desnuda molesto y me siento avergonzada de que lo esté haciendo.

—Entra—ordena sin verme. Entro a la bañera y empieza a frotarme todo el cuerpo

con jabón líquido. Él no me ve pero yo no puedo dejar de verlo, me duele que no me

vea. Cuando lava mis manos, me doy cuenta que sigo sin llevar el anillo de

compromiso, entonces, sí, él me lo quitó.

Suelto un sollozo y empiezo a llorar. Él se detiene y me ve, yo cierro mis ojos pongo

mi cabeza sobre mis rodillas, no dice nada, sólo me ve y escucho como suspira, sé

que no le gusta que lloré, pero es inevitable saber que ya no se quiere casar conmigo

después de todo.

¿Entonces qué hago en su casa?

— ¿Por qué lloras? —murmura, es tan fría su voz y preocupada pero no me toca.

Ni siquiera quiero hablar y decirle que lloro porque me doy cuenta que ya no se

quiere casar conmigo. Me limito a verlo y sigo llorando como una cría en la bañera

llena de jabón, enfrente del hombre al que amo y me ve como si fuese una peste.

—Mírame—ordena. Ni loca pienso verlo, me siento avergonzada por estar desnuda

ante de él, me he de ver patética.

—Candy, mírame— ¿Me dijo mi nombre de nuevo? Eso no ayuda a mi llanto y empiezo

a llorar con más fuerza. Siento como entra con todo y ropa a la bañera, es

suficientemente grande para que estemos los dos dentro. Me lleva hacia su pecho y yo

cedo y lo aprieto contra mí, desnuda y vulnerable, avergonzada y apenada. Lo

necesito, lo necesito demasiado que duele. —No llores, por favor. —me suplica y acaricia mi cabello.

—Me mentiste—sollozo.

—No te mentí, no me gusta hablar de eso.

Ni siquiera tengo que darle detalles, sabe perfectamente que es acerca de Amanda. Ni

siquiera estoy molesta por eso, simplemente siento dolor.

Pone sus manos en mi cara y me obliga a verlo a los ojos. Sí, mi cielo color azul sigue

sin asomarse en sus ojos.

—Por eso no querías que viera a Anthony —concluyo.

—No, no quiero que lo veas porque sé que te desea. —Después de lo que intentó

Anthony, ni siquiera pienso llevarle la contraria, es verdad Anthony siempre ha estado

enamorado de mi desde hace mucho tiempo. Me doy un golpe para mis adentros,

siempre tengo que ser lenta para todo.

— ¿Por qué me desobedeces, Candy?

—Tú me obligaste, nunca me dices la verdad, tengo que enterarme de todo por otras

personas.

—Si no te dije nada es porque eso se solucionó, no vale la pena hablar de mi pasado. —se defiende.

—Yo acepto tu pasado, pero no acepto el daño que me haces ocultándomelo siempre.

—Sólo intento protegerte. —suena vulnerable e irracional.

— ¿De ti? — sé que tiene miedo de que me haga daño o que le tenga miedo, pero no

puede ocultarme algo como eso.

—Sí—respira con dificultad.

—Terry, te amo; no te tengo miedo ni a tu pasado, a lo único que le tengo miedo es

a perderte a ti y a Eli; no puedes protegerme de tu pasado, tienes que superarlo.

—Candy, si alguna vez yo llegara a lastimarte no me lo perdonaría nunca, soy capaz de

cortarme las manos antes para evitar hacerlo—está muy serio y sus ojos reflejan

miedo

¿En realidad teme tanto hacerme daño?

—Está en mi sangre, la ira, los celos y el peligro; mi hermano lo hacía por placer; yo

lo hice por enfado y estaba borracho.

—Terry, no sólo físicamente puedes dañar a alguien ¿Has pensando en eso?

Ahí está la clave, cuando está borracho no se controla y todas las veces en que hemos

discutido ha estado sobrio, el pequeño foco de mi cabeza se enciende, ¿Si llega a estar borracho y se enfada conmigo es capaz de golpearme?

—Sé lo que estás pensando, no te haría daño de ninguna manera, te amo demasiado. —Me lee la mente y dejo escapar un suspiro de alivio. —También sé que no sólo

físicamente se puede dañar y estoy consciente que te he lastimado de otra manera, no

te merezco.

—Mírame—le ordeno y lo hace.

—No vuelvas a decirme algo como eso—se me llenan de lágrimas los ojos—

¿Recuerdas cuándo te dije que te merecías a alguien que pudiera darte lo que yo no te

podía dar por mi pasado? —asiente derrotado.

—No seas tú el que intente alejarme ahora, es demasiado tarde, Terry, eres mío y

yo soy tuya. No podría vivir sin ti.

Me abraza con fuerza y me besa por toda la cara hasta llegar a mis labios, nuestros

labios vuelven a encontrarse. Lo abrazo tan fuerte que me cuesta respirar pero no me

importa, lo amo y no voy a dejar que nada ni nadie me aleje de él.

Toco mis dedos y recuerdo que me quitó el anillo, empiezo a llorar de nuevo sobre su

pecho y eso lo alarma. —Pequeña, no llores más, por favor.

—Me quitaste el anillo, ya no te quieres casar conmigo—suelto en un mar de llantos y

se ríe de mí.

—Nena, te lo quité porque te hicieron una resonancia magnética para asegurarnos que no habían

daños internos y no volví a ponértelo porque no sabía si querías seguir siendo mi

esposa después de lo que descubriste.

¡Mierda! Soy un drama, Annie me contagió con ese mal.

— ¿Todavía quieres casarte conmigo? —pregunta viéndome a los ojos, y la mirada

azul ha vuelto, resplandeciente y penetrantes como siempre.

—Con una condición—pido y sonrío.

— ¿Cuál?

—Quédate conmigo.

—Me quedaré contigo. —sella con un beso y saca el anillo de su bolsillo, lo ha

llevado consigo los últimos días, lo vuelve a poner en mi dedo, me besa y hacemos en

amor bajo el agua. Mi cielo ha regresado de nuevo y me encuentro en el paraíso.

Si algo he aprendido durante todo este tiempo al lado de Brandon, es que el pasado lo

puedes dejar atrás, y sólo tú permites si regresa para hacer daño o para enfrentarlo y

superarlo. Mi pasado lo he dejado atrás, ya no soy la misma persona que fue lastimada

bajo la lluvia, ya no me culpo por no haber estado al lado de mi padre al morir. Me he

perdonado y he perdonado al que me lastimó, porque ahora tengo amor en mi

corazón y tengo una pequeña familia que llena mis días.

Espero que Terry haga lo mismo, no me importa su pasado; no me importa tanto

como para que llene un espacio en nuestro presente. Dos personas totalmente

diferentes pero físicamente idénticas me han enseñado que no hay que juzgar a la

primera, y es lo que siempre he hecho desde que lo conocí, aunque él tampoco ha

sido un angelito prematuro; saca lo peor de mi así como lo hago yo con él, pero lo que

vale es que he aprendido a amar junto con él, ya quiero ser su esposa y vivir esa

nueva etapa de mi vida a su lado, al lado de mi cara dura, al sobreprotector y don de

mando. Estoy dispuesta a construir mis propios frenos en la loca montaña rusa al lado

de Terry Grandchester, alguien tiene que tomar las riendas y sé que él jamás lo hará,

siempre gana y es terco, siempre vamos a chocar como dos críos. Pero cuando llega la

noche y nos amamos con locura, somos uno solo y ambos tenemos la razón.

Llevo a la pequeña Eli a su primer día de escuela, Terry por fin recapacitó y

aceptó que el estudio en casa no es lo mejor para ella, tiene que estar rodeada de niños

de su edad, y ahora que ha recuperado el habla será la niña que él siempre ha querido

que sea. Aunque para mi ella ya era perfecta.

— ¿Quisiera salir conmigo esta noche, señorita White? —pregunta alguien atrás de

mí.

—Terry, cariño estoy trabajando, si mi jefe cara de póquer te ve le dará un infarto.

— ¿Tan viejo es? —pregunta riendo en mi cuello.

—Así como me gustan. ¡Ay! — Me puya las costillas.

—Cuidado con lo que dice, señorita White.

Me gira y me da un beso casto, los modelos a nuestro alrededor tienen cara de opera

al ver al jefe comportarse como un adolescente enamorado. Pero la verdad es que no

me importa, lo amo y quiero comérmelo a besos todo el tiempo dónde sea y delante

de quién sea.

— ¿Me acabas de llamar cara de póquer? — musita en mi boca.

—Siempre te he llamado así, lo que pasa es que hasta ahorita te das cuenta.

¡Maldición! ¡Terry! — vuelve a punzarme las costillas.

—Nena, deja de maldecir por el amor de Dios— me reprende. —Pasaré por ti a las

ocho ¿Bueno?

—Umm. Sí.

—Umm. — me imita— Bien.

Le he rogado y hasta hemos discutido como críos para que me deje pasar tiempo en

mi apartamento, tengo que provechar mis últimos días de soltera en mi propio

espacio, pronto lo invadirá, aunque eso ya lo ha venido haciendo desde que lo conocí.

Me preparo para mi noche de cita con mi amado; siento un cosquilleo en el estómago,

todavía no me acostumbro a sus atenciones. Los preparativos de la boda van con

calma, también le he rogado que nos casemos dentro de unos largos meses, no es que

no quiera casarme con él, añoro para que el día llegue. Todo ha sido tan rápido que

apenas puedo acostumbrarme a llevar conmigo el gran diamante azul.

Me pongo mi vestido blanco de encaje, algo sexy, pero sé que le encantará, mi cabello

lo he dejado suelto, me doy cuenta que le gusta cuando lo llevo así, pongo un poco de

maquillaje y listo. Me tomo dos sorbos de té para calmar la ansiedad y esperarlo.

Ocho en punto y escucho el timbre de la entrada principal.

— ¿Sí? — sé que es él pero juego un poco, como los viejos tiempos.

—Señorita White, baje o ¿Quiere que vaya por usted?

Me rio. —Ahora bajo, señor Grandchester.

Al momento de llegar a la puerta lo veo de esmoquin, elegante y con su cabello castaño

perfectamente peinado y un Audi Rs7 blanco detrás de él. ¡Joder! ¡Mi italiano

romántico!

—Eres la mujer más hermosa de este mundo. — Mi cielo se penetra en mis ojos verdes

que seguramente están por desnudarme.

—Gracias, y tú eres mío. —coqueteo.

—Deja de hacer eso o no iremos a ningún lado, señorita. —se ríe.

— ¿Adónde vamos?

—Es una sorpresa—me ofrece su brazo y me abre la puerta del pasajero, lo veo cruzar

enfrente, se ve tan ardiente en estos momentos que quisiera subir junto con él al

apartamento.

— ¿Y este auto? —pregunto mientras me pongo el cinturón.

— ¿Te gusta? —arquea una ceja.

—Me encanta, ¿No tienes ya suficientes?

—Sí—se ríe con malicia. —Pero éste es tuyo.

¿Ah?

— ¡¿Qué!? — Me mofo— Ni lo pienses, seguramente éste también tiene GPS. —

recordando la última vez que me llevé su auto y me encontró en menos de lo que

canta un gallo. Ahora estaré jodida, sabrá dónde estaré todo el tiempo.

—Lo tiene, pero déjame consentirte, nena.

—Olvídalo, ya tengo el robot. — me cruzo de brazos.

—Tu robot también seguirá siendo tuyo, pero dame ese gusto. — hace mohín.

—Bueno. —resoplo—Pero no saldré con él, lo usaré sólo para ir al trabajo.

—Eso no es justo, señorita. Pero acepto.

—Seguramente ya le has puesto un GPS al robot también cuando reparaste la

ventanilla rota ¿Verdad? — mi foco se encendió de inmediato.

Empieza a carcajearse—No pude evitarlo. —sigue riendo a carcajadas.

— ¿Por qué no me sorprende? —esta vez rio yo también, sabía que tarde o temprano

lo haría, don controlador se ha salido con la suya de nuevo.

Sube el volumen a la canción que suena, The way you look tonight. Empieza a

cantar y con su mano libre toma la mía y la besa, mis ojos se abren como dos platos

gigantescos al escuchar su voz, canta maravillosamentebien, alcanzado cada nota de la

canción haciendo que se escuché más la voz de él que deBubble .

Lovely ... never, ever change.

Keep that breathless charm.

Won't you please arrange it…?

'cause I love you ... just the way you look tonight.

Mm, mm, mm, mm,

Just the way you look to-night .

— ¿Qué pasa pequeña? —se dio cuenta de mi expresión de fanática ruborizada.

—Cantas hermoso. — arrastro las palabras de lo sorprendida que estoy.

—Gracias, cariño, es la primera vez que lo hago.

— ¿Cantarle a una mujer? —Asiente— ¡Imposible! —me rio.

—Eres la única mujer que ha despertado todo tipo de cosas en mí, y cantar es una de

ellas, antes sólo cantaba en mi despacho, pregúntale a Julia, era cuando te miraba.

¡Joder! Lo amo, cada día me sorprende más.

—Y tú me has hecho ser una dramática por primera vez en la vida.

Se ríe a carcajadas.

Después de varios besos en mis manos y que mi amor cantará sólo para mí, llegamos

a nuestro destino.

— ¿Terry? — digo estupefacta.

—Sí, nena. —contesta tranquilo pero con una sonrisa de oreja a oreja.

— ¿Terry, es lo que creo que es?

—Sí, pequeña.

Como toda una magdalena empiezo a llorar, me siento conmovida por el lugar donde

estoy, la última vez que vine fue con mi padre y fue hace muchos años, es increíble

que todavía lo recuerde, sólo se lo dije una vez y juraría en que lo dejó pasar por alto,

no puedo creer que me haya traído a la ópera.

—Pequeña, no llores, se te correrá el maquillaje según he escuchado. — me rio.

—Gracias—digo entre sollozos.

—No agradezcas, se cuánto te gusta, además, es la mejor forma de conectarme con tu

padre esta noche.

Suelto otro sollozo y me cuelgo en su cuello para besarlo y abrazarlo, le digo que lo

amo millones de veces pero nunca me son suficientes para decirle todo en una sola

palabra lo mucho que significa para mi él.

Deberían de inventar otra palabra.

Mi prometido es el mejor, no solamente es el amor de mi vida, sino que también es mi

guardián y mejor amigo, me cuida más que a su sombra y se preocupa por cada paso

que doy, aunque a veces eso me molesta, sé que eso lo hace muy feliz.

Al pisar los pisos de mármol negro de la ópera, mi corazón late muy rápido y me

duelen las mejillas de tanto sonreír, él me ve y sonríe, sabe lo mucho que significa

para mí.

Después de escuchar: caruso, amapola, nella fantasia, cavatina, entre otros éxitos

que mi padre y yo escuchábamos juntos, fue la mejor ópera de mi vida. Su mano

sosteniendo la mía, no podía ser la mujer más feliz esta noche. Cerrando mis ojos y

moverme para mis adentros al son de la canción. Unas cuantas lágrimas y mi amor cantándome al oído en italiano hizo que mis bellos se erizaran y caerle a besos delante

de todos.

— ¿Qué es lo que más te gusta de mí? —susurra en mi oído.

—Escucharte cantar.

— ¿Nunca lo dirás verdad? —se queja con ternura.

— ¿Cómo sabes que de todas las respuestas que te he dado ninguna es la correcta?

—Porque cuando me digas lo que realmente te gusta de mí, será cuando no te lo

pregunte.