MARATON 4/10
Esta vez soy yo la que lo desnuda primero antes de meternos a la cama, me ve risueño
y agitado.
— ¿Está nervioso, señor Grandchester?
Se ríe a carcajadas. —Me creerías si te digo que sí.
—Lo creo. —lo veo de pies a cabeza, todo su cuerpo es perfecto y bien
proporcionado, su pecho sube y baja de la excitación. Recuerdo la primera vez que lo
vi, cuando su mirada azul llena de arrogancia y coqueteo se acercó a mi mesa, desde
ese momento supe que jamás lo olvidaría, él no lo sabe; pero jamás ninguna mirada
me había hecho sentir tan amada como la de él.
—Hágame el amor, señor Grandchester.
—Nena, Esta noche no haremos el amor… El amor nos hará a nosotros.
Nunca me cansaré de que me haga suya, y jamás estaré más protegida que sumergida
en sus brazos; mi cara de póquer, de cara dura no tiene nada cuando hacemos el amor.
Se entrega a mí como si no existiera un mañana y se aferra a mis caderas que están
hechas a la medidas de las suyas; cada beso húmedo, cada movimiento exacto y el
camino que traza con su lengua por todo mi cuerpo son los momentos más perfectos
que siempre quiero tener conmigo.
Cuando pensaba que era exagerado en su protección y celos, no me daba cuenta que
era exactamente lo que yo estaba dispuesta a hacer por él, cuando me decía que yo le
pertenecía, me estaba recordando a mí misma que él también me pertenecía; cada paso
que daba me acercaba más a él sin darme cuenta.
—Ya quiero que seas mi esposa. —dice en la oscuridad.
— ¿Por qué? ya soy tuya.
—Eso ya lo sé, pero cuando seas la Señora Grandchester, el resto del mundo también
sabrá.
— ¿Siempre serás tan posesivo conmigo?
—Nunca me has dicho que deje de serlo. —Es cierto, me quejo pero jamás le he
pedido que no sea tan posesivo conmigo.
—Prométeme algo, Terry.
—Lo que quieras. —besa mis omoplatos.
—Nunca olvidarás quedarte conmigo. — una lágrima se me escapa.
—Prometo quedarme contigo hasta en mis sueños.
¿Por qué siento tristeza cuando me lo dice?
Es exactamente lo que quería escuchar.
Mientras preparo las últimas fotografías, mi celular no ha cesado de bailar sobre la
mesa. He tenido una tarde demasiado ocupada como para atenderlo, Annie no es,
porque esta mañana hablamos y todo marcha bien, mi madre tampoco es porque hoy
me echó un sermón acerca de ser madre tan joven y tampoco tan vieja cuando me
case, mientras Terry reía a carcajadas viendo mi expresión ruborizada en el
desayuno.
¿Número desconocido? Es extraño, tengo más de diez llamadas de un número
desconocido, decido devolver la llamada para saber quién con tanta urgencia llamaba.
—Hola ¿Quién es?
—Hola, Candy. Habla Sam Rogers, ¿Me recuerdas?
¿Sam Rogers?
¿Qué hace el socio de Terry llamándome a mi celular con tanta urgencia?
—Lo recuerdo, señor Rogers.
—Por favor, llámame Sam.
—Sam, ¿En qué puedo ayudarte?
—Disculpa si te he hecho sentir incómoda con mis llamadas, pero quería saber si
podemos hablar acerca de un trabajo.
¿Trabajo? Umm.
— ¿Trabajo, para mí?
—Sí, sé que eres una excelente fotógrafa y también modelo, pero el trabajo es
solamente de fotografía, necesito una profesional. ¿Qué te parece si te invito almorzar
para explicarte mejor? claro si a Terry no le molesta.
¡Mierda! ¿Y ahora qué digo?
—Te llamaré para confirmarte, tengo muchas sesiones por terminar.
—Está bien, espero tu llamada.
Vaya, eso fue raro. Definitivamente tengo que consultárselo a Terry, si es su socio
no veo cuál es el problema, pero de todas formas tengo que preguntarle.
— ¿Por qué las caras largas, cariño? — chilla Andy con su azote en el culo.
—Te he dicho que dejes de hacer eso, si Terry te ve no le va a importar correrte el
maquillaje.
Ríe a carcajadas, pero se le borra la sonrisa al ver a Terry entrar y se va a jugar en
su vestidor. Continúo preparando la nueva película para la cámara.
De repente siento las fuertes manos de Terry dándome un leve masaje en mis
hombros, que sensación más deliciosa.
—Te extrañé esta mañana, nena. ¿Por qué no quieres vivir conmigo?
—Tengo que aprovechar mis últimos días como la señorita White, antes de
convertirme en señora Grandchester. — hace mohín.
—Ya falta poco ¿Cuándo vamos a comenzar con los preparativos?
—Pronto, cariño, deja de cargarme de tanto trabajo y empezaré con la organizadora,
ya me han llamado tres de parte tuya, Eres imposible, Terry Grandchester.
—Era la única forma de recordártelo—se queja—además, por el trabajo no te
preocupes, pronto dejarás de hacerlo para empezar hacer más grande nuestra pequeña
familia.
Me atraganto con mi saliva. Está loco si piensa que me voy a retirar a mis veintitantos.
No cabe duda que a su edad no sabe cómo llevar despacio las cosas.
— ¿Nena, estás bien? —me da unas pequeñas palmadas en mi espalda, veo su rostro
está que se caga de la risa.
—Ni pienses que dejaré mi trabajo, amo lo que hago; todavía tengo planes acerca de la
galería que quiero preparar. —le informo y borro esa pequeña sonrisa que tanto amo.
—Ya veremos, señorita White.
Me da un beso casto, roza mi trasero y me susurra al oído: —Dile a tu amigo Andy
que si vuelvo a verlo tocándote el culo, lo despido. —rio para mis adentros y asiento.
Se va y por fin me deja trabajar. ¡Joder! Me olvidé decirle acerca de esa llamada
extraña de su socio, Sam Rogers, jamás había escuchado su nombre, ni siquiera para
el aniversario del Encore, Terry me presentó a muchas personas y estoy segura de
que lo recordaría si me lo hubiese presentado.
Umm.
Le diré luego a Terry, además, quedé en llamarlo, supongo que tendrá que esperar
hasta que pueda hablar con mi prometido y preguntarte sobre él.
« ¿Noche de chicas?»
Mensaje de Annie, por supuesto, lo que necesito en estos momentos es respirar un
poco, no quiero hablar sobre hijos ni de los preparativos de la boda, mis nervios me
van a matar si sigo el ritmo de Terry. Terminaré siendo cara de póquer como él.
«Por supuesto, te veo luego del trabajo. »
Termino las últimas fotografías del día con un pequeño dolor de cabeza, pero no
dejaré que me agobie y que no pueda tener mi noche de chicas con mi mejor amiga.
Me despido de todos y voy al despacho de mi prometido para reportarme y decirle
que tendré una noche ocupada con mi mejor amiga, me hace mohín como un crío y
acepta, con la condición que me lleve el Audi, ya que el GPS que mandó a poner al
robot lo quité yo misma. Después de casi media hora me di por vencida y acepte a
regañadientes su condición, siempre se sale con la suya.
¡Joder! Digo cuando estoy en mi apartamento, olvidé decirle acerca de Sam. Se lo diré
mañana, no hay prisa.
— ¡Joder! Pareces una chica de la mafia en ese auto—chilla Annie
—Es una larga historia, anda entra que llegaremos tarde.
La noche de chicas consiste en una rica cena, y largas charlas, no soy de ir a
discotecas pero hoy Annie me ha obligado a ir ya que puede que sea la última vez que
pise una con ella.
—Si Terry se entera que estoy en una discoteca me va a matar.
—Tranquila, no bailaremos, y si lo hacemos, seremos solamente las dos. —Resopla—
¿Qué quieres tomar?
—Lo mismo de siempre, té frío.
—Aquí no venden té frío, cuando te doy en el Luxar es porque yo te lo preparo.
—Entonces que sea algo con el menor alcohol posible.
—Eres aburrida—se queja.
—Dos mojitos—pide al mesero.
—Joder, Annie, te he dicho que nada de alcohol.
Se ríe pero no dice nada, de todas formas no tomaré más de uno, la última vez que
tomé fui sacada a espaldas de un manipulador que ahora será mi futuro esposo, sonrío
al recordarlo.
La noche es tranquila, la música suena, y Annie baila en su silla; me pregunto qué
estará haciendo Terry, seguramente arrancándose los pelos de la cabeza, han
pasado casi dos horas, ya debería de saber dónde estamos.
—De parte del caballeo de la barra—dice el mesero trayendo consigo dos copas de
vino blanco.
Al girarme a la barra miro a un hombre de traje muy elegante, pero su rostro me
sorprende y empiezo a maldecir en voz baja.
— ¿Quién es ése? —pregunta Annie siguiendo la mirada.
—Es Sam Roger, dijo que era socio de Terry.
—Se ve apetitoso—suspira Annie. Sam es un hombre atractivo, pero la forma en que
me ve no es la más adecuada, para conocer a Terry, debe saber que no puede
coquetear conmigo.
Levanto la copa en forma de agradecimiento y le doy un sorbo.
—Me ha llamado hoy diciéndome que tiene un trabajo para mí.
—¿Se lo has dicho a Terry?
—Lo olvidé, pero pienso preguntárselo.
—Mierda, Candy, viene para aquí, ¿Cómo me veo?
Carcajeo y siento incomodidad al sentir la presencia de Sam.
—Señoritas.
—Hola, Sam, te presento a Annie, Annie él es Sam.
La cara de Annie es un poema cuando Sam besa su mano y se acerca a mí y me da un
beso en la mejilla. ¿Eso es normal?
—Todavía sigo esperando tu llamada, Candy—Su tono es cargado de lujuria, no
apruebo su actitud para conmigo. Asiento y sonrío pero siento que estoy haciendo
algo mal. El tipo está coqueteando conmigo y sabe que estoy comprometida con su
socio. —¿Te parece si vamos al área VIP y conversamos un poco?
— ¿Área VIP? —suelta Annie. — ¿Esa área no es para el dueño?
—Así es, soy el dueño ¿Me acompañan?
— ¡Joder, sí! — chilla Annie y la fulmino con la mirada, definitivamente mi amiga
está alcanzo toda la barra completa de ninfómana.
Obligada me levanto de mi mesa y él pone una mano en mi cintura y me da
escalofríos. —Por aquí. — nos dirige.
El área VIP básicamente consiste en un área retirada y bastante erótica por las
fotografías de mujeres desnudas que cuelgan alrededor, empiezo a sentirme nerviosa e
incómoda de su presencia, he perdido de vista a Annie que seguramente encontró
compañía y me dejó en brazos de este hombre que apenas conozco.
—Tu amiga me cae bien, es de espíritu libre.
Intento sonreír. —Es especial.
— ¿Cómo está Terry? —suelta y arrugo la frente, pensé que hablaríamos acerca del
trabajo misterioso que tiene para mí.
—En casa, supongo.
— ¿Supones? —Sonríe burlándose— Si yo fuera tu novio no te dejaría salir de casa — ¡PELIGRO! ¡PELIGRO!
—La confianza es la base de todo. —Sé perfectamente que Terry me rogo que no
saliera esta noche y me encuentro en un área VIP con el dueño de una discoteca y que
dice ser su socio y que además está coqueteando conmigo.
—Señor Rogers, podemos hablar acerca de ese trabajo.
—Por supuesto, es para el día de mi cumpleaños, quiero que alguien tome fotografías
del evento, se realizará el próximo mes, será algo muy privado y quiero mucha
discreción.
¿Privado?
¿Discreción?
¿Será lo mismo que estoy pensando? ¡MIERDA!
—Sí, eso que estás pensando. —parece que me haya leído la mente o mi expresión
fue exagerada, después de ver a mi alrededor el tipo de fotografías de mujeres
desnudas, quiere que yo tome fotografías a gente desnuda ese día.
—Yo no hago ese tipo de trabajo— me quejo nerviosa
—Lo sé, pero sé que eres buena para la fotografía. — me mira de pies a cabeza y se
detiene en mis piernas. Esto es una mierda, este hombre no tiene respeto por nada.
¿Dónde carajos esta Annie?
—No puedo aceptarlo, señor, me siento halagada, ya que dijo que es privado—hago
pausa en esa última palabra—pero tengo mucho trabajo en estos momentos y una
boda por planear.
—Si no estuvieras comprometida con el otro Grandchester participarías. — ¡La mierda del
mundo!
— ¿Disculpe?
—Olvídalo, piénsalo, te volveré a llamar.
Me siento mareada y me falta la respiración, ¡Joder! Me he tomado más de una copa
con él.
—Tengo que irme, buscaré a mi amiga—me pongo de pie y mi teléfono suena.
—Fue un gusto verte, Candy—se despide dándome un beso en la mejilla pero me
siento tan mareada que no pude bloquearlo.
Camino por el pasillo, atravieso la multitud y no veo a Annie por ningún lado, mi
teléfono empieza a sonar de nuevo.
— ¿Terry?
— ¿¡Dónde estás!? —grita y separo el teléfono de mi oreja.
—Estoy buscando a Annie, ¿Dónde estás tú? — intento sonar lo más normal que
puedo.
— ¿Has bebido? —evade mi pregunta desesperado.
—Un poco. — No voy a mentirle, a estas alturas sería una estupidez.
Mi teléfono se me resbala por las manos y cae al suelo haciéndose añicos.
—¡La puta madre! —Grito.
Intento llegar con dificultad al tocador de mujeres, quizás Linda está ahí, la busco en
cada cubículo pero no la encuentro por ningún lugar. Voy de nuevo a la multitud
intentando encontrar a Annie, pero no veo su vestido rojo por ningún lado. El aire
empieza a faltarme y siento que voy a desmayarme, mierda, nunca me había sentido
tan borracha, para ser únicamente unas copas.
Parece que Sam también ha desaparecido, gracias a Dios, no pienso hablarle nunca; y
jamás volveré a este lugar, si hubiese sabido que me lo encontraría aquí jamás habría
venido a este lugar. Me agarro de la barra para no caer al suelo; hasta que por fin
Annie aparece.
—Eres una idiota, Annie, ¿Dónde estabas?
—En el baño—responde lo más relajada— ¿Dónde estabas tú?
—Acabo de venir del baño y no estabas ahí.
—Estaba en los baños VIP. ¿Te encuentras bien?
— ¡No! Estoy mareada, quiero irme de aquí. — me quejo nerviosa y con ganas de
llorar, nunca me había sentido así.
— ¿Candy? Estás pálida, ¿Qué has tomado? —por su tono sé que me veo como la
mierda de mal.
—Te sacaré de aquí. — me agarra de la cintura y me arrastra hasta la salida, estoy
viendo doble, no escucho nada y todo me da vueltas.
— ¡Joder, Candy! ¿¡Qué carajos tomaste!? —se queja y me sigue ayudando a caminar.
Después de varios pasos hasta el pasillo de la salida, veo un par de ojos azules
furiosos enfrente de mí, Terry.
Y de nuevo… todo escurece…
