MARATON 8/10
No estoy preparada para esto.
Mi teléfono no ha cesado de sonar, sé que es él, pero no quiero verlo, me mintió, me
ocultó algo tan importante en su vida, no tuvo la confianza suficiente para decírmelo.
¿Con él me quiero casar?
«Nena, por favor, coge el teléfono. Necesito escuchar tu voz.»
De ninguna manera voy contestar el teléfono, puede venir a tumbar la puerta si quiere,
no voy a atender ninguna llamada ni contestaré a su mensaje, no necesito saber lo que
ya sé.NO CONFÍA EN MÍ. Cuando pensaba que al fin podían cambiar las cosas, la
mujer que le dio la vida ha regresado. Pero sé perfectamente que no vino a recuperar
el tiempo perdido, algo me dice que esa mujer no es de fiar.
Me voy a la casa de Annie, necesito estar lejos de todo esta mierda que me va a volver
loca. No sé si estoy enojada o herida, solamente no deseo verlo. En menos de lo que
pude parpadear estoy en el apartamento de Annie y su boca no podría estar más
abierta formando una gran "O"
, está más que sorprendida con todo lo que me está
pasando, no tengo las fuerzas para seguir adelante, siento que no puedo.
—Candy, quizás él no quiso agobiarte con su pasado. —Otra vez defendiéndolo, joder.
—No puedo, Annie, estoy por volverme loca si es que ya no lo estoy.
—Tú más que nadie sabe que le has ocultado cosas para protegerlo—Tiene razón—
No ha de ser nada fácil hablar de la mujer que lo abandonó, tienes que entenderlo.
—Intento, pero entre más cerca estoy de entenderlo son cinco pasos atrás que doy, es
inevitable.
De pronto siento unas grandes náuseas y corro hacia el baño. Meto la cara en el váter
y empiezo a vomitar lo poco que he comido en el día. Me suelto a llorar como una
magdalena mientras Annie me recoge el cabello y vuelvo a vomitar con todas mis
fuerzas.
—Necesitas descansar—aconseja.
—Lo que menos quiero es descansar.
Otra vez empiezo a vomitar. ¡Mierda! Que asqueroso, la cabeza me va a explotar con cada arcada que doy.
— ¡Joder! Candy, no me digas que estás… — ¡Cállate! Ni lo digas. —la interrumpo—
No se te ocurra decirlo, estoy abrumada por todo esto, es todo.
—Deberías de ir al médico por si las dudas.
— ¡De eso nada!
Nos quedamos en el suelo un rato más en silencio, las lágrimas empiezan a brotar de
mis ojos, me siento como la mierda, quiero ir a casa pero sé que Terry estará ahí,
es extraño que no haya venido a buscarme a lo de Linda, pero no tardará en hacerlo.
—Mierda, es Terry. —Dice Annie viendo su teléfono.
—No se te ocurra decirle que estoy contigo, dile que no me has visto.
—Vas a matar a ese hombre de un infarto, Candy.
—Él está haciendo lo mismo conmigo. — y vuelvo a meter la cabeza al váter.
Después de una hora vomitando y sacando todo de mi organismo con furia, mis ojos
también han terminado de derramar lágrimas, sé que Annie le dijo a Terry que
estaba aquí. Pero no ha venido a buscarme, le agradezco por eso.
—Buenos días, dormilona—dice Annie al abrir las ventanas, la claridad es ácida para
mis ojos.
— ¡Annie! Quieres dejarme ciega.
—Necesitas levantarte de esa cama, no puedes estar así. Terry llegará en cualquier
momento. —indica.
— ¿Le has dicho que viniera? —la fulmino con la mirada
—No, anoche me dijo que él vendría hoy por ti. —Se ríe—tienes que hablar, no
puedes salir huyendo.
Mierda otra vez las náuseas, corro hacia el baño y tiro la puerta, cuando pensé que ya
no tenía nada en mi estómago, parece que todavía queda la bilis por salir.
— ¡Candy! ¿Estás bien?
—Estoy...—Continúo vomitando—Estoy bien.
— ¡No lo estás! Sal de ahí.
Escucho que tocan la puerta. ¡Estoy jodida! Debe de ser Terry. Cierro la puerta con
llave y me niego a salir, no estoy lista para verlo, me veo al espejo y estoy de muerte.
Ojeras y el maquillaje del día anterior regado por toda mi cara. Me enjuago la boca y
me limpio la cara.
— ¿Nena? —dice una voz ronca al otro lado de la puerta.
— ¡Vete, Terry! Déjame sola.
—Pequeña, por favor, sal de ahí, necesito hablar contigo.
— ¡Pequeña nada!
Me veo al espejo y me doy asco. No puedo estar aquí metida todo el día, necesito ir a
trabajar y Terry no descansará hasta que salga de aquí. Respiro profundo y abro la
puerta. Lleva un traje oscuro y camisa gris. Debe de estar deprimido para escoger ese
conjunto tan sombrío.
— ¿Estás bien? —pregunta tocando mi rostro, pero lo aparto de un golpe.
—No, no lo estoy. ¿Y tu madre cómo está? — pregunto con ímpetu.
Intento salir por la puerta pero el gorila de Leo se me atraviesa en el camino.
— ¿Me dejas pasar? —lo fulmino con la mirada, es un hombre inmenso seguro mis
manos son como picadas de zancudo.
—Lo siento, señorita, recibo órdenes.
—Nena, por favor, vamos a casa, debemos hablar—ruega atrás de mí.
Hoy no tengo deseos de pelear. Así que no digo nada y dejo que me lleve al auto, veo
cómo Leo contiene una sonrisa, siempre su querido jefe se sale con la suya, maldito
cara de póquer.
— ¡No me toques! —le gruño en el auto mientras intenta tomarme de las manos.
Llegamos al Hall, y de un portazo me encierro en el baño, me doy una larga ducha y
vuelvo a sentir nauseas pero no tengo nada en mi estómago, me entran las ganas de
llorar nuevamente y suelto un sollozo. Mientras estoy en la bañera puedo ver el reflejo
de Terry que está observándome a través del cristal.
Salgo de la ducha, me enrollo una toalla y camino sin decir nada hasta el vestidor,
intento mantener el equilibrio para no resbalarme de lo débil que me siento y me
visto. Él me sigue y se sienta en la orilla de la cama con las manos en la cabeza.
Apuesto todo el dinero del mundo que no sabe por dónde empezar.
Miro mi anillo de corte azul y empiezo a llorar, ni siquiera he empezado los
preparativos de la boda y estoy pasando por todo esto. ¿Sera una señal?
Lo veo en la cama y levanta la mirada, me observa y suelta un suspiro.
—Estás hermosa. —intenta sonreír. No lo estoy, tengo una apariencia horrible en estos
momentos, no he parado de vomitar y no he dormido por dos días.
—Sé que debí decirte lo de Eleanor, pero tenía tanta rabia que ni siquiera lo había
terminado de procesar, no acepto su regreso. —Dice con voz quebrada— no quiero
que pienses que no confío en ti. —Debiste decírmelo, no sabes cómo me sentí cuando esa mujer se me acercó, la
manera en que vio a Eli.
—Perdóname, no la quiero en mi vida, pero es mi madre y está arrepentida por
habernos abandonado.
— ¿Las has perdonado?
—Candy, desde que te conocí he hecho cosas que jamás pensé que podría hacer, y
perdonar es una de ellas. No sé si deba perdonarla. No la necesito en mi vida,
únicamente te necesito a ti.
—Estoy cansada de que me ocultes cosas, Terry.
—Necesitaba hacerlo para poder aceptarlo.
Parte de mi quiere seguir molesta con él, pero tiene razón; no es fácil que una madre te
abandone y años después regrese como si nada. Me acerco a él y tomo sus manos.
Siento un calambre en todo mi cuerpo, tenerlo tan cerca y tan vulnerable me parte el
corazón, es débil, parece un cara dura y muchas veces lo es, pero por dentro no es de
hierro como su apariencia.
—Te amo, Candy, ¿Tú me amas?
— ¿Por qué no? —sonríe. —Te amo más que a mi vida, intento con todas mis fuerzas
ser fuerte para ti, pero no puedo.
—No necesito que seas fuerte para mí, necesito que seas feliz para yo serlo también. Aunque Terry me haya dicho toda la verdad acerca de su madre, no confío en ella.
Lo buscó desde hace un mes y ha estado evitándola a toda costa, ella dice
estararrepentida y su encuentro no fortuito conmigo en el centro comercial no fue
para nada agradable. Terry le ha pedido que no se acerque a Eli, al menos no por
los momentos, la nena no sabe que Terry es su tío y mucho menos lo sabe ella.
Supo que Thomas murió pero quedaba su gemelo, el bueno , según sus frías palabras;
quería recuperar el tiempo perdido.
«Candy, tengo información acerca de Eleanor Valer. Te veo en el café de siempre. Anthony»
Espero que sean buenas noticias, no puedo evitar no sentirme celosa de ella, quiere recuperar el tiempo perdido, estar pegado a la pierna de él como madre abnegada.
Cuando él no está me mira con recelo y cuando él está presente es la suegra soñada.
Intento no decirle nada a Terry porque es su madre, sé que él tampoco confía
mucho en ella, le da el beneficio de la duda; quiero encontrar toda la verdad detrás de
su regreso y poder sacarla de nuestras vidas, por muy duro que sea; mi instinto me
dice que no es la madre arrepentida que jura ser.
—Buenos días, pequeña— abro mis ojos y me encuentro con la mirada de mi cielo.
La sonrisa que es sólo para mí.
—Buenos días, cariño.
Mierda siento mi estómago revuelto, corro hacia el baño y Terry viene detrás de
mí.
— ¡Nena! ¿Estás bien?
—Sí…—otra expulsión con furia.
¡No! ¡No! ¡No puede ser lo que estoy pensando! He estado vomitando tres días
seguidos por las mañanas. Solamente puede ser una cosa, o tengo la peor gripe o…
¡NO! Ni lo pienso.
La regla me tiene que bajar hoy y no hay señal de ella. Quiero llorar, no puedo estar…
no lo puedo creer.
—Nena, abre la puerta, por favor.
Eso intento pero mi cuerpo quiere expulsar todo con mucha fuerza. Abro la puerta y
su cara es de espanto.
— ¡Nena! Estás pálida.
—No, sólo tengo gripe, supongo. —¡Y eso debe de ser!
— ¿Te bañas conmigo? — hago mohín. Y sonríe.
Me ayuda a desvestirme y ahí está el pecho de acero, su entrepierna mañanera palpita
en mi vientre y empiezo a sentir calor, lo beso con pasión y lo meto a la bañera
conmigo. —Pensé que estabas enferma—dice agitado. —Cúrame—musito llevando
sus manos a mis pechos, los aprieta como suyos, los lame y los muerde. Me hace
soltar un gemido y me levanta.
—Rodéame con esas hermosas piernas. —Aprieta mis muslos entre su cadera y me
embiste con furia, amo al Terry posesivo al hacerme el amor. Entra y sale de mí
mientras el agua recorre por nuestros cuerpos desnudos llevándose las huellas que
dejan sus besos por todo mi cuerpo.
—Te amo, Terry—jadeo una y otra vez, mientras hunde su cabeza en mis pechos
desnudos y mojados. —También te amo, pequeña—dice agitado, su voz es tan sensual cuando me hace el amor que me estremece su ronroneo. Gruñe mientras muerdo su
hombro y yo jadeo con más fuerza cuando me arremete con más fuerza, saliendo y
entrando de mi más rápido. —Mírame a los ojos—exige con ternura, obedezco y
puedo ver a través del agua que corre por mi rostro su mirada azul penetrante.
¡Joder! Quiero más, más fuerte; nunca me sacio de tenerlo dentro de mí, muerdo su
boca y suelta un gemido dentro, acaricio su lengua y aprieto más, me sostengo más
fuerte de sus hombros hasta de alcanzar el clímax. —Te amo tanto, nena, eres
maravillosa. —me embiste con más fuerza por última vez y suelto un chillido que
hace eco en el baño.
Nos quedamos abrazados bajo el agua, no puede verme, pero estoy llorando, estoy
feliz de tenerlo a mi lado, pero tengo miedo, el miedo ha regresado a invadir todo mi
cuerpo. Siento que estoy a punto de perderlo y no me quiero sentir así.
—Mírame. —me ordena con ternura.
Cierra la ducha y el agua deja de caer en nuestros cuerpos, me levante el mentón y ve
mis ojos enrojecidos.
— ¿Por qué lloras? — me besa.
—Lloro de felicidad—lo abrazo fuerte y hundo mi cabeza en su pecho mojado.
—Nena, no sabes mentir. —me aleja de su pecho y me exige que lo vea a la cara de
nuevo.
—No me iré a ningún lado. —parece que leyera mis pensamientos, pero en realidad es
que no es necesario que lo haga. Él me conoce más que nadie, sabe cuándo estoy en
peligro y cuándo más necesito de él.
—No trabajemos hoy—aconseja.
Mi mente empieza a dar vueltas, y recuerdo el mensaje de Anthony, tengo que verlo hoy
para que me diga lo que investigó de Eleanor.
—Tenemos que trabajar, cariño, no podemos ser irresponsables.
—Nena, el sarcasmo ya te dije, no te da. —sonríe. Lava y seca mi cuerpo y me da un
beso casto.
Antes de reunirme con Anthony, necesito parar en una farmacia y comprar una, dos o mil
pruebas de embarazo, el corazón se me hace gigante en el pecho con pensarlo. Tomo
diez cajas de pruebas y las llevo a casa.
— ¿Se encuentra bien, señorita? — me pregunta la chica que factura.
—Sí, estoy bien. —intento sonreír pero mis nervios son evidentes.
—Siempre hay alternativas, adopción, el aborto.
Me quedo helada con lo que me dice, es tan fuera de lugar que recomiende algo como
eso.
—No son para mí, pero lo tendré en cuenta. — cojo la bolsa plástica y salgo como un
rayo de ahí.
No fue nada agradable, jamás sería capaz de matar a un bebé y mucho menos darlo en
adopción, por muy asustada que esté, sé que no estoy sola.
Me encuentro con Anthony en el café de siempre, estoy nerviosa y Anthony parece ansioso,
sólo espero que sean buenas noticias, aunque no lo serán para Terry.
—Candy, lo que investigué es muy delicado. —agrega muy serio. —Esta mujer ha
estado en la vida de Terry siempre, pero bajo perfil.
— ¿De qué hablas? — mi voz suena tensa y ansiosa.
—Eleanor Baker, tenía negocios ilícitos con su hijo Thomas Grandchester, después de que
abandonó a su esposo, Richard Grandchester, Eleanor se asoció con personas peligrosas, con
los años hizo que su hijo Thomas participara. Pero cuando Thomas murió, todo se vino
abajo, parece que su suerte terminó.
— ¿Estás seguro de eso? — siento que voy a vomitar.
—Muy seguro, Candy, te he traído algunas copias de las cuentas bancarias de Thomas.
donde su madre está en algunas cláusulas, pero era dinero sucio así que prácticamente
no tiene nada.
Es eso entonces, Eleanor ha regresado por dinero. Me siento mareada, quiero
vomitar.
— ¿Estás bien, Candy? Te ves pálida.
—Estoy bien. —la verdad es que no. No puedo creer que esta mujer sea una sin
vergüenza, yo tenía razón.
—Tienes que enseñarle esto a Terry y que esa mujer salga de sus vidas, no es de
fiar. No hay suficientes pruebas para meterla a la cárcel, está limpia solamente
manejaba el dinero de su hijo, no obstante sigue siendo una mujer peligrosa.
Me suelto a llorar y Anthony me acaricia la mano. —Todo saldrá bien, Candy, prometo que
te voy a apoyar y si quieres y puedo hablar con Terrence.
Me sorprende el cambio de Anthony, por fin entendió que Terry es el amor de mi vida y hasta me da pena, pero espero encuentre a la mujer que la vida tiene preparada para
él, porque yo ya encontré al mío.
—Gracias, Anthony.
—No me agradezcas, lo que sea por ti.
Me despido de Anthony con un fuerte abrazo y me voy para el Advertising. Tengo que
hablar con Terry acerca de esa mujer que desgraciadamente es su madre.
Se le acabó el teatro, no podrá sacar ni un centavo de Terry, sobre mi cadáver, no la
quiero en nuestras vidas, no la quiero ver cerca de Terry fingiendo dolor por el
abandono, y tampoco quiero que se acerque a Elli como abuela consentida que finge
ser. Me da asco, es una mujer sin escrúpulos. Todos estos años estuvo manteniendo
una relación de madre e hijo con el gemelo que ella llama, El malo . Ella debe de saber
que Eli no es hija de Terry, sino de Thomas.
Tengo que proteger a mi pequeña familia, y ahora ya no tengo miedo en darme cuenta
si seré madre o no. Estoy dispuesta a todo, a protegerlos con mi vida, no me voy a
rendir nunca.
