—Efectivamente estás embarazada, Candy felicidades—Dice la Dra. Sheribel.
—Quiero abortar.
—Candy, sé que estás asustada pero hay otras alternativas. —me aconseja.
—No tengo otra alternativa, estoy sola en esto—empiezo a llorar.
—Hay un grupo de apoyo para madres solteras—prosigue—Pero es decisión tuya, Candy.
Salgo corriendo al baño a vomitar, mis malditas hormonas alteradas me tiene en un hilo, no he parado de
vomitar, la doctora dice que sólo serán los primeros meses y en otros casos durante todo el embarazo.
Escucho el ruido de mi teléfono y es una llamada de Anthony.
—Hola, Anthony—digo entre arcadas.
— ¿Cómo estás, Candy?
—Como ya te lo imaginas, ¿Qué pasa?
—Candy, hay algo que tengo que contarte—suena preocupado. — ¿Puedes venir a mi despacho?
—Sí, voy para allá.
Me despido de la Dra. Sheribel, me entrega un par de folletos de toda la información acerca del aborto,
consecuencias y riesgos. Ni siquiera sabía que existía tal cosa en hojas coloridas, con la ironía de
fotografías de madres embarazadas y bebés sonrientes. Las entierro en mi bolso y me marcho al despacho
de Anthony, por su tono de voz no debe de ser nada bueno, pero ahora ya nada me puede sorprender, parece
que estuviera en efecto zombi. No duermo, apenas como, todavía no sé qué decisión tomar, si pudiera
regresar el tiempo y ser más honesta con Terry lo haría, pero todo es una mierda ahora en mi vida, no
existe nada de eso; el arrepentimiento viene a ser lo último cuando estamos jodidamente tocando fondo.
Quisiera verlo y poder decirle que será padre, pero ha pasado una semana y no sé nada de él, ni siquiera
he hablado con Archie, no he ido a trabajar, he recibo un par de mensajes de Andy, pero le he dicho que
estoy en reposo pero que guarde mi secreto del embarazo. Ha sido un buen amigo después de todo y ha
estado junto conmigo al igual que Annie en esta montaña rusa de mi relación con el señor Grandchester.
— ¿Qué pasa, Anthony? —lo saludo al entrar a su despacho.
—Candy, te ves fatal—me ve de pies a cabeza.
—Gracias, tú también te ves bien—digo con sarcasmo.
— ¿Cómo están las cosas con Terry?
—Alguien le mandó unas fotos, nos siguieron a ti y a mí la tarde del café, nos tomaron fotos abrazados y
tomados de las manos. ¿Cómo crees que estoy con él? — mis hormonas maternales salen a luz y empiezo
a llorar.
—Lo siento mucho, Candy. Esto es una pesadilla pero ahora que dices eso solamente confirman mis
sospechas—dice en tono de advertencia.
— ¿Qué pasa? —empiezo a temblar por lo que está a punto de decirme.
—Eliza salió libre bajo fianza, no sé cómo, pero lo ha logrado.
—No puedo creerlo, seguramente ella nos siguió, está tan obsesionada con Terry.
Anthony me ve desconcertado, parece que no es solamente eso que tiene que decirme.
—Candy, creo que estás en peligro. Eliza es hija de uno de los de la mafia de España.
— ¿¡Qué!? —No puedo creer lo que estoy escuchando.
—Parece que un familiar la sacó de la cárcel, todavía no sabemos quién es exactamente pero se trata de
la mafia de España.
Empiezo a sentirme mareada, tengo revuelto el estómago de nuevo, quiero vomitar.
— ¡Candy! ¿Estás bien? — dice acercándose a mí, me sienta en su silla y empieza a abanicar un par de
papeles.
—Te llevaré a casa.
No me niego, dejo que me lleve a casa, en el camino lo veo cómo me observa mientras llevo mis ojos
entrecerrados, me ve con ternura y hasta con lástima, sé que me quiere, sé que ha estado enamorado de mí
siempre, pero no pertenezco a él, es más, parece que no pertenezco a nadie.
—Llegamos—dice ayudándome a bajar del auto.
Me ayuda a subir las escaleras y toma de mi cintura por el pasillo, sus manos son grandes, pero no son
las de Terry, mis ojos empiezan a humedecerse, ningún hombre será como Terry,, por mucho que me
amé Anthony, mi jefe se ha llevado mi corazón y mi vida.
— ¿Te sientes bien? —pregunta al apartar un mechón de mi rostro.
—Estoy embarazada— le confieso.
Cierra los ojos y suspira, parece que la noticia lo ha dejado sorprendido, otra razón más para que no me
amé.
—No estás sola, Candy.
¿Por qué todos me dicen eso?
En realidad sé que no estoy sola, pero me siento sola, suena egoísta pero es la verdad, nadie puede
reemplazar el amor de Terry en estos momentos, por mucho que me odie, yo lo necesito conmigo, no
puedo hacer esto sola.
—Terry no lo sabe ¿Verdad?
Niego con la cabeza y me abraza, lloro en su pecho, no huele igual que Terry su aroma es dulce pero
está lejos de ser el mismo aroma del amor de mi vida, el aroma de mi cielo. ¿Qué pasa conmigo?
—Ahora con más razón, tienes que cuidarte, Candy, tu vida corre peligro con esa loca suelta. Ya intentó
hacerte daño una vez.
—No quiero tenerlo.
—No hables así, sé que quieres tenerlo, pero tienes miedo porque su padre está enojado contigo, tienes
que decirle, quizás eso lo haga recapacitar.
—No le diré nada, para cuando se dé cuenta será demasiado tarde, Anthony.
No dice nada, no sabe qué decir, soy una mujer preñada llena de resentimiento porque el padre de la
criatura se empeña en ser el mismo hijo de puta que conocí aquella tarde en el café.
—Tengo que irme, por favor, cuídate—ordena preocupado
—Lo haré.
Despierto esta mañana con un fuerte dolor estomacal, no he comido nada pero aun así las náuseas son mi
alarma al despertar. Camino hacia la cocina y me tomo un vaso de leche, veo la receta que me dio la Dra.
Sheribel, respiro profundo y la cojo, sé que no mataré a mi bebé por muy deprimida que éste, me doy una
ducha y cojo mis llaves para ir a la farmacia más cercana.
Compro el medicamento, vitaminas y el ácido fólico, sonrío para mis adentros al ver una mujer
embarazada cerca de mí, tiene una gran barriga y parece estar feliz. ¿Estaré así de feliz algún día?
Salgo de la farmacia y llamo a mi madre, necesito escuchar su voz, aunque por los momentos no le diré
nada acerca del embarazo; no quiero que tome el coche y venga a Los Ángeles y exagere con sus
cuidados, ah, y también que me recuerde que no he empezado con los preparativos de la boda, no tengo
las fuerzas para decirle que no hay preparativos y que no habrá ninguna boda. Suelto un largo sollozo y
siento vibrar mi celular.
«La plebeya regresó donde pertenecía, a la basura.»
Excelente, sigue sin sorprenderme esos mensajes anónimos sin remitente o números privados. No van a
conseguir asustarme, ya estoy que me cago del susto con este embarazo. Me pregunto dónde estará
Terry, y cómo estará mi pequeña Eli. Continúo llorando en el auto camino a casa, por instinto veo que
estoy tomando el camino a la casa de Terry y suelto otro sollozo más fuerte. Me estoy volviendo loca.
—Candy, tienes que regresar al trabajo—llama Archie.
—No voy a regresar, Archie. Mi jefe no quiere verme y estoy segura que tampoco quiere que trabaje para
su compañía.
—Terry es un hijo de puta, pero me ha pregunta si has venido a trabajar y le he dicho que no.
—Ahí lo tienes, te pregunta porque no quiere verme. —chillo.
—Quiere verte, no ha salido de su oficina, está de mal humor siempre y ha estado bebiendo mucho.
Mierda, eso sí que no me gusta nada, cuando Terry toma se convierte en otra persona, él mismo me lo
ha dicho. —Es un hombre grande, él sabe tomar decisiones. — intento ser racional.
Después de mi conversación por teléfono de Archie, de que me dijese que sin mí la compañía no es igual
y que mis modelos añoran verme, no puedo regresar; es la compañía de Terry, no quiero estar rodeada
de nada que tenga que ver con él, aunque ya es suficiente y bastante grande el hecho que lleve su bebé en
mi vientre.
Lloro para mis adentros al recordar cómo me dijo que quería un bebé, una niña para ser exacto. Estoy
tres metros bajo tierra del infierno de Terrence Grandchester. Por las noches despierto llorando y rezo por que
unas manos fuerte y un torso perfecto esté a mi lado, pero la cama está vacía y fría.
Tengo que salir de las cuatro paredes, voy a morirme de la depresión si estoy aquí.
—Sé que estás deprimida pero es tu cumpleaños, Candy Rose White. —chilla Annie al despertarme.
—Mierda. Ni siquiera sabía que era mi cumpleaños hoy.
—Pues yo no lo olvidé así que arriba—ordena. —te tengo que preparado algo, así que arriba y no hay
pero que valga.
Veo en mi cama y hay un vestido rosa, holgado de la cintura. — ¿Ni siquiera tengo barriga?
—Lo sé, pero no pude evitar comprarlo.
Una reunión familiar en el Roxy , uno de los mejores restaurantes al aire libre de Los Ángeles, bella
sorpresa, más si se trata de mi madre que no ha cesado de preguntarme porqué estoy tan delgada y porqué
Terry no está presente en este día conmigo. Annie me ha ayudado a evadir unas cuantas preguntas pero
aun así sé que mi madre está preocupada por mí.
Mi hermano me ha visto de pies a cabeza preocupado, me ha preguntado hasta la dirección de él para ir a
romperle la cara si se llega a dar cuenta de que por él estoy tan deprimida, a lo que mi cuñada lo ha
convencido de que entre parejas hay momentos difíciles más si se trata de un White.
—Me sorprende verte sonreír, hace casi dos semanas no dices nada. —musita Annie
—Gracias por esto, realmente lo necesitaba. —sonrío a medias para evitar que se preocupe más por mí.
— ¿Vas a seguir con tu estúpido plan?
— ¿Tú qué crees?
—Que no, te conozco Candy, sé que no harías una estupidez.
Esta oscureciendo y la noche parece romántica para las parejas a mi alrededor, se me hace un nudo seco
en la garganta; hace algunos días yo estaba de la misma manera, enamorada y feliz, ahora solamente estoy
enamorada y triste.
— ¿Quieres bailar? —dice un extraño de aspecto caballero, sonrisa perfecta y cuerpo atlético.
—No gracias, estoy bien.
— ¿Puedo sentarme entonces? —Sí, no me sorprendo.
—Adelante—le regalo una falsa sonrisa, pero cuando veo a mi familia bailando y riendo, y yo me
encuentro en una mesa sola casi patética una compañía no estaría mal.
—Soy Ian Johnson. —extiende su mano.
—Candice White —me sujeta la mano y la besa.
—Un placer conocerte, Candice. —Asiente—tienes una familia muy divertida.
—Parece que sí.
— ¿A qué te dedicas? —pregunta interesado, ya sé por dónde va esto, que no me salga con la misma
mierda de que mi rostro le es familiar porque no estoy de humor.
—Fotógrafa.
—Excelente, yo también. —sonríe más. —Tengo mi propia compañía de arte fotográfico, en el centro de
Los Ángeles. ¿Para quién trabajas?
—Ahora mismo para nadie, estoy tomándome un descanso. —de Terry.
—Sí, quieres te dejo mi tarjeta, siempre estoy en busca de talento y por tus ojos puedo ver que lo tienes.
—Está coqueteando conmigo, y por una estúpida razón no puedo dejar de reír para mis adentros.
¿En serio? Una mujer embarazada como yo, con mis hormonas alteradas, no necesita eso ahora.
—Gracias, lo tendré en cuenta.
—Me despido, ha sido un placer, Candice White —vuelve a besar mi mano.
Lo veo cómo se aleja de la mesa, tiene un cuerpo estupendo y un bronceado atractivo. Veo que mi madre
me mira con una cara de ópera y Annie me fulmina con la mirada mientras se acerca.
— ¿Qué fue eso? —pregunta volteándose a ver el culo de Ian.
— ¿Tú qué crees?
—Que pronto se quedará sin dientes si Terry te llega a ver con él.
—Lo que pienses tú de Terry me tiene sin cuidado, el señor estaca en el culo decidió marcharse, no
pienso quedarme a llorar por él.
Después de volver a recuperar el color en mis mejillas, disfrutar de una deliciosa cena al lado de mi
familia, me entran las ganas de llorar y el vómito. Camino a toda velocidad hasta llegar al tocador de
damas y sacar de mi organismo una deliciosa ensalada que mi madre ha pedido por mí, según ella para
levantar los ánimos y toda esa mierda. Pues no funcionó; tengo la cara metida en el váter de un
restaurante lujoso y no tengo ni el más interés de levantarme de aquí.
—Parece que la joven ex madre no se siente bien después de su infidelidad—dice una voz detrás de la
puerta del cubículo.
Me quedo helada, reconozco esa voz, es la madre de Terry. Abro la puerta y la miro de pie enfrente
del espejo del lavado.
— ¿Qué haces aquí?
—Cenando, como tú, con la familia que querías arrebatarme.
¿Terry y Eli están aquí?
—Eres una impostora Eleanor. Pronto Terry se va a enterar de tus engaños, sé toda la verdad de ti y
el malo gemelo que tienes por hijo. No me engañas, has venido por dinero.
Abre los ojos como platos y se queda sin decir nada, seguro no se lo esperaba que una plebeya como yo
descubriera todo. No le tengo miedo, me doy cuenta que tengo el poder, no me siento amenazada y
tampoco tengo que respetarla esta vez, Terry no está presente, sólo somos ella y yo en un baño del
restaurante.
— ¡Jamás te creerá! —Grita desesperada—Lo engañaste, jamás va a creer nada de una zorra como tú.
¡Sera hija de puta!
—Ahora ya sé que fuiste tú la de toda esa mierda de las fotos, eres una hija de puta Eleanor, pronto tu
teatro caerá, yo misma me voy a encargar de que Terry sepa la clase de mujer que eres, y aunque él no
regresé conmigo, al menos no estarás en la vida de él.
Cuando veo que su mano viene directo a mi cara, otro par de manos se mete y la empuja hacia atrás,
haciéndola resbalar por la orilla del lavado
— ¡A mi amiga nadie la toca!
— ¡Son un par de zorras! —gruñe en el suelo. Se levanta y se estira su costoso vestido y se arregla el
cabello antes de salir.
— ¡Maldita vividora! —le grita Annie al salir.
Abrazo a Annie y empiezo a llorar en su hombro. —Terry está aquí—sollozo.
—Lo he visto pasar, tiene cara de pocos amigos.
— ¿Hablaste con él? —pregunto desesperada para que me diga que sí, que él preguntó por mí, pero está
muy lejos de ser verdad.
—Sí, pero no quiso decir nada, estaba con Eli.
—Tienes que hablar con él, Candy. —me ordena. Sé muy bien a lo que se refiere, él tiene derecho a saber
que será padre.
—No puedo, no tengo las fuerzas para hacerlo.
Después de limpiar mi cara, regresamos a la mesa, me quedo helada cuando veo a Terry en una de las
mesas del fondo, nuestras miradas se conectan y siento ganas de desmayarme al sentirme amenazada por
su fría mirada. Intento disimular que mi familia no vea que él está en el mismo lugar y juego con mi
sobrina Samantha.
—Tranquila, hija sé que él está ahí. —Dice mi madre acariciando mi espalda—Sé que están en esos
momentos de pareja.
Me sorprende que mi madre me conozca tan bien, me siento un poco aliviada después de saberlo. Sonrío
y la abrazo, intento por todos los medios no sacar la llorona preñada en estos momentos, que Terry me
vea debilitada no es lo que quiero, todavía tengo un poco de orgullo después de todo.
Escucho a la gente gritar y correr, y unos hombre encapuchados entran al área libre disparando en el aire,
todas las personas se tiran al suelo, me quedo helada y sin poder respirar, el estómago me empieza a
doler y mi madre me protege con su cuerpo, mi hermano salta de la silla y toma a Samantha con sus
brazos y se tira al suelo con mi cuñada, Annie hace lo mismo, pero yo no por una razón, no puedo
moverme, intento aclarar mi vista y ver dónde está Terry y Eli.
— ¡Quietos Todos! —grita un hombre, dos de los hombres empiezan a custodiar el lugar.
— ¡Hija al suelo! —solloza mi madre. Intento hacer mis piernas reaccionar, todavía hay personas de pie,
pero ese hombre ha ordenado que no nos movamos.
La gente grita e intenta correr, pero uno de ellos dispara contra uno que intenta salir corriendo hacia la
salida, grito para mis adentros y logro ver a Terry protegiendo a Eli contra su pecho.
¿Dónde está Leo?
Él siempre se queda afuera del lugar, entonces él debe de estar afuera. Porqué demonios no está aquí
adentro, siempre anda armado. Intento tranquilizar a mi madre y cuando escucho el segundo disparo mi
reacción hace que toque una copa de agua y cae en el suelo, él hombre dirige la mirada hacia mí. Mi
madre aprieta mi mano de manera desesperada entonces mi hermano se levanta del suelo e intenta
ponerse enfrente de nosotras.
—Aparta—le ordena apuntándole con el arma.
—Sobre mi cadáver, esta es mi familia. —advierte mi hermano con voz firme.
—Aparta o la mato enfrente de ti. — ¿A quién va matar? tres de ellos está rodeando todo el lugar en
busca de alguien o algo. Dinero quizás.
—Dije que no—masculla Albert. El hombre apunta y cuando está a punto de disparar lo único que hace es
golpearlo y noquearlo. Grito del susto y me abalanzo hacia mi hermano que está sangrando.
El hombre me agarra con fuerza del brazo y me levanta. Mis ojos empiezan a buscar ayuda, mi madre
grita pidiéndole que no me toque, Annie grita por ayuda mientras que mi cuñada, Maria cuida de mi
sobrina.
— ¿Qué es lo que quiere? —le ruego al malhechor encapuchado.
—Ahora que te vi, a ti—dice con voz tenebrosa.
Entonces escucho varios disparos detrás de nosotros, cierro los ojos esperando lo peor y cuando los abro
el hombre me tiene de rehén con una pistola en mi cabeza y me sujeta del cuello. Los otros dos hombres
que venían con él yacen en el suelo y veo a Terry con un arma en sus manos.
Él los mató.
En la otra esquina veo a Leo con un disparo en el brazo y una expresión de dolor.
—Suéltala—le ordena Terry, apuntándole con el arma.
—Disparas y ella muere también. —masculle tajante el hombre, me aprieta más y siento que me falta el
aire.
—Tengo buena puntería—afirma Terry, la mano no le tiembla ni parece asustado.
—No lo dudo, eres un Grandchester después de todo.
¿Ah?
CHICAS TRANQUILAS USTEDES SABEN QUE ESTOS DOS NO DURAN MAS DE 5 CAPÍTULOS SEPARADOS Y NO LAS VOY A DEJAR CON ESTA INTRIGA COMO LES DINE TENGO TIEMPO DE MAS PARA SUBIR CAPITULOS. BESOS
