Me quedo inmóvil al escuchar su apellido saliendo de la boca de un delincuente. ¿Lo conoce? En

realidad todo el mundo sabe quién es Terrence Grandchester, pero la forma en que lo dijo fue demasiado

personal y sospechosa.

— ¡Suéltala ahora! —grita.

El brillo de sus ojos ha desaparecido para ser invadido por desesperación y miedo, veo miedo en sus

ojos aunque no lo refleje su comportamiento, parece decidido con lo que dice y ordena.

—No lo haré, venia por una buena carnada—mueve su arma por mejilla— pero al ver esta belleza es un

bono para mí. —siento que vomito para mis adentros.

— ¡Suéltala, maldito hijo de puta no te atrevas a tocarla!

Cierro mis ojos y aprieto mis labios, cuando escucho más disparos a mi alrededor, siento que alguien me

tira al suelo entonces el frío invade todo mi cuerpo, no me muevo, no abro los ojos y ya no escucho nada,

todo se ha calmado al menos en mi cabeza.

Reproduzco la película de mi vida, la historia de Terry y yo, aquella tarde en el café su mirada azul

arrogante invadiendo mis adentros, cuando le dije que era un gigoló y me regaló una sonrisa que desde

ese momento estaría reservada sólo para mí, la sesión que invadió y me sacó de escena en sus hombros,

cuando me encontró en el cementerio borracha y me ayudó en mis estados más oscuros. La primera noche

que pasé con él sin entregarme en cuerpo pero sí de alma.

Entonces recuerdo cuando le dije que lo amaba cuando estaba dormida y no me importó si era demasiado

pronto para decírselo, la vida me había enseñado que nunca es demasiado tarde, entonces recordé las

palabras de mi padre, él dijo que amara, y eso hice; empecé a amarlo, me enamoré del guapo de mi jefe,

el cara dura, pero cuando sus labios rozaron los míos entonces entendí todo, él no era cara dura, él se

estaba resistiendo a lo que ambos queríamos, pero éramos tan tercos que no queríamos hacerlo, y

sabíamos que desde la primera vez que nos vimos, ambos corazones empezaron a latir.

Tu padre nos salvará…

Digo en mi mente, él ha salvado mi vida, ahora tiene que volver a hacerlo porque no sólo salvará la mía,

también la de nuestro bebé.

—Abre los ojos. —dice una voz…

— ¡No respira! ¡Ayuda! —Una voz diferente…—Mírame, por favor.

—Abre los ojos…

Escucho las sirenas de la ambulancia, personas gritando por ayuda y otras llorando desconsoladas y

muchas manos sobre mí. Los parpados me pesan demasiado, el dolor de estómago desapareció, mis ganas

de llorar también, pero no puedo respirar y ni siquiera hago el intento por hacerlo. No quiero abrir mis

ojos nunca si sé que Terry no estará ahí.

— ¿Estás herido? —pregunta la voz de una mujer desesperada.

—No, estoy bien.

Agrieto mis ojos, al fin veo la luz, entonces empiezo a sentir mucho dolor en la parte baja de mi

abdomen.

— ¿Se encuentra bien, señorita? —pregunta un desconocido de la ambulancia.

—Pequeña, di algo.

— ¿Terry? — intento tocar su rostro, porque pienso que no es real, pensé que lo había perdido, pero

él está aquí enfrente de mí, al lado de mi familia en la camilla de una ambulancia y muchas luces de

colores por todos lados, entre la multitud veo tres bolsas negras de cadáveres y unas personas llorando

sobre el cuerpo del civil que intentó buscar ayuda. Es como estar en la peor de las pesadillas, gritos de

lamentos y personas todavía pidiendo ayuda.

Entonces me aprieto el estómago y grito, cuando caí al suelo debí golpearme fuerte, es un dolor agudo

que cada vez se hace más fuerte, Me duele mucho, hay mucha sangre, pero sé que no es mi sangre porque

no hay ningún rasguño, debe ser la sangre del atacante. Inclino mi cabeza para ver mi cuerpo.

— ¡Dios Mío! ¡Nena! —Terry toca mis piernas, buscando de dónde proviene la sangre que causa mi

dolor, entonces me levantan el vestido y veo sangre en mi ropa interior.

— ¡No! —grito.

—Nena, mírame—lo veo—Estarán bien.

¿Estarán?

— ¡Ahhhhh! —grito de nuevo y pongo las manos en mi vientre.

— ¡No! ¡No! —grito.

—Hay que llevarla de inmediato al hospital. —ordena el hombre extraño de la ambulancia.

— ¡Lo siento!—musito desconsolada. — ¡Lo siento!… ¡Lo siento!

—Calla—se aferra a mi mano, una lágrima rueda por su mejilla.

— ¡Ahhhhh! —vuelvo a gritar, siento pinchazos en el vientre.

— ¡Sera mejor que se apresuren! —grita Terry abatido.

Al llegar al hospital (de nuevo) Me saca en brazos de la ambulancia y rechaza la silla de ruedas que le

ofrece una enfermera. Mi familia ya está ahí, mi madre está desconsolada y Albert tiene una venda en la

cabeza, parece que no fue grave el golpe que recibió.

— ¿Dónde están las niñas? —siseo.

—¿Están con Annie—siento cómo tiembla arrastrando las palabras, teme lo mismo que yo.

Tras estar aferrada en los brazos del hombre que acaba de salvar mi vida, me coloca sobre una cama

grande de una habitación privada del hospital. Me levanta de la cama, Me quita la ropa ensangrentada,

mientras yo muerdo con fuerza mis labios del dolor en mi vientre. No ha dicho ni una sola palabra, pero

sé que está asustado y ya sabe que estoy embarazada y no me ha dicho nada.

Se retira de mi lado por un instante y entra al baño, escucho correr el agua del grifo y regresa con una

toalla húmeda para limpiar mis piernas y mis manos, suelto un sollozo y logra verme, sabe que estoy

muriéndome del miedo, me abraza y hundo mi cabeza en su pecho para oler el aroma del cielo, pero

todavía no dice nada.

Entra una enfermera y me da un camisón, él me ayuda a ponérmelo y siento mi cuerpo como tiembla,

empiezo a sentir arcadas y me llevo las manos a la boca para evitar vomitar.

—Nena ¿Quieres vomitar? —pregunta, asiento con la cabeza y me ayuda a ir al baño, una pequeña parte

de mi siente vergüenza de que él me vea en este estado.

Me recoge el cabello y empiezo a vomitar. Me acaricia la espalda y escucho cuando mi madre entra a la

habitación del baño.

—Déjame te ayudo, hijo—le dice a Terry

—Yo cuidaré de ella—le espeta con suavidad pero firme.

Me lava la cara y la boca, me ayuda a regresar a la habitación, empiezo a sentirme mareada de nuevo y él

me sostiene. Me levanta de nuevo en sus brazos y me acuesta sobre la cama.

Escucho que abren la puerta y el médico me sonríe de oreja a oreja.

— ¿Cómo estás, Candy? — me pregunta.

—Le duele mucho doctor—contesta Terry. Sostiene mi mano, es desconcertante y a la vez me llena de

alivio saber que él está aquí conmigo.

—Vamos a ver. —espeta. Todavía no sé cómo puede estar tan tranquilo y Terry temblando del miedo

—Estará un poco frío. —advierte. Poniendo sobre mi vientre un gel transparente.

Continúa y desliza el aparato por mi interior y viendo la pantalla enfrente de él. El médico murmura algo

a la enferma pero no entiendo nada, Terry no quita los ojos del médico y no suelta mi mano, creo que

me dejó de circular la sangre en esa mano.

No siento dolor y el sangrado ha cesado, pero aun así tengo un fuerte dolor en mi corazón esperando lo

peor. Sigue haciendo círculos y moviendo la mano en mi vientre, después deja de mover la mano y le

vuelve a indicar algo a la enferma, ella pulsa unos botones y sale de la habitación. Su expresión se ha suavizado y nos mira.

—Parece que ha sido un terrible susto.

— ¿Todo está bien, doctor? —le pregunta un Terry nervioso que no había visto antes, mordiendo sus

labios de nervios y temblando.

—Sí, el sangrado es normal en las primeras etapas del embarazo y debido al trauma que acabas de sufrir

te provocó un fuerte dolor abdominal, pero toda marcha bien.

—Sigo embarazada— apenas puedo mascullar las palabras.

—Sí, siguen siendo padres afortunados.

Terry me mira y una lágrima sale de su mirada azul y roda por su mejilla. Me ve como si estuviese

viendo el mismo cielo. Me abraza y me besa con fuerza en los labios.

—Bueno, dejemos a esta pareja un momento a solas—indica el médico. Veo que mi madre sonríe y sale

de la habitación en compañía del médico. Yo me quedo aferrada al hombro de Terry y lloro junto con

él.

—Lo siento—sollozo—Te necesito, Terry.

Me aparta de su hombro para ver mi rostro y limpia mis lágrimas con sus pulgares.

—Jamás digas que lo sientes, nena—me regaña con dulzura. —Yo soy el que debería pedirle perdón, por

ser un imbécil cara dura.

—Eso que viste, no es…—Calla, señorita. Ya lo sé todo—me interrumpe.

Exactamente ¿Qué es todo?

— ¿Lo sabes?

—Sé todo, lo de Eleanor—la llama por su nombre, ya no se refiere a ella como su madre. —Sé lo de

las fotos, aunque no me gusta que él haya tocado lo que es mío, pero él me dijo que su encuentro fue para

decirte toda la verdad.

¿Él?

— ¿Te lo dijo? —Todavía no entiendo, si lo sabía ¿por qué no me buscó?

—Ayer fue al Advertising, estuve a punto de patearle la cara pero me entregó unos papeles, donde estaba

toda la verdad de esa mujer. Me dijo que tú le pediste que la investigara ¿Por qué no me dijiste nada?

—Te lo iba a decir, pero también me enteré que estaba embarazada, todo pasó muy rápido iba a decírtelo

la misma noche que viste las fotos.

—Lo siento mucho, debí quedarme—niega con la cabeza con culpabilidad—Debí haberme quedado,

pero cuando vi esas fotos y supe que me habías mentido, perdí el control como un idiota.

—En una cosa tienes razón, eres un idiota; pero estoy enamorada de ese idiota desde la primera vez que

lo vi. —sonrío.

—Te amo tanto, pequeña. —Me besa la nariz—pensé que los perdería.

— ¿Cómo sabías que estaba embarazada?

—Tú lo dijiste, cuando le disparé a ese sujeto y te sostuve, cerraste los ojos y dijiste: Tu padre nos

salvará . Siempre sueñas despierta nena, pero esta vez lo dijiste en voz alta. Mi corazón empezó a latir

de nuevo al verte que estabas a salvo, sólo estabas en modo trance.

—Nos salvaste—toco su rostro y miro mi cielo.

—Tú lo hiciste primero, me has hecho el hombre más feliz y afortunado del mundo, nena.

— ¿De dónde sacaste un arma? —pregunto haciendo retroceso, aunque fue la peor pesadilla de todas,

recuerdo perfectamente que él nunca anda armado.

—Siempre ando armado, nena—me explica—siempre que salgo contigo o con Eli.

— ¿Leo está bien?

—Sí, solamente fue un rasguño.

—Mataste a tres hombres—susurro.

—Ellos querían arrebatarme la vida. —concluye, no parece estar arrepintiendo, aunque a mí me da

mucho miedo pensarlo.

—Si ya sabías toda la verdad, ¿Qué hacías con Eleanor ahí? —pregunto.

— ¿Qué? —Pregunta extrañado—Yo sólo fui con Eli, a Eleanor le di la cantidad de dinero necesaria

para que se alejara de nosotros. Cuando me enteré de toda la verdad no podía acercarme a ti de

inmediato hasta asegurarme de que ella no estuviera en el país.

—Pero ella estaba ahí. —Pude decirlo casi desesperada, el hecho de que esa mujer estuviera tan cerca

de nosotros, o de mí, todo este tiempo era demasiado peligroso.

—Te prometo que me encargaré de ello, ahora descansa, por favor, necesito que estés bien, mi hijo

necesita descansar.

—Nuestro hijo.

—Umm sí, nuestro hijo, nena.

Lo había recuperado; todo había terminado aunque no sabía por cuánto tiempo estaríamos a salvo, la vida

al lado de Terry estaba llena de sorpresas y de peligro, pero una vez más él estaba ahí para salvarnos.

Estaba feliz porque él sabía la verdad. Ya no tenía miedo de estar embarazada, a lo único que tenía miedo

era que Eleanor regresara a asecharnos, sabía que detrás de toda esa escena de matones podía estar

ella, pero no estaba segura y no quería pensar en ello.

— ¿Terry?,

— ¿Nena?

—Llévame a casa.

Después de que médico me diera de alta, no quería pasar un segundo más en el hospital. Quería ir a casa

con mi cielo y mi héroe; quería meterme a la cama con él por todo el resto del día y aferrarme a su pecho,

mi pequeño paraíso, acompañado de ese cielo azul de sus ojos. Quería ver a mis pequeñas y asegurarme

de que estaban bien, mi madre dijo que sólo estaban un poco asustadas pero que únicamente escucharon

el bullicio de todo lo que pasó, temía porque Eli volviese a entrar en su burbuja de cristal y se rehusara

a hablar de nuevo, pero cuando me miró y le dimos la noticia que tendría un hermanito, saltó de alegría y

eso era lo único que bastaba.

Terry, como era de esperarse, su sobreprotección estaba llegando al nivel extremo, me llevó en brazos

cuando perfectamente podía caminar por el Hall. Me acostó sobre la cama y me miraba como un

adolescente enamorado.

Toda mi familia estaba ahí, no querían dejarme sola y más con la noticia de que la familia estaba

creciendo. Mi madre lloraba felicitándome, al igual que George y su barba larga se llenó de lágrimas,

algo que me sorprendió, siempre fui un poco arisca con él, pero al ver cómo protegió a mi madre esa

noche no me quedaba la más mínima duda de cuánto la amaba y no era que no lo supiera antes, pero en un

momento tan difícil como ese, pude verlo con mis propios ojos.

—Esperaba que compitieras en el próximo mes—dijo Albert. Terry pone los ojos en blanco. —De eso

nada, cuñado.

Dios Santo, ahora quién iba aguantar a este hombre sobreprotector, no cabe duda que estaría en mi cuello

día y noche, pero era justamente lo que quería, no me importaba, después de imaginarme una vida sin él, no me importaba que él actuara de esa manera, era mi héroe, él había salvado mi vida de muchas maneras

que nunca hubiese podido imaginar.

Cuando Terry despidió o corrió de forma respetuosa a mi familia para estar a solas con la futura

madre de su hijo, no dejaba de verme, parecía un crío enamorado viéndome de pies a cabeza. Había una

luz llena de esperanza en sus ojos azules y una sonrisa de oreja a oreja, sí, él lo había dicho, era el

hombre más afortunado y feliz del mundo.

—Soy un maldito afortunado—sisea en mis labios.

—Sólo espero que no vayas a poner un GPS en mi barriga cuando crezca—digo burlándome de él.

Mis nauseas matutinas despertaron a un Terry nervioso y una Candy no tan amigable.

—Te mataré, Terry, te juro que esto es culpa tuya. —le espeto con la cara dentro del váter. Él no dice

nada y su cara es de dolor y nerviosismo al verme así, estoy pálida y mi estado de ánimo no es su mejor

amigo. Vuelvo a hundir mi cabeza en la almohada, estoy agotada y necesitaba que cuide de mí como lo ha

prometido.

—Pediré el desayuno—me informa. Dándome un beso en mi frente.

Empiezo a estremecerme en un profundo sueño, cuando escucho pasos hacía la cama. Podría apostar lo

que sea que jamás en mi vida me había sentido tan cansada y enferma como estaba últimamente.

Terry trae consigo una bandeja con un rico desayuno, galleta con mermelada y té, acompañado de una

hermosa rosa como el color de la sangre. ¡Ja!

— ¿Esto es un truco para seducirme como la primera vez que me viste comiendo una? —pregunto

frunciendo el entrecejo. La imagen de ese día está muy clara en mi memoria. Las palabras: ojala pudiera

quitártela yo mismo.

—No lo sé, ¿Tú qué crees? —pregunta sonriente, la sonrisa del millón reservada para mí.

—No lo necesitas, soy tuya.

—Lo eres.

Al llevar la rosa hacía mi nariz para sentir su aroma algo cae en la bandeja. ¡Malditas hormonas del

embarazo!

Oh, voy a llorar.

— ¿Todavía quiere casarse conmigo, señorita White? —Es el anillo de compromiso, la piedra azul

como el cielo. Ni siquiera podía recordar dónde lo había lanzado.

—Sí. —digo con lágrimas en mis ojos, sé que embarazada o no, siempre voy a llorar como la primera

vez cuando lo propuso en casa de mi madre, es un hombre maravilloso, mi cara dura es mi hombre

maravilloso. Limpia mis lágrimas y me da un largo beso de recién enamorados en mis labios, llevándose consigo un

poco de mermelada, no está de más para endulzar más el momento.

—Nunca olvides algo, nena. —Dice con voz ronca y firme—Tú me perteneces, eres mía, siempre lo has

sido.

No cabe duda de eso, era suya desde el primer momento en que lo vi, aunque quería odiarlo y lo

aborrecía por ser un hombre arrogante y posesivo.

Soy suya y él es mío.