—Quiero un hermanito—musita Eli, tocando mi vientre todavía plano.
—Pensé que querías una hermanita.
—No, quiero un hermanito para que me cuide.
—Pero tú serías la mayor, en todo caso serás la que cuide de él.
—Lo sé, pero al crecer será igual de celoso como papi. —Coincido, dos hombres igual a Terry, sería
un caos total. Pero también soy la mujer más feliz del mundo por ello.
—Hora de dormir, señorita—dice Terry, llevando en sus brazos a la pequeña hasta su habitación.
Es lo que siempre ha querido, ser padre y aunque Eli no sea su hija de sangre, es como si estuviera
destinado a serlo. Siempre he admirado su manera de protegerla, aunque al principio exageraba, lo podía
entender. Las personas eran demasiado ignorantes al respecto cuando se trata de un problema psicológico
debido al trauma que había sufrido Eli en el accidente.
—Hora de dormir, señorita—me ordena con delicadeza.
—No empieces, Grandchester.
—Nena, tienes que descansar.
—Descansar, es lo que he estado haciendo durante mucho tiempo, mañana volveré al trabajo.
— ¿Estás bromeando verdad? —me fulmina con la mirada.
—No, no puedo estar aquí sin hacer nada, además, mi trabajo no es de gran esfuerzo.
—Tienes que guardar reposo, el doctor dijo…—Ya se lo que dijo el doctor—lo interrumpo—Cariño, no
hagas enojar a una mujer embarazada, te prometo que si es demasiado el trabajo (lo dudo) vendré a casa
de inmediato o iré a molestarte en tu oficina, tú decides.
—Prefiero tenerte en mi oficina, pero con esas hormonas tuyas…—abro los ojos como platos y empiezo
a llorar. Mierda.
—Pequeña, sólo estaba bromeando, por supuesto que me encantaría tenerte conmigo, pero sé cuánto amas
tu trabajo. Por favor, no llores. —me ruega.
Odio tener que llorar por todo, siento que lloro toda una vida desde que estoy embarazada, no sé cuánto
pueda soportarlo y las náuseas están acabando conmigo.
—Te odio—digo sollozando.
—Yo sé que no. —me besa.
Esto de llorar y que me consientan de esta manera, me está gustando, tengo que sacar algo bueno de todo
esto y si me besa de la manera en que lo está haciendo en estos momentos, juro por Dios que lloraría
cada minuto.
—Te deseo, pequeña—besa mi cuello y me sienta en su regazo.
—Terry… — mis hormonas, sí, benditas sean.
Me lleva hacia el dormitorio sin hacer mucho ruido. Me baja de sus brazos y mis pies tocan el suelo. Es
tan delicado conmigo como si fuese una muñeca de cristal a punto de estallar pero de deseo, al verlo usar
pantalones de algodón para dormir y un torso desnudo y perfecto, mi hombre y su cuerpo de adonis ante
mí. Me desnuda cómo siempre lo hace, con dedicación y asombro.
—Cada día estás más hermosa, pequeña. —Me besa en los labios, chupa y muerde mi labio inferior, eso
me está volviendo loca. Recorre todo mi cuerpo y besa mi vientre, se queda un momento para
contemplarlo; y sigue su recorrido hasta llegar a la punta de mis pies. Regresa por el mismo camino, lame
y forma un camino de más besos hasta llegar a mi cuello y por último mis labios.
—Te necesito, Terry—jadeo y su dedo empieza jugar por mi mejilla hasta llegar a mi intimidad. —
Vas a matarme con eso. —musito en su boca. Cuando estoy a punto de explotar se baja los pantalones y
suavemente entra en mí. Cada estocada es perfecta, nuestros cuerpos deslizándose entre sí, hasta llegar al
cielo. Él es mi cielo. Nuevamente estoy en el paraíso de Terry.
—Joder, nena—Me embiste suavemente, tan lento que está matándome.
—Más rápido—sollozo desesperada.
—No quiero lastimarte, pequeña.
—No lo harás.
Suave y lento, sigue entrando y saliendo de mí. Toco su fuerte espalda y siento cómo contrae sus
marcados y perfectos músculos, llego hasta su trasero y lo aprieto de manera que me embista más rápido.
—Nena…—gime.
—Te necesito, rápido Terry.
Sin más que decir, me embiste más rápido y ágil esta vez, deliciosamente más rápido; me agarro de su
cuello y entierro mis labios en los suyos hasta extasiarme, si de algo estoy obsesionada y adicta es en sus
besos y más cuando hacemos el amor. —Oh, Candy.
Nuevamente en sus brazos, lo contemplo cuando duerme, mi prometido, mi Terry es todo mío. Estoy
enamorada de este hombre y ni siquiera sabe que estuve a punto de cometer la mayor estupidez de todas.
Miedo a ser madre sin él; sabía que no lo haría al final, pero sólo con el hecho de pensarlo me siento
como la mierda, egoísta y cobarde. Los ojos se me llenan de lágrimas por pensarlo, jamás podría decirle
lo que estuve a punto de hacer; es demasiado para mí. Lo abrazo fuerte y me aferro a su calor.
Hoy tengo cita con la Dra. Sheribel, las náuseas no han cesado y un Terry controlador tiene muchas
preguntas al igual que yo. Por una razón me siento nerviosa con esta cita, no he dejado de tocarme la
nariz y tengo el estómago revuelto.
— ¿Cómo te sientes, Candy?
— ¿Usted qué cree? Me siento fatal, las náuseas, mis hormonas, oh sí, mis hormonas.
—Las náuseas es normal en los primeros meses, esperemos que se vayan pronto. Y las hormonas, de eso
no estoy segura, pero creo que tú podrías hacer algo al respecto—mira a Terry.
Joder. Se sonrojó, él sabe perfectamente de lo que la doctora está hablando. Ahí lo tiene, señor Grandchester
¡Sexo! sí, mucho sexo.
—Sabemos que el apetito sexual de una mujer embarazada es más elevado que una mujer normal. —
continúa la Dra. Sheribel—por lo tanto tienes que tener mucha paciencia con ella.
—Lo tomaré en cuenta—dice besando mis manos.
¡Sí!
—Vamos a ver ese bebé—pone gel frío en mi barriga (todavía plana) mueve en círculos, tanto que siento
cosquillas, aprieto la mano de Terry y él no quita la vista del monitor.
¿Estará nervioso al igual que yo?
— ¡Oh! —Exclama la doctora asombrada—Esto es una gran sorpresa.
— ¿Qué pasa doctora? —pregunta Terry.
— ¡Felicidades! Serán padres de dos hermosos bebés, están esperando gemelos, están saludables, sus
corazones son fuertes.
¡¿Ah?!
Mierda. No puedo hablar estoy con la boca abierta todavía, la Dra. Sheribel está emocionada. Veo a Terry y está con ambas manos en la cara.
¿Será mucho para él?
¿Qué esperaba?
Él es gemelo, por supuesto que había probabilidades que pudiera estar esperando gemelos. Joder.
Gemelos.
— ¿Terry? —No responde, ni parpadea. — ¿Cariño?
—Los dejaré solos un momento—dice la Dra. Sheribel.
Limpio mi barriga plana y veo el monitor, no entiendo nada pero veo dos chispitas. Aquí vienen las
lágrimas de nuevo.
— ¿Terry? Di algo. —sollozo, Dios, tiene que decirme algo, puede que sea demasiado para él, pero
para mí es perfecto, sigue siendo perfecto.
—Lo siento… yo… no me lo esperaba—por fin habló.
— ¿No querías gemelos?
—Sí, es que. Joder. —resopla. —Es difícil la vida de gemelo, al menos la mía lo fue, Thomas era la
manzana podrida y yo el que tenía éxito en todo. No quiero que eso pase con nuestros bebés.
—Cariño—tomo su rostro para que me vea—Eso no va a pasar, nunca. Los amaremos igual a los dos o a
las dos.
—Mierda. Si son dos niñas, estoy jodido—se ríe. —Serán igual de tercas que tú.
—Te amo—lo beso— nunca olvides que te amo.
—También te amo, lo siento. —limpia mis lágrimas.
Entonces por eso estaba nerviosa, sabía que algo iba a suceder; no se lo dije, pero en realidad no quiero
que tenga miedo por cómo serán nuestros hijos. Nunca me ha dicho cómo fue realmente la vida de niño
con su hermano gemelo, pero por su reacción supongo que no fue buena. Me siento triste por él, quiero
que disfrute de esto tanto como yo.
Gemelos.
—He estado pensando. —me ve con esos ojos azules que me hacen explotar.
—Umm tú pensando, Dios ayúdame. —Me burlo.
—Iremos de compras, déjame consentirte—acaricia mi barriga.
—Sabes que odio las compras, además no querrás estar con una mujer embazada con las hormonas
disparadas y de compras.
—Lo intentaré.compras.
— ¿En serio quieres hacer esto? Puedo venir con Annie.
—Nena, déjame hacer esto.
—Sabes que no me gusta que gastes dinero en mí.
—Pronto también será tu dinero, acostúmbrate.
Jamás me acostumbraré al señor mandón.
Entramos en la tienda para bebés, él toma mi mano como si supiera que voy a salir corriendo de ahí.
Dios, esto se ve más real cada día, ropa de bebés. Ni siquiera había pensado en tener que preocuparme
por eso. Me enseña dos camisas de bebés color amarillo que dicen " Mi Mamá nos ama más que a
Papá ". Eso me hizo reír.
— ¿Crees que eso pasará? —me pregunta haciendo mohín.
— ¿Tú qué crees?
—Creo que tienes amor suficiente para los tres. —ahí vienen las lágrimas de nuevo.
—Nena, no llores ¿Qué pasa?
—Engordaré, son dos bebés Terry, ya no seré sexy para ti. —me limpio los mocos para verlo a los
ojos.
—Eres hermosa, te verás hermosa cuando tu barriga crezca—me la toca—y te seguirás viendo bella
después de dar a luz. —Lloro de nuevo, sí, es una escena hormonal.
— ¡No! Me voy a ver fea, gorda; ya no me verás hermosa como a tus modelos, vas a dejarme y me
quedaré yo solaaaaa con mis gemelos, y ellos se preguntarán por qué su papá se fue con una modelo más
bella y esquelética que yooooo. —sollozo en su pecho.
Lo veo que sonríe y las personas a nuestro alrededor nos miran. Han de pensar que este hombre me está
matando o me está dejando.
—Mírame, pequeña. —lo veo.
—Jamás, te dejaré por nada o por alguien, te amo, ninguna belleza que haya visto se compara con la tuya;
eres la mujer más bella de este mundo y eres mía. Te amaré siempre, no me enamoré de ti por tu belleza
exterior; me enamoré de ti porque hiciste que mi corazón latiera de nuevo.
Mierda. Eso me hace llorar más, pero de felicidad.
Después de dos horas, mucha ropa de bebé, y ropa materna, es hora de comer, muero de hambre y ahora
sé, estoy comiendo por tres, eso es como comerse tres caballos.
Voy al tocador del restaurante, de pronto siento una ansiedad y me falta el aire, tengo que salir de aquí,
intento salir por la puerta y veo unos tacones rojos, levanto mi cabeza y veo el peor rostro de todos.
Eliza. —Vaya, vaya. Mira a quién tenemos aquí. —se burla.
Intento salir pero me corta el paso. —No tan rápido. Así que estás embarazada. — me ve de pies a
cabeza.
— ¿Vas a asesinarme aquí en el baño? —pregunto con furia.
—Querida, eso suena tentador.
Quiero salir de su escape pero me empuja contra la pared y hago una mueca de dolor. —Te vas a quedar
sola, sola y embarazada. —me susurra al oído.
Me quedo paralizada sin poder respirar y sin poder moverme, ella sale del tocador y yo me dejo caer de
rodillas, empiezo a temblar.
¿Por qué diría eso?
Intento ponerme de pie, pero no puedo mover mis pies, estoy asustada, aterrada. Veo el reloj han pasado
más de diez minutos, tarde o temprano Terry vendrá por mí, pero no puedo decir que vi a Eliza, no
quiero preocuparlo y poner su vida en riesgo, quizás Eliza solamente lo dijo para asustarme y bueno, lo
ha conseguido.
Una mujer entra asustada al baño y me ve en el suelo de rodillas. Ya la había visto en el restaurante a
poca distancia de nosotros, me reconoce.
— ¡Dios Mío! ¿Está bien, señorita?
Niego con la cabeza, mi rostro está lleno de lágrimas, no puedo hablar siquiera para decirle que busque a
Terry, quiero a Terry, quiero que venga por mí y me saque de aquí.
— ¿Su esposo? ¿Quiere que vaya por él? —pregunta nerviosa y yo asiento.
Terry entra corriendo a tocador.
— ¡Nena! ¡Dios Santo! ¿Qué pasa?
—La he encontrado así, asustada. —dice la señora.
Terry me saca en brazos y me lleva hasta el auto, maneja deprisa hasta el Hall que está a pocas calles,
me saca del auto en brazos y yo sigo sin decir una palabra, el rostro de Eliza viene a mi mente y cuando
intentó atropellarme.
—Háblame, por favor di algo—me ruega Terry, está nervioso, toca mi rostro y yo tengo la mirada
vacía.
Tiemblo, lloro y lo abrazo desesperada—Lo siento, estaba asustada. —logro decir.
— ¿Estás asustándome? Pequeña, por favor dime la verdad.
—No pasa nada, estaba asustada. —trato de que sea razonable pero es imposible, él me conoce bien.
—Nena, mírame ¿Alguien te hizo daño?
—No—Aunque la espalda me duele un poco.
No puedo decirle, no debo preocuparlo más de lo que esta, tengo que ser yo la que lo proteja esta vez.
Ella sólo quiso asustarme, no es capaz de volver a hacerme daño, lo sé.
—Por favor, nena, dime la verdad, estoy pensando lo peor.
—No… no pasó nada, entré en pánico. —lo abrazo para que no se dé cuenta que estoy mintiendo.
—Mierda, nena. —suspira fuerte—No me asustes así.
—Lo siento, no sé qué me pasó.
—Sé que estás asustada, pero yo estoy aquí contigo, no me iré a ningún lado. ¿Entendido?
Asiento y lo abrazo más fuerte.
