Esa noche me envuelve en sus brazos cálidos, lloro en silencio, tengo mucho miedo de lo que pueda

pasar, no otra vez, no quiero que la montaña, que se descargue otra vez, todo esté marchando bien,

Terry está feliz, estamos esperando gemelos. La vida tiene que darnos la oportunidad de ser felices

esta vez.

-No van a nacer esos bebés.

-Por supuesto que no, serían una copia igual a nosotros. ¿No lo ves?

- ¿De qué están hablando?

-Cariño, todo está en los genes, siempre será bueno y malo, como Caín y Abel.

Hay un arma en sus manos, apunta hacia mi barriga crecida.

-No vas a sentir nada. Pronto acabará, nena.

- ¡No! ¡Son tus bebés! -grito con todas mis fuerzas.

- ¿Estás segura que hijo de él o míos? -dice Thomas con picardía.

- ¡Despierta! ¡Mierda, nena! ¡Despierta!

Abro mis ojos, Terry está enfrente de mí.

-Fue una pesadilla. -me consuela, Dios estoy sudando y tengo lágrimas en mi rostro.

Toco su rostro, no puede ser que sea tan idéntico a Thomas y tan diferente a la vez, Dios, él quería matarme

en mis sueños, quería matar a los bebés. Comienzo a llorar, no quiero volverme loca, pero creo que ya lo

estoy.

—Por favor, pequeña. ¿Dime que está pasando? —me consuela.

—Fue la peor pesadilla, Terry.

—Calla… estás a salvo. Tus sueños jamás podrán lastimarte.

No estoy segura de eso.

—Debes estar pensando que me estoy volviendo loca.

—Sólo estás asustada.

No he dicho nada acerca del sueño, estamos yendo al Advertising, algo de trabajo tiene que hacerme

sentir bien, tengo que retomar mi vida por el bien de mi familia.

—Estás más radiante que nunca, el embarazo ha hecho de ti una luz de belleza—chilla Andy. Ya

extrañaba su zalamería.

Empezamos de nuevo, detrás del lente, la mejor sensación de todas en estos momentos, de nuevo

haciendo lo que más me gusta y me relaja, es como entrar en un mundo diferente donde sólo existe el arte

y el punto exacto del mismo.

Cuando estoy empezando a sentirme la vieja Candice White, pensamientos vagos vienen en mi mente.

Eleanor, Thomas y Eliza.

— ¿Soñando despierta, señorita White?

Terry y su vieja costumbre, me sonríe, esa sonrisa que es exclusivamente mía, la mirada del cielo que

me llena de paz.

¿Cómo puedo estar nerviosa?

¿Cómo puedo tener miedo? Si lo tengo a él a mi lado, y no se irá a ningún lado.

—Me gusta tu sonrisa. —le digo acariciando su barbilla.

— ¿Lo es? —levanta las cejas. Pensando que es la respuesta de lo que más me gusta de él.

—No, ni por cerca.

Pude recuperar un poco de tranquilidad mientras estaba en el trabajo, Andy se volvió loco cada vez que

salía corriendo al baño a vomitar, Archie me pidió que regresara a casa y me amenazó con despedirme,

faltaba más, mi propio jefe amenazando a una mujer embarazada.

Llegando a casa, estoy exhausta, quiero darme una ducha y meterme a la cama con mi prometido.

Llamo a Annie.

— ¿Cómo van los casting?

—De hecho, tengo una oferta para un comercial, por algo tengo que empezar.

—Eso suena divertido.

— ¿Cómo va el embarazo?

— ¿Tú qué crees? —me quejo.

—Como la mierda—resopla y ríe a carcajadas.

Es una noche fría y me meto a la cama con Terry, me abraza y todas las noches antes de dormir besa

mi barriga.

—Buenas noches para ustedes también, los amo.

—Por una extraña razón, eso suena sexy. —coqueteo.

—Me vuelves loco, nena. Eres insaciable.

Ha sido un día largo, pero nunca estoy tan cansada para hacer el amor con el hombre que amo y me ama.

Mañana es fin de semana y tenemos planeado ir a visitar a mi madre, bueno, no fue un plan mío, sino del

señor controlador.

—Buenos días—susurra en mi oído.

—Serán para ti—me quejo.

—Arriba, pequeña. Tenemos un pequeño viaje que hacer.

Joder estoy cansada. Quiero seguir durmiendo por una semana completa, o que me despierten antes de

dar a luz, no me importa. Estoy exhausta.

Después del desayuno, la pequeña Eli llega con Alicia. La Sra. Ponny tiene libre hoy.

— ¡Mami! —grita antes de llegar a mis brazos.

— ¿Cómo has estado, cariño? —pregunta Alicia.

Encojo los hombros. —Lo sé, pero vale la pena. —me consuela.

Después de todo, coincido que valga la pena las hormonas y las náuseas, Terry ha cuidado de mí, no

me puedo quejar, no se ha ido de mi lado, sé que tiene miedo, lo puedo ver en sus ojos, pero sé que lo

vamos a lograr, vamos a hacer que esto funcione.

Entramos a la casa de mi madre, gritos y abrazos por parte de todos, joder, había olvidado lo que era

llegar a casa de mi madre, es como si fuese navidad todos los días.

—Hija, te ves hermosa. —me abraza y me besa.

—Umm.

—Terry, ¿Has estado cuidando bien de mi hija? —lo fulmina con la mirada.

—Cómo a mi vida, Pauna —le contesta con la mano en el pecho.

— ¿No vendrá Albert? —pregunto.

—Sí, dijo que vendría dentro de una hora.

Familia, justamente es lo que necesito en estos momentos, estar lejos de Los Ángeles y sentir la fresca

brisa de Calabasas.

Observo a todos reír y comer, pero mi mente me traiciona y mis miedos también, siento que no durará

mucho esa felicidad, estoy tan acostumbrada a que mi vida sea un caos, que cuando hay felicidad en mi

vida empiezo a tener miedo, esperando lo siguiente que vendrá a destruirlo.

— ¿En qué piensas? —pregunta Terry, tocando mi mejilla.

—Nada. —tocó mi nariz.

—Señorita White, cuando entenderás, que no sabes mentir.

Me levanto para tomar un poco de aire, veo por la puerta y observo que un hombre de traje viene

caminando hacia la puerta. Anthony

—Hola, Candy ¿Cómo estás? — me abraza.

—Muy bien. ¿Qué haces aquí?

—Tú madre me invitó. —sonríe en complicidad.

— ¿Mi madre?

—Hola, Anthony—dice Terry atrás de mí.

—Terrence. —asiente.

—Nena, ¿Puedo hablar con Anthony por un momento?

— ¿Tengo que preocuparme?

—Claro que no.

Los dejo solos, veo cómo van caminando, alejándose de la puerta, Anthony frunce el entrecejo y Terry

murmura un par de cosas. Parece que después de todo lo que ha ocurrido dejó de ser una amenaza,

aunque están muy lejos de ser amigos, al menos me tranquiliza que no quieran partirse la cara entre sí.

Albert, Maria y la pequeña Samantha llegan después, desde luego Eliza y Samantha son como almas

gemelas, corren por todo el lugar y luego empiezo a imaginar, dos niñas o niños corriendo por todo el

lugar, mierda, envejeceré y me convertiré en una gruñona igual que Terry.

Me quedo dormida en el mueble de la sala y siento que alguien me carga y sube las escaleras.

Despierto asustada.

—Umm.

—Soy yo, pequeña.

— ¿Adónde me llevas? —murmuro.

—A la cama, te dolerá el cuerpo si duermes en ese mueble.

Me acuesta sobre la cama y siento que se aleja.

—Quédate—susurro.

Se acuesta conmigo y me abraza, tomo una siesta de dos horas, un pequeño golpe en la puerta me

despierta, lo veo que aún sigue durmiendo así que no lo despierto, salgo de la habitación y veo que mi

familia sigue en la sala y Anthony también, aprovecho y me acerco para preguntarle de su conversación con

Terry.

—Todo bien, Candy, no tienes de qué preocuparte. Solamente le daba algunas novedades acerca de

Eleanor

Entonces recuerdo que Eliza me acorraló en el baño. Si alguien tiene que saberlo es Anthony y decido

contarle.

— ¡Candy! Tenías que habérmelo dicho en el momento, esa mujer es muy peligrosa, conseguiré una orden.

—No parecía hablar en serio.

— ¿Estás tomándome el pelo? Por supuesto que lo dijo de verdad. ¿Ya olvidaste el incidente del auto?

—No quiero preocupar a nadie, no quiero ir por las calles sintiéndome así.

—Lo sé, pero tienes que cuidarte, Candy.

Tiene razón, debo de ser más responsable, el no preocupar a Terry, eso hará que se preocupe más si le

oculto cosas como esas.

— ¿Todo bien? —Terry ha despertado.

—Todo bien, cariño.

—Díselo—me indica Anthony y regresa adentro.

— ¿Decirme qué? —pregunta Terry

—El día que me asusté en el restaurante fue…—Nena, no me asustes.

—Eliza estaba ahí.

— ¡¿Qué?! ¿Por qué no me lo dijiste?

—No quería preocuparte.

Resopla. —Candy, tienes que aprender algo. Mierda. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me gusta que

hagas eso?

—Lo siento…

—No, Candy. No lo sientas, estuve preocupado pensando lo peor, estaba a punto de volverme loco.

—Lo siento, no quería preocuparte.

—No me vuelvas a ocultar nada, por favor, nena. — me toma de las manos y besa mis temblorosos

nudillos.

—Estás helada, pequeña— me abraza para sentir su calor.

Hago lo que siempre hago cuando me abraza, inhalo el aroma del cielo.

—Perdóname, pensé que era lo mejor.

—No lo hagas, eres mi vida, moriría si te pasara algo y que yo no pude hacer nada al respecto porque tú

no querías preocuparme. Suena estúpido, nena. ¿Cuándo harás lo que te pido?

—Lo sé, no lo haré más.

Después de ese día que le dije lo de Eliza, se ha convertido en mi sombra, no hay lugar donde no me

acompaña, es lindo, pero a la vez me desespero. Puedo imaginarme cómo se siente, yo estaría igual si se

tratara de él, es mi vida y tiene razón, ocultarle que estoy en peligro es meterme más en él.

—Nena, tienes que comer algo— me ordena.

—No tengo hambre. —hago mohín.

—De eso nada, señorita, pediré algo para comer, me he quedado sin pila, ¿Dónde está tu teléfono?

—En mi bolso.

Me doy una ducha rápido y me pongo ropa de algodón. Recuerdo que tengo que llamar a mi madre y a

Annie. Al salir de la ducha encuentro a Terry sobre la cama con las manos en la cabeza. Antes de

poder preguntarle qué pasa, miro sobre la cama un papel, un folleto. Cierro mis ojos y recuerdo lo que

es, el folleto acerca del aborto que llevaba en mi cartera, lo había olvidado por completo.

Empieza a Acelerar mi corazón y por primera vez en mi vida, le tengo miedo a Terry, de su reacción

y no sé qué decir.

-Terry. -Dios, mi corazón se va a salir de mi pecho, quiero salir corriendo.

- ¿Querías matar a nuestros bebés?