Mis piernas empiezan a temblar, no tengo nada que decir, la verdad sólo tenía miedo pero no iba a ser
capaz de hacer algo como eso, amo a nuestros bebés. No puedo verlo a los ojos ni siquiera puedo
acercarme a él.
— ¡Maldita sea! —grita.
No puedo hablar, las lágrimas brotan de mis ojos, no puedo enfrentarlo, no tengo ninguna explicación,
había pensado en terminar mi embarazo, iba a matar a sus bebés, nuestros bebés.
— ¡Mírame! ¡Di algo! —grita y me toma el rostro pero cierro mis ojos.
—Lo siento—sollozo. ¿Qué más puedo decir? Soy una estúpida cobarde.
—No puedo creer que seas capaz de siquiera pensar en hacer algo como eso, Candy. ¿Por qué?
No respondo, únicamente tiemblo y lloro.
— ¡Responde!
—Esto es…—camina en círculos—demasiado para mí, no puedo verte en estos momentos.
Toma las llaves del auto y sale tirando la puerta detrás de él, escucho cómo tira la puerta principal y me
tumbo en el piso a llorar desconsolada, agarro el folleto y lo hago mil pedazos, me tiro sobre la cama y
empiezo a llorar, siento asco de mi misma, empiezo a temblar y tengo nauseas, corro hacia el baño y
empiezo a vomitar.
Busco mi celular y llamo a Annie.
—Tranquila, voy para allá.
Quince minutos después está tumbada conmigo en la cama consolándome.
— ¡Me odia!, Annie.
—No te odia, no digas eso.
—Su mirada, su voz—sollozo.
—Estabas asustada, en el fondo él sabe que no ibas a hacerlo, dale un poco de tiempo.
La montaña rusa, acelerando sin frenos, preparándose para la embestida. Había roto su corazón, estaba
pensando lo peor de mí, ya no lo había hecho, creía que era una infiel que lo había engañado y ahora
estaba totalmente segura que pensaba que no tenía corazón, que era una asesina.
¿Cómo puedo arreglarlo?
No puedo, está hecho, no puedo mentirle, en realidad lo consideré, y sólo con haberlo pensando era
suficiente para él.
Después de que convenciera a Annie que fuera a casa y que estaría bien, sabía que Terry tarde o
temprano llegaría, tampoco correría a mi apartamento, era demasiado tarde, era momento de enfrentar las
cosas.
Me despierta el sonido de mi celular.
— ¿Terry?
—No, Candy. Soy yo, Archie.
— ¿Archie? ¿Qué pasa?
—Terry y yo estamos en el Luxar, se ha metido en una pelea y le ha partido la nariz a un tipo.
— ¿Está ebrio? ¿Está herido?
—Sí, no ha dejado de tomar. Pero no está herido, te llamé para que no te preocuparas, me ha contado
todo lo que ha pasado, Candy.
—Iré ahora mismo.
Sin dejar que Archie me detenga, conduzco hasta el Luxar, he conocido al Terry posesivo, al celoso y
enojado, pero jamás al ebrio y ahora mismo quiero sacarlo de ese lugar y llevarlo a casa.
Entro al Luxar y está lleno de personas, busco a Archie y lo veo con Terry, está de espalda y con una
botella a su lado. Me acerco y toco su hombro.
—Vamos a casa, Terry.
Con una mirada vacía me mira y dice: —Ahí estás, la mujer que sigue destrozando mi corazón.
Eso dolió.
—Vamos, Terry. Te ayudaré que vayas a casa—dice Archie, ayudándole a ponerse de pie.
Él no se opone, pensé que sería difícil de sacarlo de ese lugar, lo acuesta sobre el asiento trasero
mientras Archie conduce y yo voy a su par, viendo a Terry con una mirada apagada y llena de ira.
— ¿Por qué dejaste que tomara? —reprendo a Archie
—Lo encontré en ese estado. —Me explica—Me dijo todo, no voy a juzgarte Candy, pero puedo
entenderlo.
—No iba a hacerlo, Archie. Jamás haría algo como eso.
—Lo sé, y espero que él mañana lo sepa. Tiene que dormir.
Llegamos al Hall, y con la ayuda de Leo ingresan a Terry al apartamento. Sigue sin hablar, pero está
despierto.
—Llámame si necesitas algo—me indica Archie.
Cuando cierra la puerta detrás de él, el miedo se apodera de mí, estoy sola en el apartamento con un
Terry ebrio y su mirada perdida.
Me siento cerca de él, esperando que me vea, no lo hace, entonces me pongo de rodillas enfrente de él y
levanto su barbilla para que me mire a los ojos.
—Jamás haría algo para lastimarte, te Amo demasiado.
— ¿Me amas? —pregunta. Su mirada está llena de dolor y decepción. —Ojala pudieras verte, estás
temblando, Candy.
—No te tengo miedo, Terry.
—Deberías, ahora mismo ni yo me reconozco. —el tono de su voz es escalofriante y tiene una mirada
sombría. — ¿Ibas a matar a nuestros bebés?
— ¡No!, tenía miedo Terry, me dejaste. Tenía miedo de estar sola.
— ¿Lo pensaste?
—Sí—ya no puedo mentir.
Se levanta, camina en círculos, está rojo como un tomate como si estuviera a punto de explotar, estoy
preparada para que me grite, para que me diga que soy la peor mujer de todas, lo merezco.
— ¡Terry! ¡Mírame! Jamás lo hubiera hecho, por favor, créeme.
— ¡Cállate!
Sus palabras retumban en mi cabeza, siento que la ira se apodera de él, está enojado, está enfadado, está
ardiendo en furia, me odia puedo sentirlo en sus palabras; me desprecia y siento una vergüenza, pero
cuando siento la sangre correr por mi nariz y siento el sabor metálico en mi boca, miro a mi alrededor y
estoy en el suelo.
Él me ha golpeado.
Levanto mi mirada con la mano en mi nariz para evitar que salga más sangre, eso lo hizo reaccionar y
ahora me ve, ya no con ojos de ira, sino con ojos de dolor, se ha dado cuenta lo que acaba de hacer, dijo
que nunca me lastimaría de esta manera y lo hizo, ni siquiera me duele el rostro, me duele verlo. Corro
hacia el baño y cierro con llave. Empiezo a lavar mi rostro y chillo, grito de dolor.
— ¡Nena! Abre, lo siento tanto. — dice detrás de la puerta, no quiero verlo. Puedo soportarlo todo, pero
no esto, no al Terry violento, machista de mierda que acaba de golpear a una mujer embarazada. Sé
que está borracho, él me lo advirtió, me dijo que cuando estaba borracho no era el mismo y me negaba a
creerlo pero ahora lo sé. El cielo donde estaba, se ha convertido en el infierno.
