¿Puedo ser la mujer más feliz de este mundo?

¿Podría ser más feliz de lo que soy en estos momentos?

Demasiadas preguntas, pero tengo una sola respuesta: Estoy preparada para todo, mi futuro con el hombre

más bello y gruñón del mundo, y es sólo mío. Y yo soy sólo suya.

Hablo por teléfono con mi madre, parece que lo de futura abuela está más ansiosa que nunca, me pregunta

sí tomo mis vitaminas, sí cuido mis náuseas y mis mareos, preferiría mareos a nauseas aunque

desmayarme se ha hecho un hábito en el pasado con Terry.

El nuevo comercial de Annie es una auténtica maravilla, mi hermosa mejor amiga usa un traje espacial

para una nueva bebida energizante. La primera vez que la vi escupí la cara de Terry con el té. Fue una

sorpresa inesperada, seguramente para él también.

—Mierda, ¿Lo has visto? —Pregunta Annie. Su visita de costumbre, los viernes en la tarde.

— ¿Tu qué crees? — reímos a carcajadas.

—Me dedicaré a dar clases de actuación, eso de actuar se está volviendo un sueño imposible. —parece

frustrada.

—Te apoyaré en todo lo que decidas, empezar a dar clases de actuación, la reina del drama, es una

estupenda idea. Puedes seguir yendo a los castings.

—Eso mismo haré. ¿Cómo está todo con Terry?

—De maravilla.

—Sabes que si vuelve a ponerte una mano encima, voy a castrarlo y lo haré comerse las bolas mientras

duerme.

—De eso nada, Annie. —nos sorprende Terry con su llegada.

—Ya me has oído—lo ve con recelo. —Bueno, parece que tu jefe llegó, así que me despido, me toca

turno en el Luxar hoy.

—Eso me convierte en tu jefe también—bromea Terry. ¿Qué pasa con estos dos?

—Bien, jefe, cuídala bien. Ya sabes—apunta a sus ojos—te tendré en la mira.

Rio a carcajadas y niego con la cabeza. Annie se despide y Terry cierra la puerta. Me ve con ternura,

conozco esa mirada.

—Hola—saludo.

—Hola. —me abraza—Es verdad, nena.

— ¿Es verdad qué?

—No volveré a ponerte una mano encima, no volveré a tomar. Te lo prometo.

Se me hace un nudo en la garganta, sé que le duele arrastrar las palabras.

—Lo sé. Te creo.

—Estaba pensando, cariño. —mi foco se encendió.

—Oh no, tu pensando, nena. —se burla.

— ¿Archie necesita una asistente? —Sí, mi foco se encendió y él lo sabe.

— ¿Asistente? Ve al grano, nena.

—Bien, Annie es actriz, más o menos. Parece que Archie no le va eso de la actuación muy bien, solamente

sabe dar órdenes, entonces estaba pensando que quizás Annie podría ayudarle en la actuación de los

comerciales. —Lo enamoro con los ojos para convencerlo.

—Umm. Archie, asistente, Annie. —Lo piensa, lo piensa. —Creo que será mejor preguntarle a él.

— ¿Lo harías?

—Sí, suena bien. Quizás Andy quiera palmear su trasero en vez del tuyo. — se mofa.

—Yo quiero palmear el tuyo—le coqueteo.

—Umm. Señorita White, está seduciendo a su jefe.

— No lo sé—toco su pecho — ¿Tú qué crees?

—No necesita hacerlo, yo ya soy suyo.

Me besa, un beso salvaje pero con amor, me levanta en sus brazos y me lleva hasta la isla de la cocina.

— ¿Qué voy hacer contigo, pequeña?

—Lo que usted quiera, señor Grandchester.

Me levanta el vestido por encima de mi cabeza, y besa mis pechos, me sienta encima de la isla y brinco

de lo frío que esta. Sus manos siguen por todo mi cuerpo, le quito la corbata, la chaqueta y la camisa,

queda solamente en unos deliciosos pantalones oscuros. Siento su entrepierna que está a punto de

reventar en mi pierna.

—Eres increíble, nena—traza círculos con su lengua en mi cuello y jadeo.

—Terry... Quédate conmigo.

—Me quedaré contigo. —me embiste suavemente, y mis hormonas están en contra de mi porque llego al

clímax con un único toque. Me desplomo en sus hombros y después él me sigue y cae encima de mí.

—Pequeña, me vuelves loco. —se desploma.

Me lleva en sus brazos hasta la habitación, entramos a la ducha y lo desnudo envolviéndolo en mis

manos, suavemente se llena de jabón líquido las manos, frota para hacer espuma y recorre todo mi

cuerpo, lo veo y es como un sueño hecho realidad, es el hombre del que me enamoré, él es el hombre que

siempre debió ser, la persona que ama y es amada, el protector y cabeza del hogar, mi todo, mi hombre,

el amor de mi vida, mi cielo y mi vida.

Despierto en la madrugada y Terry está temblando y sudando frío.

— ¿Terry? —toco su rostro.

—Déjame... déjanos en paz. —sisea.

Está hablando dormido.

—Terry, cariño despierta.

—Te mataré—sisea de nuevo.

Otra pesadilla, las lágrimas se apoderan de mí.

— ¡Cariño! ¡Despierta!

Abre los ojos asustado y me ve.

— ¿Qué pasa? — pregunta alarmado. — ¿Estás bien, nena?

—Est...Estoy bien. Estabas teniendo una pesadilla.

—No recuerdo nada, ven acuéstate.

Me abraza, y vuelve a quedarse dormido. En cambio yo estoy asustada por lo que dijo dormido.

¿A quién quería matar?

¿Quién estaba asechándolo?

No habla, no dice nada desde que se levantó, me regala una sonrisa fingida y cruza tres palabras conmigo

antes de irnos a trabajar.

—Buenos días, Sra. Ponny, tomaré el desayuno en el trabajo, gracias.

—Lo prepararé enseguida, señorita Candy.

Salimos juntos al auto, sigue sin decir una sola palabra, a quién quiere engañar, algo está pasando y tengo

que escarbar.

— ¿Vas a dejarme conducir algún día? —pregunto para romper el hielo. Algo sin sentido que

seguramente lo hará decir más de tres palabras.

—No, tendrás a Leo cuando nazcan los bebés, no es necesario que conduzcas.

—Umm. ¿Todo bien en el Advertising?

—Sí, las campañas están a tope, hoy hablaré con Archie sobre Annie.

—Umm. ¿Me vas a decir que soñaste?

—Nena—resopla—No recuerdo, no sé de qué hablas.

—Cariño, estabas temblando y sudando frío.

—No lo recuerdo.

—No te creo. —me cruzo de brazos.

— ¿Vas a discutir por ello?

—No. —Me toma las manos y besa mis nudillos. Sé que lo sabe, pero no quiere decirme, si es para no

preocuparme es tarde, estoy preocupada.

—Recuerda que hoy tenemos cita con la Dra. Sheribel.

—Estaré ahí, pequeña.

Será un día de trabajo un poco difícil, pero me muero porque Archie acepte en tener una asistente, sería

perfecto tener a mi mejor amiga conmigo.

—Cariño, los modelos nuevos están para comérselos—Andy y su bonita costumbre de asustarme

mientras tengo el ojos pegado a la cámara.

—Prepárate entonces, ve de cacería.

Resopla—Creo que el barco ya zarpó.

— ¿Ah sí?

—Conocí anoche a un bombón en un club, creo que es el indicado para mí.

—Dijiste eso con los cinco anteriores.

—Cállate, tú estás bien empaquetada, no tienes de qué preocuparte, te has llevado al mejor partido.

Me mofo.

— ¡Listos! —avisa Archie. Ansío por saber si aceptó en tener una asistente.

Andy regresa a su labor y yo en el mío. Estoy rodeada de testosterona en este momento, modelos

británicos, quién iba a decirlo. Decían que eran los más cotizados, y ya veo que no estaban equivocados.

—Un poco más derecho, por favor. —indico.

— ¿Así? —pregunta uno de ellos. Calculo que está entre los veintitantos al igual que mí, tiene ojos

grises y es rubio como el oro, guapo definitivamente.

—Así está perfecto, gracias.

Continúo con las tomas y el rubio no aparta la mirada en ningún momento, pero entonces regresa a la pose

incorrecta.

—Hacia a la izquierda, de nuevo, por favor.

—Podría enseñarme cómo.

¿Ah?

—Sólo tienes que ver hacia la izquierda y en posición derecha, nada más.

—Lo intentaré— mi intuición me dice que lo está haciendo a propósito. Hago ese pensamiento a un lado

y sigo con las tomas, lo ha entendido y ahora sí todas están saliendo perfectas. Este trabajo se está

volviendo más interesante, más si estoy embarazada y mis hormonas están revueltas, al ver quince

modelos en ropa interior no es de mucha ayuda.

Tranquila, Candy. Tienes el novio más sexy del mundo. Sonrío para mis adentros con recordarlo en su

perfecto cuerpo esculpido.

—Eso es todo, gracias chicos.

Mientras termino con mi cámara, veo por el rabillo del ojo al rubio que se acerca.

—Hola—dice extendiendo su mano. ¿Se da cuenta que sigue medio desnudo?

—Hola—le ofrezco mi mano.

—Eres muy joven para ser fotógrafa, gracias por ayudarme.

—No hay de qué, es mi trabajo.

—Eres Candy, ¿Cierto? Yo soy Maxer —se cruza de brazos, ya sé por dónde va.

—Sí, Candice White, fotógrafa.

—Y modelo—me corrige—He visto tus campañas, es una lástima que ya no sigas en el medio.

—Eso he escuchado. —contesto tajante.

— ¿Puedo invitarte una copa? — ¡Bingo!

—No, no puedes. Estoy comprometida. —le muestro mi súper anillo.

—Oh, es una lástima. —se apagaron sus ojos grises.

—Sí que lo es.

Para que el momento sea más incómodo, veo a mi amado jefe acercase a nosotros. Que alguien me ayude.

— ¿Todo bien? —pregunta con el ceño fruncido.

—Todo bien—contesto. —Él es Maxer.

—Mucho gusto, señor Grandchester. —Parece estar seguro de sí mismo, le ha dado la mano y sin mostrarse

nervioso. No tiene una idea. —Quería invitarle una copa a esta bella fotógrafa que trabaja para usted,

pero está comprometida.

Rio para mis adentros por lo que sigue.

—Es una lástima ¿No?—Póquer face de nuevo entra en acción.

—Sí, señor, me ha ayudado mucho en la sesión de fotos.

—No es nada, Maxer, es mi trabajo. —intervengo.

—Así es, es su trabajo, y tu trabajo no es flirtear con mi prometida.

Oh.

Los ojos de Maxer se abren y ahí están otra vez esos ojos grises, a punto de salir corriendo ante la

presencia del gran cara dura.

—Yo... no sabía, señor.

—Bien, ahora lo sabes. —Toca de mi cintura.

Maxer se despide con una sonrisa nerviosa y Terry sigue sin respirar.

— ¿Tenías que asustarlo de esa manera? —niego ante su actitud.

—Estaba coqueteando contigo, él mismo lo ha dicho, estuve a punto de romper su linda cara de niño

bonito, ¿Por qué estabas hablando con él?

—Él se acercó, no podía hacer nada y si mas no recuerdo, él también ha dicho que estoy comprometida,

ve a marcar territorio en otro lado, señor Grandchester

—Estoy pensando seriamente en despedirte. —me amenaza.

—De eso nada, Grandchester. No será Annie la que te corte las bolas cuando duermes si haces algo como eso.

Controla tus celos.

—Me vuelves loco, nena—me abraza y besa mi frente.

—Tú me vuelves loca, y no precisamente de amor.

— ¿Me amas?

—En estos momentos no. —miento, claro que lo amo y más cuando se pone estúpidamente celoso por

nada. —Te amaré si me das de comer.

Sonríe. —Vamos, hora de alimentar a mis bebés.—Nuestros bebés. —lo corrijo.

—Sí nuestros bebés, pequeña.

Los días pasan volando y muy pronto seré la señora Grandchester, quién lo diría, casada con mi italiano mal

humorado y controlador. Me llena de alegría verlo feliz cada vez que despierta, siempre rodeándome con

sus fuertes brazos, tiene miedo que me vaya mientras duerme, me pone triste el saber que por más que

intento sacarlo de ese mundo sombrío él siempre tiene un pie dentro de él y uno en el presente.

Posiblemente estaría trabajando en el Luxar con Annie y tomando fotografías los fines de semana, si no

hubiese conocido al señor Grandchester hace unos meses, más o menos. Parece una vida entera.

Exploto mi burbuja de sueños para volver a llamar a Terry, no me he podido comunicar con él y Julia

me dijo que estaba en una importante reunión por lo que le pedí a Leo que me llevara donde la Dra.

Sheribel.

— ¿Estás segura que podemos empezar sin él?

—Sí—Terry, tendrá que darme una explicación para que se haya ausentado en un momento tan

importante como éste.

La Dra. Sheribel, juega con su máquina en mi barriga que todavía no parece que llevara dos chispitas

dentro.

—Parece que estos pequeños no quieren dejarse ver.

— ¿No hay manera de ver si son niñas o niños? —pregunto ansiosa.

—No, parece que tu prometido tuvo suerte.

Umm. Suerte tendrá dentro de poco.

Intento llamarlo de nuevo y me manda directo al buzón de voz. Inmediatamente siento que algo no está

bien, llamo a Archie para ver si sabe algo.

—No lo he visto, ¿Está todo bien?

—Sí, es que teníamos cita con la doctora.

—Entiendo, el bastardo está en problemas entonces—se ríe y yo también, intento calmar mis nervios.

— ¿Habló contigo acerca de tener una asistente?

—Es perfecto, Candy. Siempre he querido tener una asistente y si es tan profesional como dices, no hay

ningún problema.

—Perfecto, Archie. Annie y tú harán un buen equipo.

—Eso espero.

Me despido de él y mis nervios empiezan a aumentar, No he sabido de Terry desde en la mañana y su

escena con el joven modelo.

— ¿Todo bien, señorita? —pregunta Leo.

—No, ¿Te dijo Terry si iba a ir a algún lugar?

—No, señorita, el señor Grandchester únicamente me dio la orden de escoltarla.

Resoplo—Y si tú estás conmigo, cuidándome ¿Quién está con él?

—El señor Grandchester sabe cuidarse por sí solo, señorita, siempre está armado y sabe pelear.

—Lo de pelear lo sabía, pero de que siempre anda armado y sabe usarla, no. Dijo que solamente salía

armado cuando andaba conmigo o con Eli.

¿Por qué suena tan normal para él?

—Bueno, señorita, él siempre anda armado y yo también, no se preocupe.

Es muy tarde para eso. Estoy demasiado ansiosa, no puede jugar conmigo, no en mi estado, hasta el

zumbido de una mosca es aterrador para mí en estos momentos.

— ¿Quiere ir al Hall, Señorita?

—No, llévame donde Annie, por favor.

—Está bien, señorita.

—Leo, llámame Candy. ¿Cuándo lo entenderás?

—Eso intento, señorita Candy.

Si está en una reunión y por eso no atiende mi llamado, mejor le mandaré un correo. Él nunca me hace

esto, siempre está disponible para mí. Dios santo me estoy volviendo controladora como él.

De: Candy White

Fecha: 1 de mayo de 2014 04.23

Para: Terrence Grandchester

Asunto: Estoy molesta

Espero tenga una buena excusa señor Grandchester para haber faltado a nuestra cita con la Dra. Sheribel.

Estoy preocupara por ti, llámame.

Iré donde Annie, para darle las buenas noticias.

Gracias.

Candy R. White.

Espero respuesta, nada.

—Hola, preciosa. Te ves... radiante. —Me dejo caer en el mueble de Annie.

—No he podido comunicarme con Terry, y hoy fui sola a la cita con el médico.

—Oh, eso suena duro. —se mofa.

—Bueno, no hablemos de mí, tengo buenas noticias y espero no te molestes.

—Candice Rose White, ¿Qué has hecho?

—Hablé con Terry acerca de tu carrera—Me ve con recelo—Archie necesita una asistente para

manejar los comerciales, ya sabes, expresión, voz, actuar, vender, tú sabes, le he dicho que tú serías

perfecta para ello.

— ¿Estás bromeando? —chilla, ahí vamos otra vez.

—No, creo que es una buena oportunidad, además podré verte todos los días. Di que sí, por favor—junto

mis manos para rogar.

—Eres... eres la maldita mejor amiga que he tenido, ¡claro que acepto! ¿Cuándo empiezo?

—Supongo que desde el lunes.

—Gracias—me abraza—Eres la mejor, aunque te mataré si ese tal Archie resulta ser igual que tu jefe y su

cara dura.

—Archie, te encantará.

Oh, un pensamiento de Archie y Annie juntos, no, no. Ni siquiera conozco a Archie, pero Annie es una

chica inteligente, sabrá defenderse si Archie intenta meterse en su cama.

— ¿Oye? Aterriza. —chasquea Annie.

—Estaba pensando en algo aterrador.

—Qué raro de ti—sarcasmo.

Pedimos algo de comida china, han pasado tres horas y todavía no sé nada de Terry, esto me está

preocupando. Intento llamarlo y de nuevo la voz irritante del buzón.

Tocan la puerta. —Debe ser la comida, yo abro—le grito a Annie que está en la cocina.

Un joven moreno me entrega la caja de comida china, le hago llamado a Leo para ofrecerle comer pero

siempre me rechaza amablemente y sigue cuidando el edificio. Hombres.

Como es de costumbre, empiezo a comer directamente de la caja mi porción de pasta, sabe extraño pero

seguramente es el paladar de embarazada.

Oh, no esto no está bien.

Escupo de inmediato la comida en el lavado y Annie me observa.

— ¿Qué pasa, Candy?

—Sabe raro. —hago cara de asco

Annie ve la comida y la huele. — ¡Joder, Candy esto huele a químico de limpieza! ¡Esto es veneno!

Vómito y siento que mi estómago se contrae. — ¡Vomítalo! —grita desesperada.

—Annie, mis bebés. ¡Llama a Leo!

Annie sale corriendo y yo me aprieto el estómago, un fuerte dolor y acidez siento en mi estómago, Leo me

carga en sus brazos y me lleva hasta el auto, Annie está dándole instrucciones de las calles más

despejadas para llegar al hospital más cercano.

—Tranquila, Candy.

Mierda. Siento un temblor en mi cuerpo, ¡No mis bebés!

—Estoy llamando al señor Grandchester, señorita—informa Leo.

Sí, Terry, precisamente hoy se le ocurrió desaparecer sin decir nada.

Llegamos al hospital y me meten a una camilla, Annie histérica les dice a los enfermeros que intentaron

envenenarme y que estoy embarazada.

— ¿Cuánta cantidad ingirió, señorita? —pregunta uno de los enfermeros.

—No, lo sé, dos o tres bocados. —intento explicar, pero empiezo a hacer arcadas.

—Tiene que vomitar y sacar todo de su sistema—me llevan a una habitación y empiezan a darme

oxígeno, mi presión esta baja y de inmediato conectan maquinas en mi estómago para ver el corazón de

los bebés. Entro en pánico y empiezo a llorar desesperada por Terry.

—Vendrá, pronto vendrá, tranquilízate—dice Annie tomando mis manos.

— ¡No! ¡Terry! —entro en un ataque de pánico y empiezo a gritar desconsolada, intento quitarme las

vendas de las manos y de mi estómago, los enfermeros y Leo intenta sostenerme.

—Tenemos que sedarla—dice el médico.

—Candy, mírame—me ordena—mírame, te vamos a dar un sedante, vas a respirar hondo, tenemos que

revisar a tus bebés, por favor, cariño, vas a estar bien, tu esposo llegará en cualquier momento.

Respiro hondo, con la esperanza de que mis bebés y yo estemos bien y un Terry ausente aparezca, es

la primera vez que estoy en una situación así y estoy sin él. No importa dónde haya estado y su ausencia

hoy en la tarde, solamente lo quiero a mi lado, lo necesito.