—Buenos días, hermosa—me besa en la frente.

—Buenos días— lo veo y está listo para irse, de traje negro y camisa azul, esta vez con corbata. Mierda,

cada día se ve más apetitoso y yo con el triple de hormonas revueltas.

— ¿Te vas?

—Sí, nena, tengo una reunión temprano.

Voy al baño, me doy una ducha rápido, lavo mis dientes y desnuda salgo, él todavía sigue poniéndose sus

zapatos. Desnuda me pongo enfrente de él, clava sus ojos en todo mi cuerpo desnudo y húmedo. Rodeo

mis manos en su cuello y le doy un beso apasionado, me toma de la cintura y acaricia mi espalda.

—Estás volviéndome loco, pequeña.

—Pensé que ya lo estabas—gimo.

Su mano recorre por toda mi espalda, lame mi cuello y regresa a mis labios. Me aprieta las caderas y

siento su respiración caliente en mi cuello, le doy un último beso, lengua con lengua, sé que esta sediento

de mí.

—Feliz cumpleaños.

— ¿Vas a dejarme así? —me sonrojo, puedo sentirlo, está ardiendo.

—Es para que pienses en mí. —beso su nariz y entro al vestidor.

Lo escucho gruñir. —Señorita White, me vengaré.

—Espero con ansias, cariño.

Pienso en el regalo perfecto para el dueño de mi mundo, y sé perfectamente que regalarle.

—Buenos días, Sra. Ponny.

—Buenos días, señorita White.

—Por favor, llámame Candy.

—Está bien, ya que insiste, no quiero hacerla enojar. ¿Qué quiere de desayuno, Candy?

—Tomaré leche, mi estómago no soportará un desayuno de verdad.

—Lo siento, las náuseas, son lo peor. — me compadece.

—Tienes que comer —me regaña Terry que viene de la habitación, rio para mis adentros, el pobre

estuvo bastante tiempo ahí —Sra. Ponny, desayunaré en el trabajo, ya llego un poco tarde—me ve con culpa.

Le sonrío y me da un beso en la frente.

—Come.

—Sí, señor. —hago saludo militar.

Se despide y se va.

—Sra. Ponny, hoy es el cumpleaños de Terry, me preguntaba si le gustaría ayudarme y por supuesto

está invitada durante la cena.

—Sería un placer. — me sonríe, sé que Terry nunca ha celebrado su cumpleaños, no de la forma

moderna. — ¿Qué tiene pensado?

—Una cena, algo familiar, mi familia por supuesto vendrá al igual que Alicia y Eli. Lo haremos en la

terraza, haré unas llamadas para que puedan ayudarla.

—Perfecto, cuente conmigo, estoy muy feliz del que señor haga este tipo de cosas.

—Dímelo a mí, es un gruñón.

Hago un par de llamadas, contrato el servicio para el banquete y que puedan ayudarle a la Sra. Ponny,

encargo todo lo que necesito para la decoración y por supuesto llamo a mi madre y mi hermano,

encantados estarán aquí dentro de cuatro horas, tengo el tiempo suficiente para ir en busca del regalo y la

mejor compañía de todas, mi pequeña y hermosa Eli.

— ¿Qué le regalaremos a papi?

—No lo sé, mami. ¿Qué crees que podría regalarle?

—Cariño, creo que cualquier cosa que quieras le encantará.

—Está bien. —sonríe.

Amo pasar tiempo con Eli, ahora que está en la escuela es difícil verla, hasta los fines de semana, pero

cuando nazcan los gemelos la tendré conmigo más tiempo. No puedo esperar a que llegue ese día

Recorremos el centro comercial, siendo escoltadas por un Leo más amigable. Sé a qué tienda debo de ir,

el regalo perfecto estará listo en menos de una hora. La sorpresa de Eli también le encantará.

Momentos como estos me hacen sentir que he venido a salvar la vida de Terry como él la mía. Quiero

que todo salga perfecto este día, será el primer cumpleaños que pase realmente en familia, ahora que Eli

se ha recuperado, la espera de los gemelos y mi familia, será un momento especial para él y para mí.

Pienso en mi prometido y quiero saber de él.

Fecha: 28 de Enero de 2014 11.22

De: Candy White.

Para: El cumpleañero gruñón más hermoso

Asunto: Todo listo Señor cumpleañero:

He pasado una mañana agradable con nuestra pequeña hija, te manda saludes.

¿Cómo va la reunión? Muero por verte, esta noche.

Te amo.

Candy R. White Tu prometida, Ansiosa.

De: Terrence Grandchester

Fecha: 28 de Enero de 2014 11.23

Para: Candy White

Asunto: Ansioso por verte

Les mando un beso a mis dos bellas mujeres.

Estoy en ello aún.

¿Has comido?

Terrence Grandchester

GRANDCHESTER ADVERTISING, INC.

Joder, no se le escapa nada.

De: Candy White

Fecha: 28 de Enero de 2014 11.24

Para: Terrence Grandchester

Asunto: ¿No se te escapa nada?

Ahora mismo comeré, señor.

Odio mis nauseas, entiéndeme un poco.

Señor controlador.

Candy R. White

De: Terrence Grandchester

Fecha: 28 de Enero de 2014 11.26

Para: Candy White

Asunto: No olvido lo que me importa

Espero que sea verdad, puedo ver que tocas tu nariz.

Odio también tus nauseas, pero tienes que comer, nena.

Gruñón no, controlador sí. Ya lo has entendido.

Te amo.

Terrence Grandchester

GRANDCHESTER ADVERTISING, INC.

Regreso al Advertising en compañía de Eli para cubrir las últimas tomas y regresar al Hall, para los

preparativos de la cena de esta noche. Observo que Archie y Annie están demasiado coquetos esta tarde,

Dios santo apenas en su primera semana de trabajar juntos, espero que no hayan consumado su boda

laboral.

— ¡Eli! —chilla Annie, la abraza y la besa en la mejilla. Desde el incidente del restaurante Annie se

encargó de que ni Eli ni Samantha me vieran en ese estado.

—Listos, chicos, una toma más y eso será todo. —informo, el rubio Maxer me sigue viendo con recelo

pero lo ignoro.

Una hora más tarde Terry llega al estudio y sorprende a Eli, la levanta en sus brazos y la besa en toda

su carita. Es una hermosa escena y aprovecho en tomar una fotografía de ello. Momento perfecto

capturado.

—Fuimos de compras con mami—dice Eli.

— ¿Y qué compraron?

—Es una sorpresa, mami dice que eres un gruñón por preguntar todo. —rio a carcajadas, es la primera

vez que imita mi palabra.

Terry me ve y niega con la cabeza y sonríe.

Voy al vestuario a buscar a Andy, pero no está, al girar choco con un pecho fuerte, huele a cielo.

— ¿Así que soy un gruñón? —su mirada azul es embriagadora.

—Lo eres—Me toma con sus manos y estrella sus labios con los míos, me besa los pechos encima de la

ropa haciéndome soltar un gemido en su cuello.

—Terry… no me hagas esto—jadeo. ¡Calor! Mierda se está vengando.

—Tú lo hiciste esta mañana, sabes lo mucho que luché antes de salir de la habitación y que la Sra. Ponny

no viera el regalo que dejaste en mí.

Wow.

Me besa y escucho que alguien aclara su garganta.

—Señor Grandchester, que sorpresa encontrarlo aquí. —dice Andy, sonrojado, seguramente es primera vez

que ve a su jefe tan feliz.

—Andy—asiente.

—Los dejaré un momento a solas. —dice y se va.

Terry gira de nuevo a mí, me abraza con ternura y besa mis labios.

—Le daré de qué hablar por un momento.

—Seguramente todos quieren ver a su jefe así de… alegre. —me burlo.

—Te amo, pequeña.

—También Te amo.

Nos quedamos por un momento abrazados, mierda tenerlo así hace que mis hormonas me jodan el

momento, se me llenan de lágrimas los ojos, al sentirlo tan cerca, hoy en este día tan especial para él,

para todos nosotros, un año más de vida y estoy aquí para celebrarlo con él. Lo amo demasiado, lo amo

más de lo que podía imaginar.

Limpia mis lágrimas con los pulgares.

— ¿Qué pasa?

—Estoy feliz—lo abrazo más fuerte y huelo su pecho.

— ¿Otra vez oliéndome, señorita White?

—Cállate y abrázame—lo reprendo.

Se ríe y me abraza más fuerte. Después de mi momento melancólico, salimos, Eli está posando para

Annie y juegan con mi cámara. Terry se ríe y se despide.

—Debo regresar, nena, te veo luego.

—Está bien. Te amo

—También te amo.

Regreso con Eli y ya el servicio está terminando los preparativos en la terraza, da una vista hermosa al

condado de los Ángeles, está decorado a la vieja Hollywood de blanco y negro y luces tenues para

iluminar el lugar, el banquete está listo, comida italiana por supuesto y vino blanco.

Empiezo a prepararme, un vestido negro, con espalda descubierta, cabello suelto al aire libre y zapatos

de tacón rojo. Maquillaje ligero y labios carmesí.

Mi madre, George y Albert son los primeros en llegar en compañía de María y la pequeña Samantha. Annie

llega minutos después acompañada de… Archie. Por qué no me sorprendo.

Regreso a la habitación para revisar el móvil y Annie me acompaña.

—Dios, el embarazo te hace ver excitante, Candy—me sonrojo por el comentario de Annie. —Va a querer

terminar esta cena rápido para su regalo… de cumpleaños.

—Muy pronto no me veré así. —Me quejo—Es suerte de que mi barriga esté creciendo en modo lento.

—Embarazada, también te verás hermosa, no seas aburrida.

— ¿Qué pasa entre tú y Archie? —se atraganta con la copa de vino.

—Somos, amigos, mi jefe… ya sabes.

—No, no lo sé, espero que puedan trabajar bien, lo que hagan después de ello, es asunto de ustedes.

—Candy, tú crees que él y yo…—su mirada es triste—No lo sé, él es tierno, diferente conmigo.

—Annie Britter, ¿Te gusta Archie?

—Sí.

—Mierda. Eso sí que me sorprende.

—Lo sé, es pronto, pero cuando salimos fue tan lindo, no quiso ir de inmediato a la cama, me sorprendió.

—Sólo espero que sepan lo que hacen, no quisiera que salieras lastimada ahora que quieres sentar

cabeza.

—No pasará, lo vamos a llevar con calma.

Archie es un hombre atractivo, pero cuando Terry se refirió a gustos extracurriculares, no tengo idea a

lo qué se refirió, pero espero que no juegue con mi amiga, tendré que cortarle las bolas y hacérselas

tragar mientras duerme.

—Esto es hermoso, nena, gracias.

—Lo que sea por ti—beso la comisura de sus labios.

Todo ha salido de maravilla, mi familia, la pequeña familia que hemos formado hasta el momento con

Terry, nuestros amigos más cercanos, no puede ser más perfecto.

—Tu regalo, papi—Eli le entrega una pequeña caja negra con un listón azul. Suelta el listón y abre la

caja, su sonrisa es de un millón, la fotografía de los tres juntos. Nuestra pequeña familia, y abajo del

marco plateado tiene un gravado:

MAMÁ YPAPÁ .

Mierda, quiero llorar.

—Es precioso, Eli, ven y dame un abrazo. —la abraza y sé que le ha tocado el corazón también. Es

maravilloso.

—Ahora es mi turno—le entrego una pequeña caja plateada. La abre y ve un hermoso Rolex plateado en

él. —dale la vuelta—susurro.

Ve que el Rolex está gravado también con un mensaje, con nuestra respuesta favorita

Me quedaré contigo

Me ve, su mirada de cielo en esta noche llena de estrellas, lo ama.

—Me quedaré contigo. Eres lo mejor, nena. Te amo tanto. —me da un beso casto y un duradero abrazo.

Oh, Terry, siento tanto miedo de perderte… estás aquí conmigo.

—No me hagas llorar delante de todos. —le advierto.

La cena está servida y mientras disfruto la compañía de todos, admiro la sonrisa constante de un Terry

Grandchester nuevo.

¿Lo he logrado?

¿Ha dejado su pasado atrás?

¿Estaremos bien ahora?

Sonrío e intento no preocuparlo con mis miedos, pienso que quizás es por el embarazo y estoy

melancólica por todo lo que ha pasado, quiero pensar que es eso, y que todo, absolutamente todo saldrá

bien.

— ¿Soñando despierta, nena?

—No, estoy viviendo el sueño. —me sonríe. Joder, esa mirada, doy mi vida porque esa mirada no se

borre nunca de su rostro.

—Gracias, por todo esto. Ha hecho un buen trabajo, señorita White.

—Gracias, señor Grandchester.

—Ya regreso. —me dirijo al baño, no puedo más, necesito alejarme de todo por un momento y calmar

mis miedos.

Me veo al espejo, estoy hermosa y radiante como dijo Annie, pero por dentro muero del miedo, toco mi

vientre y sonrío, mis lágrimas empiezan a brotar de mis ojos.

¿Por qué estoy llorando?

Tengo que estar feliz, y me siento feliz, pero entonces ¿Por qué me duele?

¿Por qué siento tanto miedo?

Sollozo en el baño, y me veo al espejo.

—Todo va a salir bien, Candy—me digo a mi misma. —Esta es tu familia.

Me limpio la cara, retoco mi maquillaje y abro la puerta. Mierda.

—Eres terrible mintiendo, pequeña—Terry está en el marco de la puerta de brazos cruzados.

— ¿De qué hablas? — pregunto nerviosa.

—Tu nariz te delató y ahora tus ojos te delatan, nena. ¿Por qué lloras? — su voz es suave, pero sé que

está enfadado, no le gusta que le oculte cosas.

—No estaba…—niego con la cabeza.

—Responde. —me ordena.

—No lo sé, tengo miedo… miedo de perderte, de perder todo esto que hemos logrado hasta ahora.

Se acerca y me toma de las manos, me lleva hacia la cama y se pone de rodillas ante mí. Mis ojos están a

punto de llorar y él atrapa la primera lágrima con su pulgar.

—Mírame— me toma de la barbilla para que lo vea y lo hago—Tócame—me agarra las manos y las

pone en su pecho. —No me iré a ningún lugar, nena.

—Lo siento, deben de ser las hormonas. — me quejo.

—No culpes a tus hormonas, no van a estar ahí por mucho tiempo. No tienes que tener miedo de nada ni

de nadie, yo estoy aquí, para ti, para nuestros bebés, nuestra familia. Confía en mí, vamos a estar bien, te

lo prometo.

Me suelto a chillar, joder me duele el pecho, sollozo en su pecho, lo aprieto con fuerza y lloro más fuerte.

Dios, he estado aguantando esto por mucho tiempo, este miedo de no decírselo, de no preocuparlo y él es

el único que puede hacer que ese miedo se vaya.

—No llores, por favor—me acaricia la espalda—me duele cuando lloras, nena, y esta vez no he hecho

nada—bromea y me rio—Te amo, Candy Rose White, entiéndelo de una vez por favor. Te amo, eres mi

vida, eres mi todo, mi corazón, mis ganas de vivir, quiero que seas feliz.

—Soy feliz, soy tan feliz contigo que me asusta.

—No tengas miedo de ser feliz, vívelo.

El llanto desaparece y lo veo a los ojos, me sonríe y besa mi nariz.

—Te ves hermosa cuando lloras, pero preferiría que no lo hicieras.

—Lo siento, no quiero arruinar tu fiesta.

—No has arruinado nada, todo sigue siendo perfecto si estás conmigo. Si estás triste o alegre, incluso

enojada, todo momento contigo es perfecto.

Oh.

—Sus palabras no ayudan, señor Grandchester, me hará llorar por ser tan tierno.

—Te amo, di que me amas. —ordena.

—Te amo.

Afortunada o no, jamás soñé con ésta vida y la amo, con todas sus partes oscuras, sus momentos difíciles,

amo cada momento junto con él, cada prueba me ha hecho amarlo y entenderlo mejor, de la misma manera

que él me ha salvado la vida, he salvado también la suya.

Mi padre dijo que perdiera el mejor, hemos perdido los dos, pero hemos ganado más de que lo hemos

perdido. Me hubiese gustado que lo conociera, me recuerda a él, terco y autoritario.

Los tres hombres que más amo en la vida, uno está en el cielo y dos de ellos siguen conmigo, Albert mi

luchador de sueños y Terry mi cielo. No importa si el día es lluvioso, si el sol no sale y que las noches

sean oscuras, él es mi cielo, y en sus brazos es donde quiero vivir por el resto de mi vida.

—Te ves tan hermosa, hija—Dice mi madre.

—Cuidas bien de mi hija, no me equivoqué contigo—le dice a Terry y éste sonríe. —Lo que sea que

hagas, por favor, sigue haciéndolo, has hecho de mi hija lo que siempre he querido, feliz y llena de vida y

ahora… oh, ahora seré abuela—llora.

—Madre, no llores, me harás llorar. —la abrazo.

—Estoy tan feliz por ustedes dos.

Mi madre, qué haría yo sin ella, es mi mejor amiga, siempre sabe la respuesta correcta, Dios la bendiga

por eso.

—Hermanita, ansío por conocer a los gemelos, espero que cuando crezcan sean mejor que tú en el surf.

—Ya veremos. —refunfuña Terry, si conmigo se salvó que le diera un ataque al corazón antes de los

treinta, con dos gemelos no se salvará.

—Albert, te prometo que cuando crezcan serán en todo mejor que yo.

— ¿Podemos hablar a solas un momento? —pide a Terry.

—Seguro, sólo por un momento, recuerda que es mi cumpleaños. —Dios, el hombre sabe cómo intimidar

hasta a mi hermano.

Buscamos privacidad para hablar, seguramente me echara el sermón de hermano mayor, se ha tardado un

poco.

— ¿Estás bien? —pregunta, de repente su sonrisa se ha borrado por una muy seria.

—Estoy bien, Albert, No hay de qué preocuparse.

—Eres mi hermana menor, siempre me preocuparé por ti, aunque estés con el señor poderoso, sigues

siendo mi hermana.

—Siempre lo seré, y siempre cuidarás de mí, amo que lo hagas.

—Quiero que me prometas algo—pide y sostiene mis manos—Quiero que me prometas que siempre

buscarás la felicidad, te he visto crecer y la nueva Candy, no la había conocido nunca, y me gusta, no la

jodida Candy de antes que partía la cara de todos.

—Te lo prometo, si tú me prometes algo. —Asiente—Entrégame el día de mi boda. — sus ojos se

iluminan y se llenan de lágrimas. Mierda voy a llorar de nuevo.

—Destrozarías mi corazón si no me lo hubieses pedido.

—Eres un maldito llorón, me has hecho llorar—lo abrazo y Terry nos ve, ambos hermanos rudos, o ex

rudos, llorando abrazados.