Epílogo
POV TERRY
Despierto con cuatro mujeres en esta enorme cama.
Mierda, tengo el brazo dormido, intento levantarme despacio sin despertar a las gemelas, Eli ha
empezado a roncar de nuevo.
Voy a la ducha y escucho que la puerta se abre.
—Señor Grandchester, se está duchando sin mí.
—Señora Grandchester, pensé que dormía.
—Con todas las niñas en cama, es difícil dormir—entra a la ducha, joder.
—Nena, cada vez estás más hermosa. —se pega a mi cuerpo y mi cuerpo mañanero lo sabe.
—Umm. De eso nada. Las niñas podrían oírnos. — se sonroja.
—Me encanta cuando te sonrojas y he pensado en amordazarte, siempre te quejas de lo mismo. —la tomo
de la cintura, beso su vientre plano y pongo sus piernas que rodeen mi cintura.
Me abalanzo sobre ella en un abrir y cerrar de ojos y mi boca ataca la suya con brutalidad. No me
detiene, me desea tanto como yo ella.
Es toda mía siempre lo ha sido.
—Terry…—gime.
—Te deseo, nena… lo haremos rápido antes de que las niñas despierten.
—Siempre tan romántico.
Mis manos viajan por todo su pecho, la tomo de la cadera y la embisto suavemente, sé que eso la mata y a
mí me vuelve loco.
—Más rápido…—jadea
Sonrío para mis adentros. Entro y salgo de ella con más rapidez disfrutando cada segundo, ella entierra
sus uñas en mis hombros. ¡Mierda! Me encanta cuando lo hace, es su marca en mi piel. Aprieto su firme
trasero y la levanto, arriba y abajo con más velocidad. Gime en mi cuello y yo muerdo sus labios, el agua
corre por nuestros cuerpos, haciéndonos estremecer.
—Oh, nena.
Se desploma en mis hombros y luego la sigo yo, siempre hacer el amor con mi esposa es una delicia,
jamás me cansaré de ella, es como estar en el cielo de Candy Grandchester.
Veo dormir a mis tres pequeñas señoritas, recuerdo cuando Candy dio a luz, me llamó hijo de puta en
numerosas ocasiones y estuvo maldiciendo por horas sin contar las veces que amenazó con divorciarse
con cada una de sus contracciones.
Joder, fue una noche larga. Parece que fue ayer, las nenas cumplieron cinco años y hoy es año nuevo, toda
la familia vendrá hoy a nuestra casa, no me gusta compartir a mi pequeña familia, la Sra. Ponny y Candy
cocinarán, le he pedido muchas veces que no haga nada, que ahora no necesita hacerlo y también amenazó
con divorciarse si seguía dándole ese tipo de órdenes.
—Buenos días, papi.
—Buenos días, Gabriella.
Mi preciosa gruñona es la primera en despertar.
—Arriba, Giovanna.
— ¡Maldición, papi!
— ¡Giovanna! No maldigas.
—Lo siento, papi.
—Buenos días, Eli, es hora de levantarse.
Las niñas empiezan a correr.
—¡No corran por las escaleras! — grito yendo tras ellas.
—Buenos días, Señor Grandchester.
—Buenos días, Sra. Ponny. Candy, está preparándose para el desayuno, bajará en un momento.
— ¡Niñas! Vamos a la ducha—Dios bendiga esa mujer, a sus cincuenta y tantos todavía tiene la fuerza
para correr detrás de las gemelas para darles un baño.
La personalidad de Gabriella es una copia exacta de mí, gruñona y mandona, bueno, eso es lo que ella cree,
pero tiene un corazón dulce, igual que su madre. Giovanna… bueno, creo que es mi castigo, es igual a su
madre, y quiere tener el mando siempre, y jamás obedece e incluso es celosa conmigo. Las amo por igual
a las dos.
El otro día Gabriella me dijo que quería ser modelo y Giovanna que quería hacer surf profesional, casi me
caigo de culo. Es culpa del tío Albert, el fin de semana fuimos a Long Beach y estuvo dándoles lecciones
de surf. Discutí con Candy en todo el camino mientras las niñas se burlaban de mí y decían que era un
padre gruñón. La verdad es que solamente intento protegerlas.
— ¿Soñando despierto, señor Grandchester?
—Aquí está mi bella esposa. —vistiendo un vestido rosa, demasiado corto para mi gusto y su cabello
suelto.
La tomo de la cintura y le doy un beso largo y húmedo, estoy en mi casa, con mi esposa, sólo mía, tengo
el derecho de hacerlo.
—Papá ¿Cuándo vas a dejar de hacer eso?—se queja Eli.
Candy se sonroja.
Todo el mundo está aquí, literalmente, ahora que Archie y Annie van por su segundo hijo, la familia ha
crecido, yo todavía no sé si Candy quiera tener otro bebé, se lo he pedido muchas veces y hasta he robado
sus anticonceptivos en muchas ocasiones, pero nada, solamente he conseguido que maldiga por largas
horas después de descubrir mi travesura.
—Cada día me sorprendes, Terry —espeta Archie.
—Tú me sorprendes más, eras el que no quería tener hijos y ahora parece que planeas tu propio equipo
de futbol.
—Grandchester, déjalo ser. Pronto te llevarás una gran sorpresa—Annie se burla y sonríe en malicia.
¿Sorpresa?
¿Candy está embarazada?
Veo a mis pequeñas gemelas jugando con Eli, quién iba a decir que Eli las iba a proteger más que yo,
mis hijas son mi vida.
—Primero: Es mi muñeca y Giovanna puede jugar con ella. Segundo: Eli tú me diste permiso de jugar con
la tuya la última vez y Tercero: Es mejor que pidamos que nos regalen los mismos juguetes.
Increíble.
Definitivamente salió a su madre.
Busco a mi sexy esposa, ahora que la cosa va en serio, ver a las gemelas y el arduo trabajo que lleva
cuidarlas, me dará un infarto antes de los cuarenta y solamente tienen cinco años.
Me estoy arrepintiendo de tener otro bebé.
—Ahí estás— la sorprendo por la espalda mientras prepara los bocadillos.
—Sí, aquí estoy, cariño.
—nena…— mierda, no puedo formular la palabra.
— ¿Sí?
— Umm. Mierda, nena ayúdame.
—Respira, cariño, ¿Qué pasa?
— ¿Estás embarazada?
— ¿Tú qué crees?
¡Joder!
—S… ayúdame por favor, me voy a volver loco.
—Cariño, tú ya eras un loco cuando te conocí.
Buen punto.
Me sonríe en complicidad, mi corazón se acelera ante la noticia, nunca hemos tenido este tipo de
conversación, cuando me di cuenta que estaba embarazada fue en el incidente del restaurante el día de su
cumpleaños.
Se acerca y me besa la punta de la nariz. Todavía estoy sin poder decir nada.
—Mírame—Ahora ella ordena y yo obedezco.
— ¿Vamos a ser padres de nuevo?—pregunto arrastrando las palabras.
Me sonríe, esa hermosa sonrisa que me enamora No señora, eso no va a funcionar esta vez, concéntrate,
Terrence Grandchester.
—Sí, Feliz año nuevo, señor Grandchester —Responde y sus ojos brillan de emoción.
La abrazo y la beso, mi corazón está feliz, era lo que realmente quería, pero ella me dijo que no. Pensar
que tengo que recibir amenazas de divorcio de nuevo y escucharla maldecir, bueno, no importa al final
vale la pena.
—Sigues haciéndome el hombre más feliz del mundo, pequeña.
—Era lo que querías, recuérdalo, siempre haré tus sueños realidad, es mi turno—murmura en mis labios.
— ¿Está seduciéndome, señora Grandchester?
—No lo sé, ¿Tú qué crees?
—Umm. —la imito, maldita muletilla hasta Giovanna y Gabriella la han aprendido.
