-No es necesario que me ayudes, te meterás en problemas…

-¡No digas tonterías niña! Si te quedas acá puedes morir – con delicadeza la tomó de uno de manos y la subió a su espalda – te llevaré a tu casa. Confía en mí.

A excepción de Ryoga, aquella mujer de profundos ojos avellanas logró que el corazón de Ranko se acelerará. Se asustó. No era posible que haya caído tan fácilmente por su amabilidad. Al sentir la tibieza de la espalda de la mujer y sin darse cuenta, Ranko cayó en un profundo sueño, confiando a ojos cerrados en cada paso que Akane daba. Se sentía extrañamente a salvo.

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Capítulo 3: ¿Cambiar el pasado en el futuro? (parte 2)

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La lluvia caía sobre sus hombros. No le gustaba estar bajo las frías gotas de agua y ya no tenía ganas de seguir avanzando. A lo lejos notó la figura de una adolescente acercándose hacia ella a toda prisa, sin importarle lo húmedo y mojado del pavimento. En sus manos llevaba un pequeño paraguas amarillo. Las gotas de lluvia caían por su pelo, su rostro y su cabello azul. "¿Por qué?¿Por qué vienes hacia mí?" se preguntaba. Finalmente mostró su rostro entregándole una gran sonrisa y la escuchó "Sé que no te gustan los días de lluvia". Se acercó a ella y la protegió con el paraguas. "Volvamos a casa, Ranma"

Ranko despertó con un intenso dolor de cabeza, la golpiza que recibió fue demasiado, aunque en ese momento era lo menos que le importaba. Ese sueño…¿Quién era la muchacha? ¿Por qué sentía que vivía por otra persona? No era la primera vez que la veía y extrañamente en cada uno de sus sueños se repetía el mismo patrón: la lluvia. Su cuerpo húmedo, la ropa pegada a su piel y un extraño sentimiento de melancolía. Tras despertar se sintió derrotada, como si le hubieran arrebatado algo único e importante. Finalmente, se irguió en la cama, movió su flequillo y escuchó la voz de Ryoga como un relámpago separándola de sus pensamientos.

-¡Finalmente despertaste! ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? ¿Qué te hizo el maldito de Mousse esta vez? – El joven de bandana amarilla se notaba alterado, Ranko solo posó sus manos en el brazo del muchacho para tranquilizarlo y le dio una gran sonrisa a modo de victoria.

-No te preocupes, no pasó nada.

-¿¡Cómo puedes decir eso Ranko!? ¡Casi te matan!

-No…no es para tanto. Tranquilízate Ryoga.

-Esto no se quedará así, iré a ver a Mousse en este momento- Ryoga se levantó con fuerza y tras abrir la puerta de la habitación, se encontró con Akane, quien llevaba en sus manos una bandeja con comida.

-Lamento molestarlos, solo traje algo de comer…

Al verla, ambos jóvenes se quedaron en silencio y se miraron. En su interior Ranko sentía algo más allá por la mujer de ojos avellanas, sentía que no era solo una mera conocida. Ella era quien aparecía en sus sueños, estaba segura de ello. En silencio, Akane ingresó a la habitación y con cuidado se sentó al lado del futón de la pelirroja, quien permanecía callada fijando su mirada en la de ella. Finalmente frunció el ceño, algo le molestaba.

-Lo has pasado mal, deja ayudarte- dijo dulcemente la mujer, quien se acercó para darle la bandeja con comida.

-No tienes por qué hacerlo – la pelirroja esquivó su mirada, sentía como si sus avellanos ojos pudieran leer por completo sus pensamientos.

-¡Ranko! No seas maleducada, ella fue quien te trajo hasta acá y te salvó la vida- Ryoga se sentó al lado de la peliazul he hizo una reverencia – Muchas gracias por traerla hasta acá- Akane en respuesta movió su cabeza a modo de negación.

-No te preocupes, se lidiar con niños.

-¿Ah? ¡A quién le dices niña! ¡No necesitaba de tu ayuda para llegar hasta acá!- Por el impulso, la joven pelirroja tuvo el acto de querer levantarse pero un dolor agudo en su pecho se lo impidió, dejando salir un quejido.

-No seas obstinada y recuéstate – Akane dócilmente le acercó nuevamente la bandeja con comida mientras revolvía la sopa miso que había preparado – con esto te sentirás mejor.

La sonrisa de la peliazul la atrapó desprevenida ¿Cómo era posible que ella fuera real? Acostumbrada a mantener una barrera ante sus emociones, Ranko no le gustaba verse débil ante nadie, solo Ryoga en muy pocas ocasiones podía remover su verdadero sentir y quebrar aquel muro.

-Dime…¿Nos hemos visto en alguna parte…? ¿Cómo…cómo te llamas…?– Ranko bajó su mirada concentrándose en el pocillo de arroz que tenía en sus manos.

-Mmm…no que recuerde– La peliazul le sonrió mientras pasaba una de sus manos por su cabello – Pero eso no es razón de no querer ayudarte…y mi nombre es Ono, Akane Ono.

Ryoga se presentó tras ella hacerlo, dando una reverencia, mientras que Ranko veía su actuar algo disgustada.

-Bueno…Akane, dime ¿cuántos años tienes? …- Akane observó con extrañeza a la joven pelirroja mientras Ryoga, escandalizado, trataba de hacerla callar.

-No, no te preocupes. Soy un poco mayor que ustedes, ¿Tienes más preguntas?- La peliazul le dio una traviesa sonrisa, molestando a la peliroja.

-Discúlpala por favor, es por esa gran bocaza que tiene que siempre se mete en peleas- Ryoga tomó bruscamente de las mejillas de Ranko– Es terca y obstinada, cree que puede ganarle al mundo, pero no es así.

-¿¡Oye quién te crees que eres!?- el gritó de Ranko resonó por la habitación.

-Vaya…ya veo – tras responderles, Akane se levantó del lugar con sutileza –Es muy tarde y debo retirarme. Espero que te mejores, eres una chica muy linda como para meterte en ese tipo de problemas – De inmediato Ryoga la acompañó en el gesto, parándose del suelo.

-Gracias por ayudarle esta tarde, me ocuparé que no vuelva a suceder.

-¡Oye! ¡Por qué deberías meterte en mis asuntos! ¡Puedo defender…- la muchacha no pudo continuar al notar como Ryoga le bajaba la cabeza para agradecerle a la peliazul.

-No digas nada y mejor da las gracias tú también.

Akane observó la escena divertida y dejó salir una tímida risa. Ambos se sonrojaron, no sabían si de vergüenza o por lo hipnotizante que era todo en aquella mujer.

-Bueno, espero que te guste lo que te he preparado. Hace mucho que no le cocino a alguien.

-¡Claro que le gustará! Deja acompañarte a la salida.

Ranko, tras ver cómo se alejaban Ryoga y Akane del lugar, tomó la bandeja de comida y revolvió la sopa miso, algo en ella decía que no debía probarla, un sexto sentido más allá del raciocinio común. Finalmente con desgano y dejando salir un suspiro, no probó bocado y se dio vuelta en el futón tapando su cuerpo por completo. La presencia de aquella mujer le incomodaba, sentía su corazón agitado y le faltaba el aire. Con ganas, apretó su pecho y tratando de discipar la angustia, quedó profundamente dormida.

Abajo en el recibo, Akane disponía a ponerse sus zapatos. Se apoyó en el arrimo y con facilidad se los colocó. Giró su cuerpo y dio una reverencia.

-Espero que haya sido de ayuda y ella se recupere pronto.

-Por…por supuesto que lo fue, muchas gracias por todo – los latidos de Hibiki eran agudos y fuertes, hasta el momento solo Ranko había sido capaz de provocar esos efectos en él. Por cada gesto que la peliazul hacía se sentía extrañamente atraído.

-Bueno, me voy – Akane estaba a segundos de caminar por la puerta principal pero fue detenida por el muchacho.

-¡Es…espera! – Ryoga corrió a su habitación y volvió con una tarjeta entre sus manos – Es nuestra residencia, cualquier cosa que necesite acá está el número de teléfono. Por favor no dude en llamarme…digo llamarnos- El nerviosismo le ganaba, tartamudeaba y era difícil de entender lo que trataba de comunicar. Akane tomó la tarjeta entre sus manos, viendo claramente un extraño dibujo en ella.

-¡Un cerdito!

-¿Ah? – La exclamación de la joven lo sacó de lugar.

-En la tarjeta, un cerdito negro, es muy lindo.

-No ¡No lo tomes en cuenta! Fue idea de mi hermana menor, colocar un cerdo como mascota de la residencia…- Ryoga llevó una de sus manos tras su cabeza, estaba realmente avergonzado.

-No lo olvidaré – Akane corrió hasta el pórtico del lugar, girándose en su eje levantó su mano con ánimo –¡Cuídala, Hibiki-kun!

-Cla…claro que lo haré…

El muchacho quedó mirándola fijamente hasta que desapareció de su vista "Es como si la conociera de antes…por qué tengo este sentimiento de familiaridad…" Ryoga, profundo en sus pensamientos, cerró la puerta de la entrada principal y subió las escaleras dirigiéndose al cuarto de la pelirroja.

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Akane dio una última mirada al domicilio y sonrío. Añoraba aquellos tiempo de juventud, donde estaba rodeada de amigos y la soledad no existía. Desde la muerte de Tofu la vida de la joven no tenía mayor sentido que la rutina diaria y alguna que otra conversación banal con los vecinos, la señora Takeda dueña de la florería, los niños y sus compañeras de trabajo.

Sin embargo, en su interior sentía que aquel sentimiento de soledad la invadía, que se expandía rápidamente por su cuerpo, viajando por sus venas y quedando atrapado en su corazón. Lo extrañaba, extrañaba su amabilidad. Aquellas tardes donde compartían beber un frío té verde en la época de verano, cuando viajaban y dormían bajo la sombra de los cerezos, en invierno refugiarse del frío bajo el antiguo kotatsu…., pero otoño, otoño era la época más especial para ella.

Por cada paso que daba, la señora Ono recordaba con melancolía sus historias pasadas. Sentía que nunca podría olvidarlo. Que la mirada de su marido siempre estaría sobre ella y, Akane, era feliz de vivir bajo los recuerdos y su lamento. Debía seguir viviendo por él, quien lamentablemente partió antes que ella. Eso no estaba planificado, debía haber sido al revés. Era ella quien tenía los segundos de vida contados.

Las primeras luminarias de la calle comenzaron tintinear mientras las gotas de lluvia caían como pequeñas estelas fugaces. La peliazul levantó sus manos al cielo, dejando salir un gran suspiro.

-Querido, este día ha sido muy divertido – En ello detuvo su paso. Algo se había olvidado, algo se le había quedado en el camino - ¡Oh no! ¡La bolsa de compras! – con rapidez, Akane retomó el camino hacia donde había encontrado a la pequeña pelirroja, si no se daba prisa los brotes de soja estarían arruinados.

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El tren avanzaba con velocidad, quedaba poco para llegar a la estación cerca de la residencia Hibiki. No sabía cuántas horas habían pasado, pero a Ranma no le importaba. Primero pasaría a darle la buena noticia a Ryoga sobre el pago y hacer un poco de presencia en casa, antes que lo retara nuevamente. Llevó sus manos a los bolsillos y apretó el sobre que Nabiki le había entregado. Si bien no era suficiente para saldar toda su deuda, con aquella cantidad de dinero tranquilizaría a Mousse y a sus tropas.

Extrañamente el vagón estaba casualmente vacío, por ello aprovechó de sentarse y descansar. Cerrar los ojos no le haría mal. Era necesario. Soltó sus manos y se apoyó con ternura una de ellas en el pequeño libro que lo acompañaba.

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Sintió un fuerte dolor en su puño derecho tras dar un golpe al muro de la habitación. Se sentía histérico y eufórico.

Rabia, rabia con todos, con él sobretodo ¿Cómo no se había dado cuenta antes que algo no andaba bien? ¿Cómo había sido tan torpe de no haberlo pensado antes?

-Hay cosas que los humanos no podemos manejar, el fin de la vida o el inicio de una nueva. Son cosas del destino que está más allá de nuestras manos.

-Debe haber alguna solución, algo que yo pueda hacer…algo que me saque esta maldita culpa…¿Cuánto tiempo queda? ¡Dígamelo vieja momia!

-No lo sé, pueden ser unos años o este preciso momento. Dependerá de cuánto tiempo estuvo ahogándose en el estanque de Jusenkyo. Cuánto tiempo de su vida le arrebató.

-Hay que ir a la montaña Fénix. Ahora. – Apreté mis puños y aceleré el paso. Sentí la miradas de los demás sobre mis hombros y el lamento lejano de un hombre quien lloraba por el nombre de su hija – No dejaré que nada ni nadie me arrebate a Akane, es mi culpa todo esto. Por no ser lo suficiente. No necesito que me acompañen, espérenme acá – les di la espalda y aceleré el paso hacia la puerta principal, pero un desgarrador gritó me detuvo.

-¡Ranma! No eres el único quien está preocupado por ella, deja de actuar tan altaneramente – con pisadas firmes un joven de mi edad me tomó por el cuello de la ropa con violencia, su mirada era intensa, desesperada. Sabía cómo se sentía, era como verme a un espejo – ¡Deja de seguir comportándote como un crío!- de un momento a otro me vi en el piso de la habitación, golpeado y con una grieta en mis labios.

-Ryo…ga…- su nombre salió de mi boca y vi cómo me extendió su mano para levantarme. Ya había pasado antes, esta escena, este sentimiento de desesperación.

-No estás solo en esto Saotome Ranma.

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El estruendoso sonido de su celular lo sacó del sueño, asustado, comenzó a buscarlo para responder. La imagen viva de Ryoga estaba en su mente e instintivamente contestó de manera apresurada, lanzado un grito que retumbó por el tren.

-¡RYOGA!

-¿Por qué me gritas tarado? ¿Esperabas mi llamada?

-Ryoga, Ryoga ¡Tú también estás en mis sueños!

-¿¡Ah!? Oye…no me interesan los hombres ¿vale?

-No entiendes…

-No Ranma el que no entiende eres tú ¿Cuándo pretendes llegar?

-Justo voy en camino

-Apresúrate. Debemos ir a detener a esos malditos, ahora.

-¿Qué ocurrió con Ranko?

-Bueno, hoy…

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Los pasos acelerados golpeaban las pozas de agua que se acumulaban por las calles, una fuerza interior lo empujaba, una determinación que no reconocía como propia. El sudor del azabache se mezclaba entre la intensa lluvia que caía durante esa oscura y solitaria tarde. Como un relámpago atravesó las puertas del lugar…y gritó su nombre

-¡Mousse! ¡Dónde estás maldito!

Pasó ambas manos por su cabello mientras, desesperado, avanzó con paso firme entre la clientela quienes lo observaban desconcertados. Entre ellos una joven de cabellos violetas se acercó a él, con un sensual movimiento de caderas se detuvo frente a Ranma.

-Finalmente apareciste querido Saotome – La mujer llevó sus dedos al mentón del muchacho y lo apretó ligeramente, recibiendo de parte de él solo miradas de odio.

-Déjame pasar – Ranma tomó con fuerza la muñeca de Shampoo quien ante su violenta actitud dejó salir un quejido.

-¡Suéltame idiota! Quién te crees que eres para hacer un escándalo…

-¡Llámalo en este minuto! – sin darse cuenta el azabache aplicaba más fuerza contra la mujer, quién asustada ante su reacción retrocedió.

-Quién…eres….- En los recuerdos de Shampoo, Ranma Saotome era un hombre cobarde, sin valor, una marioneta más dentro del juego del señor Tendo. Pero frente a ella se encontraba un joven decidido, furioso y altanero.

-Ya basta Saotome – Kasumi se entrometió en la discusión posándose delante de Shampoo. Cruzada de brazos y con mirada sombría, la mujer hizo un gesto a su compañera para que se apartara.

-No quiero pelear con ustedes, víboras, mi problema es con Mousse y ese cretino de Tendo.

-Sabes que ellos tienen las mismas intensas ganas de verte Saotome, no sabes cuánto te extrañaban- Ranma solo le dio una sonrisa ladina a la mujer.

-No me gusta pelear contra mujeres, mejor aléjate.

-Vaya, no creía que eras tan considerado– con velocidad Kasumi saca una wakizashi de su pierna, gira a Saotome, lo golpea en una rodilla haciéndolo caer, lo agarra de la trenza y le coloca el arma en el cuello – pero, mejor aprende a respetar a tus mayores…

-Maldita zo…

-¡Kasumi dono! Déjalo – la voz sombría de Mousse retumbó por el lugar – no queremos hacer este tipo de actuación frente a nuestra amada clientela. Por favor, Shampoo, jóvencitas, llévenlos al segundo piso y denles una bebida de cortesía, Kasumi ve con ellas.

-Sí, señor Mousse – Kasumi asintió dando una reverencia, para luego seguir la misión encomendada, sin antes dar una filosa sonrisa al azabache. Sabía lo que se vendría y aunque le hubiera gustado estar presente y ver como lo golpeaban, era mejor hacer caso de las órdenes de su superior.

Ranma se levantó con pesar del suelo. Tras esperar que los clientes desaparecieran Mousse hizo tronar sus dedos y de los costados aparecieron dos hombres, dos gorilas mejor dicho.

-No sabes cuánto he esperado este momento Saotome.

-Nunca dije que me escaparía Mousse, solo vine a decirte dos cosas – Ranma le dio una sonrisa ladina al hombre y posó una de sus manos en el bolsillo. Al hacerlo los guardaespaldas actuaron acercándose rápidamente a él para tomarlo por los brazos – ¡hey! No tengo armas malditos psicópatas, no soy un asesino como ustedes.

-Suéltenlo. Entrégamelo – Mousse trataba de ocultar lo sorprendido que estaba. El tono de voz del muchacho, su postura corporal, la intensidad de sus ojos, no era el mismo. No era el hijo del cobarde de Genma Saotome que conocían. En lo aires tomó con una mano el paquete que el azabache le lanzó.

-Es parte de la deuda de Ranko. Es mejor que no se acerquen. Déjala tranquila.

-¿Qué? Viniste a pagar lo que debe esa cualquiera ¡En vez de preocuparte por ti!

-Límpiate la boca antes de hablar así de ella ¿Cómo eres capaz de hacerle tanto daño a alguien Mousse? Eres un sínico.

-¿Qué? ¿Sínico?

-Así es, crees que no lo sabemos, pero eres un sínico y un cobarde. Tu debías protegerla, debías estar allí para frenar a las bestias que la golpearon ¿No eres su jefe Mousse? ¿Acaso eres tan poco honorable?

-No tienes idea de lo que estás diciendo Saotome. Aunque pagues el triple de la deuda que ella tiene con el señor Tendo, él nunca la dejará…

-Y tú eres lo suficientemente estúpido como para no hacerle frente. En qué momento cambiaste tanto ¿AH?

-No hables como si me conocieras, tú nunca entenderás por lo que tuvimos que pasar. El señor Tendo nos salvó. A todos.

-Mentira, solo te escondes bajo su sombra por que no tienes el valor de hacerle frente, ni a él, ni a estos gorilas, ni a tus sentimientos. Dejá de ser tan ciego.

-Ja, ¿De dónde viene todo ese valor ahora Ranma? ¿Acaso estás listo para morir?

-Todo lo contrario – En un cerrar de ojos, el azabache estaba frente al rostro de Mousse – Hoy quiero vivir más que nunca.

Mousse al notar lo próximo que estaba, dio un giro hacia atrás retrocediendo ante la mirada decidida de Saotome ¿Dónde había aprendido a moverse tan veloz? ¿Desde cuándo era tan ágil? Los guardaespaldas de Mousse saltaron y se interpusieron entre ambos.

-Tranquilos muchachos. Solo vine a entregar el pago. Ya me retiro – Con altanería y demasiado confiado, Ranma se va del lugar. Ante su salida, los gorilas pretendían perseguirle pero fueron frenados por el señor Mousse.

-Déjenlo.

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Ya a las afueras del lugar, las piernas de Ranma flaquearon y su corazón comenzó a latir con fuerza, casi en un desmayo logró sujetarse de la puerta para no caer.

-Pero...qué demonios me ocurrió – el azabache tomó su cabeza con ambos manos y apretó su cien con fuerza- "Ranma, eres un estúpido, te volviste a meter en problemas ¡Debo irme rápido de acá, pero qué cosas le he dicho! Va a matarme" Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar una motocicleta que llegaba rápidamente hasta estacionarse a su lado.

-¡Oye tú! Sabía que te encontraría, vamos por ese idiota de mousse – Ryoga con seguridad, se sacó el casco protector, se lo arrojó a los brazos de su amigo y avanzó sin temor hacia el local.

-No…no es necesario…- Ranma sostuvo el casco con determinación, mirando fijamente el reflejo de las luminarias en él.

-Oye ¿qué te pasa? Estás muy pálido ¿Qué ocurre?

Una risa tenebrosa salió de las espaldas de ambos jóvenes. De un momento a otro, 6 tozudos hombres los acorralaban y dejaban espacio para que el mandamás apareciera entre ellos.

-El buen hijo de mi amigo personal, Genma Saotome, frente a mi ojos ¡Pero qué alegría!- Soun Tendo acariciaba sus largos bigotes mientras daba una sonrisa apacible – te conozco de hace tanto años, mira cuánto has crecido muchacho.

Ryoga retrocedía silenciosamente mientras se apartaban del grupo de matones que tenían al frente, sin embargo Ranma se quedó en el mismo sitio.

-Hola tío Soun, tanto tiempo – Ranma le ofreció una sonrisa pícara al hombre. Ryoga no podía creer la respuesta de su compañero de residencia "Ranma, qué haces ¿te volviste loco?" Las manos de Hibiki comenzaron a sudar al ver como el azabache se acercaba con seguridad a uno de los criminales más buscados del distrito de Osaka.

-Supongo que vienes a entregar algo que me pertenece – Tras cada paso que daba el azabache los 6 hombres se interponían en su camino, sin embargo Soun Tendo no era un cobarde como para esconderse de un simple joven, por lo que también se acercó a él con seguridad.

-Bueno, basta de palabras. Entrégame el dinero

-ah…claro…justo lo tengo...¡ACÁ!¡ – Con furia, el azabache tomó el casco de la motocicleta y lo golpeó contra la cabeza de Soun Tendo, quien cayó estrepitosamente al suelo siendo socorrido por los lentos de sus guardaespaldas.

Ranma dio un salto hacia atrás siendo observado por la mirada anonadada de Ryoga - ¡¿QUÉ ESPERAS?! ¡SUBE! – en ello y sin pensarlo tomó la motocicleta del joven de bandana, agarrándolo del brazo para ambos escapar del lugar.

Al escuchar el estruendo, Mousse y sus hombres abrieron las puertas principales, sin creer la escena que estaba delante de ellos. Del rostro del señor Tendo caía sangre. Tal vez era la primera vez en su vida que lo veía herido de esa forma, provocando en él una ligera sonrisa mientras maldecía a Saotome en su mente por tal arriesgada actitud.

-¿QUÉ MIRAS? ¡Ve! ¡Atrapa a ese desgraciado!- Soun gritó con fuerza al golpear con los puños el suelo. Ante su orden, 3 de sus hombres acompañados por Mousse se subieron a sus motocicletas para perseguir a quienes se habían atrevido a romperle la cara a su gran jefe.

Girando velozmente por las esquinas de algunos callejones de la ciudad, los jóvenes sentían como a sus pies se encontraban dos de los maleantes a punto de atraparlos.

-Demonios, ¡tu motocicleta es demasiado lenta Ryoga!

- ¿Qué quieres que haga?, ¡Es mucho peso para Charlotte!

-¿Qué? ¿Charlotte? ¿Llamas a tu motocicleta Charlotte?

-¡No fue mi idea! Fue la tarada de mi hermana.

-Bueno si el problema es el peso, lo siento amigo – al girar con ímpetu, Ranma tomó del brazo de Ryoga lanzándolo contra unos botes de basura – ¡Paso por ti luego!

-¡Eres un desgraciado! ¡Pobre de ti que le hagas daño a mi Charlotte!- Finalmente Ryoga se escondió entre el basural que lo rodeaba, viendo pasar por delante de él a los hombres que perseguían a su amigo.

No sabía cuánto tiempo seguía escapando de esos gorilas, finalmente pudo deshacerse de uno de ellos, quien chocó fugazmente en un camino en reparación, sin embargo el otro sujeto era realmente pesado. Se movía a su paso y casi era imposible deshacerse de él.

A la joven peliazul la suerte le sonreía, si bien había pasado mucho tiempo desde que desconsideradamente dejó botada sus compras en el suelo de ese frío callejón, no les había ocurrido nada.

-Lo siento por dejarlas olvidadas, pero ya vamos a casa.

Ya eran pasada las 10 de la noche y en una hora más el tren cerraría sus puertas. Debía apresurarse, si bien la lluvia se había detenido el frío se apoderaba de cada rincón con mayor intensidad. Cruzando una de las calles distraída mientras calentaba sus manos soplándolas, notó el sonido de una motocicleta a toda velocidad.

Finalmente el sujeto alcanzó a estar a la altura del azabache quien increíblemente lograba esquivar los golpes que le trataba de dar con un garrote de fierro.

-¡Quédate quieto maldita rata!

-No creas que te será tan fácil atraparme.

Ranma aumentó la velocidad de Charlotte, sin embargo dio cuenta que en el camino había una mujer detenida. Sus miradas se cruzaron y a lo lejos pudo saber quién era. En un suspiro pronunció su nombre "Akane". Giró su mirada para dar con la del enemigo y saltó de la motocicleta. Como si lo hubiera tenido todo calculado, tomó en sus brazos a la peliazul mientras Charlotte golpeaba con fuerza al hombre que lo seguía, chocando contra él y arrojándolo dentro de un local comercial.

Apretándola contra su pecho, Ranma protegía el rostro de la peliazul, mientras un grupo de personas se acercó a brindarles ayuda. En el piso se encontraban las compras esparcidas de la joven, quien con dificultad escuchaba las voces a lo lejos. Se levantó quedando de rodillas y observó que algo, o más bien alguien, la sostenía con fuerza de su mano.

-Me…me alegro que no estés herida…

-Tú…

La mujer sostuvo con ímpetu la mano del hombre que había arriesgado su vida por salvarla y una vez más el tiempo se detuvo entre ellos. El joven sonrío tratando de levantarse del lugar, mientras Akane le brindaba su ayuda. Lo reconoció, era él, el universitario de la estación de trenes.

-Pero…¿Cómo?...

-No tienes idea cuánto quería encontrarte…- en ello un copo de nieve se posó en su mano y viendo al cielo, el azabache sonrió – la primera nevada del año ha comenzado.

Finalmente el ruido de la ambulancia inundó el lugar y la pareja se perdió entre la multitud.

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Al fin pude terminar el capítulo! bastante extenso, pero lo debía. Gracias por su apoyo, palabras y reviews! Quedo atenta a su comentarios y nos vemos en una próxima, espero que sea luego. En el próximo capítulo doy los agradecimientos a cada uno, sin tiempo me voy volando hahaha

Matta ne!

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