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❈Prólogo❈

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En una fría y melancólica noche de otoño, una fina bruma se dejaba ver entre el resplandor de las farolas. La luna, con su único brillo, iluminaba tenuemente las estrechas calles de la ciudad de Jacksonville luego de un largo día de llovizna. Era irónico pensar que una tarde tan perfecta como esa había sido atrozmente destrozada por una repentina lluvia que tomó por desprevenidos a muchos. Finalmente, el cambio del verano hacía el otoño empezaba a notarse, y las hojas de los árboles ya habían empezado a cambiar de color, creando un camino de contextura colorinche y crujiente a la hora que comenzaban a caer al suelo.

King Department era el título oficial del amplio edificio de ocho pisos y treinta y dos habitaciones que usualmente suelen alojarse más universitarios o familias de pocos integrantes. Para la recepción, les era bastante habitual que algunas personas se marchen al cumplir unos cuantos meses, unos tres o cuatro como mucho. Sin embargo, ya estaban acostumbrados a las continuas presencias de unos inquilinos en los pisos cinco y siete, familias que habían estado en el edificio durante años; Una madre con sus dos hijos mellizos que ocupaban el departamento N°20 del piso cinco y una japonesa con su hija que ocupaba el N°27 del piso siete.

Sabían que la jovencita de tan solo catorce años había vivido con la ausencia de su madre desde que era pequeña, pues esta señora, además de ser japonesa, tenía un fabuloso trabajo como diseñadora, y aunque puede que en la ciudad Jacksonville no era tan nombrada, últimamente con sus bonitos, elegantes y originales atuendos, había empezado a ganar fama. Ya era frecuente que ya no se presente demasiado en el departamento de su hija, incluso esta, que a pesar de sentir la melancólica sensación de ausencia de su madre, comprensiblemente, aceptaba que era su trabajo y que lo entendía.

Sin querer profundizar que gracias a ese trabajo, su madre había roto miles de promesas.

Pero aún así...

Llegó a pensar que era compresible que su madre, alguien famosa, tenga tantos atuendos que perfeccionar, así que nunca tuvo algún resentimiento sobre el tema o por lo menos creía que no los tenía, su madre hacía lo que le apasionaba y ella no quería ser el estorbo que se lo impida. Y aunque no tenía el tiempo que deseaba para estar con ella, durante esos años, había estado bien acompañada, tenía cinco personas que le habían hecho su vida un arcoíris, podría decirse que era era la mimada de ese extraño grupo de amigos y no es que le desagradase, pero eran demasiados protectores con ella, prácticamente no le permitían hacer nada sola y siempre estaban al margen de ver con quien hablaba, observando con ojos críticos si eran "Aptos" para hablar con alguien tan angelical como ella.

Y por primera vez...

Cometieron el error de permitir que ese muchacho se acerque.

Era increíble pensar que tras una persona que se mostraba tan carismática, simpática y cariñosa podría haber algo que demostrase todo lo contrario; algo oscuro, algo siniestro, algo sombrío...una persona que era capaz de hacerte sentir cosas que nunca habías creído, esa persona que le demostró que la vida no era tan perfecta como ella creía.

Finalmente, La palabra «Dolor» tendrá que experimentarlo a consta de su voluntad; esa sensación de daño, de sufrimiento, de tormento, le hará pensar muchas cosas de su maravillosa vida...algunas buenas y otras malas.

Eso...aún no lo sabía.

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Ingresando violentamente en el baño de su departamento, su espalda chocó con las baldas de las estanterías de forma abrupta, ocasionando que algunos envases de limpieza, de cosméticos, desodorantes y productos para el pelo, se caigan al suelo trayendo consigo unos estrepitosos sonidos metálicos al impactar contra el suelo.

Si, había ocurrido.

Otra vez...

Había intentado huir.

—¡Agh! Me pregunto... ¿Cuántas veces te lo habré dicho?—Esa profunda voz varonil que escupía desprecio, esos hermosos ojos de hielo que la miraban con frialdad, esa radiante sonrisa que mostraban una aterradora y característica malicia. Sus temerosos ojos verdes no podían apartar su vista de aquel muchacho de cabellos dorados que estaba debajo del umbral de la puerta del baño. Esa sensación del pánico y del miedo no la dejaban pensar con claridad, se había metido en problemas otra vez, el agarre del envase a cilindrado que tenía en su mano izquierda había empezado a aflojarse, no podía creer que en un ataque de pánico se había atrevido golpearlo y aunque solo había sido un reflejo, definitivamente no era una de las mejores acciones que pudo haber cometido. Su cuerpo empezaba a temblar con tan solo imaginarse la consecuencia de su estúpido acto. Ya había intentado disculparse, pero de sus temblorosos labios no salían más que tontos tartamudeos inentendibles, las ganas de llorar no le faltaron, ya de por si, estaba harta de esta situación y no entendía porque precisamente entre todas las chicas que había en la ciudad de Jacksonville, ella había sido la elegida de tener que sufrir de esta manera.—Intenté ser amable pero la verdad tu me la haces difícil...—Sintió un escalofrió recorrer por su espalda al ver como ese individuo echaba su flequillo hacía atrás, despeinándolo ligeramente mientras su maliciosa sonrisa se extendía más sobre sus labios, de cierta forma, de una manera seductora.

Ella abrió su boca para formular alguna palabra pero lo único que pudo procesar en ese momento fue la brusquedad en que había sido empujada hacía atrás, cayendo de trasero contra las baldosas del baño, inmediatamente alzó su vista pero soltó un fuerte quejido cuando sus brazos fueron sujetados con suma fuerza, estampándolas violentamente contra el suelo. Él estaba sobre ella. Entornó sus ojos y miró con ojos asustados el rostro que estaba a milímetros del suyo, ese brillo oscuro en su mirada la había dejado helada del miedo.

—...Siempre rechazas mi amabilidad pero bien que aceptas la de él ¿No? Tch...—Entró en pánico cuando vió que él se acercaba a su cuello y un doloroso escozor empezó invadirla al sentir como unas afiliadas agujas perforaban su piel con rudeza, una mueca de amargura se expandió sobre su rostro al escuchar el desesperante sonido de su sangre ser tragada por ese aterrador ser. Hizo un torpe intento para moverse y resistirse, pero solo se ganó que él apriete más su agarre y que la hiera más. Tragó saliva y las lágrimas no tardaron en picar sus ojos, no importa cuántas veces la mordiera, el dolor era cada vez más insoportable.—Ngh...

Duele...

—J-Joven K-Kou...—Musitó débilmente. Movió su cabeza e hizo un brusco movimiento para soltarse, el muchacho de hebras rubias alejó su boca de la piel de la muchacha y mostró una momentánea expresión de sorpresa antes de volver a sonreír de forma entretenida, ver como las lágrimas caían de sus ojos era un deleite para él, nunca creyó sentirse tan a gusto con el sufrimiento de alguien.—B-Basta...¡Basta! ¡No quiero esto! ¡Déjeme!—Sollozó, cerrando sus ojos con fuerza.

Él se echó a reír.

—Nfufu...veo que aún te resistes, eh. Ya he permitido que uses tus garras gatita, ahora me toca castigarte...—Murmuró ignorando los inútiles lloriqueos de la joven, acercó su mano y deslizando la ropa del hombro derecho de la chica, volvió a acercar su rostro sobre la delicada tez, abrió su boca y mostró esos relucientes colmillos que se habían encajado numerosas veces sobre esa suave piel.—Te morderé cada parte de tu cuerpo para que entiendas que no tienes escapatoria...—Ella inmediatamente soltó un quejido y se mordió el labio inferior cuando volvió a sentir esos filosos colmillos incrustarse sin piedad alguna sobre su piel en diferentes partes de su cuerpo, las lágrimas siguieron deslizándose por los costados de sus ojos, cayendo en pequeñas gotas sobre el suelo, su vista empezaba a volverse más borrosa cada segundo que pasaba, sin saber diferenciar correctamente si era una advertencia de que perdería la conciencia o por las saladas lágrimas que seguían brotando de sus ojos sin parar.

Esto era una pesadilla.

Si esto era el dolor que él tanto mencionaba, entonces prefería quedarse en su mundo de ilusión, creer que toda la felicidad, que las personas son completamente buenas, que siempre habrá bondad, ese mundo que sus amigos siempre quisieron que ella viera; él lado bueno de la vida.

No quería esto...

—Esto es lo poco de lo que te puedo mostrar.—Susurró contra su piel y una delgada línea de sangre se deslizó la comisura de sus labios. Sonrió de forma sombría y pasó su húmeda lengua sobre la marca de sus colmillos que había dejado, haciendo que la muchacha se estremezca y muestre una momentánea mueca de desagrado.—...eres completamente mía, no hay forma de que huyas de mí, eres mi presa y solo debes pensar en mi ¿Entiendes?

Una fantasía.

Una siniestra fantasía.

—L-Lo entiendo.

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Arrebatando mis sentidos, cayendo sin elección por la crueldad de tus colmillos...
Aquel indeterminado significado de ser intimidado, finalmente, lo estoy entendiendo, y estremece mi piel en una nueva experiencia llamada...miedo.
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