X Men Evolution y todo lo referente al universo marvel no me pertenece. No hago este fic con fines de lucro.

Holocausto M

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Me despierto en la noche y ruego estar soñando
No hay dónde esconderse de esta pesadilla que me llama
El miedo en mí, permanece en mí

(A través del Infierno – We are the fallen)

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Capitulo IV. Libres y cautivos

La cabeza le estaba punzando. ¿O era su cerebro? Lo que fuera, parecía que iba a explotar. Teniendo cuidado de no moverse más de lo necesario, levantó la mano derecha y tanteó a su lado; estaba segura de haber escuchado su alarma sonar. "Creo que tuve una pesadilla" se dijo Kitty, mientras intentaba alcanzar su despertador, pero lo único que tocó fue el terroso suelo. De pronto, la sensación de que algo estaba terrible e irreversiblemente mal la invadió, y ella abrió los ojos de golpe solo para encontrarse tumbada en medio de una espesa maleza.

"No es cierto…no puede ser…", pero en el fondo, el entendimiento la alcanzaba, le recordaba la horrible noche que había tenido; lo que había pasado y lo que había perdido.

Quizás por cuarta vez esa noche, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero ella no les permitió salir. No podía darse el lujo de entregarse a la tristeza justo ahora; estaba segura que ninguno de sus amigos lo estaría haciendo en ese momento.

Aún recostada y sin ganas de moverse, observó hacía las ramas de los árboles que la rodeaban, y más al fondo, el cielo nocturno le devolvía la mirada. ¿Cuánto tiempo había estado dormida?... o ¿desmayada?... No importaba realmente, parecía haber pasado una eternidad.

"Pero aún es de noche…"

Mientras calculaba el tiempo en su mente, Kitty escuchó sirenas de autos acercándose y se puso alerta. Quizás era la policía o los bomberos, pero no se sintió segura con la idea de que llegara ninguna de las dos opciones, porque recordaba las veces que ellos habían estado cerca, y sabía que no eran "amigos" de los mutantes. "Ellos nunca han sido de ayuda, y no creo que lo sean ahora. Ya no hay nada que salvar aquí", pensó amargamente Kitty. Así que tendría que irse lo antes posible. A donde iría no importaba justo ahora; lo único que importaba era escapar; ese lugar no era seguro. Distantemente, se preguntó si algún lugar era seguro ahora, pero dejó escapar ese pensamiento mientras escuchaba a los autos detenerse cerca del lugar de la explosión.

Con renovada urgencia, se levantó del suelo, y mientras lo hacía pudo sentir el dolor de heridas y golpes por todo su cuerpo, pero no quiso detenerse a inspeccionar. Por ahora, mientras pudiera correr se daba por "sana". Kitty observó a su alrrededor. Frente a ella, estaba la reja trasera de la mansión a solo unos metros, y más al fondo, lo que antes fuera la mansión y ahora era solo escombros. Un nudo se formó en su garganta, pero solo tuvo que tragar para deshacerse de él.

Los bomberos habían llegado, y detrás de ellos venían varias patrullas "Hora de salir corriendo de aquí", se dijo distantemente.

A la sombra de los árboles y cobijada por la oscuridad de la noche, Kitty se preparó para comenzar su huida. Tendría que pasar muy cerca de donde estaban los autos y tendría que hacerlo lo más silenciosa y rápidamente posible, siempre en el resguardo de la maleza. La adrenalina aceleraba su corazón, y sus piernas se sentían extrañamente pesadas y ligeras a la vez.

Para asegurarse una huida lo suficientemente silenciosa y sin tropiezos, tendría que atravesar todo lo que se cruzara en su camino, pero estaba demasiado cansada para eso. Su cuerpo le rogaba que se volviera a acostar aunque fuera entre los matorrales, pero, afortunadamente su mente aún funcionaba lo bastante bien como para obligarla a auto preservarse.

"Vamos, vamos, puedo hacerlo…solo debo mantener la calma…concéntrate, concéntrate…"

Esperando que todo saliera bien, Kitty entró en fase.

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"Enojo. No. Frustración…no, enojo…", él no sabía que sentía más justo ahora, pero era un hecho que sentía ambas. Y el inevitable miedo a no saber de los demás, ni de lo que su propio futuro deparaba, solo empeoraba la situación.

Scott se preguntaba una y otra vez qué estaba pasando, ¿Dónde estaban Jean y el profesor? ¿Y los chicos? ¿Quiénes eran esos uniformados que aun teniéndolos secuestrados, no se habían descubierto? ¿Temían que los reconocieran? O ¿Tendrían miedo de que alguno tuviera un poder venenoso que usaría si ellos se quitaban sus mascaras de aire? Aunque esa última opción no parecía muy prometedora; ellos deberían saber que eso no era posible.

Con cuidado de no llamar la atención con sus movimientos, Scott levantó un poco sus muñecas para tener una mejor vista de ellas. Estaban encadenadas una a la otra por unos grilletes blancos que casi no le permitían hacer ningún movimiento articular. Pero lo más "interesante" era que, de alguna manera, esa cosa bloqueaba sus poderes. Si se los había quitado o solo los impedía, él no sabía. Lo que si sabía era que por más que se esforzaba no podía expulsar el rayo rojo de sus ojos; ni siquiera sentía la familiar presión de energía incontrolada queriendo salir de ellos. Era muy, muy frustrante.

"¿Qué estas viendo, bruja?"

Scott fue bruscamente sacado de sus pensamientos por una horrible voz varonil, y volteó para ver como Tabitha, que estaba sentada a su lado, apartaba la mirada del hombre frente a ellos, y la frustración dentro de él incrementó. En el tiempo que llevaba de conocerla, ella siempre se había mostrado como una chica rebelde y osada, y verla así, tan dócil, era bastante extraño, incluso incomodo; como si simplemente eso no estuviera bien. Pero no podía hacer nada para ayudarla, ni podía culparla por no hacer nada ella misma; en esos momentos estaban en clara desventaja.

Hacía quizás un par de horas, mientras dormía, esos hombres habían entrado a su habitación y lo habían atacado. Todo había pasado muy rápido; él tuvo que derribarlos a todos con un potente haz de energía que había destruido por completo una de las paredes de su habitación –y gran parte de la misma-, para salir corriendo al pasillo. Y entonces, la voz de Jean gritó en su cabeza.

"¡Scott hay intrusos en el Instituto...Scott!"

Eso fue lo último que supo de ella. Poco después lo habían emboscado de nuevo, y habían logrado ponerle esos grilletes, para luego sacarlo de la mansión y arrojarlo a la parte trasera de una camioneta. Y por más que había forcejeado y peleado, esos sujetos le ganaban en número. Odiaba admitirlo, pero sin sus poderes él simplemente no tenía oportunidad contra ellos.

A su lado, Tabitha se quejó un poco. Ella aún se sostenía fuertemente el brazo, que no había parado de sangrar desde que la había visto ser arrojada dentro de la camioneta un tiempo después que él mismo. Esos malditos le habían disparado, pero afortunadamente la bala entró y salió, así que él había vendado su brazo con un trozo de su propia pijama lo mejor que pudo, y aunque la hemorragia había mitigado mucho, la sangre aún brotaba de la herida.

"¿Estas bien?", la llamó, tratando de que su voz sonara lo más suavemente posible, pero segundos después sintió un poderoso puño estrellarse contra su mejilla, dejándosela totalmente entumida.

"Sin hablar fenómenos", escuchó al que parecía ser el líder de esa fracción de hombres, que estaba sentado justo frente a él. Debió esperarlo, los enmascarados se habían ensañado con ellos; los golpeaban a la más mínima oportunidad –sobre todo a él-, les habían prohibido hablar y apenas le habían permitido vendarle el brazo a su amiga.

Lentamente, Scott se enderezó en su lugar, sintiendo la sangre caliente escurrir de su nariz por segunda vez en esa noche. Su ojo no estaba en mejor estado, lo sentía muy hinchado y caliente, y aunque no había espejos allí, él sabía que estaba completamente morado, resultado del primer ataque a su habitación.

Frustrado. Así se sentía justo ahora.

"¿Qué haría Logan?", se preguntó Scott, como hacía siempre que lidiaba con un oponente muy fuerte y sus habilidades parecían no alcanzarle. Sí, en esos momentos de desesperación, habiendo agotado sus posibilidades y su paciencia, él pensaba en Logan antes incluso que en el Profesor o en Ororo. Porque en circunstancias extremas se requerían medidas extremas –"como ahora"-, y todos sabían que Wolverine era experto en tomar decisiones drásticas. Era como su trabajo o algo así. Entonces, qué haría Logan…

"Bueno, para empezar, él no se hubiera dejado atrapar por un montón de cobardes que entran a un Instituto lleno de adolescentes, de noche y armados hasta los dientes, y que además no son capaces de dar la cara…sí, él no se hubiera dejado atrapar…pero eso no me ayuda…¡rayos!". La desesperación y el enojo comenzaban a hacer estragos con él. Esos malditos le habían hecho algo a Jean y al Profesor, habían golpeado y disparado a Tabitha –que era su amiga y miembro de los X-men y, al ser él su líder, ella era también su responsabilidad- , además claro, de haberlo golpeado a él hasta el cansancio, los habían secuestrado y seguramente a algunos de los otros chicos también…todo era muy molesto.

Pero por ahora, parecía que lo único que podían hacer era esperar que los demás estuvieran libres y que fueran a rescatarlos, como ya había pasado antes. Por ahora, Tabitha y él estaban por su cuenta y tendrían que sobrevivir hasta que sus amigos lograran dar con ellos –a donde sea que los estaban llevando esos hombres- y acabar con toda esta basura.

Confiando en que todo saldría bien al final, Scott cerró los ojos y trató de descansar un poco.

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De no haberse acercado a verificar, Kitty habría estado segura de que esa casa ya la había visto antes. Pero afortunadamente no era así, "Esta es más pequeña, estoy segura", se dijo mientras se recargaba en uno de los muros externos. Había estado caminando por lo que parecían horas -pero seguramente era una a lo mucho-, andando por entre las construcciones para evitar cualquier encuentro inoportuno con alguna de las patrullas que pasaban por las calles principales. Parecía bastante extraño que hubiera tanta actividad policiaca a esas horas de la madrugada, pero como ella no acostumbraba estar despierta a esas horas –ni caminar en pijama y descalza por la ciudad- no estaba segura de que no fuera así a diario, aunque creía que no.

Kitty observó sus pies. Estaban llenos de tierra y una que otra herida apenas cicatrizada, y claro, tenían algo de cansancio y frío –Kitty agradecía que fuera verano y que la noche fuera suficientemente calurosa, porque no creía haber podido despertar sin una neumonía de entre los matorrales cercanos a la mansión si hubiera sido invierno- pero, en su opinión, sus pies estaban bastante bien; la habían sacado sin problemas de los territorios del Instituto. ¡Incluso habían sido lo suficientemente silenciosos como para que nadie la detectara mientras pasaba a solo metros de los bomberos y las patrullas! Así que, en resumen, sus pies eran geniales. "Los amo chicos, recuérdenme comprarles zapatos nuevos", pensó Kitty.

Alzando la vista, recordó que no sabía bien en dónde estaba, ni hacía dónde iba. Todo lo que le había interesado era no ser capturada por la policía, y no se había detenido hasta que el cansancio la había alcanzado. Pero ahora que se paraba a pensar, no tenía un plan. No sabía en dónde estaban los demás chicos –ni siquiera sabía si habían logrado escapar, pero prefería pensar que así era-, ni a dónde acudir a pedir ayuda. Se sentía totalmente perdida.

Dejándose caer sentada en el sucio suelo del callejón, Kitty llevó sus rodillas hacía ella y las abrazó. Podría ponerse a llorar allí mismo mientras su mente se llenaba de recuerdos de su terrible noche; figuras enmascaradas, disparos, gritos, y un pequeño niño dormido en una biblioteca… "¡No!, no debo pensar en eso, no ahora… ¡tengo que encontrar a mis amigos!". Kitty sabía quesi se entregaba ahora a la tristeza, no podría levantarse de ese lugar, así que trató de despejar su mente –extrañamente no le resultó tan difícil; y ella sospechaba que la negación tenía que ver con ello, pero no le dio importancia- para poder pensar lo que haría ahora y, mientras el desfile de imágenes se perdía en la profundidad de su cerebro, aguardando para salir de nuevo cuando ella se sintiera con suficiente fuerza, o perdiera la poca que le quedaba para mantenerlas alejadas, a su mente llegó un nombre, como un pequeño, resplandeciente rayo de esperanza.

"¡Lance!"

Claro, seguramente él podría ayudarla ¿cómo no lo había pensado? No lo había visto en casi una semana –desde que había ido a salvarla en la pelea con Apocalipsis y de vuelta al Instituto donde ella misma le había vendado el brazo y su torso medio, que estaba bastante magullado, aunque afortunadamente sin fracturas- pero habían hablado por teléfono un par de veces, y ella había prometido ir a visitarlo en cuanto las cosas volvieran a la normalidad en la ajetreada mansión, donde ella había hecho de asistente personal de varios de los X-Men heridos. Ella había pensado que, ese mismo día, podría ir a verlo.

"Bueno, aún no es de día y llegaré en pijama y sin avisar, pero no creo que eso le moleste…", Kitty pensó, sintiendo la repentina urgencia de abrazarlo y que él la abrazara.

Se levantó de su lugar en el suelo y salió del callejón para ubicarse mejor. Estaba casi segura de que si seguía caminando derecho y luego a la izquierda, debería llegar sin problemas en quizás media hora, o eso esperaba. También esperaba no toparse con ningún vago borracho a mitad de camino, no estaba de humor para un chistecito más del destino.

Sintiendo que las cosas parecían mejorar un poco, Kitty se puso en marcha hacía la residencia de La Hermandad.

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"Por lo menos podrían decirnos para quien trabajan, no creo que todo esto sea para pedir rescate" - Charles Xavier trataba de sacarle información a alguno de los hombres pero por más que intentaba, ninguno parecía dispuesto a revelar más información de la necesaria y tanto su telepatía como la de Jean –junto con su telekinesia- habían sido bloqueadas por los dispositivos en sus muñecas.

"No necesitas saber nada, solo cállate y permanece sentado", dijo altaneramente el robusto hombre a su lado, provocando las risas de los demás uniformados.

"¡Cállense, deberían tener más respeto con el Profesor!"- dijo Jean, a quien habían sentado directamente frente a Xavier, pero solo logró que otra carcajada general sonara en toda la camioneta. El hombre junto a Xavier la observó largamente; esa chica parecía creer que tenía alguna autoridad o algo así, se portaba demasiado retadora para alguien que estaba en su posición, pero eso quizás se debía a que la habían noqueado y no había presenciado el espectáculo que tuvo lugar en el Instituto horas antes o no estaría tan confiada de hablarles así. "Se supone que esta es una mutante poderosa, pero, no fue difícil atraparla; de hecho fue la primera en caer", pensó el uniformado, pero no dijo nada mientras ella forcejeaba para liberarse - "¡Suéltennos! ¿Qué es lo que quieren? ¿Qué han hecho con nuestros poderes?..."

"Ya cállate"- dijo el hombre -"No vas a lograr nada gritando, y al lugar al que vas, más vale que cooperes o no te irá nada bien roja".

"Y ¿Cuál es ese lugar exactamente?"- habló la profunda, calmada voz del Profesor, esperando poder obtener por fin algo de información. Xavier estaba, en secreto, bastante sorprendido de poder mantener su tono de voz a un nivel suave a pesar de que el miedo lo invadía como nunca antes; no precisamente por él, si no por lo que pudiera estar pasando con sus estudiantes, los cuales eran su absoluta responsabilidad, y su familia. Y, en lo profundo de su mente, él comenzaba a sospechar que había llegado el día en que su temor más grande, su pesadilla, se hiciera realidad.

"Ya lo sabrán" –contestó el mismo hombre, con su terrible y ronca voz. – "Lo sabrán cuando lleguemos allá".

"¡Se equivocan, nuestros amigos vendrán por nosotros y ustedes estarán en graves problemas!"- Jean siempre era persistente, y quizás algo ingenua; este no era precisamente el momento para amenazar a nadie. Mientras observaba la escena, Xavier cruzó sus manos a la altura de su boca, como solía hacer cuando consideraba alguna situación.

"¿Cuáles amigos?, ¿a los que disparamos?" – Otra carcajada se escuchó y Jean se quedó muda por la afirmación de lo que tanto se temía. De pronto ya no se sentía tan valiente. De pronto, la fuerza con la que estaba tratando de zafarse de su agarre se esfumó de ella. "No puede ser…"

El miedo en Xavier se incrementó y esta vez tuvo que esforzarse más en no revelarlo con su lenguaje corporal.

Atrás, en la mansión, había oído disparos mientras los sacaban a él y a una desmayada Jean por la puerta delantera, ya con los grilletes puestos e incapaces de hacer nada por los demás.

¡Disparos!. ¡Contra adolescentes! Esto era imperdonable.

Era obvio que, quien sea que había atacado su Instituto, sabía que ellos estaban apenas recuperándose de la pelea contra Apocalipsis y que eran más vulnerables que nunca. Xavier recordó que, aun cuando casi todos estaban ya en buen estado y podían realizar la mayoría de sus actividades diarias sin problemas, había algunos que tenían secuelas de la batalla; como Ororo, a quien aún le costaba enfocar su visión por periodos prolongados, o Jean, que se agotaba bastante rápido debido al gran esfuerzo psíquico que había hecho al pelear valientemente contra él –poseído por Apocalipsis, claro- y dormía gran parte del día. Incluso él mismo aún se sentía bastante agotado y con frecuentes dolores de cabeza, como el que le estaba dando justo ahora.

Recargando el codo en el brazo de su silla de ruedas, el Profesor se tocó la sien, dando pequeños círculos con sus dedos para tratar de disipar el dolor.

Él esperaba que al menos algunos de sus estudiantes hubieran podido escapar a salvo. Que fueran inteligentes y se escondieran hasta que todo se calmara. Esperaba que ellos no intentaran pelear de manera individual, de manera impulsiva.

Pero, lo que más esperaba, era que Logan pudiera encontrarlos a todos antes de que fuera demasiado tarde –si es que no lo habían atrapado a él también-, después de todo, él era un profesor del Instituto, y estaba seguro de que no abandonaría a sus estudiantes ni a sus amigos, así que podía contar con que él trataría de rescatarlos.

Esperando que las cosas mejoraran, Xavier sonrió suavemente a Jean.

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"No es cierto…", Kitty había caminado más de lo esperado para llegar a la casa de La Hermandad, pero finalmente había llegado, junto con los primeros destellos de la luz del sol. Aunque la visión que tenía frente a ella justo ahora, no era lo que esperaba ver.

Frente a ella, las ruinas de lo que antes era una enorme casa de bonitos acabados, descansaban lúgubres y silenciosas al final del camino de cemento. Estaban rodeadas por cordones de policía, pero no se veían patrullas ni guardias por ningún lado. Casi parecía que llevaba años abandonada, y a nadie le importaba.

¿Qué había pasado? ¿También los atacaron a ellos? ¿Los atraparon?... ¿Alguien había muerto aquí también? Las preguntas llegaban a su mente inevitables como la luz del día, pero Kitty trató de ignorarlas mientras comenzaba a correr hacía la casa. Mientras se acercaba, se percató de que la puerta había sido tumbada, al igual que una gran parte del techo.

"¿Lance?, ¿Hay alguien aquí? ¿Hola?", dijo Kitty desde el marco de la puerta, temerosa de entrar y encontrar una escena como la de la biblioteca del Instituto; ella no lo soportaría. Desde allí podía ver gran parte del lugar; había vidrios rotos en el suelo, muebles volcados, como si hubiera habido una tremenda persecución, sillas rotas y pedazos de pared en el suelo. Todo eso le daba un aire aún más tétrico a la vieja casona, y Kitty sintió que sus piernas le flaqueaban, pero tomando todo el valor que pudo encontrar dentro de ella, entró al vestíbulo.

Estaba a solo unos pasos de las escaleras cuando escuchó un movimiento en el piso de arriba y su corazón dio un vuelco. Casi sin pensar en lo que hacía, subió corriendo lo más rápido que su cansado cuerpo le permitió. Quizás alguien de La Hermandad hubiera logrado escapar, y ella lo encontraría y ambos podrían ayudarse, como se habían ayudado en la batalla contra Apocalipsis, ¿no? Quizás era Lance, o Wanda. Ambos habían demostrado ser bastante fuertes y quizás habían tenido más suerte que los X-men.

Ella deseaba con todas sus fuerzas que Lance estuviera allí para poder correr hacía él y abrazarlo fuertemente, y entonces él la abrazaría de vuelta y ella podría llorar todo lo que no había podido llorar, y le contaría todo lo que había pasado y él le contaría a ella. Kitty se sentiría un poco mejor si él simplemente estaba allí, si viera su familiar, cálido rostro sonreírle. Se sentía tan frágil justo ahora.

"Por favor, por favor, que este vivo, eso sería genial, por favor…que este allí", pensaba Kitty, pero al entrar al cuarto del que los ruidos provenían se quedó petrificada. Los suaves rayos del sol entraban por el hueco en el techo e iluminaban toda la habitación. Y a la persona que estaba de espaldas a ella, ajena a su presencia.

"¿Sapo?"


Hasta aquí por ahora. ¿Esperaban que fuera sapo a quien se encontraría Kitty?

Desde aquí espero que el fic vaya más rápido. ¡Ya vamos en el cuarto capi y aún no aparece Logan, el segundo personaje principal!, pero espero que aparezca muy pronto jaja.

Me gustaría que me hicieran saber si les esta gustando, si es entendible mi manera de narrar o si tienen alguna pregunta o comentario no duden en hacérmelo saber.

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