Siento no haberles subido los dos capítulos antes pero las fiestas y el trabajo no me dejo, pues aquí les dejo el segundo capítulo y por como vamos tendremos epilogo.

Pronunciación: Como vimos en el capítulo anterior, cuando la letra "o" no está acentuada tiene sonido de [a] en ruso. En este caso volvemos a tener la palabra "Eto" y sumamos la palabra "Sokrovishche" que quiere decir tesoro. [Es mi tesoro]

Pronombres posesivos: Igual que en español los pronombres posesivos van de acuerdo al género, ya sea masculino, femenino o neutro. El género de una palabra en ruso se determina por la ultima letra, masculinos son consonantes y femeninos son vocales o el signo blando mientras que el neutro termina en [o] o [e].

Мои: mío y mías se lee [Mai]

Мой: mío –masculino- se lee [Moy]

Моя: mía -femenino- se lee [Maia]

Моё: mío -en neutro- se lee [Maio]

Sokrovishche: Como vemos no está acentuada en las o así que pasan a ser [a] esta palabra tiene otra particularidad la letra "щ" Esta letra es shch y se pronuncia como una [sh] pero alargando alargada, esta [sh] es un tanto afrancesada.

Eta Maio sakravishche

Sonrió de buena gana cuando el avión en el que viajaba aterrizo en el aeropuerto de Moscú, tomo sus maletas buscando con la mirada al ruso. Habían planeado aquella visita, estrictamente vacacional, desde hacía ya un par de meses por lo que estaba sumamente emocionado. A la lejanía alcanzo a distinguir una figura familiar pero no se trataba del ruso sino de Lituania que le esperaba con un carrito para su equipaje.

—Buenos días Toris—Le saludo amablemente cuando llego a su lado, sin haber perdido la sonrisa que adornaba sus labios. Aún tenía la esperanza de poderle verle, quizás solo había mandado al lituano a que le esperara en lo que él acomodaba el coche.

—El señor Rusia no podrá venir, me dijo que le llevara al Museo Estatal de Historia de Rusia. Ahí se encontrara con usted, lamenta no haber podido venir a recibirle— El mexicano le sonrió dándole a entender que no había problema alguno y que dejara de preocuparse tanto por nimiedades.

—Entonces vámonos. Nunca he ido a ese lugar y me gustaría conocerlo— Prácticamente arrastró al europeo hacia la salida.

Viajaron por más las amplias calles de la ciudad hasta llegar al museo que está localizado entre la Plaza Roja y la Plaza Manege, una hermosa construcción de estilo neo-ruso que al mexicano se le figuro muy similar al estilo barroco y al romanticismo. La fachada con sus grandes torres y elegantes diseños estaba pintada de un color terracota que le daba una apariencia, junto con sus techos nevados, a una casita hecha de galleta.

Fue construido entre 1875 y 1881 e inaugurado oficialmente por el Zar Alejandro III. El interior estaba intrincadamente decorado según el nuevo romanticismo ruso por artistas como Víktor Vasnetsov, Henrik Semiradski, e Ivan Aivazovski.

Bajo del coche haciéndose sobra con las manos para poder levantar la vista y ver los detalles de aquella impresionante muestra arquitectónica. Tan entretenido estaba mirando la arquitectura del edificio que no se dio cuenta cuando el ruso había llegado a su lado y le miraba encantado, como un niño que tiene la oportunidad de presumir sus cosas.

—Llegas un poco tarde, da— El báltico que acababa de estacionar el coche levanto la mirada y sus ojos se cruzaron un instante con los del ex soviético y tembló con fuerza negando con la cabeza para darle a entender que no era su culpa que llegaran a esa hora.

—Si hubieras ido por mi habría llegado más temprano. Perdí mucho tiempo buscándote entre la gente del aeropuerto— Contesto sencillamente el mexicano cruzándose de brazos aun molesto por que el eslavo había prometido que tendrían ese mes para ellos solos y nada más y a la primera se enteraba que aún tenía que trabajar.

Iván sonrió con ternura y le beso la mejilla al latino comprendiendo la razón por la que el otro estaba molesto. Mientras tanto el lituano se alejaba prudentemente del para para evitar algún problema, aun no podía entender cómo es que era posible que México estuviera tan campantemente al lado de Rusia y más aún que por lo visto el ruso le obedeciera e incluso se calmara un poco estando a su lado.

—Rusia promete que esta será la última parada, da?—El mexicano murmuro algo entre dientes que el ruso no alcanzo a entender pero que tomo por un sí. Se volvió completamente hacia el menor cuando sintió como este jalaba la caja de cartón que lleva entre sus brazos para poder mirar su contenido.

Dentro de la caja habían varios libros muy antiguos, algunas monedas, armas antiguas rotas o enteras y un medallón muy extraño que le llamo inmediatamente la atención al mexicano, levanto la vista preguntándole con la mirada si podía tomarlo y en cuanto el ruso asintió metió la mano cortándose con el filo de una de las dagas. Una lagrimita de brillante escarlata se formó en la punta de la herida cayendo sobre el medallón.

México soltó un quejido y el ruso al verlo lastimado no tardo en bajar la caja bruscamente y tomar la mano del moreno para ver cómo estaba. Era un corte superficial pero por la irregularidad del filo de la hoja dolía bastante.

—No pasó nada Iván solo es un pequeño corte— Las mejillas del moreno ardieron con fuerza al ver la dedicación con la que el otro le revisaba y aún más cuando se llevó el dedo lastimado a sus labios chupándolo— Vanya.

Rusia le soltó dándole un último lametón en el dedo, le gustaba tanto hacerlo sonrojar así que no perdía la oportunidad de hacerlo. Le miró fijamente a la cara, aquel rostro sonrojado y con los labios entreabierto hicieron que su imaginación volara rápidamente, sino hubiera sido por la interrupción del director del museo le habría tomado de la mano y llevárselo a la habitación más cercana que encontrara donde le haría suyo hasta el amanecer.

—Lo siento señor pero solicitan su presencia, el anticuario quiere preguntarle algo— El mexicano no le entendió nada pero le agradeció con la mirada. Le gustaba que Iván se comportara así con él pero tantos cuidados también le ponían nervioso.

—Vasili podría esperar—Bufó molesto el más alto acomodándose la ropa, el director tembló ligeramente al notar la mirada llena de fastidio que le lanzo su nación. Tocio discretamente tomando la caja que el rubio había dejado en las escaleras y volvió a entrar al museo.

—Asustaste al pobre hombre—Luis le dio un pequeño golpe al entrar al museo percatándose de que aún tenía el colgante en su mano—Es hermoso ¿de donde es?

El ruso le llevó hasta una pequeña habitación en la parte baja del museo correspondiente a la zona de registros, antigüedades y restauraciones. Un frío seco les recibió en cuanto llegaron, las piezas arqueológicas que se resguardaban en aquella zona se conservaban a bajas temperaturas lejos de la presencia de humedad que genera hongos sobre la mayor parte de ellas.

El museo acogía en su interior un amplio catalogo que iba desde reliquias de tribus prehistóricas que ocupaban el territorio de la actual Rusia, hasta obras de arte de valor incalculable adquiridas por miembros de la dinastía Romanov. El número total de piezas en la colección del museo es del orden de millones.

Entre las piezas destacadas esta una barcaza traída de los bancos del río Volga, artefactos de oro de los Escitas, rollos de corteza de abedul grabados en antiguo dialecto de Nóvgorod, manuscritos del siglo VI, cerámicas populares rusas y objetos en madera. La biblioteca cuenta con manuscritos de Chludov Psalter, Misceláneas de Svyatoslav , Evangelio de Mstislav , Evangelio de Yuriev , y el Evangelio de Halych . La colección de monedas del museo por si sola incluye 1.7 millones de piezas, la mayor de Rusia.

—No me gusta que nadie me interrumpa ni mucho menos que vean tu rostro así, México es mío, todos míos— respondió acariciando con la punta de la nariz el cuello del moreno dándole un mordisco en este— Es muy viejo, aunque no recuerdo de donde lo obtuve. Apenas había cambiado mi nombre a Rus de Vladímir-Súzdal.

No tenía muchos recuerdos de lo que había pasado en esos años, enterneció la mirada al ver como el mexicano veía emocionado el colgante, se lo quito de las manos y se lo colgó al cuello ante la mirada de sorpresa del moreno.

—Si a México le gusta se lo puede quedar— Afirmo el ruso, dando un par de protectores de zapatos y unos guantecillos de látex. A ambas naciones les habían hecho pasar por una cámara desinfectante de rayos uv y una mezcla de gases inyectados en una cámara especial y por separado.

—No podría quedármelo fue parte de tu historia y además si lo guardas significa que en algún momento fue importante para ti—Protesto el latino aunque había algo en aquel colgante que le atraía de sobre manera y no sabría definir bien el por qué.

Para Luis había un halo especial que le rodeaba, tan palpable que hasta podía ver como se formaba una especie de neblina acuosa alrededor de él. Sabía que los objetos que habían sido importantes en vida de algunas personas conservaban parte de su esencia y a veces esa energía entraba en conflicto con la del nuevo dueño, de esta forma se formaban los objetos malditos. No podía decir que el colgante tuviera una energía de ese tipo y tampoco la había visto sino hasta que su sangre hizo contacto con aquel.

—Insisto que te lo quedes, da— Sin apartar la mirada de aquellos ojos castaños pasó una de sus enormes manos por los cabellos del latino peinándole con suma ternura—Creo que fue regalo de un rey, sé que lo cuidaras. Además lo más importante, mi mayor tesoro eres tú Luis.

La tierra tembló ligeramente nada más el ruso hubo terminado de decir lo último, a fuera aunque no era época de lluvias calló una tormenta violenta, lo extraño es que el sol aun brillaba entre las nubes dándole una apariencia entristecida al cielo.

La alarma de evacuación sonó por todo el museo y en menos de diez minutos tanto los empleados del museo como los visitantes del mismo estaba en la zona segura del museo. México se animó a salir mojándose bajo la lluvia hasta llegar a la estatua ecuestre del Mariscal Zhúkov, la estatua pareció sonreírle al verlo y en aquella sonrisa noto cierta familiaridad pero no tuvo tiempo suficiente para saber si aquello era producto de su imaginación al igual que las palabras que resonaron en sus oídos.

" ia nashel tebia" Inconscientemente la repitió varias veces sin notar en que momento el ruso había llegado a su lado, hasta que sintió su cálido abrazo sujetándole desde atrás, ni cuando la lluvia había cedido finalmente.

— ¿A quién encontraste? Ven te has mojado y no quiero que te enfermes, ya casi es hora de la comida y necesitas algo calientito—El mexicano levanto una ceja y se echó a reír pegándose más al ruso. Por su mente cochambrosa pasaron varios pensamientos que nada tenían que ver con la comida, no al menos con la convencional—Si pones esa cara el que comerá soy yo.

—No me molestaría comenzar por el postre y encontrar ¿Qué?—Hecho la cabeza hacia atrás y Rusia le beso suavemente en los labios antes de responder estrechándole fuertemente en los brazos. Un olorcito a bosque y a agua le golpeo de forma burda la cara, no era el aroma habitual que tenía el mexicano además aquel aroma se le hacía tan familiar que le ponía nervioso.

Una punzada de celos le golpeo de repente y sin saber por qué, le tomo del rostro sujetando fuertemente su barbilla y le beso en los labios, al separarse los copos de nieve rompieron el fino hilo escarlata que aun unía sus bocas.

En cuanto el ruso termino de atender los pendientes de museo partieron en avión privado, ventajas de ser una nación, hacia un lugar apartado de toda presencia humana esta vez nadie podía interrumpirlos. Iván se llevó al lituano para encargarse de las tareas del hogar pese a que el latino le aseguro que él podía hacerlo perfectamente. Rusia gano sin darle oportunidad para rebatirle con una sola frase.

"México no puede atender la casa porque tiene algo más importante que hacer" ingenuamente Luis, ni siquiera la vio venir, le pregunto qué era lo tan importante que tenía que hacer por lo que no podía atender los deberes de la casa. Rusia le miró con una sonrisa maliciosa pintada en los labios "México estará ocupado gimiendo de bajo de mi"

Después de semejante declaración el latino ni siquiera se atrevía a mirarlo a los ojos, no tanto por la vergüenza sino más bien por no haberla visto venir, para su orgullo era un golpe bajo. Además que le anunciaba que gran parte del mes se la pasaría encerrado en un pequeño cuarto con excelente compañía. En cambio el ruso no podía estar más que feliz, cada vez que miraba a su amante el moreno desviaba la mirada adorablemente sonrojado.

No siempre podía lograr que el mexicano mostrara aquel tipo de faceta, normalmente Luis era más aventado, coqueto y amoroso todo lo contrario a lo que demostraba en estos momentos y ya que la mayoría del tiempo el que terminaba sonrojado era él de ahí la gran victoria.

Cuando aterrizaron después de un largo vuelo cerca de una pequeña cabaña en medio del bosque México fue el primero en bajar dando vueltas sobre su propio eje admiro el lugar. Tan grande y tan solo, hasta donde alcanzaba su vista solo podía ver hilera tras hilera de frondosos árboles difícilmente distinguibles los unos entre los otros. Ahora entendía porque se solían perder los exploradores cuando visitaban aquellas regiones salvajes e inhóspitas.

La cabaña que se alcanzaba a divisar al fondo tenía una forma bastante peculiar igual que la mayoría de los edificios y las casas de Moscú, y suponía que era igual en otras ciudades, todos los techos tenían esa forma puntiaguda bastante lisos. Cuando se lo pregunto al ruso este se limitó a quitarle un copo de nieve de la nariz y lo entendió todo, era muy lógico aquellas tejas lisas y la inclinación del techo evitaban que la nieve se acumulara sobre la casa y que causara problemas.

—Quieres que te lleve a la ribera del río—Le sonrió el ruso acomodándole el gorrito cosaco de pelo blanco sumamente esponjoso y el abrigo de lana gruesa y rizada de color gris oscuro con destellos azulados—Te quedo muy bien pero debes acostumbrarte a llevar las aletas del ushanka abajo, sino se te congelaran las orejas.

—Pero se siente raro y si, vamos de paseo ¿No deberíamos desempacar primero?—El latino volvió el rostro mirando compasivamente al lituano que cargaba trabajosamente las maletas. Se soltó del mayor y fue a ayudarle, entre los tres- Luis término por obligar a Iván a ayudarles- metieron todas las maletas, la mayoría por lógica terminaron en la recamara principal.

Durante todo el camino el pobre lituano no dejo de temblar visiblemente, tras dejar sus cosas en el cuarto correspondiente el mexicano no se pudo negar a salir. Toda la tarde estuvieron paseando por la orilla del río y recolectando moras y zarzamoras silvestres.

—Si recogemos suficientes haremos licor, mermelada y relleno para pan, da— Al latino se le hacía tan raro mirle así recogiendo con tanto cuidado un pequeño fruto entre las zarzas, los había de todo tipo y algunos los reconocía a simple vista otros le eran totalmente extraños.

Cuando salieron de la cabaña Iván le dio una cesta y él se llevó otra, en un principio creyó que era un tanto anticuado pero después de un rato le pareció divertido era como haber hecho un viaje al pasado sin haberse dado cuenta. En la sesta que el mismo llevaba había recolectado setas para una sopa que Toris haría, las setas eran fáciles de distinguir y no representaban gran problema en cambio cuando quiso recolectar kliukva, arándano, los pequeños frutos rojos que tomo les faltaba madurar.

—Nunca pensé verte así—se sentó en cuclillas a su lado comiendo las kliukva que el rubio ya había puesto en la cesta, estaban deliciosas, justo en su punto. Se quejó cuando el rubio le dio un manotazo en la mano.—Ya entendí.

Entre risas y juegos pasaron el resto de la tarde, hubiese hecho el amor incluso ahí mismo si el propio Iván no temiera que el menor se resfriara y arruinase aquel viaje que habían planeado con tanto esmero. Los siguientes días ocurrieron tres incidentes en particular, el primero eran los raros terremotos que parecían seguirles y solo duraban segundos lo segundo y mucho más raro es que en varias ocasiones el latino había salido de la cabaña a media noche y caminado rumbo al río.

El más sorprendido cada vez que el ruso le encontraba a mitad del camino era el propio latino que ni siquiera recordaba cómo es que había llegado a aquel sitio y ni siquiera había sentido como el frio de la noche le laceraba los pies. Solo recordaba una voz, según él demasiado familiar, que le seguía repitiendo "te encontré"

Un día antes de que se marcharan de regreso a Moscú un temblor bastante más fuerte que todos los anteriores sacudió el lugar, Rusia se despertó alarmado primero por una intensa punzada cerca del corazón, después por el terremoto- había habido víctimas- y segundo el latino no estaba durmiendo a su lado. Cuando el sismo pasó Iván busco a su amante pero las huellas terminaban abruptamente a unos diez metros del río.

A la mañana siguiente mientras organizaba la búsqueda del otro escucho como chirriaba la puerta, el lituano había entrado ya varias veces llevándole documentos y pensó que era él pero el olor de la comida en el fuego le dio una pequeña esperanza quizás México había vuelto.

—Yo sé dónde está, Rusia. Este lugar apesta a su aroma y es algo que no he podido olvidar ni por muchos años que hayan pasado—Delante del ruso se encontraba la última persona que habría esperado ver. Mongolia, con los brazos cruzados y la ropa llena de nieve mirándole muy mal en espera a que dijera algo. —¿No te preocupaba el mocoso? Y quiero algo caliente para comer.