Queria darles algo más de navidad pero se me figura que sera un regalo un poquitin atrasado. Aun asi felices fiestas a todos.
Pronunciación:
*Los adjetivos en ruso se distinguen por su genero y numero- femenino, masculino, neutro y plural- cada uno tiene una terminación diferente. La regla para el cambio es muy simple, usando las letras correspondientes a cada género solo se cambia dura por dura y blanda por blanda
Adj masculino: Новый y Красивый
Femenino: Новая y Красивая
Neutro: Новое y Красивое
Plural:Новые y Красивые
Significado: Nuevo y Hermoso o rojo
La antepenúltima letra es un (i) gutural y es dura mientras que la ultima es una (i) blanda por lo que en femenino permanece la misma raíz solo se cambian estas dos letras (a) es dura y (ia) es blanda, así sucesivamente.
Adj masculino: Синий (Siniy) la ultima i es dura
Femenino: Cиняя (Siniia)
Neutro: Синее (Siniee)
Plural: Синие (Sinie)
Significado: Azul
Lo mismo sucede en este caso, como ambas son blandas hay que sustituir por dos blandas acorde con el genero y el numero.
*Los adjetivos se pueden convertir en adverbios conservando la raíz y agregándole una (o) como terminación. No todos los adjetivos se pueden trasforma. как красиво se pronuncia (kak krasiva) y quiere decir "!Qué hermoso¡ o Es hermoso.
*Новая: Sola se pronuncia como (Novaia) pero en este caso la palabra que le sigue comienza con (i) por lo que se pronuncia solamente como (Nova). Los rusos prefieren las consonantes a las vocales por lo que al estar seguidas las dos palabras, además de la terminación similar, se descuenta la última vocal.
*история: Significa Historia y es de género femenino por la terminación (ia) por lo tanto el adjetivo tiene que tener terminación femenina para que se forme la cadena correspondiente. Es decir una cadena en español, por ejemplo, "la casa nueva" todas las palabras son femeninas "El coche nuevo" todas son masculinas. Lo mismo pasa en ruso.
*Соединенные Штаты Америки o C. Ш.A: Es el nombre de Alfred "Estados Unidos de América" el nombre corto y el nombre largo la pronunciación es (Sidinionie Shtati Ameriki) recuerden que la ы es (i) y es gutural tienen que sacarla desde la garganta y suena a una cruza rara entre i y r (S. Sh.A)
*El titulo quiere decir: Una nueva historia.
Новая история (Nova istoriia)
Le sonrió cálidamente mientras apartaba con suma delicadeza uno de los mechones oscuros de su frente. Sus dedos se deslizaron sobre la piel canela en una tierna caricia, con el paso de los días se había vuelto un ritual el pasar varias horas sentando en la silla al lado de su cama contemplándole descansar.
Normalmente sus invitados no tardaban tanto tiempo en despertar, sus cuerpos se adaptaban rápidamente a ese nuevo mundo, y eso comenzó a preocuparle seriamente pero en cuando sopesó la idea de que aquel quien descansaba plácidamente en la cama no era una persona ordinaria sino una nación llego a la conclusión de que todo aquello era perfectamente normal.
Suponía que lentamente tendría que deslindar los lazos que le unían a su casa para pasar a formar parte de la suya. Los sabios habían dicho que con su llegada una nueva porción de tierra fértil se les seria concedida para agrandar el territorio que hasta ahora había ocupado su gente. De ser así entonces una nueva nación nacería para ocupar el lugar de México en la tierra firme.
—Vania tiene razón eres un verdadero tesoro—Se sonrió así mismo acomodándose las túnicas color escarlata. Únicamente la realeza y los más altos funcionarios tenían derecho de usar aquel color.
Cerró los ojos recordando cómo había sido su encuentro y lo mucho que le costó que el mexicano se fuera con él. Un leve zumbido le saco de su ensoñación trayéndole de vuelta a la realidad, volvió el rostro hacia la puerta y se puso de pie para saludar a su rey precedido por el consejo de sabios.
—¿Sigues seguro de tus acciones Sasha?—Pregunto el rey con un tono cantarín. La lengua en Kitezh se distinguía por tener tonos agudos y cuando se escuchaba una conversación parecía un trinar de aves exóticas. Lo mismo sucedía con las facciones de sus habitantes, sumamente estilizadas casi al grado de parecer andróginos.
—Con todo el respeto que se merece, su alteza, pero no es algo de lo que pueda o no estar seguro—Admitió con franqueza Alexandr sin apartar su mirada de los ojos de su señor hasta que noto como su rey asentía compresivo—Vanya lo prometió hace muchos años y una promesa de ese tipo no se rompe. Además…
— ¿Además que?—Su alteza Olek el grande sabia lo importante que eran las promesas en su reino, en especial para su nación. Ellos jamás juraban en vano y cumplían su palabra al pie de la letra de ahí que le entendiera pero no aceptaba aun la elección de Alexandr.
—Si Iván ya no es el de antes, lo he visto con mis propios ojos y no es algo que pueda negar tan fácilmente, entonces me pregunto si debería volver— Levanto una mano señalando la cúpula de agua que les rodeaba. Se suponía que dentro de un par de años regresarían a tomar su lugar en la superficie junto con las otras naciones.
Kitezh era sumamente competitivo, fuerte como ningún otro pero más que nada había desarrollado una parte filosófica y espiritual de si mismo que ninguna de las otras naciones había logrado tener. De ahí que también chocara violentamente con el pensamiento y los deseos de los demás.
Inflexiblemente Sasha había pensado que todo seria tan fácil, con uno de otros pequeños problemas claro esta, aprender una nueva canción pero el tiempo que se paso atrayendo al mexicano se dio cuenta de que seria imposible ¿Habría otra forma aparte de la conquista? Para él, el trato con aquellas naciones extrañas incluyendo a su hermano, era como pensar en pequeños animalillos salvajes que necesitan ser cuidados.
Mongolia miraba sumamente divertido los procederes del ruso, el ambiente esta lleno de un intenso aroma a cigarro y el cenicero en la mesa de la sala de estar parecía haber rebasado su límite hace mucho tiempo. Nadie se había molestado en vaciarlo lo mismo sucedía con los otros ceniceros de la casa.
El asiático estaba sentado frente al ruso, disfrutaba ver su sufrimiento y esa ansiedad que se desbordaba por cada poro de su piel. Cuando Iván iba a sacar un cigarrillo más se los quito y aventó la cajetilla por encima de su hombro antes de volverse a sentar con la misma sonrisita perturbada que tanto le incomodaba al gigante euroasiático.
—Si te la pasas fumano respirare todo ese humo mientras te hablo, anda se buen niño y abre las ventanas si quieres que te cuente la historia— El rubio a regañadientes obedeció, lo que más le importaba era que el latino se encontrara bien y volviera, lógicamente, a él así que no había nada de malo en aguantar un poco más a esa momia.
Abrió todas las ventanas dobles de la sala para que entrara el aire limpio e incluso se tomo la molestia de poner una pastillita de aromatizante. Mientras hacia todo eso Tolstoi bajaba por las escaleras maullando alegremente, seguido de cerca por Kolia que estaba más que encantado con que el otro gato estuviera pasando unas vacaciones con ellos. Normalmente cuando Tolstoi les visitaba su dueño estaba de mejor humor aunque en estos momentos sentía algo de celos porque el ruso lo cargara más que a él.
Iván le había regalado a Luis hacia ya un par de años una pequeña cría de gato siberiano atigrado que el latino llamo Tolstoi. El mínimo maulló al ver al extraño y le guño cuando aquel le levanto bruscamente del suelo e intento meterlo a un saco, Kolia gruño esponjándose haciendo que Iván regresara y le quitara al gato al mongol. El gato siberiano era igual de extraño que su amo y se relajo inmediatamente que lo dejo en el suelo al cuidado de su propio gato.
—Hey me iba a comer eso. Tiene un buen pelaje seguro hará un par de excelentes guantes para el invierno— Se quejo molesto Mongolia mirando fijamente a los dos mininos tratando de asustarlos pero Kolia era el único que parecía prestarle atención porque Tolstoi se revolcaba juguetonamente en la alfombra.
—No te lo vas a comer, es de él y antes te corto las manos— Tolstoi levanto la cabeza haciendo sonar la pequeña plaquita que adornaba su cuello. Kolia en cambio seguía a la defensiva mostrándole los colmillos y erizando su pelo para verse mucho mayor ante el asiático.
—Vaya que si te pego duro el amor. En otro tiempo hubieras abrazado al gato llorando por su vida—Le sonrió mostrándole todos los dientes—Como aquel conejo que solías ir a visitar todas las tardes hasta que termino en el estofado, que buenos tiempos eran.
—Eso no te interesa Mongolia, ahora habla o te sacare a golpes lo que me hayas venido a decir ¿da?— ahora era su turno para sonreír. Los dos mininos se acurrucaron a su lado estando al pendiente de lo que hacia el asiático, al menos hasta que a Tolstoi le pareció más entretenido jugar con la bufanda del ruso y la cola esponjosa de su compañero.
—Tan impaciente como siempre, en eso no te pareces nada a él. Deberías aprenderle unas cuantas cosas cuando le veas— Una sonrisa amarga se dibujo fugazmente en sus labios al recordar la burla de Kitezh. El desagradable sabor a hiel le inundo la boca haciéndole difícil no tener que tragar con fuerza para apartarlo— En especial su truco de escapismo.
El silencio domino la casa como si un manto de aire a presión hubiese sido colocado sobre sus cabezas succionando cualquier palabra o frase que deseara salir de sus labios. Iván no le entendía y temía hacerlo en el fondo por su parte Mongolia había sido herido en lo más profundo su orgullo y no deseaba reproches o mofas.
—Esta historia sucedió hace mucho tiempo, cuando tu madre aun vivía y mi imperio no hacia nada más que crecer— el rubio tuvo un escalofrió al escuchar la seriedad con la que el mongol hablaba, había dejado de lado ese tono enfermizo que solía usar para usar aquel que despertaba los más crudos recuerdos de su infancia— Había terminado por apropiarme de tu pequeña familia cuando espía vino a verme, me conto de una tierra sin igual. Una ciudad magnifica.
Y le contó lo que hasta ese momento Iván creía que se trataba de una simple leyenda y nada más. Georgy II, gran príncipe de Vladimir, había mandado a construir dos ciudades magnificas a lo largo del río Volga, la pequeña y la gran Kitezh. La gran Kitezh se fundo cerca de los ríos Uzola, Sanda y Kerzhenets.
En aquella época Batu Khan era el líder mongólico y se encontraba dando uno paseo en uno de los campos de cebada junto con Mongolia cuando un espía llego a contarles fantásticas historias sobre esas dos ciudades.
Batu Khan ordeno inmediatamente buscarlas para encaminar su ejercito hacia ellas, la primera en caer fue la pequeña Kitezh. Cuando los mongoles, a travez de la tortura de los prisioneros, supieron de un par de caminos secretos hacia la ciudad marcharon durante el día y la noche, al llegar grande fue su sorpresa pues la ciudad no parecía tener ningún tipo de defensa, ni siquiera tenia murallas.
Cuando su ejercito se acercó los habitantes de Kitezh nisiquiera parecían estar asustados por su presencia, como había sucedido en otros poblados a los que había invadido. Como siempre iba a presentar sus demandas ante los lideres del congreso de la ciudad, pese a ser un ejercito invasor no tenia intenciones de realizar gastos innecesarios si podía evitarlos, si la ciudad se rendía ante ellos y les ofrecía vasallaje entonces no habría pelea.
Lanzaron la primera señal pero el pueblo nisiquiera se molesto en ir a resivirles, molesto Batu Khan se lanzo a todo galope hacia la ciudad, al verle Mongolia y los demás miembros de la horda se lanzaron a seguirle. Los primeros en llegar fueron el mismo Batu y Mongolia, cuando ambos estaban por dar un paso hacia el interior de la ciudad varias fuente brotaron de la tierra lanzando sus chorros de agua cristalina hacia el cielo desafiándolos.
El ejercito se replegó, cada vez que intentaban atacar una de esas fuentes les impedía el paso. Los habitantes de la ciudad se reunieron en la plaza principal a orar y el flujo de agua de las fuetes se volvió más intenso. El agua comenzaba a cubrir las calles de la ciudad pero parecía que saldría de esta.
Un joven, alto y bien parecido, de piel morena y cabellos más oscuros que el ébano salió a saludarlos y a despedirse de ellos. Se presento como Kitezh pero le pidió al mongol que lo llamara Alexandr.
—Tú hermano se burlo de mí. Me dijo que ya habían profetizado mi llegada y que solo había lamentado que tú hubiese caído ya en mis manos—Remarco con arrogancia que el único que parecía que le importaba era Iván y no sus hermanas o su madre, para aquel misterioso hombre no había nada más—Cuando le rete a que peleáramos evito hacerlo, diciéndome que en ese lugar no debía de derramar sangre cuando había sido bendecido.
Iván permanecía quieto escuchando atentamente la narración del asiático, poco a poco alguno de sus recuerdos iban aflorando. Ahora recordaba a un joven de apariencia muy similar a la suya que había visto cuando apenas era un niño y era conocido como Nóvgorod.
—Era un desgraciado pero muy poderoso. Pese a lo que me había dicho lance un par de flechas contra su pecho y él las paro en seco antes de que si quiera estuvieran a un par de metros de él— La malicia y el ansia de poder le habían dominado en aquel entonces haciéndole enfurecer aun más. Ninguna otra nación se había revelado como lo hacia en esos momentos Kitezh y eso en el fondo lo excitaba, aquel muchacho no solo le gusto físicamente sino también por su resistencia y el enorme poder que poseía haciendo gala del mismo—Me dijo también que regresaría pues lo habían también profetizado y lo más importante te había prometido volver y ser una familia feliz.
Tolstoi dejó de jugar con la cola de Kolia y se quedo mirando fijamente al ruso algo indeciso, le había escuchado murmurar y gruñir entre dientes el nombre de su amo al que no había visto en varios meses. Los animales son muy sensitivos y el felino sabia que indirectamente estaban hablando de México.
—Lo ultimo que vimos fue la cúpula de la catedral con una enorme cruz en la parte superior hundirse formando enormes ondas— Se cruzo de brazos echando hacia atrás su enorme trenza antes de agregar de mala gana— Muchas veces intente regresar después de eso e incluso esa misma tarde buscamos en el lago algún rastro de esa ciudad pero nada— Miro hacia el techo como si aquello fuese lo más entretenido e interesante del mundo— Recuerdo que me dijo que nunca la encontraría porque solo los puros de corazón y alma pueden encontrar el camino a Kitezh.
Soltó una carcajada que al ruso le pareció molesta al recordar que el camino hacia el lago se llamaba "el camino de Batu" otra ironía de mala gana. Casi hasta el final incluso agrego que cuando eran días calmosos, en especial en verano, aun se podía escuchar el sonido del tañido de las campanas y los cantos de la gente que vive en aquella mística ciudad.
—No logro recordarle muy bien—Admitió de mala gana el ruso acariciando al gato que ronroneaba en su regazo— además aunque existiera no hay prueba de que haya sido él quien se llevara a Meksika.
El mongol frunció el seño y le lanzo lo primero que tenia a la mano, que para suerte de Iván tan solo era un cojín, que le paso zumbando a un lado de la cara. En su mirada se podía notar que no estaba jugando.
—Primero, sé que mucha gente se pierde en tus bosques pero llevas varios meses buscando y no hay rastro alguno—Iba numerando con los dedos cada punto que decía para apoyar su teoría— Dos, desde que ese hombre llego aquí comenzaron los terremotos y uno que otro suceso raro. Tres, deberías ser capaz de sentir que algo no anda bien contigo…
Tenia que admitir que el mongol tenía algo de razón en sus palabras, se llevo una mano al pecho cerrando los ojos. Podía sentir algo nuevo en el aire y una sensación extraña que le llamaba aunque no podía identificar quien era el que le llamaba pero si creía poder encontrar de donde provenía el llamado.
—Cuatro, el mocoso ese por lo que se era asquerosamente buena gente, tenia que serlo para soportarte—Agrego haciendo un ademan de indiferencia con la diestras restándole importancia a la relación del ruso y el mexicano— Lo que lo convertiría en alguien puro de corazón y todas esas boberías.
—Tú lo has sabido siempre ¿no? Y tienes el descaro de venírmelo a decir hasta ahora. Sino fuese porque te necesito vivo te mataría en este mismo instante, así que más vale que cooperes—Murmuro entre dientes apretando con fuerza los brazos del sillón. México era suyo y no le importaba nada más, no dejaría que su hermano o quien quiera que fuera se lo llevara lejos. Apenas y lograba controlar sus ansias de no matar al mongol en ese mismo instante—¿Puedes llevarme a ese lugar?
—He ido varias veces pero nunca encuentro el lugar indicado—Incluso había gravado una marca en uno de los arboles pero ni con eso había podido dar con el lugar exacto donde se hundió la ciudad, la marca había desaparecido.— Algunos dicen que antes de que llegues, si vas por el camino adecuado, podrás ver a un viejo guerrero haciendo la patrulla.
—Levántate, nos vamos en este mismo instante— Dejó a los dos mininos sobre el sillón y jalando al asiático lo saco de su casa aventándole un abrigo, lo necesitaba vivo si quería recuperarlo.
En Kitezh el tiempo trascurría de forma diferente a como lo hacia normalmente en el resto del mundo. México había despertado hacia un par de días y para él no llevaba más de un par de semanas en aquella extraña ciudad aunque realmente hubiese estado meses ahí.
Sasha estaba más que encantado con el joven latino, le gustaban cada uno de sus gestos, la forma en la que se expresaba y como se maravillaba por todo lo que tenia a su al derredor. Ahora entendía como es que Iván había quedado cautivado por semejante criatura y movido por esa ansiedad de tenerlo junto a él reacomodo sus recuerdos para que Luis no recordara Iván.
Le había resultado mucho más fácil de lo que había pensado en un principio, debido a su gran parecido tan solo había tenido que hacer un par de pequeños ajustes en la memoria del moreno para que su amor hacia su hermano se traspasara hacia a él, sabia que estaba mal pero no se arrepentía de nada.
En esos momentos México danzaba al ritmo de flautas de agua sobre la terraza de uno de los palacios de la ciudad. Su cabello había crecido considerablemente desde que había llegado, le llegaba debajo de los hombros y vestía como cualquier miembro de la nobleza, una especie de túnica larga que rozaba sus muslos de un color rojo escarlata borda con laboriosos diseños en hilo de oro. La túnica de dos piezas se abría ligeramente a los costados dejando ver hasta la mitad del muslo y uno de sus lados era ligeramente más largo que el otro dándole un corte diagonal. Un hermoso prendedor similar al que tenia Iván se abrochaba en el hombro.
El latino danzaba dando vueltas y animando al resto de los presentes a que le acompañaran, de vez en cuando se detenía para dirigirle una mirada cargada de sentimientos a Sasha que no hacia más que mirarlo complacido. Cuando Luis se detuvo los cascabeles de plata en sus tobillos sonaron repiqueteando encantadoramente, la gente de Kitezh no usaba zapatos sino una especie de tela que le cubría la planta de los pies y parte del empeine dejando el talón y la punta del pie al descubierto
—Ven, vamos a bailar—Le tendió una mano al moreno invitándole acompañarle, pequeñas gotitas de sudor caían por su frente y los mechones de cabello obscuro cual ónix se adherían constantemente. Tenía las mejillas sonrojadas y los labios entreabiertos en una leve sonrisa y Alexandr lo deseo más que nunca, es noche le propondría hacerlo— Anda, no seas malo. No es correcto que me dejes esperando.
—Me es imposible reaccionar adecuadamente cuando tú estas presente, eres tan hermoso. La cosa más bella que haya tenido el privilegio de admirar— El latino se sonrojo aun más si era posible y ladeo la cabeza haciendo que sus aretes se balancearan contra su rostro. Kitezh rio contento con el resultado y se levanto a bailar con él.
Cuando la noche cayó sobre ellos ambas naciones miraba el horizonte desde la ventana de su habitación en palacio. México se sentía extraño como si algo le llamara y no supiera reconocer de donde provenía aquella voz tan familiar cuando se lo conto a Alexandr aquel se turbo. Sabia perfectamente quien lo llamaba y lo cerca que estaba pero aun no podía actuar, ni siquiera sabia si es que llegarían a dar con él.
Al día siguiente se despertó con una sonrisa en los labios acariciándole de manera juguetona el hombro desnudo de su amante, se le veía agotado por lo de la noche anterior y sino fuera porque sabia que su juicio se había enturbiado hacia días casi podría jurar que Luis lucían aun más atrayente después de hacer el amor.
Un guardia toco la puerta esperando a que le dieran permiso de entrar, cuando lo hizo le tendió un sobre lacado envuelto en un moño de color amarillo. Kitezh no necesitaba abrirlo para saber que es lo que contenía, su hermano estaba en las puertas de la ciudad. Lo que si le sorprendió, después de leerlo, era que Mongolia le estuviera acompañando. Si quería hacer algo debía de hacerlo ya.
Se vistió con sus mejores ropajes, un cinto de cuero negro adornaba su cintura, en el llevaba la funda de una espada cuyo mango estaba adornado con gemas preciosas. El brillo y el filo de aquella espada. Esta vez llevaba botas y una armadura, aunque puramente ornamental, con el paso de los años había desarrollado otras formas de combate.
Rusia y Mongolia miraban a las aguas desde la orilla, intercambiaron miradas suspicaces cuando llego el alba. Ninguno de los dos se atrevía a hacer ningún comentario. Sabían que ese era el lugar pero temían que se fueran a equivocar, cada uno por motivos distintos claro esta.
De repente un temblor azoto la región y el sonido del repiqueteo de una campana se escucho por todo el lugar. Las aguas sedieron su lugar dejando ver una pequeña vereda que llevaba a una ciudad en el fondo por el camino con un andar despreocupado venia caminando Kitezh y al llegar a la orilla les sonrió.
Al verlo cara a cara Rusia no pudo más que sorprenderse con el increíble parecido entre ambos y se estremeció. Aunque Alexandr se veía unos años mayor que él era su copia al carbón. Los espacios vacíos que aun quedaban en su memoria se llenaron de golpe, ahora lo recordaba todo y sabía como hacerle frente.
—Buenos días Vania, por lo visto has hecho malas amistades—El tono de su voz era potente, seguro de si mismo. Cada cosa en él, desde su porte hasta el tono de voz reflejaban su gran poderío— Mongolia, mucho tiempo sin verte. Supongo que extrañare esos días.
—Y yo que pensaba que te masturbabas pensando en mi—Contesto con cinismo el mongol, en sus ojos volvía a brillar el deseo por Kitezh. Todas las fibras de su cuerpo vibraban emocionadas ante la idea de herirle y sentir su sangre empañando sus manos mientras le tomaba. Por su parte Alexandr le miro fastidiado, aquel hombre siempre había sido y seguiría siendo un vulgar por lo visto.
—Alexandr quiero que me lo devuelvas, él es mio. No tenías ningún derecho a llevártelo. Sino me lo das tendré que castigarte, da—Los ojos del ruso brillaron con violencia se notaba que apenas y podía controlarse para no saltar sobre su hermano y molerlo a golpes
—Una promesa jamás se rompe. Cuando el imperio salga a flote será la hora del juicio, tú más grande tesoro es mío hermano.— El moreno le sonrió al ver la cara de asombro de Rusia. Hacia mucho tiempo que nadie le retaba de esa forma, apretó los dientes con fuerza y avanzo hasta donde se encontraba el otro.
—Te he dicho que me lo devuelvas. No me importa de que juicio estés hablando pero sé que cuando hice esa promesa no pensaba en darte a mi familia—Que eran en aquel entonces su más grande tesoro— Luis es la persona que amo y peleare por él.
Metió la mano dentro del abrigo de donde saco su querida tubería, no parecía que Sasha tuviera mucho con que defenderse aparte de esa espada que llevaba pero si Mongolia no mentía su hermano poseía otro tipo de armas con las que había que tener cuidado. Para sorpresa del ruso Sasha le sonrió con compasión.
—Dices que lo amas pero ¿y si él no te amara? O ¿si ya no estuviera aquí? ¿que es lo que harías en esos casos Vania?—El rubio palideció de golpe, el Sasha que él recordaba no le haría daño a Luis pero había cambiado y ya no estaba tan seguro. En cuanto a su amor, Iván conocía de sobra la intensidad del amor de México y confiaba en él—El amor cambia pero te lo he dicho antes su juicio por causar la destrucción de la tierra ha llegado y con él su castigo ¿Qué mejor castigo que su muerte?
Alexandr disfrutaba retándolo. Movió ligeramente la mano derecha y la tierra volvió cimbrase bajo sus pies tirando al ruso. Mongolia en cambio permanecía apartado a la espera de entretenerse con la batalla de esos dos y sacar provecho cuando ambos estuvieran cansados, heridos o muertos. La antigua ciudad de Kitezh emergía y era mucho más grande e impresionante que de antaño.
—Si le tocaste un solo cabello— No pudo decir nada más, la furia termino por cegarlo y se lanzo al ataque. Al fondo sonaban una música demencial de tambores y flautas de agua anunciando la llegada del juicio final.
—Le he tocado mucho más que un solo cabello—Se lanzo al ataque sacando su espada, no podía usar toda su fuerza puesto que tenia que estar concentrado en sacar a su amado pueblo del agua pero aun así confiaba tener la fuerza suficiente como para someter a su hermano.
Iván al verse atacado solo atino a interponer su tubería entre los dos para impedir el ataque directo de Alexandr. Aprovecho la postura de su hermano para contratacar dándole una patada en la espinilla que hizo dar un salto hacia atrás al moreno.
—No lo haces tan mal Vania— Sonrió el moreno después de un rato de haber estado peleando. No había usado sus habilidades especiales pues aquello habría sido deshonesto en especial si se suponía que estaba peleando por el amor del latino por lo que el ruso había logrado acertarle varios golpes.— En verdad me sorprende que puedas moverte si quiera.— Escupió un poco de sangre.
El aire se sentía extraño, tanto Rusia como Mongolia lo podían apreciar, era algo pesado y molesto que dificultaba los movimientos. Y no era solo aquel aire viciado lo que tenia preocupado a Iván sino también que su hermano no hubiese hecho gala de ninguna de aquellas habilidades que el mongol le había comentado.
Por si fuera poco entre más tiempo trascurría la ciudad submarina se levantaba de entre las aguas. Si sus conjeturas eran cierta y por lo que le había dicho Sasha dejaba la tranquilidad de las aguas para luchar entonces era mejor detenerlo cuanto antes ya tenia suficiente competencia con el idiota de C. Ш.A como para que su hermano se uniera al juego.
—Tú tampoco lo haces mal para ser alguien que odiaba pelear. Iván se esta divirtiendo mucho, da—A diferencia de su hermano Iván pensaba poner todo lo que tenia en esa lucha, usar cada recurso con tal de ser el ganador.
Hasta el momento los dos habían estado muy parejos pero el ruso solamente había utilizado su tubería y su propia fuerza como arma, aun le quedaban las armas de fuego que traía en el abrigo.
El sonido de un trueno cimbro cada partícula del campo de batalla, una pequeña y casi imperceptible voluta de humo que salía de un cañón de metal aun caliente por el disparo se elevaba por el aire. Iván sostenía una pistola en la diestra, su mirada lucia bastante tranquila.
Alexandr bajo una mano hacia su abdomen, lo palpo y noto que estaba húmedo, cuando levanto su mano sus dedos y la palma estaban llenas de sangre sin embargo no sintió dolor hasta unos segundos después del impacto. En su rostro se pintaba una expresión de completo asombro y Rusia no supo identificar si era porque no se había esperado que le atacara de esa forma o porque algo había salido mal.
Iván no tuvo tiempo de seguir profundizando en el tema al escuchar un grito de terror con una voz demasiado familiar para ignorarla. Levanto la cabeza y lo vio, México venia corriendo tan rápido como sus piernas le permitían pero no le miraba a él sino a su hermano.
Las ropas que llevaba el latino hacían resaltar el bronceado de su piel contra el rojo sangre de las telas. Su vestimenta era muy similar a la de la otra noche, solamente que en esta ocasión la segunda pieza de la túnica, aunque más abierta, le llegaba hasta las rodillas y en la cintura llevaba puesto un especie de fajín color añil ricamente engarzado con piedras preciosas.
— Kak krasiva—Fue lo único que pudo pronunciar Rusia sin apartar los ojos de su amante. Dio un paso al frente teniendo la intención de abrazarle pero México se paro en seco donde estaba Sasha abrazándolo sobreprotectoramente.
La sonora risa de Mongolia resonó por todo el lugar al ver la cara de decepción que había puesto Iván cuando su «novio» había preferido a su hermano que a él. Era más de lo que pudiera pedir, en un principio si le había ayudado era para tener una nueva oportunidad de ver a Alexandr pero ahora con todo eso lo consideraba un bono extra por un acto de caridad.
Iván se quedo mirando, dolido al latino, buscándole con la mirada y cuando sus ojos se encontraron lo único que pudo ver en aquellos orbes color chocolate era odio, un intenso odio que iba dirigido hacia él. Rusia estaba acostumbrado a ese tipo de miradas y si hubiese sido cualquier otro no le habría dado la menor importancia, ya se había sensibilizado del mundo, pero no sucedía así con la persona que amaba. No era lo mismo y hasta se le hacia una farsa el si quiera estuviera pasando, México no solamente lo miraba diferente sino que el odio que se reflejaba en sus ojos era tan intenso que prácticamente parecían dos extraños mirándose por primera vez.
—Luis—Le llamo por su nombre con el tono de voz de un naufrago perdido que implora a Dios por su salvación, su cuerpo estaba completamente tenso y no sabia como responder en ese momento, la escena le resultaba tan bizarra que ni siquiera la habría contemplado en sus sueños más fantasiosos.
México levanto la cabeza, sin soltar a Kitezh aunque parecía que este se quejaba, y el odio que brillaba en sus ojos redoblo su intensidad— Aléjate moustro. Has hecho suficiente daño a la persona que amo—Bajo la mirada hacia el moreno que sostenía en brazos, con ayuda de los sacerdotes había preparado un remedio que mitigaría su dolor en cuanto aquellos sintieron que algo iba mal con su nación. Esa declaración de amor le rompió el corazón.
—¿Cuál era la segunda opción?—Mongolia se había parado al lado de Rusia mirándolo con esa sonrisa burlona, aunque esta vez para variar debía admitir que no solo tenia curiosidad sino también estaba molesto— Ya lo recordé, que ya no te amara. Me pregunto si Kitezh lo hace tan bien que tu querido tercermundista se le olvido hasta tú nombre.
—Calla— Los ojos de Iván lucían ausentes y un temblor le recorrió desde la espalda baja hasta los hombros, quería llorar pero las lagrimas parecía que se habían congelado antes de llegar a sus ojos, tenia la garganta reseca y un dolor punzante en todo el cuerpo.
—No sé que les ve ni que pueda ven en él—Pero si tanto parecía interesarle a muchas naciones el mocoso tenia que tener algo especial y eso era aun más irritante.
Mientras aquellos dos hablaban México intentaba parar la hemorragia del cuerpo de Alexandr, la bala afortunadamente había atravesado limpiamente el cuerpo del moreno y por lo visto no había tocado ningún órgano. Le coloco la pasta verdosa que le habían dado los sacerdotes y le sonrió con ternura a su amante mientras le dedicaba palabras de aliento.
Kitezh no apartaba la vista de su hermano, podía notar con toda claridad el sufrimiento en sus facciones se lo tenia bien merecido pero una bestia herida y colérica es sumamente peligrosa por lo que no bajaba la guardia, no quería que hiriera al latino por lo que esta vez incluso había levantado un campo de protección a su alderredor.
Iván levanto el arma de forma ausente, en sus facciones no se podía leer emoción alguna, estaba tan lívido como una hermosa muñeca de hielo y la escarcha que crecía en sus ojos no hacia más que dificultar la visión de la profundidad de las heridas en aquellas amatistas rotas. En cuanto lo vio Luis se interpuso entre ambos mirando al rubio retadoramente a los ojos, estaba dispuesto a recibir el disparo si es que el otro disparaba en contra de Sasha.
—Quítate—La voz de Rusia carecía de inflexiones y sonaba tan extraña que era difícil que alguien la pudiera tomar por humana. México negó y sus ojos brillaron con aquel toque espectral que tanto le había emocionado tiempo atrás pero ahora solo le producía desazón. El color y la forma en la que habían cambiado sus ojos solo se podía comparar con el chocolate que al fundirse se derramado sobre el suficiente sangre para teñirlo de rojo.
Un disparo seco y luego la oscuridad….
