Pronunciación: El titulo en este caso es muy simple y quiere decir "yo te amo"

Поцелуй меня: Quiere decir más o menos general "Bésame" y se lee [Potzeluy menia]

"Ia liubliu tebia"

Una enorme parvada de pájaros salió volando de entre los arboles al momento de escuchar el disparo. Pequeñas gotas de sangre escurrían por la mejilla del latino estrellándose en sus pies descalzos o bajando provocativamente por su cuello hasta perderse entre los pliegues de su ropa.

Mongolia había empujado a Iván, no es que le preocupara el bienestar del latino, lo que realmente le interesaba era que él podía ser la única persona que mataría a Sasha. El disparo seguramente los habría matado a ambos, había notado el cansancio en los ojos de Kitezh y como el aire alrededor de la parejita parecía vibrar extrañamente, eso únicamente podía significar una cosa, Alexandr estaba vulnerable y lo confirmo al verlo respirar agitado apenas y consiente mantenerse medianamente consiente.

Rusia dio un paso adelante, cuando volvió a ponerse de pie, no existía en esos momentos nadie más que México y él. La punzada en su corazón le había recordado cuan doloroso era estar vivo, ya no dejaría que nadie le arrebatara lo que era suyo. Ni si quiera el latino, había tenido que dejar ir a los demás pero esta vez prefería verlo muerto antes de dejarlo marchar.

Las facciones en el rostro del exsoviético se tornaron agresivas, casi demente. En un ultimo intento le tendió la diestra, mirándole a los ojos no en forma de suplica sino como una orden o tomaba su mano o se atenía a las consecuencias. México le dio un manotazo apartándola y redoblando el odio en su mirada.

Rusia aprovecho el movimiento del latino para sujetarle de la muñeca y en un rápido movimiento jalarlo hacia él. Girando la muñeca le golpeo de lleno, con el puño cerrado, en el abdomen pero para su sorpresa el mexicano no se desplomo en sus brazos como hubiese deseado. Una pequeña chispa de curiosidad y deseo nació en él al verle enderezarse y lanzarse al ataque.

El joven mexicano ataco, entre las dos naciones hubo un intercambio de fuertes golpes que alcanzaban a esquivar o a cubrirse como pudieran, el latino le lanzo una pata a las costillas del rubio que le hizo sacar el aire del impacto. Una fuerte sensación de escozor le recorrió el costado a Iván pero aun así sonreía. El mexicano por su parte aunque se veía tranquilo se le notaba mucho más tenso que al ruso. Cada uno de sus músculos estaban tensados dispuestos a darlo todo en un solo golpe.

Luis sabía que llevaba una enorme desventaja de entrada por el tamaño de su oponente como por el estado físico del mismo. Además que el ruso parecía estarlo tomando todo a juego ¿Qué acaso no le dolían sus golpes? Podía notar como se comenzaba a formar una mancha rojizo violeta sobre la mandíbula eso quería decir que sus golpes no eran suaves ¿entonces porque?

—No me molesta— La voz carente de inflexiones del ruso se dejo oír haciendo eco en aquel extraño silencio que había formado entre los dos. Parecía que le estaba leyendo el pensamiento por sus palabras—No me molesta que mi gatito me arañe de vez en cuando. Lo que si me molesta es que él prefiera a otros. — La sonrisa infantil del rubio se hizo presente desentonando terriblemente tanto con sus palabras como por la seriedad con las que la había pronunciado, aquellas palabras le sacaron un escalofrió al latino— Si mato a todos los demás él tendrá que volver conmigo porque no queda nadie más, da.

México miro sobre su hombro en dirección hacia Kitezh, y el estremecimiento se hizo mayor, no dejaría que aquel troglodita le tocara uno solo de sus cabellos. Contrataca con un par de golpes en el pecho y en el abdomen bajo pero el ruso es más rápido y le sujeta de la muñeca zangoloteándolo en el aire como si fuera una muñeca de trapo.

Le estrello contra el suelo llevando el brazo del moreno hacia atrás, doblándolo dolorosamente sin soltarle la muñeca. México podía asegurar que había escuchado el tronar de sus huesos si no hacia algo pronto, levanto la pierna pateándole los costados para ver si lograba distraerle lo suficiente para que lo soltara pero el peso del ruso sobre su caja torácica le dificultaba respirar.

— ¿Te rindes jaguarcito?— La voz calidad y ronronearte del ruso choco contra la nuca del latino erizándole por completo toda la piel. Luis no pudo evitar que su cuerpo se estremeciera, y no precisamente de dolor, como si recordase algo que no podía pero que estaba ahí.

—Jamás. No dejare que le hagas daño— Haciendo un gran esfuerzo logro asestarle un fuerte golpe en el coxis que le hizo perder el equilibrio. Luis aprovecho este descuido para rodar lejos del alcance del rubio. Una vez lejos medio se incorporo respirando dificultosamente y apoyando su mano sobre su pecho.

Rusia, aun sentado con las rodillas ligeramente flexionadas, seguía mirándole con ese aire juguetón que le ponía los vellos de punta y le secaba la garganta al mismo tiempo, eran reacciones tan contrarias que no entendía como podía sentir odio y algo semejante al deseo carnal por la persona que esta dispuesto a matar a su amor.

—Deberías saber cuando rendirte. No puedes ganar, da—Ahora fue él quien arremetió en contra del latino, mirándole siempre directamente a los ojos. Le golpeo con fuerza con una patada que lo mando a volar. El latino cayó como un saco de patatas sujetándose el vientre con fuerza por el dolor— ¿Vez?

Por su parte Kitezh miraba horrorizado la escena sabia que era en gran parte su culpa todo lo que estaba pasando pero jamás creyó que llegaría a tal punto de no poder reconocer a su hermano por mucho que en voz alta dijera lo contrario. Por el otro lado tenia el problema de Mongolia que no había cesado de atacar la frágil barrera que había levantado en su contra, pero incluso aquel parecía haber aminorado sus intentos al darse cuenta de que el imperio no le estaba mirando.

—Detente Vanya— Grito con todas sus fuerzas tratando de hacerse oír pese a sus pocas fuerzas, se enderezo y dio un par de pasos hacia el frente, tambaleantemente, en dirección al ruso que dejo de mirar al latino para concentrarse en él— Basta. Tu problema es conmigo yo fui quien te lo arrebato ¿no?

El ruso entorno la mirada al escucharle decir lo último. De la misma forma en la que un toro se excita al ver la capa del torero mecerse frente a sus narices de la misma forma la ira lo corrompió aun más. Con pasos seguros camino lentamente hacia su hermano, la sed de sangre se leía en sus ojos al pasar junto al latino la mano de este le sujeto de la tela del pantalón.

—No lo toques, aun no hemos terminado— En el tono de su voz se podía leer el dolor que sentía al hablar, el dolor del impacto de la patada ya había pasado pero el golpe de su costado le hacia difícil respirar. Rusia aparto la pierna y siguió adelante.

Kitezh le vio venir y le ataco con su poder psíquico haciéndolo retroceder varios pasos lejos del latino que volvía a intentar levantarse con una mano sujetándose un costado y respirando dificultosamente. Rusia se lanzo al ataque, si bien las barreras y los poderes de su hermano eran fuertes estaba muy débil para resistirlo cuando le tacleo y comenzó a golpearlo repetidamente en la cara descargando todo su dolor.

Hubiese seguido por el mismo camino de no se por la siseante y peligrosa voz del mongol, no le había escuchado hablar así desde hacia ya tantos años que se detuvo en seco volviendo la mirada hacia el lugar donde provenía la voz. Si México no había ido a ayudar a Sasha era únicamente por que el mongol lo tenia fuertemente apresado y comenzaba a asfixiarlo.

—Suéltalo y te doy al mocoso ¿eso es lo que quieres no?— El brillo en su mirada, tan peligroso y profundo le advertía a Rusia que de no aceptarlo entonces Mongolia no tendría reparo alguno en matar a Luis. Obedientemente dejo al maltrecho de Sasha y acacho al latino, que se debatía entre la conciencia y la inconciencia

Rusia tomo al latino cargándolo en brazos, su mirada cambio radicalmente a una de devoción cuando le miro y se inclino para besarle la frente. A sus espaldas sintió un remanente del que seguramente era un golpe psíquico de parte de su hermano pero demasiado débil para tirarlo más aun ahora que llevaba a su más grande tesoro en brazos.

Ya no le importa lo que pudiera pasarles a los otros dos o que era lo que estaban haciendo. Los gritos de ambos eran ecos vacíos de sus pasos y de los suspiros que el latino soltaba de vez en cuando como si intentara volver en si. Camino hacia donde estaba el helicóptero, lo llevaría cuanto antes a casa y le declararía la guerra formalmente a México ya nada podría soparlos una vez que la joven nación entendiera cual era su lugar.

Le dejó con cuidado sobre uno de los asientos del helicóptero y estaba por subir cuando el latino volvió en si soltando un quejido lastimero. Sus ojos estaban empañados en lágrimas y le miraba de forma fija y lastimera. Seguían sin ser sus ojos y eso le dolió.

—Por favor, por favor no dejes que le pase nada— Mongolia se había vanagloriado con lo que supuestamente le haría a Kitezh y había alegado la hermosa relación que había entre Sasha y Vanya todo por su culpa. De ahí que Luis fuese capaz de suplicarle al ruso, aunque siguiera sin recordarle—Te daré lo que quieres si le ayudas.

—¿Y que es lo que quiero según tú?— Había ciertas notas de arrogancia en su voz pero sobre todo celos al ver hasta donde podía llegar por su hermano. Le acaricio la mejilla suavemente y el latino levanto la cabeza dócilmente cuando esta bajo un poco más antes de volver a subir y sujetarle el mentón con fuerza.

—Quieres que vaya contigo— la respuesta fue sumamente escueta. México había visto el amor en sus ojos, tenia que ser ciego para no verlo, junto con los demás sentimientos que se desbordaban a caudales de aquella misteriosas orbes violetas.

—No, lo que quiero es que te quedes conmigo para siempre— Agacho la cabeza tomando sus labios, reclamando posesivamente lo que era suyo y de nadie más. Antes de que sus labios se juntaran negó mentalmente sus palabras. Eso no era lo que deseaba, lo que realmente quería era que todo volviese a la normalidad, quería que lo amara no obligarle a amarlo.

México le correspondió al beso, por un instante Iván dudo que lo hiciera porque realmente deseaba hacerlo sino que solo buscaba complacerlo para que le ayudara. Por lo visto aunque su mente no lo recordara su cuerpo seguía reaccionando antes sus caricias. Un fuerte grito proveniente de la garganta mongola rompió el beso.

El color que teñía las mejillas del latino se torno en una lividez mortal, había creído que era demasiado tarde para Sasha cuando al levantar la vista el portentoso imperio venia caminando lastimeramente dejando tras de si un visible rastro de sangre. El mexicano no se movió, no por que no quisiera sino por que el ruso le sujetaba fermenté.

Kitezh sigo avanzando, arrastrando ligeramente los pies y sujetándose un costado de donde se podía notar una fea herida de la que emanaba abundante sangre. México forcejeo aun más y al ver que el otro no quería soltarle volvió a suplicarle. El ruso de mala gana termino dejándolo ir sintiéndose aun más vacío que antes cuando el latino abrazo por un costado a su hermano y le ayudo a caminar.

—Deja que te ayude— Pese al contexto de sus palabras. Iván no dejaba ver que era lo que sentía en su interior aquella nueva mascara que había puesto era tan fría e impenetrable como los glaciares de Siberia. México lo dudo un instante y Kitezh levanto una ceja intrigado por aquel cambio en su hermano.

El antiguo imperio no podía oponer mucha resistencia en esos momentos pero confiaba en el latino lo suficiente como para dejarlo escoger por ambos. Luis dejo que Iván cargara a su hermano y con cierto escepticismo vio que lo sentaba en el avión invitándole a subirse. En cuanto la nación latina puso un pie en el avión en el avión el rubio le sujeto.

—Recuerda tu promesa— El latino miro a Kitezh antes de asentir sentándose al lado del rubio pero sin apartar sus ojos de los violetas del otro moreno. Tenia las manos cruzadas en su regazo y las puntas de los dedos se le notaba ligeramente amoratadas por la presión a la que los sometía.

En cuanto llegaron a Moscú Iván estuvo todo el día ocupado en primer lugar tenia que leer todos los informes sobre los extraños temblores que parecían haberse detenido. Cuando los científicos rusos siguieron la pista hasta el supuesto epicentro no encontraron nada. La ciudad invisible de Kitezh había vuelto a sumergirse y desaparecer en las profundidades de las aguas. Lo único que hacia que fuera real eran sus dos invitados, su hermano había perdido mucha sangre y suponía que había gastado gran parte de su energía trayendo de vuelta su casa a la superficie.

Mientras tanto México había cumplido su promesa manteniendo lejos de Kitezh y solo iba a verlo cuando Iván aceptaba. Pero aunque les mantenía separados seguía sintiendo que aquel enorme vacío se iba expandiendo rápidamente, su hermano estaba sedado y la mayor parte del tiempo inconsciente tampoco hablaba con Luis pero le daba la impresión de que estaban unidos de una forma que les permitía saber cosas, no sabia como explicarlo.

Aquella mañana había permanecido sentado al lado de la cama de Alexandr, leyendo los últimos estudios que le habían hecho. Por lo visto estaba mejor pero los doctores no entendían porque aun no había despertado, el ruso tenia la idea de que era por la misma razón que los geólogos no habían encontrado nada.

Iván levanto la vista de los documentos que estaba leyendo en esos momentos cuando escucho varios quejidos departe del moreno. Sasha se despertó por completo parpadeando varias veces para enfocar y recordar en donde estaba, ladeo la cabeza, ya le había sentido a su lado pero el verlo ahí lo confirmaba.

—Vanya ¿Haciendo guardia?— le pregunto con aquel tono condescendiente que siempre había usado con el rubio desde pequeños y que ahora tanto lo irritaba por que le hacia creer que aun le veía como un niño y he ahí su principal problema. —¿Lo haces para que él no pueda venir?

— En parte, pero tenia curiosidad. No todos los días te rencuentras con una nación mítica como tú, Sasha— Apoyo ambas manos sobre el colchón y le miro fijamente a las ojos, ambos pares de amatistas se ratearon y ninguno parecía dar su brazo a torcer— ¿Qué demonios le hiciste?

—No le hice nada. Solo se cumplió la promesa que me hiciste aquella vez— Sabia que estaba siendo injusto sobre todo por que se había aprovechado que el latino estuviera enamorado tan profundamente de su hermano, sumándole el gran parecido de ambos, para intercambiar fácilmente sus vivencias con Iván por unas de espejo con Alexandr.

—Un ser humano no es parte del trato y en ese caso yo ya no tendría tu más grande tesoro o si querido brat?— Si lo que presentía era correcto su hermano se había enamorado perdidamente del mexicano y aplicando la lógica entonces debería entregárselo de nuevo. —Él no es una moneda de cambio, da— Aquello se convertiría en un ciclo sin fin si se lo quitaba por ese método y lo ultimo que quería era jugar con el moreno así.

—No sé que hiciste para tener a alguien así— Se atrevió a decir el moreno de los ojos amatistas, sin mirarlo a los ojos, era su forma de darle la razón— Te he estado mirando desde que nos separamos y no has tomado decisiones muy inteligentes además de que tienes las manos manchadas de sangre.

—No conozco a nadie, de nosotros, que no tenga ni una sola gota de sangre en las manos. Es por lo que somos, no por como somos, da— Aunque en el fondo le gustara la guerra. Lo peor es que no sabía a ciencia cierta que había hecho para que el latino se enamorase de él más aun teniendo en cuenta que las malas lenguas, en especial Alfred, se la pasaban de sisañosos.

—Él tampoco es perfecto, tiene mucho mal y fuerza guardada en su interior pero hay más cosas buenas que malas— Incluso recordó que al estar revisando sus recuerdos se topo con su infancia, al imperio antiguo le había gustado más la forma de ser del menor y del resto de su familia antes de la conquista española. Habia muchos fragmentos rotos y le hubiera gustado saber algo más sobre sus parientes como Tolteca, Maya y Teotihuacán principalmente pero incluso su padre Itzcóatl, el imperio azteca, le había resultado interesante.— Es alguien de quien te puedes enamorar fácilmente y pasar de largo muchos de sus errores.

—Luis es alguien muy especial, da. Lo quiero de vuelta. Dejalo escoger—Se había arriesgado mucho al decir esto ultimo pero estaba más que seguro que el corazón del latinoamericano seguía siendo suyo y que solamente Sasha lo tenia por uno de sus trucos, le había nublado la mente y se aprovechaba de él.

—No quiero hacerlo—Murmuro quedamente el moreno, sabia que se estaba comportando egoístamente pero después de pasar tanto tiempo a solas el mexicano le parecía un rayito de luz en esa monocromía. Rusia lo entendía ya que él pensaba de forma muy similar y no podía culparlo pero eso no quería decir que lo aceptara.

—Estas portándote como toda esa gente que decías odiar. Te aferras a las cosas Kitezh pero no dejas que solo lo que realmente sea tuyo este a tu lado—Rusia lo tomo de los hombros obligándolo a que le mirara directamente a los ojos. Cuando aquel se resistió apretó con mayor fuerza sacándole un fuerte quejido de dolor.

—No puedo desprenderme de él, no por voluntad propia pero si puedo dejar que intentes recuperarlo— En su mirada resaltaba la enorme tristeza que en esos momentos le embriagaba, aquellas orbes luciendo como gemas rotas cuando rompió el contacto mental que tenia con el latino. No seguiría alimentando el vínculo que los unía para fortalecer el lazo.

En la casa resonó un grito desesperado. El mexicano se había acostumbrado tanto al sentir la constante presencia del otro moreno en su cabeza y en el resto de su ser que ahora se sentía solo y abandonado. Lo primero que le vino a la mente era que aquel había muerto. Corrió en dirección al cuarto en la que Kitezh descansaba topándose de golpe con el ruso.

—Sigo cumpliendo mi promesa, da. Alexandr esta bien— El profundo temor que se reflejaba en las orbes color chocolate le decía que no le creía. Suspiro frustrado llevándole con su hermano. Aquel se limito a sonreírle pero negó suavemente cuando Luis quiso acercarse a él.

Pasaron los días y el ruso suspendió todos sus deberes para pasar ese tiempo al lado del moreno, le mostro fotografías de ambos juntos y un par de videos que se habían sacado. Incluso las cartas y la canciones de amor que el latino le había dedicado. Luis se sonrojaba cada vez que las veía pues las recordaba, estaban escritas con su puño y letra, pero en sus recuerdos él se las cantaba a otra persona.

—Si nos amábamos besame— Le dijo de pronto tras un largo silencio mientras ambos se encontraban sentados a la sombra de un frondoso árbol. El latino había intentado no mirarle todo ese rato pero cada vez que el ruso se volvía hacia cualquier otro lado irremediablemente se volvía para verle los labios y preguntarse como serian sus besos.

— ¿Lo odiarías a él si supieras que es verdad?— Tenia mucha curiosidad de saber como reaccionaria el latino al saber que su hermano le había engañado. Por experiencia propia conocía aquel carácter tan ligero y que invariablemente terminaba perdonando con alguna que otra excepción, claro esta las heridas no siempre sanaban del todo.

—No creo que pudiera odiarlo. Por lo que me has contado no es su culpa pero si me sentiría usado por los dos— No valían mucho esas palabras en esos momentos sobre todo teniendo en cuenta que cada vez que pensaba en el moreno su corazón latía al mil por hora.— ¿No me quieres besar entonces? Podría darte mi cuerpo también.

El ruso se sonrojo inmediatamente por el tono tan sugerente de aquellas palabras, Luis se sonrió así mismo gateando hasta donde estaba el otro, apoyó ambas manos a los costado la nación rubia y la pequeña sonrisa que adornaba sus labios se incremento considerablemente.

— Potzeluy menia — ¿Cómo resistirse a una petición tan simple? No era la primera vez que le escuchaba hablar en ruso pero en esta ocasión apenas y se notaba el acento del moreno, eso hizo que se le erizara la piel. Levanto una mano acariciándole con el pulgar los labios empañándolo ligeramente con su aliento.

Inclino entonces la cabeza y le beso, fue un beso tierno y lleno de emociones, sus labios se juntaron delicadamente con los petalos de una rosa. El latino tardo más en responderle y mantenía los ojos fuertemente cerrados, dejaría que su cuerpo fuese el que hablara no su mente, para su sorpresa así fue. Aquel beso que primero suplicaba por existir poco a poco se fue tornando más seguro de si mismo, la distancia que los separaba se fue cerrando hasta que el ruso quedo recostado sobre el mexicano.

—Creo que aun no estoy convencido— Le respondió el latino sin moverse, debajo del ruso, mientras intentaba normalizar los acelerados latidos de su corazón. El ruso le sonrió estirando una mano con el pulgar le acaricio los labios sonrojados y húmedos aun por el beso logrando que las flores en las mejillas del latino volvieran a florecer con alarmante rapidez.

—Tus labios siguen siendo tan cálidos— Sonrió murmurando sobre los labios del contrario para volverle a besar apasionadamente esta vez no hubo ningún tipo de preámbulo solo la necesidad brutal de dos amantes que han estado aguardando demasiado tiempo el rencuentro.

—No vuelvas a dejarme ir—Luis lo miraba a él, en sus ojos había reconocimiento, sabia quien estaba sobre de él y por quien latía fuertemente su corazón. Iván en un arranque de felicidad le tomo fuertemente en brazos casi asfixiándolo hasta que el moreno comenzó a golpearle para que le soltara.— Aun puedo sentir su dolor.

—Alexandr dijo que ya no estaban conectados—Contesto mecánicamente ya sin esa punzada de celos en su voz. Aunque había aflojado su amarre no lo soltaba y no pensaba hacerlo en un buen rato.

—Sasha sufre Iván, no tienes que ser tan cruel. Además le tengo cariño lo quieras o no, es una persona muy agradable aunque esta más aislada que tú—Aquellas palabras le sentaron como un balde de agua fría, cerró los ojos para que el menor no notase su frustración.

Iván siembre, desde niños, había sabido lo solo que se sentía su hermano y lo difícil que era su vida rodeado siempre de gente tan vieja y espiritualista. Le recordaba ahora que lo pensaba un poco al Tibet o al Vaticano pero a diferencia de esos dos Sasha tenia un alma más libre, impetuosa y enérgica incluso podría decir que más agresiva que cualquiera de los tres.

Sasha por lo que había visto tenía la suficiente fuerza además de la voluntad para dominar al mundo si se lo propia ¿No lo había dicho cuando llegaron? Que a eso era precisamente a lo que venia, claro que no le había prestado demasiada atención después de ver que el latino estaba a su lado y la forma en la que lo trataba. Le soltó dispuesto a ir a verle cuando le latino le sujeto de la manga del abrigo y negó suavemente con la cabeza.

—Solo encontraras una carta, ya se ha ido. Siente lo que pasó pero no se arrepiente y le hubiera gustado que las cosas hubieran sido diferentes entre ustedes—El vinculo aunque bastante débil aun le permitía tener cierto tipo de contacto con la antigua nación.— No lo busques no lo encontraras y si lo haces cumplirá su promesa. Solo le esta dando más tiempo al mundo.

Unos meses más tarde cuando todo parecía haberse normalizado México estaba parado a la orilla de aquel enorme lago, no alcanzaba a ver la otra orilla desde donde se encontraba, se agacho y tomo una piedra redondo que había ido a parar a la orilla y la aventó lo más lejos que sus fuerzas le permitieron. El sonido del crujir de las hojas a su espalda le hizo volverse con una sonrisa en los labios.

—Sabias que eras tú. Dejemos, de momento, las cosas como están— Los ojos chocolate del mexicano estaban en extremo serios mientras miraban a Kitezh. La nación antigua lucia más imponente que antes y no apartaba la mirada del moreno.

—¿Por qué lo eliges a él?—Al menos se iba a sacar esa molesta espinillita antes de que se infectara, para su sorpresa México negó— No soy el fin. Soy el principio Luis esperare a que cambies de opinión— Tomo la mano del latino dejando sobre esta un anillo del mismo material que el collar. En un parpadeo más las aguas del río se tragaron a Alexander.

Fin

Bien puede ser que no era el final que esperaban pero ya lo tenía que sacar. Tengo pensado sacar un nuevo fic que aprovecho para invitarles. Dentro de poco también actualizare los que me faltan.