Aviso: el fic es una adaptación de la novela "Sortilegio" y los personajes son producto de imaginación Stephanie Meyer.
Capitulo sin betear.
Entre el amor y el odio
Capítulo 3
"La verdad"
Nos bajamos del taxi y los periodistas nos bombardearon con preguntas, las cuales yo no sabía que como responder. Me encontraba totalmente perdida, no sabía qué era lo que estaba pasando ni el terreno que estaba pisando. Agarre a Alice de la mano y la lleve conmigo hacia el gran portón que era la entrada hacia aquella gran mansión.
Uno de los guardias nos guió por un camino empedrado y lleno de árboles por ambos lados, me pareció hermoso vivir rodeada de la naturaleza; el verde de los árboles me hacía recordar Forks. El camino nos llevaba a la puerta de la casa; una casa que a leguas se notaba que era grande, frente de las grandes escaleras que había para llegar a la puerta principal se encontraba una hermosa pileta, un poco más allá mirando hacia el gran jardín se podía ver una pequeña laguna con algunos cisnes y al sí mirabas al otro lado podías ver un helipuerto. Estaba tan sorprendida mirando el frontis de la casa que ni cuenta me di que ya nos encontrábamos subiendo las escaleras y que al llegar a la cima nos esperaba una mujer de mediana edad, cabello castaño, delgada, blanca y de estatura media.
—Hola —saludo con voz suave.
—Hola —dijimos al unísono con Alice en un susurro.
—Bueno, me presento soy Esme la madre de Edward —el nombre de Edward salió de su boca en un susurro que apenas pude escuchar. —Perdón…yo aún no lo puedo aceptar —dijo intentando recomponerse.
—Soy Isabella —dije presentándome—ella es Alice, mi hermana.
—Es un gusto conocerlas, aunque no sea en las mejores circunstancias —Esme esbozó una pequeña sonrisa, una que no llegó a sus ojos — Entremos a la casa —dijo dando media vuelta encaminándose hacia la puerta de la casa.
Entramos a la casa y nos encontramos con un gran salón el cual estaba decorado con muchas antigüedades y muebles que se notaban carísimos. Esme llamó a uno de sus empleados y le ordenó que le sirviera a un té a Alice mientras nosotras hablábamos tranquilamente en el despacho.
—Bella, ¿puedo llamarte así? —preguntó comenzando a hablar.
—Por supuesto —contente.
—Me alegra conocer a la mujer que le robo el corazón a mi hijo —dijo y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Sra. Esme…
—Solo Esme por favor —me interrumpió.
—Esme —comencé a hablar nerviosa —yo creo que estamos confundidas, creo que no hablamos del mismo Edward. Él no es millonario —expliqué rápidamente intentando convencerla y de paso convencerme a mí de ello.
—Entiendo que estés confundida, pero te aseguro que hablamos del mismo Edward Cullen —negué efusivamente con la cabeza y mis ojos comenzaron a cristalizarse—Tranquilízate y escúchame —pidió ella —. Este documento —dijo sacando una carpeta de uno de los cajones del escritorio—es el certificado de matrimonio y acredita que tú te casaste con mi hijo, esto quiere decir que tu Edward es también mi Edward —. Explicó. Tomé el documento en mis manos y lo comencé a leer detenidamente, efectivamente en el certificado se encontraba mi nombre y mi firma, entonces comprendí que era verdad, mi Edward había muerto. Las lágrimas no se hicieron esperar y comenzaron a correr descontroladamente por mis mejillas, ante mi llanto descontrolado, Esme, llamó a uno de sus empleados para que me sirviera un vaso de agua con azúcar.
—Por lo que me dijiste cuando hablamos por teléfono —comenzó a hablar nuevamente cuando yo ya estaba un poco más tranquila — mi hijo nunca te habló de que era millonario. No sé por qué te ocultó la verdad. Pero no me cabe la menor duda de que tenía un buen motivo para hacerlo —yo tan sólo la escuchaba sin decir ni una palabra y es que ciertamente no me sentía capaz de pronunciar palabra alguna — Cuando Jacob, mi hijo me informó del matrimonio de Edward, te llamé de inmediato y es que me pareció correcto que estuvieras aquí —. Yo asentí con la cabeza sin dejar de llorar y es que no podía resignarme a que esa fuera la verdad. No podía resignarme a que mi Edward estuviera muerto— No sabes cuánto siento tener que ser yo la que te de esta noticia. A mí me ha afectado de igual manera — Sus lágrimas tampoco se hicieron esperar y ahí nos encontrábamos las dos llorando.
—Billy, te llevará a tu cuarto para que descanses un poco —levanté la vista y vi a un hombre un tanto mayor, seguramente era algo así como el mayor domo de la casa. —Él es Billy y te llevara a tu recamara —repitió Esme, esta vez asentí con la cabeza y me levante del sillón.
— ¿Y Alice? —pregunté.
—La señorita Alice ya se encuentra instalada —contesto aquel hombre.
Billy me guio al segundo piso en donde se supone se encontraba la habitación en la que dormiría. Entramos al cuarto y una vez que Billy me explico la distribución de la pieza me eché en la cama a llorar. Eso era lo único de lo que tenía ganas, llorar y llorar la perdida de Edward hasta que no me quedaran lágrimas.
—Bella —dijo Alice entrando al cuarto— lo siento mucho, hermanita —me abrazo fuertemente por la espalda—No debí hablarte mal de él, yo estoy arrepentida de haber intentado hacerte dudar de Edward —Alice trago pesado y siguió disculpándose—Lo siento Bells, de verdad lo siento
—No es tu culpa Alice y gracias por estar aquí conmigo —dije entre sollozos.
Alice se quedó en silencio acompañándome, le agradecí en mis adentros por haber comprendido que es este momento no necesitaba palabras de aliento si no que sólo necesitaba y quería estar en silencio llorando por la muerte del amor de mi vida.
Dos horas después llego Sra. Esme y me entrego ropa y zapatos de tacón.
—Perdonen el atrevimiento, pero les he traído un poco de ropa más adecuada ya que me di cuenta de que no trajeron ropa para la ocasión —yo tomé la ropa en mis manos y me di cuenta que era ropa muy fina.
—No creo que sea correcto…
—Bella, no quiero ofender a nadie, pero aquí las personas acostumbran a hablar hasta del más mínimo detalle y comprenderás que no queremos rumores…
—No quieren que las personas rumoreen de que la esposa de Edward es pobre —termine la frase por ella.
—Lo siento, de verdad que no tengo la intención de ofenderte. Y quiero que sepas que yo no tengo prejuicios y sé que si Edward se casó contigo fue porque te amaba y eso a mí me basta para quererte como un miembro más de la familia —explicó sincera—pero ya son muchos los rumores que debemos aclarar tanto a nuestros amigos y conocidos como a la prensa y no queremos tener uno más en la lista.
—Está bien, Esme. Lo entiendo. Y gracias por todas las atenciones que ha tenido tanto como para conmigo como con mi hermana —dije intentando comprenderla un poco—no quise tomarme a mal su gesto, pero todo esto me tiene muy mal y yo no estoy pensando claramente. Esto es algo que yo no me esperaba —borre una lágrima de mi mejilla— Edward es…era—que doloroso se sentía pronunciar la palabra "era"—el amor de mi vida y ciertamente me siento una ciega sin él. Sin Edward no sé qué será de mi vida.
—Oh querida no llores —dijo Esme acercándose a mí para abrazarme—ciertamente yo no estoy mejor que tú, pero debemos ser fuertes. A él no le gustaría vernos llorar. Debemos aceptar este dolor de la mejor manera posible para que su alma descanse en paz —beso mi mejilla y se separó de mi— Se me olvidaba decirles que nosotros les informamos a todos los que están en el velorio que nosotros te conocíamos y que habías venido unas 3 veces anteriormente, espero comprendas que lo hice para evitar rumores.
—Comprendo—dije, ella solo asintió y salió del cuarto dejándome con Alice para que nos cambiáramos.
En el velorio y funeral sentí como las personas hablaban, casi puedo jurar que se referían a mí, supongo que se dieron cuenta que no éramos de la misma clase. El funeral fue un día después de mí llegada a Seattle, fue muy corto y en cuanto término nos devolvimos a la casa. De pronto se acercó una chica muy guapa, era flaca, alta y de pelo rojizo.
—Hola soy Tanya —se presentó—, tú debes ser Isabella, la esposa de Edward— no espero a que me presentara y continuó hablando—lo siento tanto. Créeme a mí me duele tanto o más que a ti, él y yo éramos muy bueno amigos— esto lo dijo como haciéndome entender que entre ellos sucedió algo más que una simple amistad, dentro de mí se encendió la llama de los celos.
—Es algo muy duro de procesar, me va a costar resignarme a que Edward ya no estará a mi lado — hablé intentando ser amable.
—Bueno en mí tienes una amiga —si claro dije en mi interior. Algo en ella no me gustaba o quizás solo mis celos estaban haciendo acto de presencia—y cuéntame hace cuanto conoces a la familia Cullen, lo digo porque yo voy mucho a su casa y nunca te había visto antes, y es muy extraño que de un día para otro aparezca una viuda—me quede callada no sabía que contestar.
—¿Tania como estas? —Rosalie, la media hermana de Edward, se acercó a nosotras—gracias por venir. Es un momento muy difícil para la familia.
—Lo sé. Comprendo su dolor. Tú sabes cuánto quería a tu hermano, siempre tuve la esperanza de…—me miro como dándose cuenta de que aún estaba ahí escuchando y prosiguió—bueno Rosalie, tú ya sabes a lo que me refiero, por eso le estaba comentando a Isabella lo extraño que es toda la situación.
—Disculpen, pero estamos muy cansadas nos retiramos—les dije refiriéndome a mi hermana y a mí. Era verdad que estaba cansada, pero quería estar lejos de ahí ya que no quería seguir escuchando nada más.
—Oh querida no te preocupes, lo entendemos —dijo Rosalie con voz afilada, estaba claro que nosotras no le caíamos bien por no ser de la misma clase social y estoy segura que se dio cuenta de lo incomoda que me sentí con los comentarios de la tal Tania.
—No me gusto para nada la forma en que esa tipa…la tal Tanya se refirió a Edward. ¿Cómo se le ocurre decir esa sarta de estupideces? —espetó Alice cuando ya nos encontrábamos resguardadas en mi habitación.
—Supongo que debió ser amiga de él…o no sé Alice. No estoy pensando en ello en este momento —mentí. No quería contarle a Alice de mis celos sin sentido.
—No mientas. Sé que esa cabecita tuya está pensando cosas que quizás nunca fueron —dijo intento reconfortarme.
—Y qué quieres que piense si Edward no fue del todo sincero conmigo —espeté enojada y con lágrimas cayendo por mis mejillas—me miento sobre subida. Me doy cuenta que no lo conocía tanto como creía.
—Ni lo pienses —habló agarrándome de los hombros—Edward te amaba y sí nos mintió sobre su estatus social, pero jamás te hubiera sido infiel —dijo segura.
—Ella insinuó que entre ellos hubo algo.
—Quizás si hubo algo, pero estoy segura que fue mucho antes de conocerte. ¡Por dios, Bella! No puedes estar desconfiando de él ahora que ya no está.
Con esa frase, volví a la realidad. Edward estaba muerto. Estallé en llanto.
—Bella, hermanita. Ya no llores. Debes ser fuerte —su pedido se escuchaba más fácil de lo que era.
—No puedo, simplemente no puedo —dije sollozando—creo que nunca podré sobreponerme a su pérdida —dije cerrando los ojos—a demás todo esto; la casa, los lujos…todo esto me parece tan irreal. Él Edward del que todos hablan en esta casa, no es mi Edward.
—Sé que te costará, pero debes hacerte a la idea de que ese Edward, también es tu Edward —Alice nunca había sido buena consolando a las personas, pero sabía que estaba haciendo lo posible por tratar de darme el confort que necesitaba—Lo siento mucho. Yo no sé qué decir en estos casos...
—No te preocupes. No quiero palabras de aliento, solo quiero intentar dormir un rato.
—¿quieres que me quede a acompañarte? —preguntó esperanzada.
—Prefiero estar sola —dije, esperando a que me comprendiera—tú vete a descansar, haz estado conmigo en todo momento y debes estar cansada.
—No…—comenzó a hablar, pero la corté y seguí hablando.
—Alice, de verdad que necesito estar sola. Por favor no mal interpretes mis palabras. Sé que estas preocupada por mí y te lo agradezco, pero no quiero que estés pegada a mi todo el tiempo, ve y disfruta de la casa. A demás a mí me duele un poco la cabeza y quiero dormir. No soy buena compañía en este momento —aseguré.
—Está bien si eso es lo que quieres —se acercó a mí y me abrazó y dejo un gran beso en la mejilla—te quiero mucho —dijo soltándome y caminando hacia la puerta.
—Yo también —respondí.
No sé en qué momento me dormí. Entre mi sueño sentí unos brazos rodearme la cintura; los brazos se sentían tan familiares, se sentían tan míos y tan reales alrededor de mi cuerpo que no dudé en que soñaba con Edward,
—Bella —sentí que su voz me llamaba—Bella mi amor despierta —pedía su voz que cada vez se sentía más real.
—¿Edward? — dije cuando desperté desorientada al escuchar su voz.
—Sí mi amor, soy yo — aún seguía escuchando su voz tan real como antes y su brazo aún lo podía sentir envuelto en mi cintura. Di media vuelta y lo vi. No lo podía creer, Edward estaba conmigo y para esto solo había dos explicaciones o yo estaba muerta o aún seguía durmiendo.
—Bella no grites —dijo tapándome la boca. Yo no sabía en qué momento había comenzado a gritar.
—Esto no es real. ¿estoy soñando, cierto? —pregunte confundida.
—No, cariño. No estás soñando. Estoy aquí contigo —dijo en un suave susurro.
—Esto no es real, no puede ser real —repetía una y otra vez en voz alta agarrándome cada vez más al pecho de Edward.
—Mi amor tranquilízate. Tienes que escucharme —pidió nuevamente. Lo miré y no podía creer lo que mis ojos estaban viendo.
—¡Por dios me estoy volviendo loca! —casi grite desesperada.
Edward me miro con una risita en sus labios.
—No mi vida soy yo, estoy aquí mi amor. Estoy vivo y junto a ti —lo mire, y ahogue un gritó con mis manos, y si no estaba loca y estaba vivo.
—Eres tú, de verdad eres tú —dije tocando su rostro con mis manos y acercándome a él para besarlo.
—Si mi vida soy yo, y estoy vivo —dijo con voz suave entre beso y beso.
Gracias dios gracias por traérmelo de vuelta.
Ya no lloraba de pena ni de rabia ni de miedo, mi llanto solo reflejaba la felicidad que estaba sintiendo en este momento por tenerlo nuevamente conmigo y tener la posibilidad de tener una vida junto a él.
—¿Qué fue lo que paso? —pregunte luego de un rato en el que ninguno de los dos dijo nasa. Quería saber todo acerca de cómo se había logrado salvar de aquel accidente.
—Te lo voy a explicar, pero debemos salir al jardín —explicó.
—¿Por qué?
—Porque cualquier persona nos puede escuchar.
—Edward, sigo sin entender —dije con el ceño fruncido.
—Es que nadie sabe aún qué estoy vivo —explicó—así que vamos afuera y te lo explico todo.
Su actitud me confundía un poco, pero no me quitaba la alegría de tenerlo conmigo otra vez.
—¿Estás más tranquila ahora? —preguntó.
—Sí, pero aún tengo muchas dudas. Edward ¿Por qué me ocultaste que eras rico? —pregunte cuando salíamos por el ventanal de mi recamara ya que esta daba hacia el jardín.
—Antes de explicarte todo necesito que sepas que te quiero y que pase lo que pase eso jamás cambiara —me aseguró.
—También te quiero, pero me estás asustando.
—¿Sabes que tengo un medio hermano? —su pregunta me confundió, pero igual respondí.
—Eh, sí. Tu madre me contó que ella tuvo dos hijos antes de casarse con tu padre.
—Cuando eso sucedió él tenía 9 años y yo 12, nunca nos llevamos muy bien y es que cuando él fue creciendo nunca oculto que me aborrecía. Siempre fue déspota conmigo y siempre buscaba cualquier oportunidad para dejarme mal con todos, inventaba cosas para que me castigaran y claro como él era menor le creían fácilmente. Y lo que más me duele es que me quitó el cariño de mi madre y mi padre —decía con rabia.
—¿Por qué estamos hablando de esto? —pregunte intrigada por el rumbo de nuestra conversación.
—Porque necesito que entiendas mis motivos. Él era un enfermo, un déspota con todo el mundo, alguien que disfrutaba demostrándole a los demás lo superior que era.
—¿Era? —pregunte. Y es que no se me había pasado por alto que Edward al hablar de él había usado el tiempo pasado.
—Necesito que me escuches sin interrumpir —asentí con la cabeza— a pesar de sus actitudes tan déspotas, egoístas y arrogantes, el viejo lo quería y cuando murió le dejo todo, Rosalie mi madre y yo no recibimos ningún centavo; aunque claro vivimos de su subvención —Edward seguía contando su historia y yo no lograba entender porque me estaba diciendo todo esto. Y su mirada de odio puro al hablar de su hermano estaba logrando asustarme. Me tomó de las manos y siguió contándome su historia—hace 6 meses arruino de la manera más vil la vida de un hombre y éste juro matarlo. Esto es algo que solo él y yo sabemos. Sabía que ese hombre no descansaría hasta verlo bajo tierra, entonces se me ocurrió…—se quedó callado como dejando la historia en suspenso como si fuera una película.
—¿Qué es lo que se te ocurrió? —insistí para que continuara.
—Isabella, Edward Cullen está muerto de verdad —no lograba comprender sus palabras. Me estaba diciendo que él estaba muerto cuando yo lo estaba viendo con mis propios ojos.
—¡Me quieres volver loca! Primero estás muerto, luego estás vivo, vienes me sacas de la habitación a media noche para contarme no sé qué cosas y me dices que estás muerto, cuando yo te estoy viendo aquí parado frente a mi —le grité enojada por sus estúpidas bromas.
—No mi vida —negó con la cabeza—yo no estoy muerto —fruncí el ceño al no lograr entender ni una de sus palabras—Yo no soy Edward, mi verdadero nombre es Jacob Black. Yo soy el hijo de Esme —confesó.
Dejé de respirar en el instante en que escuché aquellas palabras.
—¿Qué estás diciendo? —hable con voz temblorosa.
—La verdad. Yo soy Jacob y tú, mi amor, tienes que ayudarme. ¿Te preguntarás cómo me vas a ayudar? —dijo con una sonrisa malvada en los labios, algo que sin duda logró estremecerme de miedo. Asentí sin poder articular palabra alguna—tienes que seguir haciéndoles creer a todos que eres la vida de Edward Cullen. Luego, cuando se lea el testamento de mi "querido hermano" tú serás la hereda universal. Nos casamos y me traspasas lo bienes a mi —explicó todo como si fuera lo más normal del mundo. Y recién en este punto de la conversación de que no solamente me había mentido con lo de su situación económica, sino que también me había ocultado su verdadera identidad.
Lagrimas rodaron por mis mejillas al darme cuenta de su engaño.
—¡Estás loco! —le grité.
—No mi amor —me intento abrazar, pero me aleje— Edward tarde o temprano iba a morir y nuestro patrimonio iba a pasar a manos de mi madre y ella es débil, y Rosalie es una buena para nada, en unos cuantos años habrían despilfarrado todo.
—No logro entender nada —susurré.
—Lo único que tienes que entender es que eres la viuda de Edward Cullen. Te casaste por sociedad conyugal ¿te acuerdas? —me dijo al oído mientras me abrazaba por detrás.
—Sí —respondí intentando soltarme de su agarre que me provocaba asco y repulsión.
—Serás su heredera, dejamos pasar unos meses y luego nos casaremos.
—¡Cómo pudiste! —grité cuando logré soltarme de sus brazos. Di media vuelta quedando frente a frente y lo comencé a golpear en el pecho, él intentó abrazarme nuevamente para tratar de calmarme.
—Suéltame —volví a gritar—seguro tú lo mataste —aseguré.
—No. Yo no he matado a nadie. Ya te expliqué que lo de su muerte tarde o temprano iba a suceder, yo solo preví las cosas y me aproche de las circunstancias —dijo intentando acercarse a mí de nuevo.
—No te me acerques —dije retrocediendo.
—Tranquilízate —exigió.
—No me pidas que me tranquilice cuando me acabas de confesar un delito —dije con rabia.
—Deja el drama, por favor, Isabella. Compartiré todo contigo. Te juro que yo no lo maté.
—Quizás no lo mataste —dije secándome las lágrimas que hasta ese momento no habían dejado de correr por mis mejillas—pero me engañaste. Me ocultaste la verdad. Y si sabías que lo iban a matar debiste hacer algo para evitarlo.
— Nadie lo mató. Su muerte fue un accidente.
Estaba claro que Ed…Jacob pensaba que yo era una estúpida que se iba a traga aquello del accidente.
—Un accidente muy cómodo para ti ¿Qué hubiera sucedido si él no hubiera muerto?
—El hubiera no existe, Isabella. Porque Edward murió, y ahora todos estamos metidos en esto y tenemos que seguir adelante —él quería que yo me convirtiera en su cómplice, pero estaba muy equivocado.
—No, te equivócate conmigo porque yo no voy a ser cómplice de un delito —espeté decidida.
—Tú harás todo lo que yo te diga porque si no te irás a la cárcel junto con tu papá y tu hermana —amenazó agarrándome de la muñeca.
—A la cárcel —susurré muy bajo y las lágrimas volvieron hacer acto de presencia junto con el miedo.
—Sí irán a la cárcel. Puedo arreglar todo para que todos crean que este fue plan creado por ti en complicidad de algún amigo tuyo, aparte no hay pruebas en mi contra —sonrió con una sonrisa malvada.
—Claro, el señor se cuidó bien las espaldas, pero se te olvida que en Forks es un pueblo pequeño donde todo el mundo se conoce y además tienes un departamento, el casero te conoce y los testigos de la boda también. —alegue a mi favor.
—Sí, pero el dueño no me conoce nunca me ha visto y esta arrendado a nombre de Edward Cullen. S tú hablas voy a decir que nunca te he visto y si resulta que el accidente de Edward fue causado por terceros nadie dudara de que lo hicieron ustedes para quedarse con nuestro dinero.
-No, no me puedes hacer esto —dije con miedo.
—Si no aceptas el trato, ahora mismo voy donde mi madre y le digo que la firma en el acta de matrimonio es falsa y que toda tu historia con Edward es mentira —amenazó nuevamente.
Y aquí me encontraba yo, entre la espada y la pared; la pared era mi pequeña familia a la que siempre protegería y la espada era el hombre con el que creí haberme casado, el amor de mi vida quien era un vil mentiroso. No tenía ninguna salida, era una muchacha pobre a la cual nadie le creería si decía todo lo que Jacob me acababa de confesar. Tendría que aceptar aquello que me estaba pidiendo ya que no podía dejar que mi padre y mi hermana pagaran por mi error al haberme enamorado de alguien tan calculador.
—Está bien. Haré lo que me pides siempre y cuando a mi padre y a mi hermana los dejes fuera de esta asquerosa artimaña.
—El único que pone condiciones soy yo —aclaró—así que ya lo sabes, seguirás el juego y nada mas — me agarro de los brazos e intento besarme, pero yo corrí la cara haciendo que el beso me lo diera en la mejilla—No me rechaces. Yo te quiero Isabella.
—Si me quisieras tanto como profesas no me hubieras hecho esto —se quedó callado y no dijo nada esperando que yo siguiera hablando— ¿Por qué me escogiste a mí y no a otra mujer? —quise saber.
—Porque desde el primer momento en que te vi me encantaste —haciendo su agarre en mis brazos más fuerte aún—Edward a muerto, Bella y aquí tienes una vida que nunca hubieras imaginado, tendrás lujos, serás respetada—sus palabras me hacían entender que el jamás logro conocerme ya que a mí lo que menos me interesaba era el dinero y los lujos—y lo mejor de todo esto es que yo estaré a tu lado.
—No Jacob, yo te ayudaré, pero después que tengas la maldita herencia en tus manos me iré lejos donde jamás puedas encontrarme —espete.
—Eso está por verse — fue lo último que dijo antes de besarme a la fuerza, un beso con el cual no sentí nada más que asco.
Luego del beso me dejó sola en aquel inmenso jardín.
Pobre Bella, le a tocado duro últimamente.
Espero sus comentarios.
