Capítulo 2
Karaoke
Fairy Tail era un bar que se encontraba en una zona bastante distinguida de la ciudad de Fiore y aunque hacía poco tiempo que se había inaugurado, desde afuera se podía escuchar el barullo de gente que había dentro; lo que conllevaba a entender, que estaba repleto.
Las cinco amigas entraron casi corriendo, las puertas eran de madera y al estar mojadas por la lluvia de la noche, se las hubiese escuchado chirrear, si la música no hubiese estado presente. El bar era muy agradable a la vista, con luces tenues y mesas de madera, barnizadas con un color oscuro. En el fondo del lugar, se podía observar como algunas personas acomodaban cables en un escenario, por lo que se entendió que quizás abría algún show a mitad de la noche; y sobre la mano izquierda del lugar se encontraba la barra.
—¡Allá hay una mesa libre! —Advirtió Erza, apurada por que nadie les quitase el lugar, que a pesar de la lluvia, se encontraba mucho más lleno de lo que esperaban—, ¡Vamos, vamos! —Guiaba a sus amigas que reían divertidas al observarla tan competitiva como siempre.
—Y.. ¿qué pedimos? —Indagó Levy, que pensaba dubitativa sobre la decisión que tomaría. Memorizó una de las últimas salidas que tuvo con sus amigas, recordó a Lucy arrastrándola por la pista, ambas bailaban canciones viejas, al buen estilo ochentoso mientras a lo lejos, Erza quería empezar una pelea con el primero que se le cruzara y Mirajane dormía apoyada en una mesa sucia. El alcohol no había sido buen compañero de aquellas, últimamente—, Creo que voy a pensármelo detenidamente esta vez.
—¡Cuba libre! —Lucy levantó las manos llamando al mozo y pidió una ronda para todas sin dejarlas decidir. A la rubia le encantaba beber y mucho más cuando se trataba de hacerlo con sus amigas— ¡Juvi, te dejo el primer brindis!
—¿Tengo que decir unas palabras? —Rió mientras tomaba la copa en la que su trago estaba servido y la alzó al aire. Actuó un carraspeo de garganta que hizo sonreír a las chicas y las observó a todas con una paz que no había logrado conseguir hacía tanto tiempo, que la dejó tranquila por dentro—. Brindo.. por que nunca me falten, ¡son mis hermanas para siempre!
—¡Para siempre! —Se apresuró a seguirla Erza y todas la siguieron al centro de la mesa, chocaron sus copas entre risas y derramaron algunas pocas gotas que se borraron instantáneamente del lugar—. Tampoco quisiera que jamas me faltaran.
—¡Ahora sí! —Lucy dio el primer trago y suspiró con una sonrisa al sentir que el alcohol empapaba sus labios pintados de un brillo rosado— No quiero que nadie salga de aquí, sin estar por lo menos un poco ebria.
—¿Crees que saldremos de aquí? —Mirajane se había dejado su largo pelo grisáceo suelto, se delineó los ojos y pintó sus labios de un violeta oscuro. Daba un poco de miedo al verla desde lejos y un sentimiento que se asemejaba a nunca jamás poder alcanzarla, cuando la observabas de cerca.
—Bueno.. —Erza sonrió—, la idea es no hacerlo hasta que nos hechen.
Los tragos en la mesa de las chicas iban y venían cada vez con más frecuencia. Las risotadas aumentaban a gran velocidad. Juvia quería ponerse al día y escuchaba atenta todo lo que comentaban sus amigas. ¡Cuánto tiempo había desperdiciado! Y cuánto las había extrañado. Casi que olvidaba lo feliz que aquellas mujeres podían hacerla en escasas horas y sin más que con su mera compañía.
En la quinta ronda de tragos que Erza bebía, ya se sentía demasiado acalorada y tenía ganas de que todas se levanten junto a ella para bailar cualquier canción de la que se supiese más de dos oraciones seguidas. Eso era suficiente para ella. La media noche había pasado hacía bastante y el lugar no se vaciaba, sin embargo ya no parecía llegar más nadie.
—¡Tengo que ir al baño! —Chilló Levy, con las mejillas coloradas.
—Te acompaño —se ofreció Juvia, que quería verificar que su cara estuviera en orden, aunque lo dudaba bastante.
Encontrándose en el baño, frente al espejo, Juvia se arreglaba el escote; de a momentos le parecía como si algo fuese a salirsele de lugar, y no era para menos con los pronunciados atributos de la peliazul. Se sonrió a sí misma al afirmar que ya estaba ebria, no demasiado, pero lo suficiente para estar pasándola muy bien. Desde adentro de uno de los cubículos, se escuchaba que Levy le hablaba.
—Ya ni siquiera sé que fue lo último que pedimos para tomar.. ¡pero estaba riquísimo! —Juvia largó una pequeña carcajada al escucharla tan enfática y feliz—. Voy a pedirle a Lucy que encargue otra ronda más.
—Creo que tenía vodka —contestó Juvia medio perdida, se limpió la comisura de los labios y volvió a sonreír—, pero para serte sincera, tampoco sé que era lo que estábamos tomando.
Al salir del baño de mujeres, tenían que cruzar casi toda la pista de baile hasta la parte de las mesas en la que ellas se encontraban y para ser la hora que era, no era mucha la gente que bailaba, pero si lo suficiente como para andar cuidándose de no chocar a nadie al pasar por ahí. Levy hablaba divertida, en una conversación que mantenía casi con ella misma, porque Juvia no podía entenderle lo que decía, sólo sonreía.
Pocos segundos fueron los que la ojiazul se distrajo tratando de entender las palabras que Levy repetía a su oído, pero fueron suficientes como para chocar involuntariamente a alguien a su izquierda.
—¡Lo siento mucho! —Dijo rápidamente dándose vuelta, avergonzada.
Juvia se encontró con lo que había estado evitando tanto tiempo. Una mirada que la dejara sin habla. Con unos ojos casi grisáceos, cabello blanco y un poco más alto que ella, aquel joven se la quedó mirando boquiabierto al encontrarse con su trago derramado a causa del codazo que ella le proporcionó casi sin darse cuenta. En la pista de baile del bar, todo pareció estar en calma en cuanto lo escuchó hablar y sonrió.
—No te preocupes —articuló a decir el muchacho y sonriendo tontamente de golpe, concluyó—, no me gustó mucho el trago, me hiciste un favor.
—¡Juvia, vamos! —Levy, algo ebria, no se había dado cuenta de la situación y tironeando a Juvia, la sacó de la pista de baile para volver a la mesa.
En cuanto llegaron, se percataron de que Lucy no se encontraba allí. La descubrieron en la barra, hablando (y haciendo tonterias como acariciarse el pelo y sonreír exageradamente de todo) junto a un pelirosa que encantado por la conversación que Lucy le brindaba, reía a carcajadas mientras parecía mirarla embobado.
—¡La noche es jóven todavía! —Erza parecía no tener fondo y bebía sin parar.
—Nadie nos está corriendo —sonrió Mirajane con su vaso aun por la mitad—, quizás deberías beber con menos prisa.
—Nada de eso, puedo soportarlo perfectamente.
—¡También yo! —Levy estaba ebria y su lado extrovertido se asomaba poco a poco a la par de que la noche avanzaba.
Juvia se sentó de vuelta a la mesa y volvió a reír mientras hablaban de cosas sin sentido. Volteó unas dos o tres veces hacia la pista, quería volver a divisar a aquel muchacho, pero parecía haberlo perdido en la multitud y dejó de darle importancia a su tercer vaso de cerveza.
De a ratos recordaba a Gray, ¡cuánto quería contarle que estaba pasando una noche esplendida como hace tanto no lo hacía y que estaba siendo feliz! Pero recordaba, luego, que ya no podía contarle ese tipo de cosas. Hasta cuando estaba contenta, él seguía apareciendo en su cabeza con leves flashes, pero, es que, ¡cuánto dura el proceso de olvidar a alguien! Volvía a tomar otro largo trago de cerveza y apoyaba el vaso de vidrio con fuerza en la mesa. Se llenaba alegría, nuevamente, observando a sus amigas.
—¡Chicas! —Lucy se acercó a la mesa y se agachó para hablarles a sus amigas casi a los gritos entre el ruido de la música— ¡Natsu quiere que vayamos a bailar!
—¿Quién es Natsu? —Preguntó Mirajane algo perdida con una sonrisa.
—¡Pues, vé! —Contestó Levy.
—Quiere que vayamos todas, ¡así conocen a sus amigos!
—Hmm.. no lo sé, Lucy.. tus ideas no suelen terminar muy bien.. —Juvia dudó, aunque después se dejó arrastrar por los tironeos de Lucy hasta levantarla de la silla.
La rubia logró después de insistir sin parar durante largos minutos, como ebria empedernida, levantar de la mesa a todas sus amigas; que aunque no muy convencidas, decieron poner su mejor cara para la ocación.
Siguieron a Lucy hasta el medio de la pista y se situaron en el círculo que un grupo de muchachos formaba, casi llegando al medio del lugar. El pelirosa, Natsu, las miró sonriendo; a todas les cayó bien instantáneamente. Él era un chico alto, con una figurada marcada, ojos marrones levemente achinados y con una muy importante atracción hacia Lucy, lo que dejó a todas impresionadas de lo fácil que la rubia había caído en sus encantos.
—Ellos son Gajeel, Laxus, Sting y Rogue —los presentó el pelirosa entre gritos. Los cuatro tenían vasos en sus manos y aunque parecían no ser aficionados del baile, trataban de moverse de acuerdo a la música mientras reían. Convidaban sorvos de sus tragos a las chicas y hacían chistes que descomprimían la situación de haberse conocido hacía escasos minutos.
Mirajane se había fijado en Laxus, un rubio de imponente presencia, que le había estado sonriendo desde que la vio acercarse. Se hablaron y coquetearon toda la noche. Levy se sonrojaba cada vez que Lucy le hacía algún tipo de comentario sobre Gajeel por lo bajo, un morocho de pelo largo que tenía más de diez piercings en la cara; sin embargo, al hacerse la enojada, se sonrojaba y al ignorar a la rubia, seguía hablando con el morocho que le llevaba más de una cabeza de altura.
Erza en cambio, no se había fijado en nadie en particular, pero no dejaba de bailar y conversar con todos. Sting y Rogue se complementaban para hacer chistes a Juvia cada vez que se daban cuenta de que ésta dejaba de participar en las charlas entrecortadas o sonreía poco. A la peliazul le cayeron excelente, igual que Natsu, que aunque no apartaba los ojos de Lucy, se daba un tiempo también para hacer chistes, convirtiéndose en el payaso del grupo.
— ¡Y ahora, damas y caballeros, lo que habían estado esperando! —La música se detuvo de golpe, y desde el escenario, un anciono de muy baja estatura, hablaba entre risotadas con un micrófono en mano—. ¡Fairy Tail comienza con el karaoke!
Los aplausos y gritos de emoción se escucharon por todos lados, mientras las luces se apagaban repentinamente, a excepción de las luces que apuntaban al escenario.
—¿Quiénes van a ser los voluntarios de esta noche? —Preguntó picaramente el anciano—. Y antes de que lo pregunten.. el ganador del primer lugar podría llevarse tragos gratis por lo que resta de la noche, para él y sus amigos. ¡Pero no se desalienten! El ganador del segundo lugar también va a tener un premio, aunque va a ser sorpresa —Alzando la voz, volvió a repetir— ¡¿Quiénes serán los voluntarios?!
—¡Yo! —Gajeel sorprendió a las mujeres al ofrecerse tan abiertamente, su semblante tosco no les había hecho parecer que no tuviera ni un poco de vergüenza para estas cosas. Sus amigos en cambio, agacharon la cabeza, deseando para sus adentros retirarse del lugar. Natsu fue el único que largó una carcajada, muerto de risa—. ¡Yo quiero cantar!
—Gajeel —habló Rogue, un muchacho de pelo oscuro y piel pálida, que parecía un poco tímido, aunque sin embargo eso, no ocultaba el hecho de su atractivo—, no hagas el ridículo, por favor, ¡te lo ruego!
—Tsk.. ¡Silencio! —bufó Gajeel—. No voy a hacer ningún ridículo.
—¡Eso, Gajeel! —Lo animó Erza riendo— ¡Da tu mejor esfuerzo y gana esas bebidas gratis para todos!
—Erza, no creo que debas alentarlo —contestó sonriendo Laxus—, ciertamente, no tiene ni un poco de talento.
—No sean malos con él —dijo Mirajane y sonrió mirando a Gajeel—, ¡te alentaremos!
—Tendrías que aprender de ella —se bufó Gajeel mirando a Laxus—, Mirajane reconoce a las personas con talento sin siquiera haberlas escuchado.
—Sólo espera a que lo haga —rió Sting.
Gajeel se perdió entre la gente y acto seguido lo vieron subirse al escenario con una sonrisa confiada en el rostro. Escuchó levemente como sus amigos lo abuchearon, pero decidió no dar importancia y los ignoró completamente mientras el viejo con el micrófono, lo presentaba.
—¡Y aquí tenemos al primer concursante, el primer valiente de la noche.. Gajeel!
